Capítulo 1

Capítulos de la serie:
  • Nuestra primera experiencia

Nuestra primera experiencia

Serendipia

Conocí a la que hoy es mi mujer en un viaje de trabajo. Ella era gerente de una de las mayores empresas de una capital de provincia. Yo por aquel entonces vivía en Madrid. Yo tenía 40 y ella 36. Ambos divorciados. El caso es que nos enamoramos y empezamos a salir. Por la naturaleza de nuestros trabajos teníamos que estar separados de lunes a viernes, ella vivía en su pequeña ciudad y yo en Madrid. Solo nos veíamos los fines de semana.

Al vernos solo los fines de semana el sexo era espectacular, los viernes noche y sábados empezaron a llenarse de lujuria y juegos sexuales. Sexo en el coche, en los cuartos de baño, incluso llegue hacerle un dedo en la barra de un pub, muy abrazaditos eso sí.

En la cama, empezó a coger importancia la recreación de nuestras fantasías, contándonos nuestras aventuras sexuales. Así poco a poco terceras personas fueron entrando en nuestra cama, aunque, de momento, fuera de forma virtual.

Yo por aquel entonces ya tenía bastantes experiencias en tríos, me gustaba ir mucho al pub “Encuentros”, allí conocí a varias parejas y me gustaba el ambiente.

Estas historias empezaron a ser muy excitantes para ella y en concreto una de un viaje que hice a Albacete para conocer a una pareja (en otro momento contaré esa historia). Me pedía que se la contase una y otra vez. Al final terminábamos corriéndonos como bestias imaginando a más gente en nuestra cama.

Un día entramos a tomar algo a un pub de intercambios y aunque no interactuamos con ninguna pareja, si que nos echamos un polvo en un cuarto, por que todo el mundo que pasaba por el pasillo podía vernos. El ambiente la puso muy cachonda pero aún tenía reticencias.

Un día dimos un paso más, creamos un perfil en una página de internet. Las propuestas y fotos nos daban unos polvos maravillosos. Era ella la encargada de gestionar las respuestas.

Un día una foto, un mensaje, la manera de expresarse del muchacho, llamó su atención, mucho. Se inicio un intercambio de mensajes y finalmente me propuso que lo conociéramos. Y me encargó la gestión de cómo hacerlo.

Yo planeé, y así se lo hice saber al muchacho, una forma gradual, me excitaba la idea y quería que saliera bien. Si queríamos repetir.

Era primavera, quedamos en un viernes a tomar algo en una terraza de la calle Juan Bravo de Madrid. Ella llevaba un vestido primaveral, muy escotado, ligero. El chico era bien parecido, poco pelo eso sí, delgado y sobre todo educado, buen conversador.

Su nombre Marcos.

La tarde dio paso a una cena, todos nos encontrábamos muy a gusto. Cenamos en “El barril”, buen pescado y marisco, la cena se aliño con un buen vino blanco gallego.

Y llegó la hora de irnos. Mi pareja propuso una copa en casa, eso sí recalcando y dejando muy claro que no pensaba ir más allá, solo que no quería que la noche acabara tan pronto.

Llegamos a casa y nos preparamos unas copas, ella estaba sentada en el sofá entre los dos, bastante nerviosa y yo sé que muy excitada. Marcos intento tranquilizarla diciéndole que no iba a pasar nada y la giró hacia mí para darle un masaje en el cuello e intentar relajarla. Ahí, en ese momento todo estalló. Ella me besó, mientras Marcos seguía con sus masajes, mi mano se introdujo por debajo de su falda y noté como su coño era una fuente. Me miró, sonrió y cuando mis ojos dijeron adelante…se giró y besó a Marcos. Un beso largo, con mucha lengua, gemidos. Mi mano pajeándola, sus piernas abiertas, olor a sexo. Nuestras manos empezaron a recorrer su cuerpo, ella gemía, besaba, lamia lenguas y nuestras ropas fueron desapareciendo poco a poco. Me besaba y Marcos le chupaba las tetas, le quitaba las bragas y le acariciaba su coñito mojado. En un momento Marcos se arrodilló y le abrió las piernas, ella ofreció su coño húmedo, él comenzó a comerle el coño. Su lengua recorría todo su sexo, lo abría y metía la lengua, chupaba su clítoris, ella se retorcía y suspiraba, pedía más, hasta que cogiendo su cabeza tuvo un orgasmo brutal. La imagen de mi mujer con las piernas abiertas y un chico comiendo su coño, ella gimiendo, cogiendo su cabeza para restregar bien su chochito mojado en la lengua de Marcos. Me puso a cien. Y el grito debió despertar a medio vecindario, los labios de Marcos estaban llenos de jugos de ella.

Cuando Marcos levanto la cabeza me miró, ella me miró y yo contesté a sus miradas.

—¡Fóllatela!

Ella abrió más las piernas y las alzó, agarró mi mano. Marcos colocó su capullo en la entrada de la vagina de mi mujer, su coño, palpitaba, la excitación era máxima en los tres. Cuando empujó y empezó a fóllarsela, el gemido de satisfacción de ella aun retumba en mi cabeza, ese momento vale todo. Le agarró el culo y comenzó a bombear. Su rabo entraba y salía dentro de ella, despacio, luego deprisa su coñito muy abierto, tragándose toda aquella polla. Me puso más cien todavía. Y ella lo notó, la relajó del todo y comenzó a disfrutar. Mi pareja es multiorgásmica, puede encadenar un orgasmo con otro hasta la extenuación. Marcos le metía el rabo en el coño y la lengua en la boca, ella gemía y gemía. Y se desató, tomó la iniciativa, se folló Marcos y a mi hasta hartarse. Follamos en todas las posturas, nos comió las pollas con fruición y se corrió incontables veces.

Bueno, esta fue nuestra primera vez. Y como ves mi plan de ir poco a poco, pues no funcionó. Fue todo mucho mejor y más fácil de lo imaginado.

¡Quién lo iba a decir!