Me la follé en el autocine
Llevaba toda la semana escuchando a los compañeros de trabajo que ese fin de semana iba a ser épico, que abrían un autocine en la ciudad, y que todos pensaban ir con sus coches relucientes de pijos, para ver si caía alguna en el asiento de atrás.
—¡Lo que menos importa es la película! —gritaban mientras se reían en la hora del bocadillo.
Yo tenía poco interés en esas mierdas, pero de tanto escucharlos, al final me estaban entrando ganas de ir; además, quería reírme de los fantasmas de compañeros.
Así que el viernes, cuando salí del curro, me fui directo al súper, me pillé unas cervezas y un par de bolsas de patatas, y me fui a casa a descansar antes de ir para allá. La película empezaba a las 21.00, pero no tenía mucha prisa en llegar, la verdad. Aquello debía de ser una pantalla gigante, y los coches se tenían que ir poniendo en filas. No me hacía falta estar delante, de hecho, prefería ponerme por atrás, para tener buena vista de los demás coches.
Mi compañero Jose, el más fantasma de todos, tenía un coche amarillo de un modelo poco visto, así que seguro que lo fichaba nada más entrar.
Me di una buena ducha, cogí lo que había comprado y una cazadora. Aunque estábamos en abril, por la noche todavía refrescaba, y mi coche, dicho sea de paso, era el único descapotable de todos los de mi trabajo que habíamos decidido ir a ver aquella americanada, traída a las afueras de Toledo.
Cuando llegué ya estaba bastante oscuro, pero aun había luz suficiente para distinguir filas con pocos coches y todavía quedaba sitio. Aparqué el coche al final de una fila, y quité la capota para disfrutar de aquella experiencia como dios manda, y no como esos pringados.
A los pocos minutos otro coche aparcó a mi lado, y al bajar las ventanillas, escuché a varias chicas riendo y haciéndose bromas sobre cosas absurdas. Miré con disimulo, y vi que tendrían unos 20 años, no más y, todas, sin excepción, llevaban escotes pronunciados e iban maquilladas para aparentar alguno más. ¿Serían estas las que pretendían llevarse a los asientos de atrás mis compañeros?
—Eh, mirad. —dijo la chica que iba en el asiento del conductor. —allí hay palomitas, ¿vamos?
—¡Sí! —Exclamó una de atrás.
—Qué pereza, yo paso, id vosotras. —respondió la del copiloto. —os espero aquí.
Las tres amigas se marcharon correteando entre los coches, y la otra chica, enseguida se pasó al asiento del conductor, y empezó a retocarse los labios mirándose en el espejo del retrovisor.
—Hola. —dijo de repente la chica, mirando hacia mi coche, levantando la cabeza del espejo, sujetando el pintalabios rojo intenso en la mano. —¿has venido tú solo? ¡Vaya coñazo!
—Mejor solo que mal acompañado.
—Típica frase del chulo que no tiene amigos que quieran ir con él al cine.
—Ah, ¿sí? Veo que eres adivina.
—No sé, me parece raro que vengas solo al cine. Encima a esto nuevo tan guay.
—En principio no iba a venir, pero no tenía mejor plan y al final aquí estoy.
—Por cierto, soy Paula.
—David.
Dije asintiendo con la cabeza mirando a los ojos a aquella veinteañera de labios rojos.
—Vaya calor hace hoy, a todo esto. —volvió a decir, quitándose la fina chaqueta que llevaba, y dejando ver del todo ese escote que ya había intuido cuando las vi aparcar. Y vaya tetas tenía, juntas y prietas, no demasiado grandes, pero lo suficiente como para que empezar a revolverme en el asiento, empezando a tener bastante calor también de repente.
De lejos pude apreciar que en la máquina de las palomitas había bastante cola, por lo que sus amigas tardarían un poco en volver. Y aún faltaba más de media hora para que empezara la película.
—Sí, la verdad es que se ha quedado una noche cojonuda. ¿Quieres una cerveza mientras esperas a tus amigas?
Le dije cogiendo una cerveza de la nevera que tenía detrás y alargando el brazo.
—¿Te importa si me paso a tu coche? —fue su respuesta.
—Claro —abrí la puerta del copiloto desde dentro y la invité a pasarse.
—¡Gracias! —dijo de forma simpática, cogiéndome la cerveza de la mano.
De pronto se hizo el silencio, y Paula se puso a mirar curiosa por encima del cristal de mi coche, viendo como aquello se iba llenando y como la cola de las palomitas no hacía más que aumentar.
Al girar la cara hacia mí, me sorprendió mirándole las piernas que asomaban por su minifalda, y lejos de ofenderse, sonrió y alargó el brazo para tocarme la pierna.
Me sobresalté en el asiento, y la miré sorprendido, mientras ella seguía subiendo por mi muslo, y mirándome la boca.
—Podíamos pasarlo bien hasta que empiece la película. —me dijo ella, terminando la cerveza de un trago, y agarrándome el paquete, haciendo que se me pusiera dura en pocos segundos. —yo creo que mis amigas van a estar un buen rato haciendo cola y yo me aburro un poco.
Le agarré la mano y apreté fuerte contra mi pantalón, ayudándole a bajar la cremallera mientras yo me quitaba el botón y apartaba el calzoncillo.
Ella, a su vez, llevó mi mano hasta su entrepierna, y ahuecando un poco el culo, hizo que se levantara la falda fina que llevaba. No llevaba nada, ni bragas, tanga ni nada. Debajo de la falda solo estaba su coño, ahora húmedo y caliente. Abrió un poco las piernas recibiendo a mi mano, y ella empezó a pajearme con una destreza increíble.
Me dieron ganas de subir la capota para darnos un poco más de intimidad, pero lo cierto es que me ponía ver gente pasando alrededor.
Paula estaba desatada y con ágiles movimientos, me apretaba la polla como nunca había hecho nadie antes, haciendo que me entraran ganas de follármela allí mismo. Aunque no sé si ella tenía la misma intención.
Yo movía mi mano alrededor de su coño, jugando con sus labios, e introduciendo de vez en cuando un dedo o dos, haciendo leves círculos alrededor del clítoris. Ella gemía cada poco y se estremecía de placer mientras seguía pajeándome sin descanso.
Retiró su mano de mí, se irguió en el asiento, y me dijo:
—¿Puedes echar el asiento para atrás? No sé si voy a caber en ese hueco. —señaló la zona entre el volante y yo.
Sí, ella también quería follar. Yo me excité más, y de un solo movimiento, deslicé el asiento hacia atrás todo lo posible, dejando libre el espacio suficiente para que Paula se subiera encima de mí.
Pasando por encima con habilidad, se colocó encima, no sin antes indicarme que me bajara el pantalón del todo, y se sentó a horcajadas sobre mi polla y empezó a moverse de forma rítmica y rápida a la vez. Le agarré el culo con las dos manos a la vez que nos movíamos, y ella atrajo sus tetas hacia mi boca, no dejándome otra opción que no fuera meterme en ella entero un pezón, y después el otro de forma alterna.
Quería besarla, estaba loco por probar esos labios rojos que me estaban volviendo locos, pero ella insistía con sus tetas, y entendí que ella pensaba que un beso sería algo demasiado íntimo para ese acto: follar en el coche, en mitad de un autocine, con un desconocido. No obstante, aparte de mi boca de su pezón, y subí hasta su boca, lamiéndole el cuello hasta llegar a los labios. Para mi sorpresa, ella abrió la boca con ansia, y empezó a besarme tanto como deseaba.
De lejos se empezaron a escuchar unas risas conocidas. Sus amigas, ya estaban volviendo, pero Paula parecía no darse cuenta, por lo que paré y se lo dije.
—Me da igual, no podemos para ahora. Se van a morir de envidia.
—¿Estás segura? Puedo subir la capota, por lo menos no se nos verá.
—Vale, pero no pares, por favor.
Pulsé el botón de la puerta y la capota se desplegó y empezó a cubrir el techo descubierto del coche, dándonos un poco más de intimidad. Aunque tarde, por lo que pudimos escuchar:
—¿Esa era Paula? —gritó una de las amigas sorprendida. —¡será zorra! Se está tirando al del descapotable, y han puesto el techo los cabrones.
—¡Joder con Paulita! —dijo otra, acto seguido.
Los cristales se habían empeñado casi al instante, pero antes de que lo hicieran del todo, pude distinguir a las amigas mirando sin disimulo ninguno por el cristal del copiloto, antes de montar en su coche de nuevo para ver la película.
Paula y yo nos reímos a la vez, y volviendo a besarme, siguió moviendo su coño dentro de mí intensamente.
—Ya te dije que se iban a morir de envidia.
Tras unos minutos de meneo, Paula tuvo un orgasmo, lo supe porque su cuerpo se tensó y el calor que le sobrevino por la vagina fue tan grande como el que hacía dentro del coche, pero no podíamos quitarnos más ropa, ya estábamos completamente desnudos.
Tras el orgasmo, se salió de pronto de mi interior, y dándose la vuelta, apoyo el pecho en el volante, no sin poner antes mi chaqueta para no hacerse daño, y agarrándome la polla con la mano, volvió a introducírsela, esta vez poco a poco, y desde atrás.
El espacio era reducido, pero había el suficiente como para que pudiéramos movernos. Paula parecía disfrutar de esa postura, pues gemía constantemente y su coño estaba más lubricado que antes.
Agarrando sus caderas, yo conseguía metérsela bien profunda, y tras unas cuantas embestidas más, le dije:
—Voy a correrme.
—No pasa nada, tomo la píldora.
Eso me excitó todavía más. Con otras tías tenía que usar condón o correrme fuera, lo cual no tenía ninguna gracia.
Ella se tensó de nuevo, justo a tiempo para recibir mi corrida, y clavando profundo la polla, y sin moverme, me vacié.
Nos limpiamos como pudimos, y Paula volvió al asiento del copiloto. Pensé que se vestiría y se marcharía al coche con sus amigas, pero en lugar de eso, me miró de forma pícara y me dijo:
—¿Y si pasamos al asiento de atrás? He oído que esta peli es un rollo…
—Déjame recuperarme un poco, ¿no?
No dijo nada más. Se pasó al asiento de atrás, pasando entre la marcha de cambios, y allí, desnuda, se tumbó suspirando.
—Aquí te espero.
Tras unos minutos y otra cerveza para recuperar un poco el aliento, pasé junto a ella, y según me senté en el hueco que me había dejado, se levantó y fue bajando por mi ombligo hasta llegar a mi pene, que otra vez estaba empezando a ponerse duro, tras un pequeño descanso.
Me chupó el glande durante unos segundos, y después pasó a chupármela entera, sin darme tregua.
Yo estaba sentado y ella, de rodillas en el resto del asiento, me dejaba ver sus tetas colgando y volví a agarrárselas a la vez que ella me comía entero.
Al poco se la sacó de la boca, y tumbándose boca arriba en el poco espacio que había, abrió las piernas, y yo me levanté, entendiendo que quería que la follara de nuevo.
Me puse encima de ella, agachando el cuerpo para no darme con el techo del coche, y acercándome más, le metí todo el miembro. Ella volvía a estar caliente y húmeda como antes, y atraía su cuerpo hacia mí cada vez que yo empujaba, haciendo que tocara su punto G con la punta.
La intensidad fue aumentando, y ella me agarraba del cuello con fuerza para que se la metiera profundo, y yo le daba toda mi verga como deseaba, y como tenía pleno acceso a sus pechos, de vez en cuando mordisqueaba los pezones para hacer que su excitación aumentara.
—Ahora voy a correrme yo. No pares, por favor.
Aquello me acelerara y penetrándola bruscamente, nos corrimos a la vez, coordinados y gimiendo al unísono.
Paula me miró, sonriendo y me dijo:
—Espero volver a verte por aquí, David.
Se vistió como pudo, y se marchó al coche con sus amigas, dejándome allí, solo y desnudo.
Estaba deseando escuchar las historias de mis compañeros…