El Vicio Carnal de Lis: Sacrilegio Anal y Pechos Descomunales
La casa de la soprano
Para entender por qué terminamos en aquel sofá y en aquella cama, hay que entender la guerra fría que se libraba en los pasillos de San Roque. Aunque Martha había conseguido su objetivo inicial de "comerse al Coordinador" —y debo admitir que el sexo con ella fue intenso—, la realidad es que lo mío con Lis jugaba en otra liga. El sexo con la soprano no tenía comparación porque ella encarnaba mis dos fetiches más profundos: sus senos enormes y su entrega absoluta al sexo anal.
Martha, con esa intuición felina de mujer despechada, notó de inmediato que mi cuerpo ya no le pertenecía. Fue ese resentimiento, el saberse superada por los atributos monumentales y la sumisión de Lis, lo que hizo que Martha buscara una alianza desesperada con Camila. Martha alimentaba el rechazo de la hija, convirtiéndose en su confidente, con la esperanza de que la vigilancia de la niña frenara lo que ella ya no podía disfrutar. Pero no contaba con la contraofensiva de Liz.
"Aquel viernes, la universidad pasó a un segundo plano. El mensaje de Lis había llegado como una orden silenciosa a las 7:00 AM: 'Camí ya se fue a la escuela, te espero'. Faltar a clases se sentía como un pecado menor comparado con lo que
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