Capítulo 1

Capítulos de la serie:
  • Una obsesión sin límites I

Al salir de misa de siete una torrencial lluvia me detuvo en el atrio de la iglesia, había oscurecido tanto que parecía una escena gótica de penumbra húmeda, la gente salía apresurada hacia sus coches y yo preferí detenerme un instante a que escampara.

La lluvia arremetió cada vez más y decidí correr hacia mi camioneta estacionada dos cuadras abajo, entré empapada y tiritando.

La noche era muy pronunciada, pero alcancé a ver a Sofía corriendo hacia su carro escoltada por sus dos hermanos.

Era una mujer hermosa, morena y con un cuerpo espectacular, de pelo rizado hasta la cintura, además vestía siempre con una gala excitante y decidida. Entraron a su carro riendo y no advirtieron mi presencia enseguida.

Estaba por arrancar cuando vi a uno de sus hermanos deslizando el tirante de su blusa violeta, luego se acercó y empezó a chuparle las gotas que se detenían en su cuello, el respaldo de los asientos del carro se bajaron súbitamente y ella se puso en medio, era algo impactante y confusamente erótico, su otro hermano terminó por quitarle la blusa y quedo desnuda de su pecho, era bellísima, sus senos eran enormes y firmes, redondos y con los pezones estirados y oscuros, cada uno se acercó a ella y empezaron a chupárselos al mismo tiempo, parecía que le dolía porque ellos mordían a su gusto y ella cerraba los ojos mezclando el dolor y el placer, uno de ellos bajó a su muslos, le subió su falda negra hasta la cintura, movió su pantaleta dejando libre su vagina y empezó a chupársela bruscamente, el otro parecía perdido entre sus senos, la mujer era realmente voluptuosa, como hecha para varios hombres, nunca advirtieron mi presencia y yo tenía una vista perfecta, el estacionamiento estaba ahogado en la penumbra y yo no resistí la tentación, subí mi falda y sobre mi pantaleta roja empecé a masturbarme, lo hacía al mismo ritmo que ella gozaba, en mi caliente visión sentí la necesidad de meterme algo y tomé el bastón del carro, puse la punta en mi vagina y la base en el tablero de la camioneta y empecé a moverme hacia adentro sintiendo como entraba sobre mi pantaleta, en el otro carro al voltear vi a Sofía como era penetrada por sus dos hermanos al mismo tiempo, estaba en medio de los dos totalmente desnuda y parecía desesperada cuando entraban las dos vergas en su cuerpo.

Yo estaba excitadísima y parecía que iba a venirme en un gran orgasmo, pero sonó el teléfono celular y volví a la escena, como estaba en vibrador no se dieron cuenta, era mi marido algo preocupado, le dije que tardaría un rato y me despedí de él.

Cuando volví la vista al carro miré a Sofía recostada de espalda sobre uno de ellos siendo penetrada por el culo y el otro penetrándola por la vagina, se movían de forma riquísima, mientras metían sus vergas en ella la acariciaban toda chocando con sus manos por su cuerpo, en ese instante un carro se paró frente al estacionamiento e hizo una señal con las luces, ellos se detuvieron y los hermanos bajaron del carro, Sofía paso al asiento trasero y empezó a vestirse con otra ropa, tardó un momento y salió del carro deslumbrante con un vestido rojo muy pegado, recogió su pelo, se pintó de forma divina, llevaba unos tacones altos rojos y unas medias color carne, no dijo nada, sólo empezó a caminar por la acera oscura, los hermanos subieron a su carro y empezaron a seguir al igual que el otro carro, cuando les dio un poco de luz miré que eran cuatro hombres a bordo, parecía una especie de juego donde ella era protagonista y así era, mientras caminaba ellos le decían un sin fin de cosas y eso parecía excitarle, los carros la seguía lentamente y ellos parecían irse masturbando viendo el cuerpo increíble de ella pegado a ese vestido rojo -“así muévete mamacita, estás riquísima mi amor, ¿no quieres subirte ricura?, como quiero cogerte mamita, estás jodidamente buena preciosa”- le decían a cada paso que daba.

Ella parecía ignorarlos, pero era evidente su excitación, sus pezones estallaban en su vestido, sus senos se veían riquísimos y su trasero caliente delimitado por su tanga se movía con un ritmo insoportable, me imaginé como se sentirían ellos si a mí me provocaba eso.

El carro donde iban los cuatro hombres se detuvo y dos de ellos se bajaron, empezaron a hablar con ella y se acercaban cada vez más, uno de ellos puso sus manos en sus enormes senos y ella reaccionó bruscamente, los dos hombres se ofuscaron y por la fuerza la llevaron al auto , yo no sabía si era juego o no pero en realidad era más excitante, los había seguido dos cuadras y aunque me moría por seguir pensé que lo mejor era volver, antes de subir a la camioneta llegaron en su carro los hermanos de Sofía, definitivamente se habían dado cuenta de que los seguía y no sabía que pretendían, no me dijeron nada, sólo abrieron la puerta del carro y esperaron que entrara, empezaron a manejar sin decirme nada y llegaron a la puerta de mi casa, no entendí que querían y bajé del carro, entré a la casa y mi esposo estaba bañándose, me habló desde el baño pero no contesté, subí a la recámara y empecé a cambiarme rápidamente, me puse un vestido blanco muy escotado, unos tacones de aguja, las medias transparentes, recogí mi pelo y bajé antes de que saliera mi marido, entre al carro sin saber que pasaría y nos fuimos de ahí.

Estaba en un estado de excitación increíble, sin decirles nada me arrodillé entre ellos, les desabroche el pantalón y empecé a mamarlos sin inhibiciones, trataba de meterme sus vergas hasta el fondo de mi garganta, el carro se detenía y andaba porque no podía concentrase su piloto, con mis dientes mordisqueaba sus testículos y luego recorría sus vergas desde ahí hasta su glande y me detenía a chuparlos y a comerme el semen indiscreto que salía de sus penes, duré todo el camino haciendo eso hasta que se detuvieron en una granja apartada y me bajaron delicadamente, al entrar en la casa oí unos gemidos tremendos al final del pasillo, me llevaron hasta allí y entonces miré a Sofía en la cama boca arriba metiéndose un pene postizo enorme que parecía le atravesaba el cuerpo, traía puesto su vestido y los hombres estaban al borde de la cama masturbándose con su tanga y pasándosela uno a otro, traía los ojos vendados y tenía los labios resecos de tanta saliva y de tanta excitación.

Al entrar en la habitación me vendaron los ojos y quedé parada un rato, sólo oía los gemidos de ella, luego sentí un cuerpo pegándose al mío y unos labios besándome dulcemente y sus manos agarrándome todo lo que quería y metiendo sus dedos en mi culo y en mi vagina, sentí esa sensación seis veces por lo que pensé que todos me habían tocado, después sentí un sin fin de dedos en mis piernas, cerca de mi culo y en mi pubis y sentí como iban entrando al mismo tiempo por los dos lados, de alguna forma se acomodaron y en un momento tenía un dedo de cada uno en mi intimidad, luego de besarme un rato entre todos me acercaron a la cama y me pusieron el pene postizo entre mis manos, ella sin saber quién era me pedía que se lo metiera todo, eso era imposible porque el juguete era realmente desproporcionado, no sé cómo fue exactamente pero sentí unos deseos irreprimibles de acercarme a ella, nunca lo había hecho con una mujer pero era ineludible ese deseo, le quité un momento el juguete y empecé a acariciarle las piernas, era divino sentir eso, la acaricie toda, le chupé sus pezones, me comí sus vagina y su culo, le besé la espalda y le mordí todo su cuerpo, ella estaba temerosa igual que yo pero lo disfruto tanto como yo y nos comunicamos sexualmente de maravilla, nos acercamos bastante y empezamos a besarnos en los labios, colocamos el juguete entre las dos y lo metimos en nuestras vaginas y así jugamos largo rato teniendo orgasmos increíbles, sin dejar de besarnos y acariciarnos los cuerpos, estábamos hincadas metiéndonos el juguete y yo sentí igual que ella un pene verdadero atrás de nosotras, me pusieron crema en mi culo y empezaron a metérmela por ahí, era difícil de describir, era estar conectados entre los cuatro, sentí que se cambiaban de posición y eso me fascinaba, me la metieron los seis al igual que a ella, sentía el enorme falo fingido metiéndose en mi vagina y en el de ella, luego nos desvistieron completamente y nos llevaron a un cuarto de baño, quitaron la venda de nuestros ojos pero apagaron la luz así que no podíamos vernos, Sofía y yo nos acariciamos largo rato en medio de la caída de agua, nos masturbamos y nos besamos hasta que entraron por ella y dos de los hombres se quedaron en el cuarto de baño, inmediatamente uno de ellos se puso detrás de mí y el otro enfrente, me levantaron una pierna y se acomodaron para metérmela al mismo tiempo, sentía las dos vergas atravesándome y chocando dentro de mi intimidad, empezaron a besarme al mismo tiempo, las tres bocas chocaban entre ellas y nuestras lenguas se pasaban la saliva compartida, yo metía un dedo en el culo de ellos y esa sensación unida a la penetración que me hacían los hacía gemir como desesperados -“así preciosa, muévete y aprieta las vergas, cómetelas”- sentía el pecho de los dos como asfixiándome y sus bocas al oído me trastornaban.

Me hinqué en medio de los dos y puse sus vergas entre mis senos, los masturbé hasta que explotaron y se vinieron en mis pezones.

En la recámara Sofía era sodomizada por los otros hombres. Era el principio de una insaciable obsesión por las dos.