Capítulo 4

La semana se le pasó volado a María Fernanda, entre consultas y reuniones no consiguió tomarse un tiempo para ella, su novio Raúl le hizo que pidiera el sábado como descanso por lo que ella tuvo que apurarse con su trabajo para no dejar ningún pendiente para ese día. El sábado era el cumpleaños del sobrino de Raúl, un niño pequeño que cumplía 8 años y la hermana de su novio se lo quería festejar en grande en la casa de los papás de Raúl en valle de bravo, por lo que la idea era pedir el sábado y aprovechar el domingo, su día de descanso para quedarse a dormir allá. Maria Fernanda no estaba muy convencida de ir, sentía arrepentimiento por lo que había pasado con Diego, se sentía culpable por los pensamientos que llegaban a su mente pensando en como Diego la había acariciado y besado, recordaba sus manos fuertes y sensibles que lograban en ella un sentimiento profundo que conseguía humedecer su vagina. Esa misma noche después de aquel día Diego le envío un mensaje de WhatsApp, ella dudo en responder pero igual lo hizo, y desde entonces habían mantenido conversaciones todas las noches antes de ir a dormir. En ellas no volvieron a mencionar lo sucedido, sus conversaciones eran más para conocerse. Hablaban de ellos, de su familia, de sus gustos, nada relevante, pero si trascendente para irse conoció en más a fondo.

Maria Fernanda descubrió que Diego nunca había estado casado y tenía años de no tener novia, era hijo único y sus padres ya habían muerto hace más de tres años. Estudio en la UNAM, la universidad pública más famosa del país, era alguien muy inteligente, gracias a eso había podido salir adelante en este país tan complicado, eso despertó una fuerte admiración en Fernanda hacia él.

Por su parte Mari Fer también le hablo de ella, le contó que tenía dos hermanos mayores, ambos ya casados, mientras ella aún seguía viviendo en casa de sus padres, eso le provocó cierta vergüenza a pesar de que aún con 25 años seguía siendo considerada muy joven y era de lo más normal, ya que como apenas empezaba con su vida laboral aún no tenía la solvencia suficiente para vivir en un lugar propio. Por su parte Diego ya vivía solo desde hace tiempo en un departamento al sur de la ciudad, ella también vivía al sur por lo que no quedaban tan lejos uno del otro.

Maria Fernanda también le contó, de su infancia, de sus pasatiempos, siempre había sido una niña consentida por sus padres y por sus hermanos, a ella le encantaban los deportes, practico varios de niña, pero el que más le gustaba era el voleibol, su disciplina por ese deporte le llevo a conseguir un hermoso cuerpo. Diego siempre la leía con atención y le respondía con algún comentario divertido o alguno más profundo que conseguían sacarle alguna sonrisa antes de dormir.

Por su parte ella hacia lo mismo cuando él le escribía y ambos charlaban hasta la madrugada, hasta que ya era muy tarde para seguir hablando. Mari Fer estuvo muchas veces tentada en preguntarle a Diego sobre lo que pasó en el consultorio, ir más allá pero se arrepentía en último momento, seguía teniendo dudas, Diego la atraía y mucho, de eso ya no tenía ninguna duda, pero aún era superficial, a pesar de que no lo aceptaba y salir con alguien como Diego le provocaba dudas. No es que sea feo pensaba, solo tiene un ligero sobrepeso ¿pero que pensaran mis amistades si se enteran que deje a Raúl por alguien así? Lo que la gente dijera le importaba mucho, y era de esperarse, toda si vida se crio en un ambiente así, a pesar de que ella poco a poco estaba comenzando a despertar.

Mari Fer prefirió no darle más vueltas al asunto y continuar sin presionar las cosas, ya el tiempo dirá pensó y siguió con su semana.

Ya en sábado Maria Fernanda se levantó temprano para hacer ejercicio, era una rutina que tenía desde años y no interrumpía por nada, al terminar vio la hora y se dio una ducha no sin antes tocarse intensamente con Diego, en mente, algo que también ya se le hacía hecho costumbre desde hace días. Lo hacía de vez en cuando, cuando sentía tantas ganas que le era difícil controlarse. ¿Y si empiezo algo con Diego? Se pregunto. No tengo que dejar a Raúl, puedo salir con ambos, tengo muchas amigas que incluso están casadas y tienen a sus amantes, no es raro ¿O sí? Además, aún no estoy casada, cuando me case ya será diferente, ahí ya haré la promesa de ser fiel, que pendejadas piensas Mari Fer, la infidelidad está mal no importa como la quieras disfrazar, con eso en mente novio la cabeza y salió de la ducha para alistarse.

Una vez que se arregló, le mando un mensaje a Raúl para saber en cuanto tiempo llegaba.

“30 minutos”, respondió, Raúl a secas y ella solo suspiro cansada.

Fernanda estaba espectacular, se había puesto un vestido celeste, holgado y algo corto que dejaba ver su lindas y torneadas piernas, nada vulgar, pero si sensual, el vuelo del vestido se levantaba más gracias a sus perfectas nalgas. Estaba divina y ella lo sabía, siempre quería dejar una buena impresión con los padres de Diego, cuidaba el verse linda pero no vulgar. Debajo llevaba una tanga de encaje, linda y discreta de color negro, con un sujetador a juego del mismo color. También preparo su ropa para el siguiente día, unos jeans azules y unas botas cafés con una sudadera que la harían sentir más cómoda, además agrego unas pantis celestes que sabía que a Raúl le gustarían ya que una vez le hizo un cumplido cuando se las vio puestas. Bueno más bien un comentario medio pendejo pero que nada ocasión le gustó a Fernanda.

—No mames Fer, tienes unas nalgotas que ni siquiera esas pantis te las cubren, que rica estas, le dijo hace meses después de hacer el amor en casa de sus padres.

Cuando llegó Raúl, Fernanda se despidió de se madre y camino a reunirse con su novio, se saludaron sin mucho esmero y él arranco el vehículo para conducir a valle de bravo, un lugar boscoso y frio en el estado de México, donde mucha gente con recursos tenían sus casas de campo.

—No mames Fer, ¿no vienes algo destapada?

—El vestido me llega a las rodillas amor, y no está muy escotado.

—Es que tienes unas nalgas que hacen que se te levante mucho, ponte tu abrigo, no quiero que los pendejos de mis primos te anden morboseando.

—No es mi culpa que tú pinches primos sean unos calientes.

—Son adolescentes Fer no mames, que esperas si te ven así bien puta.

—No me veo puta Raúl, no digas pendejadas.

—Ya no te enojes es broma chinga, ja ja ja. Te vez bien. Mira ya hasta me lo paraste, dijo Raúl señalando una ligera erección.

Mari Fer solo sonrió, pero fue más por compromiso, a mente llegó Diego, imaginaba el tamaño de su verga, no se la pude tocar, pero la sentí cuando me rozo por atrás, debe estar mucho mejor que la de Raúl. Se dijo en su mente.

El resto del camino se fueron prácticamente en silencio, con solo la música de fondo, no tardaron mucho en llegar y Raúl estacionó el auto.

La casa de los padres de su novio siempre maravillo a Mari Fer, era enorme, había un bosque dentro de la casa, con varias piscinas y jacuzzis, la construcción era antigua pero en perfectas condiciones, con techos y pisos de madera, le recordaba el dinero que tenía la familia de su novio, Mari Fer no venía de la nada ni mucho menos, se le podría considerar una mujer de clase media alta, con un padre médico que llegó a tener un muy buen sueldo, lo suficiente para llevar de vacaciones a su linda hija a varios países en Europa y Asia, pero no sé comparaba a los niveles de la riqueza de Raúl. Aunque no lo aceptará eso la intimidaba pero también la fascinaba.

Nuestra doctora era muy querida por los padres de su novio, así que cuando llegó fueron a saludarla con efusividad, ellos estaban totalmente de acuerdo con incluir a una mujer tan educada y linda en su familia. De igual manera ella los saludo

de forma educada y amigable, Fernanda podría ser una mujer con un carácter muy lindo cuando se lo proponía.

Durante la fiesta infantil no paso mucho, niños corriendo y jugando en los juegos que mandaron a poner para ellos en el jardín. Todo eso mientras los padres hablaban de política y economía y las mujeres se contaban los últimos chismes que oyeron el club, todo muy tradicional en una familia de clase alta de la ciudad de México. Mari Fer solo lo sobre llevaba con una sonrisa, que aburrido pensó, a ella le gustaban los niños y tenía ganas de ir a ver cómo jugaban pero sabía que no se podía despegar de dónde estaban su suegra y su cuñada, así que sin más solo que quedaba mirando desde lejos. En un momento muerto de la fiesta decidió sacar su teléfono, quería ver si Diego le había escrito algo, pero nada, a pesar de que su última conexión había sido apenas hace 5 minutos. El último mensaje había sido de ella. “Que descanses ” el último mensaje antes de despedirse la noche anterior.

Cuando estaba por guardarlo se dio cuenta que Diego subió un estado por lo que no dudo en verlo, en el estado Diego estaba en una reunión con algunas personas, de fondo se veía un restaurante bastante elegante que Mari Fer identifico de inmediato, ella había estado ahí antes también. Era un grupo pequeño de personas, unas 5 personas, la mayoría hombres y dos mujeres, lo que intrigó a Fernanda fue una de las acompañantes, una mujer madura pero aún joven, cálculo que andaría por la década de los 30 estaba abrazada Diego en una de las imágenes del estado.

Y está pinché vieja quien es, pensó, se ve bien puta, ¿y por qué lo está abrazando? ¿y por qué chingados se está dejando el pendejo? Su incredulidad paso rápidamente a una irá contenida que le deformó el rostro. La mujer iba vestida de forma muy provocativa, se le alcanzaba a ver con una falda extremadamente corta de color negro y una blusa escotada, sin duda la mujer era atractiva pero no sé comparaba con ella pensó Mari Fer.

Conteniendo su Furia Maria Fernanda se levantó de la mesa y decidió ir a tomar algo de aire caminando por los jardines de la enorme casa, camino hasta alejarse del ruido de la fiesta, se relajo un poco y tomo algo de aire, pensaba en mandarle mensaje a Diego, ¿Dónde chingados estás? Pensó en preguntar, pero sabía que no podía hacer eso, no quería verse como una buena celosa de esas que tanto le caían mal, además Diego y ella no eran nada, ¿O si? Se enojo más al pensar en eso y negó con la cabeza hasta que el murmullo de unas vives llamó su atención.

Se acercó para escuchar mejor y vio que era su novio Raúl hablando con unos de sus primos y amigos, varios de ellos le caían muy mal a Fernanda, eran unos

pendejos pensó, que lo único a lo que se dedicaban era a gastarse el dinero de sus papás en pendejadas, además unos eran unos pinches morbosos que varias veces noto como la miraban. Estaba por dar la vuelta para irse cuando escucho su nombre así que se acerco por curiosidad, cuidando que no la escucharan.

—No chingues pinche Raúl, tu viaja está bien rica, pinches nalgotas que se le ven.

—¿Trae tanga? Pregunto otro en tono burlón.

—Ya no mamen, respeten pendejos, que esa mujer va a ser mi esposa.

—No mames Raúl, ¿a poco si estás enculado?

—Quien no lo estaría con esa pinche viejota, dijo otro riendo.

Al escuchar esas palabras el corazón de Mari Fer se aceleró, ¿Esposa? No mames, me va a proponer matrimonio.

—Ya se que esta bien buena, aprende algo pendejo, no como las garrapatas que luego traes dijo Raúl riendo.

—Pero si wey ¿Cómo vez? Está vieja está para ser mi esposa, le voy a proponer matrimonio pronto.

—¿Y si crees que te acepte?

—Ahuevo, si conmigo se sacó la lotería, dijo Raúl riendo.

Pinche Raúl pendejo, pensó Mari Fer.

—Pues que te digo wey, tu vieja esta bien rica, mejor ponle firma a ese culito antes que alguien te lo gane.

—No digas mamadas Wey, ese culito ya tiene mi nombre. Eso te lo puedo asegurar. Dijo riendo de nuevo.

—Acá entre nos Raúl, ¿Cómo coge tu vieja?

Raúl guardo silencio un momento y luego le pidió a su primo que le pasará un frasquito, lo abrió y dejo caer en la mesa un polvo blanco que inhaló de inmediato.

—Es de las gritonas, pero eso es gracias a mi ja ja ja. Le encanta mi verga dijo Raúl y procedió limpiar su nariz.

Eres un pendejo, pensó. Fer ya sabía de la adición de Diego eso no era lo que le molestaba en si, después de todo no era un consumidor recurrente, lo que si la enfado

mucho fue escuchar como hablaba de ella con sus amigos y familia, no soy tu puta pensó. Y se fue enojada de regreso a la fiesta.

Una vez que la fiesta termino a todos los invitados se les designó una habitación para que pasaran la noche, al llegar a su habitación Fernanda y Raúl comenzaron a acomodarse. Raúl se encontraba recostado en la cama mientras veía su celular. Se veía aún bastante despierto gracias a lo que se había metido.

Fernanda por su cuenta seguía enojada, recordaba las palabras de Raul pero en el fondo ella sabía que lo que más la tenía intranquila era Diego, ¿Quién era esa pinche vieja? Se seguía preguntando, ¿Se la estará cogiendo ahorita? De seguro que si, esos pensamientos daban vueltas en su mente sin traerle paz y además estaba lo de la propuesta de matrimonio. ¿De verdad Raúl le propondría matrimonio? ¿Y ella que respondería? ¿Aceptaría? Llevaban 4 años de novios, se conocieron desde la universidad era de lo más normal dar el siguiente paso. Debería estar contenta pensó, pero no lo estaba a pesar de que sabía que un matrimonio así le resolvería la vida. Ya como familia me podrían ayudar a trabajar en un mejor hospital, se animaba para que la noticia la pusiera de buen humor.

Con esos pensamientos en su mente, Fernanda comenzó a desvestirse para recostarse, empezó quitándose el vestido quedando en ropa interior. Su espectacular cuerpo quedó enmarcado por una tanga negra de encaje metida de forma muy sensual entre sus redondas nalgas, con un lindo y sensual triangulito en su espalda baja que hacía más estética la imagen, sus redondos y lindos pechos se notaban atrapados en un sujetador de tela fina. Piernas fuertes y bien torneadas por el ejercicio, abdomen plano y una cintura delicada que a cualquiera volvería loco. En esta ocasión Raúl no fue la excepción y dejando el celular en el buró comenzó a admirar la belleza de su novia.

No solo era el cuerpo, el rostro de Fernanda iba a juego con su belleza y si cabello castaño claro le caía por la espalda en una coleta alta de forma muy sensual.

—Que buena estás pinche Fernanda, estás más buena que cuando te conocí, dijo Raúl recostado desde la cama mientras comenzaba a acariciar su pronunciada erección.

Las palabras de Raul sacaron de su concentración a Fernanda y se giró para verlo. Se encontró a su novio con los pantalones abajo, tocando su verga con las manos por encima de los boxes.

La escena le provocó cierto morbo a María Fernanda, después de todo era un idiota, pero su novio era un hombre atractivo. No supo que hacer quería mandarlo al

diablo, pero las imágenes Diego con otra mujer llegaron a su mente de nuevo. El de seguro se está cogiendo a otra en estos momentos pensó y se acercó lentamente a dónde estaba su novio.

Sin decir nada se puso de rodillas sobre la cama y se situó frente a él mientras comenzó a tirar de los resortes de sus boxers. En esos momentos ya no quería pensar en nada, solo quería olvidarse de todo y quitarse las ganas que tenía desde hace días. Al bajar por completo la ropa interior de su novio se encontró con su erección, no era grande, no era espectacular, pero era lo que había y María Fernanda moría de ganas, así que se inclinó hacia el frente y comenzó a introducir el miembro de su novio en la boca, lo empezó a chupar lentamente, primero la cabeza y poco a poco iba introduciendo más, empezó a hacerlo de forma delicada casi con cariño, pero se dejó llevar y su intensidad fue en aumento, fue cada vez más rápido disfrutando del momento, se podría decir que algo su cerebro y solo se entregó al parecer carnal que sentía en esos momentos.

—No mames que rico, decía Raúl entre gemidos mientras sujetaba a Fernanda del cabello.

Mari Fer no hacía caso y continuaba con su trabajo en silencio, chupando, besando e introduciendo más el pene de su novio en la boca, lo lamia con ganas y cuando se salía usaba sus manos para continuar dándole placer a su novio. Pensaba en Diego, pensaba que ese era el pene de Diego, sabía que estaba mal pero no le importaba.

—Espera, dijo Raúl de golpe, me vas a hacer que acabe y luego me vas a reclamar por qué no te cogi, ya te conozco. Dijo casi en tono de reproche, lo que hizo enojar a Fernanda, pero decidió no hacer caso a otro comentario pendejo de su novio.

Ella se detuvo y lo miro como esperando que quería.

—Quítate los calzones y ponte en cuatro dijo él, mientras se terminaba de desvestir.

A la doctora le molestó la forma en la que lo pidió, pero como llevaba todo ese rato decidió continuar sin decir nada e hizo lo que su novio le pidió. Se quedó solo con el sujetador mientras levanto su lindo trasero.

Sin previo aviso y sin decir nada Raúl la penetró con fuerza y comenzó a bombearla con sus manos en la cintura, afortunadamente Fernanda estaba muy mojada y pudo resistir sin dolor el embate de torpe novio. Y no es por ti pensó, estoy así

de mojada por qué estoy pensado en otro. Se dijo así misma mientras sentía las penetraciones de su novio.

Sin poderlo resistir Fernanda comenzó a gemir por el roce constante que sentía. Ella sabía que no era suficiente pero se obligaba a disfrutar, sabía que si tenía que acostumbrarse a esto al menos lo disfrutaría.

—Ah, Ah, Raúl, así, conseguía decir entre gemidos ahogados y levantaba más el trasero cuando sentía que su novio perdía la dureza de la erección. Se movía de forma sensual para evitar que eso pasara, e incluso sujeto la mano de su novio y la puso sobre sus pechos para que los sintiera, todo con el objetivo de que no se le bajara. Sus manos eran pequeñas y delicadas, al verlas no pudo evitar compararlas con las de Diego, no mames las manos de Raúl parecen de niño pensó.

—Ay Fernanda no mames, tienes unas chichotas, dijo Raúl casi gritando.

—Shhh, cállate, nos van a escuchar, contesto Fer, en voz baja.

Ese pensamiento parece que le afecto demasiado a Raúl ya qué la sensación de qué alguno de sus familiares lo pudiese escuchar consiguió ponerlo nervioso y poco a poco comenzó a perder su erección, Fernanda comenzó a sentir eso e hizo todo lo posible para que no pasara. Comenzó a gemir un poco más fuerte sin miedo a ser escuchada.

—No pares, sigue así amor, dame más fuerte, quiero más, decía ella para animar a su novio. Incluso se animó a decir alguna grosería para provocar.

—Quiero verga, comenzó a decir, pero fue inútil y la erección de Raúl se perdió.

—Debe ser la pinche droga, dijo el enojado y se recostó aun lado.

—Si a lo mejor fue la droga amor, dijo Fernanda evidentemente desilusionada, pero intentando ocultarlo se recostó a su lado.

—Es que también tu pinche Fernanda, para que dices que nos van a oír si ya me estaba prendiendo.

—No mames Raul, si gritaste un buen, además no fue mi intención.

—Ya olvídalo, contesto Raúl y se levantó molesto para ir al baño.

Mari Fer lo vio irse sin evitar su molestia, ¿Por qué chingados sigo con este pendejo? Pensó, se levantó y comenzó a ponerse su pijama, antes de recostarse alcanzo a escuchar como Raúl se masturbaba en el baño, no le importo, ella también lo hacía, pero en su interior ya la encendía una idea, yo ya no quiero tocarme, quiero

que Diego me haga suya, que él me toque, que el me coja, con ese último pensamiento se fue a dormir a la cama.

La doctora Maria Fernanda

La doctora Maria Fernanda III