El accidente

El accidente

Mi nombre es Carlos tengo 22 años, mi principal afición es el motociclismo, participo en carreras de 500 cc.

Hace un par de meses, realizando unos entrenamientos en el circuito del Jarama, sufrí un aparatoso accidente golpeándome la cabeza contra una valla de protección. Debido al tremendo golpe, sufrí un derrame cerebral y me ingresaron en el Hospital en estado de coma.

Mi familia está compuesta por mi madre y mis abuelos, mi madre tiene 37 años y lleva 1 divorciada de mi padre por causas que no vienen al caso, ella es una señora de lo más normal, ni guapa ni fea ni tampoco tiene un cuerpo espectacular pero es tremendamente agradable y cariñosa, ella prácticamente desde mi nacimiento tuvo problemas con mi padre por lo cual volcó todo su cariño sobre mí y yo siendo único hijo estaba realmente enmadrado, la única mujer en el mundo que para mí existía esa era mi mama, en absoluto eso quiere decir que yo no conociese chicas, por mi condición de piloto de competición las conocía y en cantidad, a los 17 años dejé de ser virgen.

Desde que se divorció vivimos con los abuelos (Padres de ella) Los abuelos tienen una posición muy desahogada, al ser ella hija única para ambos no existe el más mínimo problema.

Para los abuelos fue una alegría tremenda el divorcio de su hija, nunca vieron con buenos ojos a su yerno, siempre le consideraron un vividor y desde luego no se equivocaron en absoluto.

Los abuelos a mí me querían con locura sobretodo el abuelo debido a que yo tenía exactamente el mismo carácter, decía que era su mismísima copia y figura, aparte del carácter heredé en muy buena parte su físico, alto, fuerte y muy bien armado.

Debido al accidente durante un mes estuve entre la vida y la muerte, al cabo de ese tiempo remitió la gravedad pero seguía en estado de coma, pasado algún tiempo recuperé el conocimiento pero no podía moverme ni me acordaba absolutamente de nada, solo me apetecía dormir, cuando abría los ojos al no reconocer a nadie ni entender nada de lo que pasaba a mí alrededor seguía durmiendo, me llamaba la atención una señora que constantemente día y noche estaba a mi lado me acariciaba y me hablaba de una forma tremendamente cariñosa y no hacía mas que llorar, me visitaba una pareja de ancianos todos los días, se les veía realmente preocupados.

Todo el personal sanitario se portaba conmigo maravillosamente bien, sobretodo una enfermera rubia, la pobrecita era todo dedicación hacia mi persona, le encantaba lavarme especialmente mi hermoso Pene a este le dedicaba una especial atención, lo lavaba y acariciaba con una delicadeza tremenda, yo diría que estaba enamorada de él, esta enfermera, Sofía que así se llamaba le decía a la señora que estaba conmigo constantemente que cuando a ella le tocase guardia nocturna no era necesario que se quedase, ella me cuidaría perfectamente.

La señora un día acepto por lo visto se encontraba muy cansada y a parte debía arreglar algunas cosas en casa por lo cual dejó mis cuidados a cargo de Sofía, debo aclarar que por la posición económica de los abuelos yo tenía una habitación para mi solo por lo cual gozaba de una cierta intimidad.

Una noche noté una sensación extraña, algo que me agradaba pero al mismo tiempo no entendía que era lo que me pasaba, muy despacio abrí los ojos, Sofía estaba sentada en mi cama y me acariciaba suavemente el pene, seguramente y debido al accidente yo había perdido en cierta manera la sensibilidad sexual las caricias me agradaban pero no me excitaban precisamente, mi pene mide 23 centímetros tanto en posición de reposo como en estado de firmes por lo cual para ella era muy agradable acariciarle aunque estaba en posición de reposo, ella debía excitarse mucho porque una de sus manos alternaba las caricias entre sus hermosos muslos y una teta que se había sacado fuera del sujetador.

Una noche todo cambió para mí, al igual que las noches precedentes ella acariciaba dulcemente mi pene pero esta vez se inclinó sobre él y comenzó a acariciarlo con su boca y lengua, su boca estaba tan caliente y su lengua lamía con tanta suavidad que las sensaciones comenzaron a inundarme de golpe, en mi cabeza comenzaron a destellar pequeñas lucecillas y mi cuerpo comenzó a sentir una serie de pequeñas descargas eléctricas, de pronto mi pene comenzó a elevarse majestuosamente en ese momento ella me miró a la cara y sonrió con dulzura yo cerré los ojos para permitirle que siguiera, ahora sentía verdadero placer, Sofía se quitó las bragas, introdujo dos dedos en su vagina y siguió chupando y lamiendo aquella hermosa herramienta, después de un buen rato se subió a la cama y se colocó de cuclillas sobre mi pene, lo cogió con la mano y lo guió directamente a su fuente de placer, en cuanto lo encajó en la entrada comenzó a dejar caer lentamente su cuerpo sobre él hasta que se lo introdujo totalmente, soplaba como una gata en celo y lo que yo sentía era algo indefinido pero maravilloso, no recordaba haber sentido nada semejante en mi vida, bueno no recordaba nada, lo que pasaba por mi cuerpo era una sensación maravillosa.

Sofía comenzó a subir y a bajar su culo a mayor velocidad, comenzaron de nuevo a brillar las lucecillas en mi cerebro y de repente estalló como un relámpago, algo comenzó a salir a gran presión de mi pene produciéndome un placer extraordinario, mientras Sofía se mordía los labios para no gritar de placer, ella también sentía lo mismo que yo.

Se levantó rápidamente, se colocó las bragas a toda prisa y salió corriendo de la habitación.

Sofía no volvió a cuidarme, nunca supe porque pero a partir de ese día algo había cambiado en mí, ahora me despertaba muy a menudo con mi pene totalmente erecto y muchas veces estaba tan tieso que me producía dolores intensos.

La señora a la falta de Sofía comenzó a quedarse todas las noches conmigo, era muy cariñosa, me acariciaba y me hablaba constantemente de cosas que no entendía, me decía que ella era mi mama, que tenía que recordarla y yo por mas que me esforzaba no sabía que significaba eso de mama ni sabía que era lo que tenía que recordar.

Una noche me desperté con una erección terrible, el pene me dolía y comencé a quejarme, la señora se despertó y me preguntó que era lo que me estaba pasando, encendió la luz, al fijarse en mi pene y la tamaña erección que tenía se tapó la boca con sus manos, los ojos desorbitados…

¡Dios mío! Cómo estas querido… ¿Te duele?.

En esos días yo no hablaba absolutamente nada y aparte de las erecciones del pene solo hacía algún que otro gesto, era lo único que mi cabeza conseguía coordinar, por lo cual le hice un gesto afirmativo con la cabeza y lancé un gemido, ella se quedó dudando mirándome fijamente, yo no entendía él porque no hacía lo mismo que me había hecho Sofía para aliviarme, acercó su mano dubitativamente y cogió mi pene soltándolo otra vez rápidamente, yo estaba totalmente desconcertado, lancé otro gemido y parece que una lágrima afluyó a mis ojos, ella entonces con toda decisión volvió a cogerlo y su mano comenzó a deslizarse suavemente, arriba, abajo, me lanzó una sonrisa, se levantó rápidamente fue al baño y regresó con una toalla, yo no entendía para que era, luego lo entendí, ella cogió mi pene otra vez y su mano siguió con sus dulces movimientos, la sensación que yo sentía no era la misma de cuando Sofía me lo hizo con la boca y mucho menos cuando lo metió en el agujero que ella tenía, de todos modos la sensación era muy placentera y las lucecitas comenzaron de nuevo en mi cerebro, ella debió intuir lo que me pasaba porque aceleró sus movimientos y de pronto comenzaron a salir unos potentes chorros de un líquido espeso, yo gemí muy fuerte y me quedé casi sin conocimiento, debió ser poquito tiempo, la señora llorando acariciaba y besaba toda mi cara, abrí los ojos y ella lanzó un suspiro de alivio y satisfacción…

¿Cómo estas querido? ¿Cómo te sientes?

Yo hice un gesto que debió parecer una sonrisa, ella me dio un beso en la frente…

Duérmete cariño mío, mama estará siempre contigo y hará por ti todo lo que necesites.

Muy relajado y con las sensaciones de las caricias que aquella señora me prodigaba, quedé profundamente dormido.

Los médicos del Hospital consideraron que por comodidad para mi y la gente que me rodeaba, era preferible seguir la terapia de recuperación en casa, por lo cual prepararon una habitación especialmente acondicionada para que pudiésemos estar cómodos la señora y yo, ella seguiría conmigo día y noche.

La segunda noche en casa volví a despertarme con el pene duro como una piedra, lancé un gemido y la señora se despertó al igual que la vez anterior me cogió el pene con su mano y comenzó a moverlo delicadamente, pero esta vez noté algo raro, ella estaba agitada, su mano estaba metida en medio de sus piernas y en cuanto aceleró el movimiento de su mano sobre mi pene su otra mano aceleró los movimientos también de modo que cuando yo comencé a largar aquellos chorros de líquido blanco ella lanzó un gemido apagado dejando caer su cabeza sobre mi pecho y mirando fijamente mi Instrumento, enseguida me limpió y se acostó a dormir, yo me quedé dormido también.

Pasaron dos días, la señora me había dado de comer (yo solo no podía) y pasado un tiempo yo noté molestias en mi pene, sin mas este se estaba levantando y comenzó a hacer una gran carpa en la sábana, la señora se fijó y me la retiró de encima, el pene quedó rígido apuntando al techo, ella se quedó mirándolo fijamente y con una de sus manos se acarició los pechos sobre el suéter que tenía puesto, bajó la sábana y salió de la habitación, a los pocos minutos regresó y cerro la puerta con llave, me quedé asombrado la señora se quitó el suéter y el sujetador, tenía una tetas gruesas y firmes con unos grandes pezones totalmente erectos, mi asombro siguió en aumento cuando la señora volvió a retirar la sábana pero en lugar de acariciar mi pene con la mano esta vez lo hizo con la boca como había hecho aquella vez Sofía y mientras chupaba afanosamente mi pene ella se acariciaba sus hermosas tetas, esta vez un gran chispazo iluminó mi cerebro y sin mas empecé a descargarle grandes chorros de líquido blanco en su boca, ella la retiró rápidamente y su cara se puso perdida, esta vez si creo que realmente lancé una sonrisa…

De modo que te hizo gracia ponerme así de perdida ¡He bandido!

Ella se limpió y seguidamente salió de la habitación, yo estaba incómodo, recordaba cuando Sofía después de hacérmelo con la boca se metió mi pene en su agujero y me había gustado tanto, notaba algo confuso pero obsesivo, comenzaba a tener reacciones casi inconscientes, sin saber como a veces realizaba movimientos y mi cabeza comenzaba a coordinarlos, comenzaba a tener sensaciones cada vez más fuertes y ahora mi pene comenzaba a reaccionar solo con mirar a la señora.

Una tarde la señora estaba leyendo un libro sentada en un sillón situado al lado de mi cama, lo que leía debía ser excitante porque abrió sus piernas y una de sus manos acarició sus muslos suavemente, fue subiendo su mano lentamente hasta llegar a sus bragas, yo la estaba viendo y en mi cabeza comenzaron a saltar chispazos, mi pene comenzó a levantarse de improviso y sin poder evitarlo lancé un gemido, ella elevó su mirada del libro y la dejó clavada en la carpa que hacia mi pene, dejó el libro y levantó la sábana, acarició suavemente mi pene con la punta de sus dedos, como pensativa, dudando de lo que haría, sin mas se desnudó totalmente, al igual que había hecho Sofía se subió a la cama, se colocó sobre aquella barra candente y con su mano la condujo directamente a su agujero, muy lentamente, parecía que le dolía, bajaba un poquito, paraba, subía y volvía a bajar hasta que le entró totalmente, entonces empezó a bajar y a subir suavemente, su agujero me emitía pequeñas vibraciones, mi cabeza comenzó a entrar en ebullición y comencé a gemir, las luces en mi cerebro cada vez se hicieron mas brillantes, mis manos comenzaron a elevarse lentamente y comenzaron a acariciar aquellas preciosas tetas, la señora puso los ojos como platos, lanzó una gran sonrisa y sus movimientos se aceleraron, simultáneamente los dos comenzamos a gemir de placer, los dos tuvimos un orgasmo maravilloso…

¡Hijo! ¡Hijo mío! Esto es irracional y prohibido pero hoy me hiciste inconscientemente la mujer más feliz del mundo.

Yo la miraba fijamente y mi mente comenzó a recordar y dar órdenes a mi boca…

¡Mama! ¡Tu me has curado!

Al escuchar aquello ella que todavía seguía sobre mí pegó un salto y se bajó de la cama…

Carlos, hijo mío ¿Fuiste tú el que habló o fue mi imaginación que me hizo escuchar esas palabras?

Fui yo mama, ya puedo recordar, mi cerebro al recibir las descargas del tremendo placer que me diste reaccionó como si de pronto se le sacase un tapón y se despejase.

Secretamente siempre te he deseado y ahora después de haberte entregado tú y cumplirse mi sueño creo que fue lo que aceleró mi curación, aunque te diré que la curación la inició una enfermera rubia en el Hospital.

Mama me lavó y a continuación se lavó ella se puso unas bragas y un sujetador y se sentó en mi cama…

Cuéntame cariño ¿Qué fue lo que te hizo Sofía?

Empecé a relatarle desde el principio, al recordar aquellos hechos, comencé a excitarme, como algo natural según le relataba cogí a mama de los hombros y la recosté sobre mí, casi inconscientemente mis manos comenzaron a acariciar suavemente sus pechos, ella se pegó mas a mí y mientras una mano seguía acariciando sus pechos la otra fue bajando lentamente sobre su terso vientre, que placer me producía acariciar su vagina sobre sus braguitas, ella alargó su mano y comenzó a acariciar mi pene, su mano se deslizaba suavemente a lo largo de aquella barra, mientras yo seguía relatando la terapia de Sofía, al finalizar el relato mama me dijo…

A Sofía una noche la sorprendieron masturbando a un paciente y la expulsaron del Hospital, lo que no cabe duda es que ella inició tu recuperación por lo cual habrá que localizarla y compensarla.

Dicho esto mama comenzó a besarme por todo el pecho con enorme cariño y fue bajando lentamente hasta que cogió mi barra ardiente y comenzó a besarla y darle ligeras chupaditas, yo pedí a mama que se girara para poder acariciar su conejito, ella se giró, le quité las bragas y por primera vez en mi vida vi un coño en toda su dimensión, su perfume me embriagaba con mis dedos separé aquellos hermosos labios, el pensar que hacia unos cuantos años yo había salido por allí me excitaba hasta el paroxismo, acerqué mi boca a aquella adorable abertura y la besé tiernamente, mama dio un respingo era la primera vez que alguien le besaba la vagina, mis labios recorrieron toda aquella grieta con mucha delicadeza, su clítoris comenzó a crecer de una forma desmesurada, lo atrapé con mis labios y chupé como un desesperado, mama se retorcía al igual que una serpiente, de pronto se tensó, dejó escapar un gemido profundo y mi boca se llenó de un líquido espeso y dulzón, mama tubo un orgasmo formidable yo entonces bastante torpemente, todavía no coordinaba bien mis movimientos me coloqué sobre ella, ella cogió con su mano mi Pene y lo situó en la entrada de su vagina, bastó empujar suavemente y comenzó a deslizarse por aquel túnel adaptándose a el cómo si fuese un guante, a los pocos segundos mi cuerpo comenzó a recibir descargas eléctricas, mis nervios se tensaron y comencé a inundar el cuenco materno de una forma inusitada, fue tan tremendo el orgasmo que sufrí un desmayo, mama me recostó en la cama con gran delicadeza, cuando abrí los ojos ella me acariciaba y besaba con tremenda dulzura.

A partir de esa fecha mi recuperación fue vertiginosa para asombro de todo el mundo sobre todo los médicos que no podían entender como me había recuperado tan rápidamente, los abuelos estaban radiantes de felicidad, al tener a su nieto casi totalmente curado se marcharon en un viaje que hacía mucho tiempo tenían programado y habían aplazado debido a mi accidente por lo cual mama y yo estábamos en la gloria hasta un día en que yo le dije que quería coger la moto, ella se puso muy seria y no dijo nada.

Desde que se habían marchado los abuelos dormíamos juntos en la misma cama, esa noche ella se fue a su habitación, yo muy desconcertado la llamé y no me contestó, casi llorando volví a llamarla, ella entonces me abrió la puerta…

Atiende bien lo que voy a decirte Carlos, si vuelves a coger la moto dejas de ser mi hijo y lo que posiblemente sea peor para los dos dejaras de ser mi amante para siempre, no quiero volver a sufrir lo que he sufrido ya, si quieres seguir conmigo tienes que jurarme dejar las motos para siempre.

Por supuesto y con enorme dolor de corazón le juré dejar las motos y además lo he cumplido, la quería demasiado como para perderla.

Después del juramento nos acostamos juntos he hicimos el amor con dulzura, como dos verdaderos enamorados.

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