La hermanastra juguetona

La hermanastra juguetona

Cuando tenía 12 años, mis papás decidieron divorciarse… Me quedé (como es lo más común) con mi mamá y mi papá al poco tiempo decidió juntarse con su amante.

La señora tenía dos hijos. Uno más grande que yo, de unos 16, y una niña de mi edad, ambos de diferente padre.

Después de mucho platicarlo, accedí a pasar un fin de semana al mes en casa de mi padre y su nueva familia.

Fue una decisión muy acertada porque me llevé muy bien con los nuevos hijastros de mi papá. Yo no tenía hermanos y era de muy pocos amigos, pero con ellos me llevaba muy bien. Al chico no lo veíamos mucho porque justo los días que yo veía a mi papá, él iba a ver al suyo. Con la chica convivía más, veíamos la televisión, comíamos chatarra, jugábamos a la consola y nos contábamos chistes.

El encuentro sucedió cuando ambos teníamos 15 años. Mi hermanastra (la llamaremos Cinthia) se cansó de jugar a la consola y decidió que ya era hora de dormir. Nuestros padres ya se habían metido a su pieza minutos antes. Yo me acomodé en el sofá-cama donde solía dormir en la sala del apartamento y esperé a que Cinthia se metiera a su habitación para quitarme la ropa, ponerme la pijama y meterme a las cobijas.

Ya estaba a punto de quedarme dormido cuando Cinthia salió a servirse agua. La vi de reojo, con su ropa de dormir: una blusa negra de tirantes delgados y un short color vino. No me había fijado antes, pero tenía muy bonita figura.

Cuando se agachó a servirse el agua del botellón pude ver parte de su trasero asomar por el short y sentí como tuve una erección de inmediato. Pero cuando se volteó de nuevo me hice el dormido. Entró a su recámara con su vaso pero casi al instante volvió a salir.

-¿Estás dormido?

-Ya me estaba durmiendo, pero tu puerta rechinó y me despertaste.

-Ay perdón, es que no puedo dormir, me dio sed y aparte tengo frío.

-¿Quieres que te baje otra cobija del closet?

-No… ¿Me haces un huequito aquí contigo?

-Ora, ¿qué tal si sale tu mamá o mi papá y vayan a pensar cosas?

-No salen, nunca salen… Tienen su propio baño y se procuran vasos de agua antes de meterse a dormir. Sólo un ratito, en lo que me quedo dormida.

-Bueno, métete pues…

Cinthia se recostó al lado mío, dentro de las cobijas. Se acercó a mí y pasó uno de sus brazos por mi abdomen. Yo intenté hacerme un poco al costado puesto que no se me había bajado aún la erección. Sentía la respiración de mi hermanastra sobre mi cuello y pasaba su mano por mi abdomen.

-Estás bien calientito- me dijo (y sí, despido mucho calor cuando duermo). -¿Me abrazas tantito?

Estiré mi brazo para que recostara su cabeza sobre mi hombro. Con mi dedo índice empecé a recorrer su espalda por encima de la blusa. Sentía sus pechos sobre mi costado y de pronto cruzó su pierna para colocarla sobre la mía. No pude evitar que sintiera la erección que me estaba provocando.

-Ups, la traes parada. ¿En serio te pongo así?- Me apretó el pene por encima de la pijama

-Perdón, es que hace rato que te serviste el agua, te agachaste y te vi media pompa.

-Jajaja, ¿te gustó lo que viste?

-Sí, tienes un cuerpo muy bonito

-¿Lo quieres ver en vivo y a todo color?

-Ehmmm, todavía me da cosa que vayan a salir… ¿Vamos al baño?

-Va.

Nos metimos al cuarto de baño, cerré la puerta con seguro. Nos abrazamos y besamos, le acaricié el trasero y ella me agarraba el miembro por encima del pantalón de la pijama. Cinthia se apartó un poco de mí y empezó a bailar mientras alzaba despacio su blusa. Yo comencé a masturbarme y me senté sobre la tapa del retrete para disfrutar el espectáculo.

Cinthia terminó de sacarse la blusa. Sus pechos eran pequeños pero firmes, de pezones claritos, con coquetos lunares alrededor y debajo. Me dio la espalda y empezó a bajarse el short. Traía debajo una pantaleta rosa con estrellas, que se le metía un poco entre las nalgas. Se movía despacio, sensual, mientras caminaba hacia atrás para estar más cerca mío.

-¿Quieres agarrar?

Empecé por tocarle las piernas. Eran firmes porque Cinthia hacía gimnasia. Subí poco a poco a sus nalgas, metí la mano por debajo del calzón y las apreté, las acaricié como loco. Yo ya había tenido relaciones con una novia pero ese jueguito me tenía más nervioso que aquella primera vez. Cinthia se sentó sobre mi pene y movió su trasero al principio lento, y de a poco subió la velocidad. Yo le acariciaba desde la cintura hasta los senos mientras besaba y lamía su espalda.

-Hey, hermanito, estoy sintiendo muy rico

-Uff, Cinthia, te has puesto muy bonita

-¿Te gusta que juguemos así?

-Me encanta…

Cinthia se volteó y me sacó la playera de la pijama. Me acarició todo el tórax y colocó mi pene sobre su pubis por encima de la pantaleta. Sentía mi glande rozar la tela ya húmeda y me prendía a todo lo que daba, nos besábamos, respirábamos agitadamente, gemíamos quedito para no alertar a los padres o a algún vecino chismoso.

-¿Me la quieres meter?

-Sí, quiero hacerte el amor ya mismo

Le bajé los calzones y terminé de desnudarme. Busqué en el mueble del lavabo un preservativo, ya había visto meses antes que mi papá los guardaba ahí. Ella pidió colocármelo con sus manitas suaves. Tomé una de sus piernas con mis manos y con la otra (que aún sostenía la pantaleta) coloqué mi glande sobre la entrada de su vagina. Cuando sentí que estaba listo para entrar, le puse la pantaleta en la boca y empecé a penetrar despacio, mientras mi hermanastra daba gemidos ahogados por su propio calzón. Empecé con el mete-saca, de a poco, subiendo la velocidad al grado que la pantaleta no fue suficiente y tuve que taparle la boca con la mano.

La cargué y senté sobre el lavabo mientras la seguía penetrando, ella no dejaba de gemir y yo seguía tapándole la boca tan fuerte que, cuando llegó al orgasmo, le faltó el aire. Paramos y le saqué el calzón de la boca para que pudiera respirar.

-No mames, qué rico (eso me excitó más porque nunca había oído a Cinthia decir una grosería)

-¿Te gusta, en serio?

-Me encanta… ¿Quieres darme de a perrito?

-Voltéate, zorrita

-Wow, me prende que me hablen así de sucio

Cinthia se volteó, recargando sus manos en el lavabo. Esta vez no fui despacio. Le volví a tapar la boca con la mano y embestí de una, tuve que ahogar el grito con ambas manos. La tomé de las caderas y le dí rápido, ahora ella sola se metió la pantaleta en la boca para enmudecerse. A través del espejo veía sus gestos, ponía los ojos en blanco, apretaba el calzón con los dientes, miraba mi reflejo y me lanzaba unas miradas llenas de lujuria, lo que me animaba a seguir penetrándola con ímpetu. De pronto las rodillas le fallaron y tuve que sostenerla de la cintura para que no se cayera.

-Ufff, me volví a venir… Ya no puedo más

-Ahí la dejamos, si quieres

-Pero faltas tú… Quítate el condón

Me quité el preservativo y ella se colocó de rodillas frente a mí. Empezó a hacerme un oral. Como al minuto sentí que ya no resistía más

-Cinthia, me vengo…

-Sí, en mi boca…

-Ya no aguanto…..

-Sí, dame lechita……..

Eyaculé directo en su lengua. Ella se tragó todo mi semen y me pasó la lengua por el glande, para dejarme limpio.

-Coges delicioso, hermanito

-Ya, no me digas así que me siento sucio (jaja)

-¿La próxima que vengas lo volvemos a hacer?

-Las veces que quieras

De ahí hasta que cumplí la mayoría de edad y me fui a vivir solo, nos volvimos amantes. Ella me esperaba en el baño o yo me metía de polizón a su cuarto. Incluso ella teniendo novio o yo novia, nos dábamos nuestros encerrones.

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