Carla y yo

Carla y yo

Quiero contarles una historia que me sucedió algún tiempo atrás cuando estudiaba en un colegio de Argentina, en el cual la mayoría de los alumnos permanecen internos o pupilos en él, permitiendo a la vez el internado de varones y mujeres.

En ese tiempo le dedicaba gran cantidad de tiempo a mis amistades y me gustaba conocer personas nuevas, especialmente si eran del sexo opuesto.

Este gusto se veía favorecido por el sistema de internado que hacía que todos juntos nos viéramos la cara varias veces durante el día en diferentes lugares de la institución.

Tal es así que los lugares más frecuentados como el comedor estudiantil, el lavadero, la biblioteca, eran también oportunidades para conocer gente y entablar conversaciones de las más variadas.

Cierto día al dirigirme al comedor estudiantil, veo que por el camino paralelo al que yo circulo venía caminando una chica a la cual no había visto nunca.

No era muy alta, pero sus curvas eran bien pronunciadas y el pantalón de gimnasia ajustado que llevaba revelaba una muy buena tonicidad en sus piernas y cola.

Su pelo castaño y muy lacio caía sobre sus hombros y era sacudido de la forma más sensual por la suave brisa primaveral que corría en ese momento.

En ése momento sentí todo un frío en la espalda y decidí que tenía que conocer a esa chica.

En un segundo pasó por mi mente la idea de tocarla y llegar a cogerla, pero al darme cuenta que me estaba poniendo muy duro seguí conversando con mis amigos.

Ahora al acercarse pude ver sus ojos miel que me miraban intrigados, como preguntándose que había estado pensando yo momentos antes, cuando nos vimos por primera vez.

Al llegar al comedor casi al mismo tiempo la dejé pasar primero como buen caballero y de paso pude ver que su cola era la más fantástica que había visto yo en mi vida.

Su forma de corazón invertido y sus movimientos firmes hicieron que quedara como embobado mirándola a medida que se dirigía al mesón.

Pero lo más sorprendente fue que al llegar ella al mesón se dio vuelta repentinamente, y al darse cuenta de que la estaba comiendo con la mirada esbozó una pequeña y cómplice sonrisa.

De allí en adelante no pude dejar de mirarla y ella tuvo los ojos clavados en los míos durante todo el almuerzo, mientras mi pija pedía a gritos que la liberara de la presión que el pantalón estaba ejerciendo.

Casi no pude comer ni recuerdo lo que hablamos con mis amigos, pero en ese mismo momento decidí que ella quería que le diera lo que estaba buscando y que me revelaba a través de su mirada.

Así es que luego de comer me despedí de mis amigos y la invité a caminar y conversar, a lo cual ella accedió gustosa.

Al principio los dos estábamos un tanto nerviosos pero al caminar nos fuimos relajando y el tono de la conversación fue subiendo en calor mientras que iba guiando la caminata hacia un bosque bastante cerrado que hay a pocos metros del lugar y que por esa hora no es muy concurrido.

Al llegar allí ella se detuvo y me miró fijo a los ojos y sin decir palabra alguna mientras me miraba comenzó a desabrochar su blusa botón por botón.

Pero ya en el segundo botón no aguanté más y le comí la boca con la mía mientras mis manos le ayudaban a terminar la tarea antes comenzada.

Por otro lado mi pija estaba nuevamente que ardía de lo dura que estaba, así que la apoyé contra su monte de Venus intentando que sintiera la presión.

Al hacer esto ella gimió casi susurrando y me dijo: «la quiero toda dentro mío».

Así comencé a besar su cuello y mientras descendía, mis manos jugueteaban con sus tetas que eran más grandes y firmes de lo que aparentaban.

Con mi boca descendí y comencé a chupar sus pezones que para ese entonces simulaban pequeños caños muy duros, y con mis manos comencé a acariciar esa cola dura que mis ojos habían admirado.

Mientras tanto, ella gemía y no paraba de frotar sus manos en mi espalda y arañarla suavemente.

Estábamos los dos muy excitados, cosa que comprobé cuando con mis manos bajé su pantalón y vi allí la vagina más dulce y húmeda que probé en mi vida.

Inmediatamente mis labios se posaron en su turgente clítoris y mi lengua comenzó el movimiento de arriba hacia abajo en sus labios y de a poco la penetré con mi lengua, respondiendo ella con un gemido suave y delicado.

Luego ella sacó casi violentamente excitada mis pantalones, me puso boca arriba y tomando mi miembro como un palo lo metió de golpe en su vagina que chorreaba dulzura.

Así comenzó a montarlo, subiendo y bajando y haciendo que sus tetas acompañaran el movimiento que yo aprovechaba para chuparlas con más placer que antes.

Sentía su piel cada vez más tirante mientras suavemente le metía un dedo por el orto y ella se desarmaba galopando sobre mí a los gemidos.

Sentía que mi cuerpo temblaba de la calentura que tenía.

De repente sentía que acababa dentro y me pidió que por favor la llenara de mi esencia, que no se la sacara, sino que se la metiera hasta el fondo, hasta chocar nuestro pelitos, y así lo hice.

Descargué toda mi miel dentro de ella mientras con movimientos espasmódicos ella terminaba en un orgasmo grandioso.

Al terminar sonrió y me pidió para chupar mi verga y dejarla como a ella le gustaba.

Por supuesto accedí y ella comenzó a pasar su lengua de arriba abajo metiendo en su boca mis bolas que aún estaban duras por la excitación.

Ella comenzó a inclinarse y a colocarse frente a mí y aprovechamos a hacer el famoso 69 mientras ella se devoraba todo mi pija en su boca.

Comencé a chuparla nuevamente y empezó a despedir su miel que comenzó a correr en mi cara y a bañarla, lo que me daba muchísimo placer.

Mi lengua ahora también entraba en su orto lo que provocaba los gemidos más dulces en mi compañera y hacía que me chupara la verga con gran voracidad.

Comencé a acelerar los movimientos para provocar en ella un orgasmo y ella hizo lo mismo conmigo, hasta que me descargó en la cara todos sus jugos y yo llené su boca de los míos, los que tragó y disfrutó como nunca.

Así con la pija bien limpita terminó esa hora de placer que nos regalamos ambos, prometiendo que no sería la última.

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