Capítulo 1
LA TERAPIA
“El emputecimiento es un proceso lento en el que cada pequeño avance requiere de días o incluso semanas, pero del que no hay vuelta atrás.”
Jack Olsensen (1931-1969)
PARTE 1
Tengo la sensación de que todo empezó aquel fin de semana de enero en Navacerrada cuando, tras un agotador día de esquí, mi esposa, Laura, y yo admirábamos la rojiza puesta de sol.
–Qué hermoso – susurró Laura.
Poco a poco, las sombras del ocaso nos envolvieron hasta que una ráfaga de aire frío nos estremeció de pies a cabeza. Nos abrazamos en busca del calor humano y nos besamos apasionadamente, pero el frío arreciaba y tuvimos que salir corriendo hacia el vestíbulo del hotel. Ya en nuestra habitación nos refugiamos debajo de las mantas de la cama.
Volvimos a besarnos, ahora más intensamente y nos desprendimos de las ropas hasta que, nuestros cuerpos desnudos, se unieron como si fuera sólo uno.
Mientras besaba su cálida boca, con una mano intentaba abarcar sus turgentes pechos y con la otra exploraba su sexo. Laura empezó a reaccionar a las caricias, humedeciendo su vagina y facilitando que mi mano pudiera explorar sus cavidades más profundamente.
–Ummmmmm
Laura me sujetaba fuerte, buscando el calor de mi cuerpo y haciendo que mi polla se endureciese. La acerqué a su sexo y, de una estocada, la penetré.
–Ohhhh – jadeó Laura
Durante los tres siguientes minutos la penetré con un ritmo endiablado, volcando en ello todas mis energías. Con estocadas rápidas y profundas sentía cómo nuestros cuerpos chocaban hasta que, con un último esfuerzo, me corrí en su interior.
–Oooohhhh – jadeé – qué bueno.
–¿Ya? – dijo Laura, poniendo una ligera cara de disgusto.
–Perdona, ¿no terminaste? – respondí incrédulo.
–No te preocupes, no pasa nada. La próxima vez saldrá mejor.
Me quedé francamente defraudado pues estaba convencido de haber hecho un gran trabajo. Sin duda, aquel, había sido un gran polvo y, incomprensiblemente, ella apenas lo había gozado.
–Perdona, Laura, no sé qué me ha pasado. Dame cinco minutos para recuperarme y repetimos. Te prometo hacerlo mejor. – Dije abatido pero convencido de poder cumplir mi promesa.
Pero no pude ya que, a los pocos minutos, estaba sumido en un profundo sueño abrazado a mi querida esposa.
* * * * *
El regreso a casa fue muy deprimente; durante la primera media hora ni siquiera abrimos la boca para bostezar hasta que Laura rompió el silencio con una de las frases más lapidarias que existen…
–Carlos, tenemos que hablar.
–Era la primera vez que oía aquellas malditas tres palabras juntas. Las tres palabras más dolorosas que puede oír un marido de su esposa. Por un instante, casi pierdo el control del coche hasta que, tras inspirar profundamente, contesté.
–¿Qué pasa?, amor
Laura me miró, con ojos tristes y empezó su disertación.
–Carlos, ¿recuerdas que ayer… cuando hicimos el amor no logré llegar al orgasmo? Bueno, pues… como decirlo… “Houston tenemos un problema” … – dijo intentando bromear para romper la tensión. Aunque no consiguió que mi tensión arterial se recuperara.
Tras unos instantes de silencio continuó.
–Verás, desde hace un tiempo cuando hacemos el amor no logro finalizar. No eres tú, seguramente soy yo… te amo… por encima de todo te amo con pasión… pero, sexualmente, no estamos funcionando.
Me quedé mudo, sin palabras. No es que me considerara el follador de la pradera, pero aquello hundía mi ego en lo más profundo.
–Pero… – balbuceé, – ¿desde cuándo?
–La verdad – dijo ella tras una pausa, – desde siempre.
– ¿Cómo…? – volví a balbucear – entonces… ¿nunca has tenido un orgasmo? ¿eres…? ¿anorgásmica o algo así?
Esta vez, el silencio fue un poco más largo hasta que, de nuevo, ella continuó.
–No. En realidad, no. Tuve orgasmos con mis otras parejas; no eran una maravilla – dijo intentando minimizar el desastre – pero sí, he tenido orgasmos anteriormente. Es… más bien… un problema de compenetración.
De nuevo el silencio me abofeteó la cara.
–Pero entonces, es que ¿no te excitas conmigo? O es que… ¿soy muy malo follando?
–¡Sí me excitas! – exclamó Laura con convicción, – pero no consigo llegar al final… tu… eso… pues… que … que te corres muy rápido, vaya. ¡Ala!, ya lo he dicho.
–Dios, que vergüenza, ya no sólo soy un mal follador, ahora también soy un eyaculador precoz. ¡Que desastre!
–Pero te quiero.
–De hecho… lo que quería decirte es que tenemos que arreglarlo, ni se me ocurre imaginarme una vida sin ti, mi amor. Creo que deberíamos buscar ayuda externa; tal vez un sexólogo sea nuestra salvación.
–¡Claro! – respondí viendo la luz al final del túnel – ¡Claro que podemos arreglarlo!, te amo y haré todo lo que sea necesario para conseguir que mi querida esposa sea feliz. Pero, amor, ¿cómo has podido tardar tanto en decírmelo? ¡Ya hace cuatro años que estamos casados!… y otros tantos de pareja.
–No quería dañarte, amor. Te quiero demasiado y además tenía la esperanza de que, con el tiempo, mejoraras y se arreglara todo, pero ayer me sentí muy frustrada; incluso tuve que terminar yo sola cuando te dormiste.
–Y… – dudé en lo que iba a decir porque en caso de respuesta afirmativa mi caída a los infiernos sería aún más profunda – y… ¿te corriste?
–Sí amor… pensando en ti – aunque no logró parecer convincente.
PARTE 2
Una semana después, nos encontrábamos sentados tras la mesa de la doctora Álvarez, la sexóloga. Una mujer de mediana edad, realmente hermosa y con una voz firme pero relajada.
–Bueno pareja, por lo que me contáis tenéis el típico problema de compatibilidad sexual. No debéis preocuparos, este tipo de conflictos son más habituales de lo que parece.
Laura y yo nos miramos expectantes.
–Bien – continuó, – vamos a necesitar completar varios pasos antes de proponer una terapia. En primer término, os voy a poner deberes conyugales.
Y ahora, dirigiéndose a mí, añadió:
–Carlos, como parece que tienes dificultades en mantener la penetración durante mucho tiempo es importante que dediques tus esfuerzos en estimular manualmente el clítoris de Laura. Si es necesario, puedes ayudarte con juguetes sexuales como dildos, arneses u otros dispositivos. Pero atentos porque el objetivo no es que Laura alcance el orgasmo con la masturbación, sino que debe alcanzarlo con la penetración. Si os parece bien nos vemos la semana que viene y me contáis como os ha ido.
* * * * *
Los siguientes días fueron muy intensos. Me esforcé como nunca para darle a Laura su anhelado orgasmo, dediqué mucho más tiempo del habitual al precalentamiento, nos besamos intensamente, lamí sus pechos, sus labios vaginales y la penetré, pero todo fue en vano. Al día siguiente volvimos a intentarlo con un consolador y casi alcanzamos nuestro objetivo, pero, de nuevo, volví a fracasar en el intento.
* * * * *
–Bueno pareja, parece que nuestro primer intento no ha acabado de resolver el problema. – dijo la doctora Álvarez tras una breve explicación de lo sucedido durante la semana anterior.
–De modo que el siguiente paso será rellenar un cuestionario personalizado. Es muy importante que lo respondáis con absoluta sinceridad. No es un examen para evaluar vuestras habilidades o capacidades, al contrario, es una prueba de personalidad que nos permite definir vuestro carácter con precisión. Si no respondéis sinceramente, las terapias que vayamos proponiendo serán inefectivas.
A continuación, nos entregó un cuestionario bastante largo a cada uno y, en despachos separados, lo rellenamos. La verdad es que era una prueba muy exhaustiva con preguntas muy íntimas y a las cuales no siempre era fácil responder. De hecho, tardé casi dos horas en completarlo.
No soy un experto en estos tipos de pruebas, pero pude detectar fácilmente las típicas preguntas trampa que buscan contradicciones; especialmente en las últimas preguntas cuando, debido al cansancio, cuesta más ser coherente con las preguntas del inicio. Vaya, que estaba diseñado para detectar la falta de sinceridad.
Al terminar el test nos reunimos de nuevo en el despacho con la doctora Álvarez.
–Bueno pareja, por hoy hemos terminado. Nos vemos la semana que viene para evaluar los resultados de la prueba y proponer nuevas terapias. De momento, merece la pena que durante la semana continuéis trabajando vuestra conexión sexual. Es importante que compartáis sin vergüenza vuestras fantasías más íntimas para ayudaros a alcanzar el clímax.
* * * * *
Pero el resultado de la semana podría resumirse con un “sin novedad en el frente”. A pesar de probar varias fantasías como la lencería y los juguetes sexuales, Laura, continuaba sin alcanzar su deseado orgasmo; al menos durante la penetración.
* * * * *
–Bueno, pareja – empezó con su ya clásica entradilla la doctora Álvarez. Ya tenemos los resultados de vuestras pruebas. Al respecto, debo daros buenas y malas noticias. Lo vuestro tiene solución, pero para resolverlo, ambos, deberéis participar en una terapia larga, compleja y que os llevará al límite en muchos aspectos. Pero para saber si estáis preparados para asumir el reto, antes, debo haceros en privado algunas preguntas. Empezaremos con Laura, Carlos, ¿puedes ir a la sala de espera? Te llamaremos cuando sea tu turno.
Obedientemente, salí del despacho lanzándole un beso a distancia a mi Laura. La verdad es que no sabía cómo interpretar lo dicho hacía un momento en el despacho: “Nos llevará al límite”, francamente no sabía que esperar.
Aproximadamente al cabo de media hora Laura salió con la vista baja, parecía estar realmente confundida y me indicó que debía entrar.
Me senté frente a la doctora Álvarez la cual me miró fijamente a los ojos.
–Carlos – empezó, – ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar para conservar el amor de Laura?
–¡Vaya pregunta! ¡La amo! – exclamé – haré lo que haga falta.
La doctora Álvarez abrió una carpeta con los resultados de mi prueba, se puso las gafas y dijo:
–A la pregunta: “Estarías dispuesto a perdonar una infidelidad de tu esposa” has respondido con un “no”. Pero, antes de continuar, debo saber si este “no” es un “no” tajante tipo “antes la mato que perdonar una infidelidad” o es un “no” moderado tipo “no me gustaría que sucediera, pero la amo tanto que podría perdonarlo”.
Me quedé desconcertado. Y de repente una terrible duda asaltó mi mente.
–¿Me… me.. Laura… me… ha sido infiel? – pregunté con un hilo de voz.
–No. No te preocupes, Laura no te ha sido infiel, pero debo saber si para ti la exclusividad sexual con la pareja es radical o eres tolerante a otras posibilidades.
Tras unos segundos, viendo que no respondía añadió:
–Verás hay personas que por un malentendido orgullo masculino o por una cultura religiosa estricta no pueden aceptar de ningún modo una infidelidad del cónyuge, aunque habitualmente estos principios no se los aplican a ellos mismos. Si eres de estos, debo confesarte que tu relación con Laura no tiene futuro.
Tras aquella lapidaria sentencia me quedé ojiplático; incapaz de articular ninguna palabra con sentido.
–Por contra, si eres tolerante y en pro del amor que sientes hacia Laura estás dispuesto a valorar otros planteamientos entonces, tu relación con Laura no solo puede salvarse, sino que puede experimentar una explosión de sensaciones que, ahora, no puedes ni imaginarte.
–¿Que está intentando decirme, doctora? – repliqué con un hilo de voz apenas audible.
–Muy simple, Carlos, la solución a vuestros problemas es que, lo que tú no puedes darle a Laura se lo dé otro.
–¿Cóc… cócccc… Cómo?
La doctora Álvarez esperó pacientemente, observándome y dejándome tiempo para asimilar lo que me estaba planteando.
–Preferiría no tener que verme en esa tesitura… ¿no hay otras opciones? como fantasías, juguetes sexuales, lo que sea.
–Veras, Carlos, los sucedáneos pueden servir durante un tiempo, pero, a la larga, esa carencia frustrará a Laura. El problema es que las mujeres con el perfil de Laura, llegados a este punto, o se resignan a una vida incompleta e infeliz o engañan a sus maridos. Por lo tanto, sólo existen tres alternativas.
–Primera: Te niegas a la infidelidad, Laura se resigna y vive infeliz.
–Segunda: Te niegas a la infidelidad, Laura te engaña y a los seis meses estáis divorciados.
–Tercera: Aceptas la terapia y ambos disfrutáis de una sexualidad plena y excitante.
–De modo que debes elegir entre infelicidad, divorcio o terapia.
–¿Amas suficientemente a Laura como para aceptar que mantenga relaciones sexuales con otros? Fíjate en ese detalle, porque es sumamente importante, digo relaciones sexuales; no relaciones sentimentales.
–Visto así… sí tengo que elegir entre perder a Laura o… o… lo que sea la alternativa… elijo a Laura. – respondí casi tartamudeando.
–¡Excelente! – exclamó la doctora Álvarez – entonces podemos empezar con los preparativos de la nueva terapia.
–¿De qué clase de terapia se trata, doctora?
–Ya os daremos más detalles en su momento, pero por el momento basta con que sepáis que se trata de pasar unas “vacaciones” en un Campus muy especial. Está situado en Santo Domingo. La terapia dura 15 días y, en lo posible, os recomiendo que empecéis de inmediato.
–Pero ¿cómo? ¡No podemos tomarnos vacaciones, así como así! – exclamé levantando la voz más de lo que necesario.
–Eso no va a ser un problema – respondió la doctora Álvarez con su voz pausada – os “arreglaremos” una baja laboral para que podáis completar la terapia sin incidentes. Si os va bien, podemos tenerlo todo listo para el próximo lunes.
* * * * *
Cuando salimos de la consulta de la doctora Álvarez, ni Laura ni yo abrimos la boca. No sabía que era lo que habían hablado entre ellas, aunque podía hacerme una idea.
Tal vez algo así como “¿te gustaría pagar una pasta indecente para convertir a tu marido en un completo cornudo y follarte a todos sus amigos y compañeros de trabajo?”.
–¿Estás convencida de la conveniencia de participar en esa terapia? – finalmente pregunté.
–Creo que no tenemos demasiadas alternativas.
–Pero es realmente caro…!!! 15.000€ por sólo 15 días! Nos puliremos todos los ahorros que guardábamos para cuando tuviéramos el primer hijo.
–Ya lo sé. Pero si no lo hacemos… posiblemente no tengamos nunca ningún primer hijo. Sabes que te quiero, ¿no? – dijo amorosa.
–Sí, lo sé. Y yo también te quiero. – respondí.
–Quiero que salga bien… no quiero perderte.
–Yo tampoco. Lo conseguiremos, estoy seguro.
Pues adelante… “nos vamos para Santo Domingo”, pensé con un nudo en la garganta.
–¿Te acuerdas de que mañana hemos quedado con Eduardo y Marisa? – dije para romper el silencio que me oprimía el corazón.
Era un modo de escapar de la realidad, porque la frase que tenía en mente era: “El próximo lunes empieza la terapia y me tiemblan las piernas.”
–Sí, no me acordaba – contestó con poco entusiasmo.
Aquella noche dormimos abrazados compartiendo nuestro calor corporal, pero, a diferencia de las semanas anteriores, ni siquiera intentamos mantener relaciones sexuales. De algún modo sabía que no lo conseguiría así que, no intentarlo, era un modo de no fracasar.