Las líneas que van a leer a continuación tratan de describir con palabras lo que realmente solo puede entenderse con la emoción y esa extraña combinación de sentimientos encontrados que van desde una gran excitación y pasan por los celos, el coraje, el temor , etc. Pero al final solo la excitación y el placer se imponen.

Somos una pareja normal. De esas parejas que ven todos los días en el supermercado, en los restaurantes, en las oficinas, en los buses.

Quizá lo que nos hace sentir diferentes es que hemos creado un lazo que nos ha hecho ser más que esposos, más que amigos, más que compañeros, más que confidentes: ahora somos Cómplices.

Fuimos novios durante dos años y casados llevamos ya cinco.

Chiara tiene 28 años y Julio César 34. En éstos años, nos hemos gozado el uno al otro. Hemos probado diferentes posturas.

Lo hemos hecho en el auto, en la oficina, en el campo, en la playa. Hemos tenido el cuidado y la creatividad para que nuestra relación no sea aburrida ni monótona. Ambos nos sorprendemos. Ambos nos damos sorpresas.

Y como era de esperarse: fantaseamos. Nos imaginamos y jugamos toda clase de fantasías.

Y nuestra fantasía favorita: intercambio de parejas. Llegamos incluso a masturbarnos imaginándonos en una situación como esa.

La voz de Julio César incitándome a imaginar otro hombre dentro de mi me pone a mil.

Imaginar que por un momento estoy con el y luego estoy sintiendo las caricias de otro hombre en mi cuerpo, es algo sensacional.

Pero de fantasías no pasamos. Hicimos algunos contactos por internet, cambiamos fotos y con alguna pareja nos reunimos en una disco, pero no llegamos a más. No sabíamos que pronto nuestra fantasía se haría realidad.

No imaginábamos que aquel refrán que dice “que la vida te da lo que pidas” era tan cierto.

Julio César recién había conocido a un cliente llamado Alberto con quien cerró algunos negocios, se habían reunido en la oficina y en alguna ocasión a almorzar en un restaurante para hablar los detalles del negocio.

Ninguno mencionó aspectos privados. Puros negocios.

Un viernes por la mañana Alberto llama a la oficina de mi esposo y le hace una invitación para que lleguemos a cenar a su casa al día siguiente.

La invitación es para las ocho de la noche.

Chiara lleva un vestido gris claro que más parece una segunda piel que hace resaltar su figura. Sus nalgas lucen fabulosas. Sus piernas quedan en su mayor parte descubiertas por ese corto, muy corto vestidito.

El escote del vestido permite entre ver el nacimiento de sus pechos que no son muy grandes pero que ella sabe hacer resaltar y sabe lucir muy bien. Zapatos altos. Me pregunta:

– ¿Cómo me veo?

Yo le respondo:

– ¡Increíble! Después de la cena tu serás mi delicioso postre.

A lo que ella muy coquetamente responde subiendo su vestido hasta la cintura y me muestra una tanga nueva, diminuta, deliciosa tanga nueva.

Camino hacia ella.

Me pongo de rodillas y siento la textura de esa diminuta prenda con mis mejillas y paso la lengua por encima de su caliente vagina. Ella me aleja, se arregla y me dice que debemos ponernos en camino.

Yo le hago caso y le repito: – ¡Tu serás mi postre!. Lo que es la vida, en ese momento no tenía ni idea de lo que sucedería en unas horas.

Llegamos a la casa de Alberto a las ocho de la noche. Situada en uno de los barrios más lujosos de la ciudad, su casa es muy amplia e impresionante.

Al abrirnos la puerta me llevo una fabulosa sorpresa. Alberto junto a su esposa nos da la bienvenida.

Laura se presenta con nosotros y me deja con la boca abierta. Una bella mujer de 29 años, cabellera larga, piel blanca, y un vestido negro que no envidiaba en nada al que llevaba mi mujer.

Con una figura colosal, pezones que se notaban debajo del vestido denotando que no llevaba sostén y un culo respingado que era para volverse loco.

Observé perfectamente como Alberto no podía quitar la vista de las piernas y nalgas de Chiara.

Pasamos a la sala en donde nos quedamos unos minutos en compañía de Laura, al poco tiempo Alberto entró en compañía de otra pareja: Jorge y Patty.

Las tres parejas congeniamos de inmediato y estuvimos conversando, riendo y bebiendo. Luego pasamos a cenar y después de una cena ligera el ambiente era cada vez mejor. Alberto hace una sugerencia:

– Pasemos al jardín.

Todos nos dirigimos hacia allí. Yo iba platicando con Jorge.

Chiara, Patty y Laura venían tras de nosotros, riendo y conversando. Era un jardín muy amplio en la parte de atrás de la casa. Sillas de playa. Un par de mesas. Una barra bien surtida. Una piscina. Y todo iluminado con antorchas altas.

Música de fondo. El ambiente era increíble. Enseguida Alberto nos hace una invitación al grupo:

– ¡Metámonos a la piscina! El agua está climatizada.

Casi de inmediato y sin que nadie dijera nada, cada dama estaba con su respectiva pareja.

Chiara me miró y estaba sonrojada.

Nos quedamos estupefactos al ver como delante de nosotros, Alberto y Laura se empezaron a quitar la ropa. Laura tiene un cuerpo fenomenal.

Caderas anchas.

Pezones rosados y erectos. Interminables piernas blancas muy bien formadas. Alberto con buen cuerpo y pelo en pecho y una verga que aunque no estaba del todo erecta se veía enorme.

Chiara se agarró fuertemente de mi mano. De reojo pude verla con la boca entreabierta, sus ojos denotaban sorpresa y excitación, sus pezones se marcaban perfectamente a través de su vestido.

Laura y Alberto se metieron en la piscina y desde allí nos insistieron en que hiciéramos todos lo mismo, luego empezaron a besarse.

Jorge y Patty se besaron e inmediatamente se desvistieron, Patty de complexión delgada tenía un culo perfecto, chico, redondo, delicioso. Jorge tenía una erección de premio, su miembro no tan largo si era bastante grueso.

Chiara y yo estábamos estáticos. Mientras Jorge y Patty se metieron a la piscina nosotros nos fuimos hacia una de las sillas de playa.

Chiara se sentó cómodamente. Yo me paré detrás de ella y mientras observamos como las dos parejas estaban en la piscina besándose y acariciándose cada cual con su pareja. Yo acariciaba mi verga totalmente erecta y vibrante en el hombro de mi mujer.

Ella rozaba sus piernas entre sí y con una mano se auto acariciaba desde la rodilla hasta la cadera. Me agache un poco y la besé al tiempo que metía mi mano entre su vestido y aquella diminuta tanga estaba muy mojada.

En eso estábamos cuando vimos como Laura se unió a Jorge y Patty, besando y acariciando a Jorge. Mientras Alberto salía de la piscina con la verga bien parada, una verga colosal con un glande muy ancho. Pero bueno, que sea Chiara quien les narré lo siguiente.

Yo estaba muy excitada. Vi como Alberto caminaba lentamente hacia nosotros. Julio César me tenía desde atrás de la silla agarrada de los pechos, uno con cada mano.

Yo no podía apartar mi vista de la gran verga de Alberto, que apuntaba directamente a mí. Con cada paso que daba sus huevos se movían. Yo sentía como mi vagina estaba destilando. Apretaba mis nalgas para presionar la vagina.

Por fin llegó hasta nosotros. Volteó a ver a mi marido por unos segundos como solicitando su consentimiento y luego se agacho y me dio un intenso beso en la boca mientras sus manos acariciaban mis piernas.

Yo no resistí más y con la mano derecha tomo su desnudo pene, mientras que con la izquierda acariciaba sus nalgas.

Julio César no me soltaba los pechos y cada vez los apretaba más fuerte. Alberto me quitó los zapatos. Y entre los dos, el y mi marido, me quitaron el vestido. Quedé solamente con la tanga, la cual unos segundos después había desaparecido entre las manos de Alberto.

Mi marido me chupaba los pezones y Alberto me metía la lengua en la vagina. La excitación era tanta que me retorcía en la silla cada vez que Alberto besaba mi clítoris.

Era intenso. Era sabroso. Y aunque se mezclaba una sensación de no poder más con esa excitación añoraba que no pararan.

Ya ven, Chiara estaba disfrutando mucho. En eso estábamos cuando siento el cuerpo de Patty abrazándose a mí. Me doy la vuelta y le correspondo.

Ella misma me quita la camisa e inmediatamente me besa y pasa su lengua por mi pecho.

Desabrocho el pantalón y ella inmediatamente se pone de rodillas y me lo quita. Luego mirándome a los ojos empieza a bajarme el calzoncillo.

Mi pene como roca queda liberado de la opresión que lo apretaba. Y Patty…. hay Patty, se lo introduce en la boca e inicia un entra y saca mientras acaricia mis huevos con una mano.

Es una experta mamadora. La excitación de ver su cuerpo desnudo, de sentir sus caricias bucales en mi pene y al mismo tiempo ver como Alberto acaricia a Chiara y como ella le devuelve las caricias a él, me tenían en un plano superior de excitación.

Al cabo de un rato, Laura junto a Jorge salen de la piscina e inmediatamente se acuestan sobre la grama, se acarician, se besan y se cogen. Laura con las piernas sobre los hombros de Jorge y él moviéndose rápidamente metiendo y sacando su verga.

Para el resto era un espectáculo increíble. Podía verse perfectamente como la verga de Jorge entraba y salía de la pusa deliciosa de Laura.

En eso, veo como Chiara se pone de pie y camina abrazada por Alberto, ella me voltea a ver como pidiendo aprobación a lo que yo inmediatamente asiento con la cabeza.

Veo las nalgas de mi mujer moverse mientras camina y a Alberto abrazándola y pasando una mano por la espalda y cintura de Chiara.

Una escena super excitante. Una escena que provocó un momentáneo sentimiento de celos. Allí iba mi mujer, con otro, excitada, y dispuesta a entregarse.

Los celos desaparecieron cuando reaccioné y volví a sentir la mamada que me daba Patty. Alberto paso besando a Laura y Jorge sin dejarla de penetrar aprovechó el momento para agarrar los pechos de Chiara.

Luego siguieron caminando hacia una mesa en donde de inmediato Alberto acostó a mi mujer. Chiara abrió las piernas.

Y todos pudimos escuchar un gemido, un grito, un suspiro que denotaba una combinación de dolor y placer cuando Alberto metió de un solo golpe su enorme verga en el delicioso coño de mi mujer, quien de inmediato se agarró fuertemente a la mesa y resistió y disfrutó las embestidas brutales de Alberto quien no dejaba de moverse y no paraba de jalar y apretar los pechos de Chiara.

Para ese momento yo empezaba a penetrar a Patty. Su vagina estrecha se abría y apretaba perfectamente mi pene.

Sentía perfectamente el roce de mi verga en el interior de esa mujer que me estaba dando un placer grandioso, el placer de coger mientras veía como cogía mi mujer a unos pocos metros de mí.

Chiara gemía. Laura gemía. Patty gemía. Las tres pedían más. Y estos tres caballeros estaban dando lo mejor.

Los primeros en terminar fueron Alberto y mi mujer. Alberto se quedó con la verga colgando totalmente vacía.

Chiara se quedó acostada sobre la mesa con las piernas abiertas viéndome a los ojos mientras yo me cogía a Patty. Alberto asía lo propio viendo a su mujer.

Chiara se levantó y caminó hacia mí, yo la recibí acariciándole las nalgas mientras continuaba moviéndome dentro de Patty, quien gemía y pedía más. Alberto se acostó a la par de Laura y la besaba apasionadamente mientras Jorge seguía dentro de ella.

Al poco tiempo Jorge terminó mientras Alberto seguía besando y acariciando a su mujer. Yo terminé e inmediatamente mi mujer se apoderó de mi verga y me la chupó por unos minutos.

Vean ustedes como es la vida. Yo esperaba comerme “el postre” de mi mujer después de una inocente cena y resulta que probé otro postre distinto mientras veía como otro hombre disfrutaba de mi pastelito.

Después de esa noche han habido otras, pero ésta en particular la llevamos muy gravada, ya que fue la noche de nuestra iniciación, la noche en que se hizo realidad una fantasía muy deseada, y lo impactante es que fue sin planearlo.

A propósito, ¿recuerdan la diminuta tanga de mi mujer? Desapareció. Nunca más la volví a ver. Pero valió la pena.

Un par de semanas después de esa noche, un miércoles por la tarde, nos encontramos a Laura a en Supermercado y allí inició otra exquisita sorpresa. ¿Quieren que se la narremos?