Un joven de 24 años, posesivo y curtido en el sexo, vive con su padre de 59 y su madrastra caliente de 39. Tras años de tensión y gemidos escuchados, la frustración de ella lo lleva a cruzar la línea prohibida con deseo intenso y adicción inevitable.
Lo que comienza con una venganza hacia las nuevas parejas de sus padres, recientemente divorciados, se transforma en una relación única y muy profunda.
Este relato cuenta la historia de una de las nuevas familias modernas, las denominadas “integradas”. Padre separado con un hijo y madre divorciada con una hija. Cuarentena y sexo.
Mi historia con mi madrastra avanza. Esta vez ella me promete sus delicias a cambio de... ¿unos gofres?
Mi relación con Alana, mi madrastra, da un salto cuando me pide que la recoja con mi coche de una fiesta con sus amigas.
Mi relación con mi madrastra Alana llega a un punto de inflexión.
Así comenzó mi historia con Marina, la sensual mujer hermosa con la que se casó con mi padre, que me crió como a un hijo y que me enseño todos los secretos sexo y el placer.
Mi habitación resultaba estar muy cerca de la que ocupaban mi padre y Verónica, demasiado cerca, diría yo. En más de una oportunidad pude escuchar discusiones y reclamos, pero otras veces llegué a escuchar los más excitantes sonidos, gemidos y gritos de placer provenientes de ambos. Muchas pajas me eché escuchándolos así y muchas otras imaginando el cuerpo desnudo de mi madrastra que a partir de dicho maravilloso descubrimiento me empezó a interesar sobremanera.