Soy Valentina de 18, un culo rico que a todos los viejitos les encanta y siempre me lo quedan mirando. A veces me da asco que viejos de repito me miren el culo y hasta me piropeen, pero en el fondo me encanta y hasta me calienta.
Soy de origen humilde, mis papás trabajan duro para mantenernos a mi y mis hermanos. Mi mamá trabaja en un frigorífico y mi papá en un taller mecánico, afortunadamente ambos cerca de casa y por eso ocasionalmente yo les voy a dejar el almuerzo, casi siempre más a mi papá.
Siempre que voy a dejarle almuerzo a mi papá los viejos del taller me miran de pies a cabeza, y lo entiendo porque usualmente me visto bien provocativa, shorts o falditas, tops y soy una amante de los tacos, así que casi siempre los uso, hasta para ir a comprar pan.
Don Pedro era uno de los viejos que siempre me quedaba mirando y era el único que me piropeaba sin sonrojarse y en frente de mi papá, y no piropos suaves precisamente, sino que sexual es incluso. Mi papá solo se reía de manera incómoda, pensando quizá que eran comentarios de tipo tonto, y tenía razón.
Tengo que aclarar algo. Al ser de bajos recurso yo me buscaba la manera de generar mi dinero trabajando, hasta que a mis 15 descubrí que algunos señores me pagarían muy bien por cogeme, así que tomé la costumbre de acostarme con hombres mayores que me daban buen dinero, de hecho le vendí mi virginidad a uno de ellos. Siempre tuve el cuidado de que fueran hombres muy lejanos a mi familia, que no los conozcan de nada, y a mis padres les decía que el dinero lo ganaba en trabajos esporádicos o lo que fuera. Llamenme puta si quieren :/.
Con Don Pedro hablaba una vez a las 500 por WhatsApp por temas de mi papá, cuando no me constaba o cosas así, pero la conversación de WhatsApp con Don Pedro existía. Fue en ese chat donde comenzó lo que en un principio fue un calvario y ahora una curiosa aventura.
Recibo un mensaje de Don Pedro por WhatsApp. «Cuanto cobras», me pregunta Don Pedro, a lo que yo le respondo «De qué habla Don Pedro?», «No te hagas», dice él, a lo que me envía una foto mía dándole una manada a un señor. «Qué es eso Don Pedro?!», le digo histérica. Efectivamente era uno de los hombres con los que me acostaba y el muy hijo de puta me sacó una foto mientras se la chupaba.
Don Pedro me dijo el nombre exacto del señor, el cual era difícil de inventar ya que era un hombre brasileño, por lo que no podía inventar qué estaba yrucada o algo. Resulta que el señor era compañero de borrachera de Don Pedro y por alguna razón le contó todo. «Tendré que decirle a tu papá tu profesión, eh?», me escribió Don Pedro. «No por favor no le diga se lo ruego», le supliqué yo.
«Entonces ponte sexy y ven ahora al taller», me ordenó Don Pedro.
Eran las 10 de la noche, le supliqué y le supliqué, pero me ordenó que fuera al taller. Me tenía (y me tiene), atada de manos y me preparé para ir. No vivo en un lugar muy seguro y ni el taller está en un lugar muy seguro así que me escapé de mi casa como pude y aterrada me fui al taller. No me puse ropa interior, me puse una blusa blanca shorts negros cortito qué dejaban ver mi culo y tacos blancos. Obviamente te Don Pedro me quería coger, cosa que no me emocionaba pues es un señor poco aseado, barrigón, feo y poco aseado.
Llegué al taller y entré en la sala del finde donde estaba la única luz encendida y donde supuse que estaba Don Pedro. Aquella sala es donde tienen guardadas las herramientas y las paredes están llenas de imágenes de clubes de fútbol, bandas de música y por supuesto, mujeres desnuda, y ahí estaba Don Pedro con su pene descubierto y sobandoselo. Apenas entré me mira con una cara de odio y me ordena de inmediato «Desnudate», cosa que me enojó, pero lo hice ya que no tenía opción. Solo me dejé los tacos puestos y Don Pedro me mira entera y se masturbar más fuerte mientras deja salir un «Que rica que estás».
Luego de estudiar e con la mirada me ordena que le chupé el pene, fue horrible, era un sabor agrio y estaba sudoros pero trate que saborearla como si me encantará su pene. Se lo chupaba y lamia completa incluido las bolas, hasta que de la nada Don Pedro suelta una cachetada que casi me da vuelta la cara. Yo lo quedé mirando aterrada, a lo que el dice «De hoy en adelante eres mía, y solo mía», hubo un silencio largo y continua «Ahora sigue chupando hija de tu puta madre». Seguí chupando su pene, lo saboreaba y lo chupaba bien rico, pero me di cuenta que tenía lágrimas en mis mejillas, pero aún así fingí gemir mientra la chupaba Para calentarlo.
Don Pedro me agarró de los pelos y me aventó al suelto, me pegó una patada y me puso en cuatro, me cacheteó las nalgas un buen tiempo, me las dejó rojas, mientras jugaba con su pene en mis agujeros, advirtiendo qué me iba a penetrar en cualquier momento.
No me penetró, más bien se agachó y comenzó a chupar mi vagina, esta vez mis gemidos eran genuinos, lo hacía muy rico y vulgar estaba mojadísima. Me metió su lengua y chupeteaba y mordía mis labios vaginales, me tenía vuelta loca. Todo mientras seguía nalgueandome.
Ambos estábamos gimiendo hasta que por fin Don Pedro se posicionó y puso su pene en la entrada de mi vagina, rozaba su glande con mi cocha mientras yo gemia. Hasta que por fin la metió, y la metió completita, me empezó a bombear, me penegraba durisimo y ambos gemíamos rico, mi vagina cada vez más mojada y me lo metía más y más fuerte que literalmente se escuchaba como aplausos.
De pronto siento si liquido caliente saliendo y llenando mi concha. » La próxima será en tu boca»., dijo él.
De ahí en más me convertí en su puta. Me follar a menudo y sigue así, o en su casa cuando está solo, o en el taller o el auto o donde sea. Hace poco comencé una relación con un chico y Don Pedro se enteró, de ahí dejó de usar condon porque me quiere embarazar para ser solo suya, pero aún no me embarazo.