Como hemos cambiado

Me llamo Carmen, soy española y quiero relataros la forma en la que ha cambiado mi matrimonio y mi vida. Este si os gusta puede ser el primero de muchos relatos que os puedo contar y cantar las excelencias de lo que mas me gusta: El sexo.

Para comenzar deciros que soy madre de familia, trabajo fuera de casa, he tenido dos hijos que han sido lo mejor en todos los aspectos de mi vida.

Por un lado el cariño que me han dado y por otro que se me han ensanchado mis caderas que antes eran estrechitas y que ahora vuelven loco a los que me ven.

Estoy casada desde hace 10 años con Javier, un matrimonio que yo llamaría de amor-conveniencia. Javier tiene 6 años menos que yo, cuando nos conocimos el tenia 26 años y yo 32.

Yo estaba soltera pero por mi físico y las dos poderosas razones que me acompañan, nunca mi entrepierna ha pasado frío.

Siempre he sido de puertas para afuera una mujer supuestamente muy modosita, pero los que me han conocido “muy bien”, saben que mi coño es puro furor, eso si siempre guardando la compostura.

Bueno, a Javier lo conocí porque me lo presentó su padre, un compañero mío de trabajo al que tenía mas salido que el pico de una mesilla, ya que me gustaba calentarlo a base de bien, con mi ropa.

Debo explicaros ante todo como soy: mido 1.65 m, peso 67kg, mi pecho mide 100, y os puedo decir que no soy nada recatada al vestir.

Siempre he usado minifaldas, grandes escotes para que se me marcase bien el canal de mis grandiosas tetas y siempre me ha gustado calentar a los hombres, para no pasar hambre en materia sexual, ya que creo que si no soy ninfómana le anda rondando. Bueno, a lo que estábamos.

Yo estaba tonteando con el padre de Javier, cuando un día tomando café en la media hora que teníamos, se presentó el hijo de mi compañero. Cuando le vi, el tanga que llevaba estuvo empapado desde el mismo momento.

Javier se tiró un buen rato con nosotros y yo empecé a bromear con el.

El padre a primera vista se puso algo celoso, lo cual luego pagué cuando salimos a las 15:00, ya que sin comer ni nada, tuve que follármelo y no una sino varias veces.

Cuando salimos me preguntó: Carmen, ¿Cuándo vas a dejar que te dé una buena follada para que te acuerdes de mi? A lo que yo contesté, tocándole el paquete disimuladamente: ¿Qué te parece ahora en mi casa?

Allí nos fuimos y me tiré al padre, eso si pensando en el hijo.

Cuando ya eran las 17:00 se despidió de mi, se vistió y salió de mi casa. Al poco tiempo de estar merodeando con el padre de mi sueño, tuve la oportunidad de quedarme a solas con Javier.

Era un jueves y había quedado con algunas amigas para tomar una copa por la zona de copas que había en mi ciudad natal.

Al entrar en un pub al que siempre íbamos, me lo encontré en la barra tomando un whisky.

Estaba con un grupo de gente entre ellos la que detecté que era su novia, porque la tenia agarrada por los hombros. Javier es un hombre muy observador y enseguida me vio y me siguió con su mirada.

Yo seguí hablando con mis amigas, pero no dejaba de mirarlo fijamente para que se diera cuenta de que iba a por él.

El tampoco dejaba de mirarme de vez en cuando, y en una de esas saqué mi lengua lascivamente y me la paseé por todos mis labios.

Javier, a los cinco minutos fue a pagar y se marchó, dejándome a mi caliente y de muy mala leche, lo cual notaron mis amigas.

Por eso, y en veinte minutos dije que me iba ya que tenía que levantarme temprano. Me dirigí hacia donde había dejado mi coche, por la zona.

Cual no sería mi sorpresa cuando vi a Javier apoyado en mi coche.

Se me debió notar mi felicidad, y sin decirnos nada nos montamos los dos. Yo ese día llevaba una falda larga tipo pareo de cuadros, porque debajo me había puesto mis medias y mi liguero que me volvía loca.

También llevaba un tanga que eran mas cordoncitos que otra cosa, por lo que parecía que no llevaba nada, ya que mi culo grandote se movía libre.

Javier me dijo: -Se que te cepillas a mi padre, de lo cual me alegro ya que de vez en cuando es necesario que se de una alegría. Pero desde hoy vas a ser mi novia para todos, y al final me voy a casar contigo.

Siempre he dicho que me tengo que casar con una tía que sea muy puta. Y creo que tu lo eres. También tienes que saber, que lo que te falte por ser ninfómana te lo voy a enseñar yo.

En esto me metió la mano en la abertura de la falda y me corrió para un lado las bragas metiéndome un dedo en el coño que lo tenia encharcado.

Le pregunté que donde íbamos y me dijo que para ser la primera vez, nos fuésemos a un lugar oscuro que quería follarme al aire libre, y luego seguiríamos en mi casa.

Me llevó a un parque cercano que hay en un cerro como a un kilometro de mi ciudad, aparcamos al lado del carreterín en la entrada del mismo, me sacó las tetas mientras me las mamaba, y follamos yo agarrada a un árbol y él me la metía por detrás.

Su polla no es grande ni pequeña, pero sabe hacer feliz a una mujer.

Después nos fuimos a mi casa, donde lo estuvimos haciendo de todas las maneras, hasta que de una me metió el mango de la escobilla del wáter por el culo mientras el me la metía por el coño.

Después de esa noche, el dejó a su novia al día siguiente y nosotros empezamos a salir.

Al mes se lo contó a sus padres, imaginaros la cara del padre, pero la madre le encantó y me recibió con los brazos abiertos.

El ya le había contado a su padre que sabia todo lo nuestro y que no le importara, que yo tenia para todos.

El padre le respondió que gracias, pero que no iba a interferir. Y la verdad es que yo encantada con las dos opciones.

Javier y yo empezamos a vivir juntos, hasta que nos casamos al año siguiente, todo ello aderezado por unas folladas de campeonato, tanto en todos los rincones de nuestra casa, como donde nos pillase.

Pero a los tres años de estar casados, fuimos cayendo en el tedio y en el aburrimiento, junto con los agobios del trabajo, la casa, nuestro primer hijo, etc. Javier había subido bastante en su empresa y ahora era directivo de la misma.

Y ahora viene lo bueno de este mi primer relato, el cual he tenido que ir posponiendo, porque solo de recordarlo me mojo entera y tengo que aliviarme o espero que me alivien.

Nunca habíamos pensado en meter mas factores en nuestra relación, tríos, intercambios, orgías. Pero poco a poco, cuando lo hacíamos, fantaseábamos con ello.

Cuando peor lo estaba pasando nuestra relación, llegaron las Navidades.

En la empresa de Javier era tradición, hacer una comida para los empleados junto a las parejas de cada uno, lo cual se dilataba hasta altas horas de la noche.

Nos sentamos a comer con unos compañeros que no conocía de nada, pero que eran muy agradables, sin fijarme en lo mas mínimo en ninguno de ellos.

El de mi lado se llamaba Carlos y mas allá estaba su esposa, la cual hay que decirlo tenia muy poquita gracia la pobre.

Empezamos a hablar, y en un momento dado noto que me están tocando un muslo sobre mis medias de nylon.

Creía que era Javier, pero estaba con las dos manos encima de la mesa y hablando con su acompañante del otro lado. Por tanto, solo podía ser Carlos.

Efectivamente porque cuando lo miré, me guiñó un ojo. Le sonreí y también baje disimuladamente mi mano y le acaricié el paquete que lo tenía tremendo.

Como ya estaba muy caliente y por las circunstancias hacia bastante tiempo que nadie me daba un buen jolgorio en mi coño. Le dije al oído que le esperaba en el servicio de señoras.

Que lo íbamos a pasar bien. Me levanté y le dije a Javier donde iba.

A los pocos segundo Carlos dijo que iba a saludar a no se quien, y también se levantó. Como os he dicho Javier es bastante observador y nada tonto, por lo que se mosqueó, pero mas que tardásemos tanto Carlos como yo.

Carlos me tenía apoyada contra el espejo del servicio de chicas, y se nos había olvidado cerrar la puerta del mismo.

La puerta estaba situada a nuestras espaldas, así que podía ver como me la metía y se movía Carlos con los pantalones en los tobillos, yo con mis tetas fuera del escote y soltando por mi boca todas las barbaridades habidas y por haber.

Me estaba dando un gustazo como mucho tiempo no lo hacia con mi marido.

En eso se abrió la puerta y apareció Javier, el cual entró cerró la puerta, y sin pedir explicaciones y viendo la cara de Carlos que era un poema, se sacó la polla y se empezó a pajear.

Nos dijo que siguiéramos que esto teníamos que acabarlo bien, y Carlos volvió a retomar su culeada monstruosa. Javier se acercó a mi cara y me la puso en la boca para que le chupara esa polla que tanto gusto me sigue dando.

Carlos vio como se corría Javier en mi boca, y el me llenó mi coño de semen al mismo tiempo que yo tenía el orgasmo mas fuerte de todos.

Nos arreglamos un poco y fuimos saliendo uno a uno y llegando a la mesa cada uno por un lado, sobre todo por el que dirán.

Yo disfruté mucho del trío, pero eso fue el comienzo de convertir mi matrimonio en una lucha sexual continua que os seguiré contando en los próximos relatos.