Este sitio contiene relatos eróticos explícitos de ficción. Todos los personajes son mayores de 18 años. Debes ser mayor de edad en tu país de residencia para continuar.
Sus veintidós años, reflejados en su cuerpo, con senos más grandes que los de hace dos años, su mirada al ver su andar sensual indicaban que las ganas de avanzar sin contemplar diferencias de edad, por las curvas de esa hermosa mujer, decían a gritos que la relación no había sido por amor
Una relación de pareja que va mal, una nueva compañera de trabajo, y la falta de sexo hacen que nuestro protagonista pierda los papeles con su hijo, o su hijo con el...
Mientas hacía esto, él insistía en besarme la boca y el cuello, en tanto que continuaba esforzándome por apartarme de él, cuando de pronto entre mi agitación y forcejeo, pude ver apenas por el rabillo del ojo
A los treinta y ocho años en esa mañana de domingo la vista del jardín de la quinta (heredada de sus padres) a la media mañana, contemplando por la ventana el parque tan bien mantenido, lleno su mente de recuerdos, cayo como otras veces desde los 19 años en la autosatisfacción
Al contarle de que el bestia de nuestro hijo se podía echar 6 polvos en menos de 3 horas, no me lo quiso creer, hasta que un día Mario muy compungido, le preguntó a su madre si debía ir al médico pues no estaba rindiendo sexualmente como siempre, y al preguntarle mi mujer porque pensaba que era así, este le respondió que le estaba costando llegar a la cuarta eyaculación.
Era la primera vez que le hacía semejante caricia. Emocionado y excitadísimo se dio cuenta que hasta en ese sitio su querida mami, cómo tantas veces le llamaba, era toda una perfección. Toda ella olía y sabía divinamente. Su vulva chorreaba excitación abundantemente y él la bebía toda.
Como organizados de convenciones, él tiene un toque muy especial para hacer que una se sienta bien (no necesita más que meterme la verga para que yo me sienta bien), pero en este caso, hasta imprimió el menú de nuestra bacanal.
Baje mi cabeza a la altura de su entrepierna para empezar a chupar sus huevos, cosa que él disfrutaba mucho. Esos testículos me volvían loca, los engullía hasta mas no poder, los metía en mi boca y saboreaba su gusto. Con mis dedos le rozaba su glande y de tanto en tanto bajaba su prepucio y lo volvía a subir.
Me case con mi novio de toda la vida y padre de mi hijo, cuando tuvimos trabajo fijo, la relación es muy buena en todos los sentidos y no me quejo de nada, yo ahora trabajo en la empresa de mi padre, termine mi carrera de empresariales con buenas notas, mi marido es comerciante y aunque no esta mucho tiempo en casa me tiene bien atendida.
En parte tenia mucha razón mi papa ya tenían que emigrar y irse, pero eran mis hijas y mi sentimiento por ellas era muy grande me fui a mi cuarto a llorar, todo esa tarde, me la pase llorando sabiendo que había perdido algo de mi algo muy grande, poco a poco me quede dormida y ya en la noche en que me encontraba muy dormida, sentí de repente que me lamían mi mano, me desperté y vi que era mi hijo Jonathan jr.
Mientras mamá bajaba a la cocina a preparar una estimulante bebida para apaciguar mi dolor yo me hacia a la idea de que tenia que contarle todo, era la única manera que yo tenía para sentirme aliviado, no pasaron muchos mitos hasta que mamá llego con las copas.
Cuando mi madre notó mi primera convulsión también gritó, sus uñas se clavaron en mi espalda y mordió con fuerza mi hombro para intentar sofocar su chillido de placer. Me dolía ,pero el gusto era tan intenso, notando el enorme cuerpo de mi madre abrazado al mío, sintiendo como ella se convulsionaba por su orgasmo, como yo su hijo la estaba haciendo correrse de gusto, que el dolor se convirtió en una sensación alucinante.
Un día mi padre me dijo que ella estaba muy triste y arrepentida y que deberíamos solucionar las cosas entre nosotros, que no era normal que una madre y su hijo ni se hablaran y que ella a pesar de su forma de ser me quería mucho.
Quería impedir que viese que el pene de mi hijo, estaba en erección. No se me ocurrió otra cosa que tumbarme cuan larga era sobre él. ¡Que tonta!, luego pensé. ¡Qué bobada acababa de hacer!. Encima ahora pensarían que nos estábamos dando el lote.
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