Placer, atada y con los ojos vendados
Haciendo realidad la fantasía de mis Lectoras, puede ser cualquiera, en cualquier lugar, una sesión de sexo vaginal y anal con muchas sensaciones.
Relatos eróticos sobre Dominación
Haciendo realidad la fantasía de mis Lectoras, puede ser cualquiera, en cualquier lugar, una sesión de sexo vaginal y anal con muchas sensaciones.
Diez horas en primera clase, con champán y asientos que se convertían en camas, pero ni el lujo podía calmar los nervios que retumbaban en mi estómago.
El medio millón de pesos nos duró menos de lo que imaginábamos. No porque lo gastáramos en tonterías, sino porque mi mamá, Perla, tenía planes mayores. Pagó seis meses de renta por adelantado del nuevo departamento en Polanco
Los veinte mil pesos por la primera sesión se convirtieron en cien mil después de que Eduardo distribuyera el material entre sus suscriptores premium y las regalías empezaran a fluir.
Mi cuerpo, marcado por la doble penetración y por la verga de Eduardo, se recuperó con una rapidez que me asustó. Los moretones en las caderas se volvieron amarillos y desaparecieron.
Mi mamá, Perla, se transformó en una productora implacable. Hablaba por teléfono con Eduardo decenas de veces al día, discutiendo conceptos, vestuarios, horarios.
La idea de ser filmadas, de convertir nuestra lujuria en un producto, en arte según él, era a la vez aterradora y excitante. Mi mamá, Perla, estaba encantada.
Mi mamá me miraba, esperando. Yo todavía sentía el calor del orgasmo en el Uber, el hormigueo en la piel, el sabor a sexo y tequila en la boca.
Mis piernas abiertas hasta doler por las manos de mi mamá. El aire se me había ido de los pulmones. Solo veía su punta rosada, gruesa, apuntándome como un dedo acusador.
Los días después de que mi mamá me chupara el dedo del pie fueron una niebla caliente. Cada vez que me ponía unos calcetines, sentía el fantasma de su boca en mi piel. Cada vez que la veía pasar por el pasillo, casi desnuda, mi panocha se estremecía como si me hubieran dado un toque con un cable...
Mi mamá siempre dijo que la vida era muy corta para andarse con tapujos. “Si te gusta, hazlo. Si te prende, ve por ello. Y si duele, aguanta, porque hasta el dolor puede ser rico si sabes cómo tomarlo.”
Sin pedir permiso, le bajé completamente el bóxer. Su pene saltó libre, grueso, venoso, con el prepucio parcialmente retraído. —Déjame revisarte, no sientas pena. Soy una profesional. Esto queda entre nosotros, ¿sí? No le cuentes nada a tu papá.
¿Y si vendía mi cuerpo? Solo una noche. Sin compromisos. Sin riesgos. Yo ponía las reglas. Me registré en un sitio web para escorts de alto perfil. Cuidé cada detalle: fotos sugerentes pero finas, luz suave, mirada traviesa
Clímax del retiro: sesión de doce horas ininterrumpidas. Érica y Camila son usadas en ciclos metódicos; los hombres deben aguantar y cambiar de posición antes de correrse. Escenas de sexo obsceno, dobles penetraciones y sexo anal intensivo llevan sus cuerpos y mentes al límite absoluto.
Un retiro aislado de tres días con los seis hombres. Serie de juegos, pruebas y usos constantes diseñados por Javier, explorando límites con el frío, inmovilización y humillación verbal. La familia es llevada al borde de su capacidad.
La familia regresa a casa, pero la obsesión consume su vida diaria. Practican con dilatadores y juguetes para prepararse para un "evento mayor", mostrando su creciente dependencia de la adrenalina del sexo grupal.
Javier organiza una sesión más elaborada con más participantes y juguetes. El foco está en entrenar los cuerpos de las mujeres para el sexo anal y oral extremo. Se profundiza la dinámica de poder, con Javier como director absoluto y Roberto como asistente.
Un joven muy caliente acaba siendo dominado por un chapero que le hace tener los mejores orgasmos de su vida.
Alina una joven adolescente encuentra en el bosque un forma distinta de saciar sus efervescentes hormonas.
Mi virginidad, lo más preciado que tenía, aquello que había cuidado por tanto tiempo, se convertía en un volcán a punto de hacer erupción, la morbosidad que sentía a mis 18 años por saberme desvirgada, me asechaba cada día. Un fuerte deseo que me llevo a ser desvirgada por un albañil.