El Masaje del Quinto Piso
Javier llegó al edificio pasadas las diez de la noche, completamente exhausto después de una larga y dura jornada laboral. Los hombros le pesaban, tenía la corbata aflojada y solo deseaba llegar a su apartamento en el quinto piso, ducharse y descansar. Caminaba arrastrando los pies por el pasillo de la primera planta cuando la puerta del apartamento de su vecina se abrió de repente.
Allí estaba Laura, su vecina de treinta y ocho años, aún vestida con su uniforme blanco de enfermera que se ajustaba a sus curvas generosas: senos pronunciados, caderas anchas y una presencia que siempre transmitía confianza profesional. Su cabello castaño estaba recogido en una cola alta.
—Javier… ¡qué sorpresa! —saludó con una sonrisa cálida y amable—. Pareces agotado. ¿Tan pesada fue la semana?
—Demasiado —respondió él con un suspiro—. Solo quiero subir a descansar.
Laura ladeó la cabeza con expresión comprensiva.
—Mi esposo está de turno nocturno en la planta de cerámica y no regresa hasta mañana. ¿Por qué no pasas un rato a tomar un café? Te ayudará a relajarte antes de encerrarte en el quinto piso.
Aunque su cuerpo pedía descanso, Javier aceptó. El apartamento de Laura estaba limpio, acogedor y olía a vainilla.
Una vez dentro, se sentó en el amplio sillón del living. Al acomodarse, hizo una pequeña mueca de dolor. Laura lo notó al instante.
—¿Te duele algo? Cuéntame.
—Es un leve dolor en el testículo izquierdo. Lleva varios días.
Laura asintió con expresión profesional.
—Como enfermera he visto esto muchas veces. La falta de liberación sexual frecuente genera congestión prostática y acumulación de semen. ¿Cuánto tiempo llevas sin tener relaciones con Daniela?
—… Casi tres semanas —respondió Javier, avergonzado.
—Es comprensible, pero no saludable —dijo ella con tono clínico—. Voy a examinarte.
Sin pedir permiso, Laura se arrodilló entre sus piernas con gesto concentrado. Le bajó el pantalón y el bóxer con manos expertas. Su pene quedó expuesto, semierecto.
—Es lo que pensaba… acumulación de semen —afirmó con seguridad médica tras observarlo—. Están bastante cargados y calientes —murmuró, tomando sus testículos con ambas manos, palpándolos con cuidado y sopesándolos—. Especialmente el izquierdo. Hay una clara retención. Esto explica el dolor.
Comenzó a masajearlos suavemente con los dedos, aplicando presión controlada. Luego rodeó el pene con una mano y lo apretó desde la base hacia arriba, evaluándolo.
—Tu pene responde muy bien. Está congestionado también. Necesita una liberación completa para reducir la inflamación.
Se levantó, fue a su habitación y regresó con un frasco de aceite de masaje.
—Esto ayudará a que el tejido se relaje —explicó mientras se echaba abundante aceite en las manos.
Primero tomó el pene con una mano y, muy lentamente, fue retrayendo el prepucio hacia atrás. Lo hizo con deliberada lentitud, observando con mirada contemplativa cómo el glande grueso y rosado iba apareciendo por completo.
—Mmm… mira eso. El glande está bastante sensible y congestionado también. Muy bonito y grande.
Aplicó abundante aceite directamente sobre el glande expuesto y comenzó a prestarle mucha atención. Con la palma de una mano lo sobaba en círculos lentos y firmes, concentrándose especialmente en la punta y en el frenillo, frotándolo con dedicación. Mientras tanto, con la otra mano apretaba con fuerza la base del pene, manteniéndolo bien firme.
—Esto es importante —explicaba con tono profesional—. Hay que drenar bien la zona del frenillo, es donde más se acumula la tensión. ¿Sientes cómo se alivia con el masaje?
Mientras continuaba masajeando y sobando el glande aceitado con la palma de su mano, Laura lo miró directamente a los ojos con expresión clínica y curiosa.
—Dime, Javier… cuando eyaculas, ¿es abundante o poco? —preguntó sin dejar de frotar la punta sensible en círculos lentos.
Javier, respirando agitado, respondió entre gemidos.
—Bastante… abundante.
—Bien —asintió ella, presionando el frenillo con el pulgar—. ¿Y cómo es la consistencia? ¿Espeso o más aguado?
—Espeso… bastante espeso —contestó él, avergonzado pero excitado por el interrogatorio.
Laura sonrió levemente, sin dejar de masturbarlo con movimientos precisos y resbaladizos.
—Interesante. Eso confirma la acumulación. Y otra cosa importante… ¿duras mucho o es de fácil eyaculación?
—Normalmente… no duro mucho —admitió Javier—. Es bastante fácil.
—Es lo que suponía —dijo ella con tono profesional—. Con tanta retención, el reflejo eyaculatorio se vuelve muy sensible. Es una pena que Daniela no aproveche estos datos para cuidar mejor de ti. Una esposa atenta sabría cómo drenar regularmente un pene tan productivo y sensible como el tuyo.
Javier gemía mientras las manos resbaladizas de Laura trabajaban con precisión. Ella continuó masturbándolo con ambas manos, una en la base y otra concentrada en el glande.
—Relájate, Javier. Este masaje drenará toda la acumulación —dijo con voz suave pero profesional—. Es una pena que Daniela esté tan ocupada con sus clases nocturnas… una esposa debería cuidar mejor estas necesidades de su marido. Tres semanas es demasiado tiempo para dejar a un hombre con un pene tan grande y potente como el tuyo en este estado.
Se inclinó y acercó su boca. Empezó a darle un masaje con la boca, lento y profundo. Primero lamió los testículos con lentitud, chupándolos con suavidad.
—Los voy a drenar manualmente primero —susurró.
Luego subió a la verga y se concentró especialmente en el glande. Lo besó, lo lamió en círculos con la lengua plana, prestándole mucha atención. Metía la punta de la lengua en la uretra suavemente, succionaba solo el glande hinchado, lo frotaba contra el interior de sus mejillas y lo golpeaba suavemente contra su lengua mientras lo miraba con expresión clínica.
—Tu glande es muy sensible —comentó con tono profesional, sacándolo un momento de su boca—. Está muy congestionado. Es una lástima que Daniela no aproveche esta magnífica verga que tiene en casa. Una esposa responsable debería masajear y cuidar este pene con regularidad, no dejarlo acumular de esta forma. Mira cómo palpita… necesita atención constante.
Volvió a metérselo profundamente, haciendo movimientos de succión rítmicos y húmedos, combinando mamada con masaje lingual en el frenillo. De vez en cuando lo sacaba y, mientras lo masturbaba, seguía hablando:
—Qué desperdicio que tu esposa no sepa drenar correctamente un pene tan grueso y hermoso. Yo, en cambio, voy a aplicarte un masaje bucal completo para aliviar toda esta presión.
Después de varios minutos de intensa mamada terapéutica, Laura se puso de pie. Se quitó el pantalón del uniforme y la tanga azul sin prisa. Su coño estaba visiblemente mojado y hinchado.
—Para una congestión tan fuerte, el masaje externo no es suficiente —explicó con seriedad fingida—. Necesitamos estimulación interna profunda y calor natural. Es el método más efectivo.
Se subió encima de él, tomó su pene grueso y lo frotó varias veces contra su entrada.
—Voy a aplicar el tratamiento completo —susurró mientras se bajaba lentamente, clavándose hasta el fondo—. Ahh… perfecto. Tu pene encaja muy bien.
Empezó a cabalgarlo con movimientos profundos y controlados.
—Esto es mucho mejor que dejar que se acumule —jadeó, manteniendo el tono médico—. Daniela es una mujer muy dedicada a su trabajo… pero descuida demasiado tu salud sexual. Un hombre con un pene tan grande y potente como el tuyo necesita ser atendido con regularidad. Es una lástima que ella no sepa drenar correctamente estos síntomas.
—¿Sientes cómo tu vecina te está drenando bien? —preguntó con voz entrecortada pero profesional—. Mi vagina está aplicando el masaje más efectivo posible… caliente, mojada y apretada. Esto va a sacarte todo.
Se inclinó hacia él y le susurró al oído:
—Quiero que te corras dentro. Es necesario para completar el tratamiento. Libera toda esa acumulación de tres semanas dentro de mí.
Laura aceleró sus movimientos, cabalgándolo con más fuerza y precisión, apretando su vagina alrededor del pene grueso. Javier sintió cómo la presión en sus testículos crecía hasta volverse insoportable.
De pronto, un orgasmo poderoso lo invadió. Su cuerpo se tensó completamente, sus manos apretaron con fuerza las nalgas de Laura y soltó un gruñido ronco y profundo.
—Así… muy bien —susurró Laura con tono clínico, sin dejar de moverse—. Siento las contracciones fuertes en la base del pene. Eso indica una eyaculación abundante y completa.
Javier explotó dentro de ella con chorros largos, gruesos y potentes. El primer disparo fue tan fuerte que Laura abrió los ojos con placer y sorpresa, soltando un gemido largo y satisfecho.
—Ohhh… sí. Qué volumen tan alto —jadeó ella con evidente disfrute, manteniendo su voz profesional—. Siento cada pulsación… estás expulsando mucha leche acumulada. Chorros fuertes y espesos… perfecto para drenar completamente los conductos.
Laura siguió cabalgándolo lentamente mientras él continuaba eyaculando, chorro tras chorro, llenándola por dentro. Ella temblaba visiblemente, disfrutando cada pulsación, mordiéndose el labio y apretando sus paredes vaginales para extraer hasta la última gota.
—Qué deliciosa sensación… estás inundándome —gimió, mezclando placer con tono médico—. Esto es exactamente lo que tu cuerpo necesitaba. Daniela no sabe lo que se pierde al no recibir estos orgasmos tan potentes y abundantes de un pene tan productivo. Yo sí sé apreciarlo… y drenarlo correctamente.
El orgasmo de Javier fue largo e intenso, dejando su cuerpo temblando. Laura también llegó al clímax encima de él, con contracciones fuertes que apretaban rítmicamente su pene, prolongando su placer mientras gemía contra su cuello.
Se quedaron unidos varios minutos, respirando agitados, con el pene de Javier aún palpitando dentro de ella.
Laura se levantó lentamente, dejando que el pene saliera de su interior con un sonido húmedo. Se agachó con elegancia entre sus piernas, tomó el miembro todavía semi-duro y le dio una última chupada profunda y lenta, limpiándolo completamente con su boca. Pasó la lengua por todo el glande y el tronco, recogiendo los restos de semen y sus propios jugos.
—Listo —dijo con tono profesional y satisfecho, limpiándose ligeramente la comisura de los labios—. Lo hemos descongestionado por completo. Has expulsado una cantidad clínicamente significativa. Cuando llegue tu esposa, descárgate de nuevo en ella para mantener el alivio. Y regresa mañana para revisarte de nuevo, es importante hacer un seguimiento.
Laura le acarició el pecho con suavidad y sonrió con fingida inocencia profesional:
—Si sientes cualquier molestia residual, ya sabes dónde vivo.