Tras un divorcio traumático, Elena vive anestesiada y aterrorizada con su hijo, Julián. Al comprender que la autoridad materna ya no es suficiente para contener la furia que habita en su casa, la línea entre madre y mujer se desdibuja cuando decide usar el único recurso que le queda.
Siete meses después de haber sido desvirgada. Con mi cuerpo ardiente de lujuria, la sensualidad y erotismo que irradiaba de mi aura. Me entregué a los brazos de mi padre, cual si fuese poseída por el demonio de la lujuria, que me condujo a la realización de mi más glorioso encuentro sexual.
Jamás imaginé que en mi casa, tenía al mejor amante que pude haber tenido en toda mi vida, y que su coraje en contra mía, se transformó, por obra de la excitación y el deseo, en amor salvaje, puro, tierno y a la vez desenfrenado.
El calor en mi interior se rompió, y mi clímax me atravesó. Mis labios se contrajeron junto con mi cosita a su alrededor en pulsos apretados y desesperados, ordeñando su deliciosa.
Este relato cuenta la historia de una de las nuevas familias modernas, las denominadas “integradas”. Un padre separado y su hijo, una madre divorciada y su hija. Cuarentena y sexo. Continuación.
Este relato cuenta la historia de una de las nuevas familias modernas, las denominadas “integradas”. Padre separado con un hijo y madre divorciada con una hija. Cuarentena y sexo.
Celia cree que su sobrino Enrique puede ser un gran hipnotizador. Él vive rodeado de mujeres a las que adora: su madre, su hermana y sus primas. Celia usará todas las armas disponibles para tentarlo y llevarlo a su máximo potencial.
Celia cree que su sobrino Enrique puede ser un gran hipnotizador. Él vive rodeado de mujeres a las que adora: su madre, su hermana y sus primas. Celia usará todas las armas disponibles para tentarlo y llevarlo a su máximo potencial.
Celia cree que su sobrino Enrique puede ser un gran hipnotizador. Él vive rodeado de mujeres a las que adora: su madre, su hermana y sus primas. Celia usará todas las armas disponibles para tentarlo y llevarlo a su máximo potencial.
Detuvimos el beso por un breve instante, en donde nos miramos fijamente el uno al otro; yo diciéndole con la mirada que ya no aguantaba más y quería metérsela ya; ella, pidiéndome con la suya que lo hiciera.
Ángela Aguilar, la joven diva de la Música Ranchera, caminaba por la alfombra roja, su vestido plateado brillando con cada flash de las cámaras. Sus piernas, tonificadas por horas de baile y cuidado meticuloso, se movían con gracia, atrayendo las miradas de todos los presentes.
De forma automática, con mi mano izquierda empecé a jalármela mientras mi boca y mi mano derecha seguían internadas en el sexo de Elena. Mi lengua empezó a moverse más rápido, con un frenesí desbocado y el cuerpo de mi hermana empezó a temblar con espasmos cada vez marcados.