Hay momentos en la vida en los que reencontrarse con la persona adecuada supone más un tormento que una bendición, a pesar de que después de la tempestad, siempre llegue la calma.
Reencuentro el día de mi cumpleaños, y cómo terminó durmiendo en mi casa y en mi cama
Llegamos a la casa y después de ir corriendo al baño - mi necesidad más urgente en esos momentos - nos miramos sonriendo y por fin pudimos fundirnos en un ansiado abrazo y en mil besos que desataban nuestra pasión contenida desde hacia tiempo.
Tomaste tu sostén para ponértelo, pero yo te dije que no, y quitándotelo me miraste sorprendida y me dijiste que como ibas a bajar así nada más, y ayudándote a ordenar tu blusa y abotonarla, te dije que así te quería, me diste un beso y me complaciste, y nos fuimos a desayunar.