Cada deseo tiene un origen… El mío comenzó el día en que descubrí lo prohibido... Desde entonces entendí que mi placer viviría en las sombras… Recuerdo que mi primer acercamiento al dulce placer fue una tarde de fin de semana. En mi casa vivía mi tía, una mujer madura
Cristopher y Fernanda se quedan a solas y cruzan una línea peligrosa. Luna comienza a sospechar que algo extraño ocurre en la casa. Las primeras veces no se olvidan.
Un pacto de intimidad: ella, bella, le ofrece placer y alivio sin juicios, forjando una conexión única basada en la confianza y el entendimiento mutuo.
No me guardé nada, me devoré su conchita, clitoris y labios, fue una delicia. Nunca olvidaré su Carita la primera vez que la abrí de piernas y se lo metí, bombeando su vagina