Aventura con una puta

Aventura con una puta

Muchas veces había hablado  con Clara sobre hacer un trío con otra chica.

Y soy un hombre afortunado.

A ella le gustaba la idea.

En la cama antes de hacer el amor o jugando con el ordenador visitando webs de relatos eróticos imaginábamos que yo miraba mientras ella y otra chica estaban desnudas en la cama, acariciándose, besándose.

Aún ahora mientras lo escribo me resulta muy excitante pensarlo.

Realmente no sabía si algún día íbamos a atrevernos a intentarlo puesto que además de las implicaciones emocionales resultaría difícil encontrar a la chica adecuada.

Teníamos claro que debía ser una completa desconocida y vivir lejos de nuestra casa.

Pensareis que si hubiésemos tenido verdadera intención de hacerlo hubiésemos buscado en el periódico a una profesional o acudir a los contactos tan frecuentes en Internet.

Quizás sea así pero no nos resultaba excitante forzar una situación.

Si alguna vez se daba la oportunidad la aprovecharíamos, y hasta ese momento, debíamos conformarnos con nuestra fantasía.

Y con la esperanza de no defraudaros, seguimos así fantaseando, aunque un día ocurrió algo….

Clara y yo estábamos disfrutando de unas merecidísimas vacaciones en el sur de España.

Nos describiré, Clara tiene 23 años, es rubia, guapa, con labios gruesos, no muy alta pero con las piernas bonitas y unos pechos que durante las vacaciones me encanta que muestre parcialmente con camisas escotadas.

Son una delicia. Grandes y bien puestos.

Esa noche iba vestida con un vestido negro pero sin bragas y sin sujetador.

En el hotel donde nos hospedábamos le había elegido yo lo que se debía poner.

Yo soy rubio y alto, condiciones que me hacen por si solas ser atractivo para las mujeres. Hago mucho deporte y tengo un cuerpo delgado y bastante desarrollado con anchas espaldas y no excesiva musculación.

La noche en cuestión habíamos cenado con un vino excelente, habíamos estado tomando copas y en el momento de los hechos estábamos fumando un porro. Realmente lo pasábamos bien.

Yo conducía buscando un bar donde tomar la penúltima pero en ese momento me encontraba totalmente perdido.

Es normal. Estaba en una ciudad desconocida para mi y además Clara entre risas no dejaba de entretenerme levantándose la falta y dejando a la vista su sexo.

Aún no sé como no tuvimos un accidente.

Cuando nos decidimos a darnos por vencidos y regresar al hotel pasamos por una zona de prostitución.

Junto  la carretera había muchas muchachas semidesnudas incitando a los conductores a pararse.

Clara río y me propuso parar.

Sabía que bromeaba pues ninguno de los dos quería acostarse con una de estas chicas, tal y como he dicho en el inicio de este relato, sin embargo detuve el coche unos metros mas adelante y le propuse volver.

No quería hacer un trio solo que ella besara a la prostituta que escogiésemos y quizás pedirle a la muchacha que la masturbara.

Y como he dicho soy un hombre con suerte.

Clara accedió.

Nervioso di media vuelta y lentamente avanzamos entre las chicas.

Ella misma eligió a una sudamericana delgada y con el pelo muy largo.

Clara se sentó junto a ella en el asiento de atrás y le explicó exactamente lo que queríamos.

Lara (supongo que sería un “nombre de guerra”) estuvo de acuerdo y pidió un precio al que no pusimos objeción).

Supongo que estas chicas ya han visto de todo puesto que no encontré en ella el mas mínimo gesto de sorpresa.

Detuve el coche en un camino oscuro pocos metros mas adelante. Me volví y las miré.

Clara estaba nerviosa así que la otra chica muy profesional se abalanzó sobre ella y empezó a besarla.

Encendí un cigarro para que me acompañara en el espectáculo.

No sé si ardía mas el cigarro o yo.

Clara que hasta el momento había estado algo pasiva se puso en acción tocando los pechos de la prostituta quien le decía cosas como “cariño… no llevas bragas” o “estas muy mojada”.

Lara quería terminar pronto el trabajo y se esmeró excitando el clítoris de clara.

Me gustaba ver la cara de mi novia mordiéndose el labio mientras la morena con sonrisa picara la acariciaba y le decía obscenidades.

Yo no participaba pero me hubiese encantado comérmelas a las dos.

Lara estaba muy metida en su papel de “diabla perversa” mientras que mi chica se revolcaba de gusto por los dedos de una mujer. Se corrió mientras sus labios buscaban la boca de la puta.

Ella ya había cumplido con su trabajo por lo que tras pagarle salió del coche y volvió caminando al lugar desde donde la habíamos recogido.

No hizo falta decirle que ahora queríamos estar solos.

Me senté junto a Clara.

Estaba en celo y se subió sobre mi sin mediar palabra y se la metió hasta el fondo.

Mientras volvía a disfrutar de otro orgasmo me dijo al oído “¡cariño… me ha encantado! Le pregunté que había sentido, si le había gustado.

Ella me respondió que sí había disfrutado mucho.

La chica había sido toda una experta jugando en su coño.

Que le encantó que yo estuviese mirando y de no ser por nuestro pacto le hubiera encantado meterse aquel coño en sus labios.

Quería saber cual era su sabor, quería que aquella mujer me la comiera al mismo tiempo, quería que me las hubiese follado a las dos.

Le respondí que habría tiempo para probar eso.

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