Elsa y Juan I

Cuando empezó a masturbarse era siempre ella el objeto de su pensamiento. La amaba, la deseaba y curiosamente no se sentía culpable. Era un sentimiento tan puro y tan sincero que no podía ser pecaminoso. Cuando llegaba a casa la cubría de besos, acercándose progresivamente a la comisura de sus labios, hasta que ella prudentemente se separaba.

Elsa y Juan II

A partir de ese día no volvieron a dormir separados. A las amigas de Elsa les extrañaba que un chico tan guapo siguiera sin tener novia. Alguna que otra hasta admitía que pudiera ser gay. Elsa, cuando le preguntaban si ya tenía novia, siempre contestaba – Hija, no lo sé, me imagino que no, pero vete tú a saber… de todas formas la universidad no le deja mucho tiempo. Ya llegará el tiempo… – ¿Y tu, Elsa, no piensas rehacer tu vida, con lo joven y guapa que eres? – Pues no. Un día quise a un hombre que me engañó miserablemente… no me interesa nada de eso.

Elsa y Juan III

Era la primera vez que le hacía semejante caricia. Emocionado y excitadísimo se dio cuenta que hasta en ese sitio su querida mami, cómo tantas veces le llamaba, era toda una perfección. Toda ella olía y sabía divinamente. Su vulva chorreaba excitación abundantemente y él la bebía toda.

Elsa y Juan IV

El hidro despegó con el manager. Jane sonrió y se ofreció para ayudar en lo que hiciera falta. Elsa le dijo que les gustaría comer a las dos y cenar a las diez. Todas las comidas deberían ser poco condimentadas, bastante pescado, ensaladas, frutos tropicales principalmente papaya y que no hacía falta preguntar nada en cuanto a los menús.

Elsa y Juan V

Elsa estaba muy feliz. Había podido ofrecer su virginidad a su amor, le había encantado y deseaba poder repetir la experiencia para disfrutarla en pleno. Eran las doce. Puso el despertador para las 13:45. Se abrazaron, Juan le dio suaves y tiernos besitos hasta que ella se quedó dormida.