Capítulo 1

Capítulos de la serie:

Lautaro y Santiago son amigos de toda la vida. Se criaron juntos en el mismo barrio y asistieron a la misma escuela, pero la vida los llevó por caminos diferentes, aunque nunca rompieron su amistad.

Hoy, a los 41 años de ambos, Lautaro trabaja en un taller en su propia casa (tiene su departamento justo arriba) y Santiago es contador en una gran empresa. Lautaro se separó hace un año y le ha sido difícil volver a estar con alguien; la ruptura le jugó una mala pasada. A pesar de que Santiago estuvo allí para apoyarlo emocionalmente, a Lautaro se le hace cuesta arriba, especialmente teniendo un hijo en común con su ex. Ella ya encontró una nueva pareja y a él no le ha importado; aunque ha tenido encuentros casuales con otras chicas, no ha querido formalizar nada. Por suerte, hoy lo está superando y ve a su hijo cuando le corresponde.

Santiago, en cambio, está casado hace tiempo con Viviana y tienen una hija. A pesar de ese matrimonio con su «bella esposa», siempre hace alguna «travesura» con otras. Lautaro a veces lo encubre o le «hace la segunda», como esa vez que Santiago llevó a una chica al taller de su amigo para estar con ella.

Una tarde, Santiago fue a visitar a Lautaro y, mate de por medio, surgió la charla:

—Che, Santi, te debo bastante guita —dijo Lautaro—. Estoy juntando lo que puedo, pero te lo voy a devolver.

—¿Y quién te está pidiendo algo? —respondió Santiago.

—No, ya sé, pero es mucha plata y sabés cómo soy.

—Uh, cortala con el moralismo. Cuando puedas me lo vas devolviendo.

—Sí, sé que con vos no hay drama, pero Vivi te dijo algo seguro…

—Que no joda ella, la guita es mía.

A Lautaro le preocupaba el tema; no le gusta deberle nada a nadie, prefiere no comer antes que tener una deuda.

—Sí, pero tiene razón —insistió Lautaro.

—Vivi te adora, pero si me pregunta por la plata es por preguntar, no por apurar a nadie —dijo Santiago mientras le daba una chupada al mate.

—¿Y la nena cómo está?

—Bien, crece tan rápido… y Vivi está a full, pendiente de ella. Demasiado, diría.

—¿Por qué decís demasiado?

—Vos sabés que Vivi es una bomba, pero hace tiempo que no cogemos.

—Bueno, ¿ahora te preocupa coger con tu mujer?

—Ehhhhh, ¿qué pasó? ¿A qué viene ese comentario? Jajaja. Igual, es mi mujer.

—Mirá, más vale que te estés portando bien, ¿eh?

—Sabés que no puedo. Mirá… —Santiago le mostró la foto de una chica joven en su celular.

—¿Y esto? —preguntó Lautaro, sorprendido.

—Viste lo que está… ¡Se parte la pendeja!

—¿Pero de dónde la sacaste?

—Es compañerita del laburo. Venimos hablando hace meses y vos sabés cómo soy, cómo me pongo con las pendejas. Tiene 26 años.

—Che, pero pará… para que te la chamuyes vos, debe haber veinte más.

—Olvidate. Además, tiene novio.

—¿Tiene novio?

—Sí, pero no le importa. Además, en el trabajo nadie se la movió y quiero ser el primero.

—Uh, Santi, no te vayas a enganchar.

—¿Qué enganchar ni nada? La quiero pasar bien y ella también. Después que se coja a quien quiera.

—¿Y cómo vas con eso?

—Y… ya tranzamos un par de veces en el trabajo donde nadie nos vio. Ella no quiere que la descubran.

—Ajá, tiene razón. ¿Pero el novio qué onda?

—Creo que juega en Almagro o algo así. El tema es que a veces viaja, pero yo no me he podido hacer una escapada. El otro día la quise llevar a un telo y se hizo la fundida (difícil).

—Ah, no es tan fácil, ¿eh?

—Mirá, a vos no te vendría mal una pendeja que te vuele la cabeza como esta.

—Sí, dale… Si se llega a enterar Viviana, las bolas te las deja de corbata.

—¡Eso es lo que le da más adrenalina! Jajaja. Y justo ahora se va a ver a los padres al interior y el novio de Ariana no está, así que…

—¿Ariana?

—Así se llama la piba.

—Ah… no la vas a llevar a tu casa, ¿no?

—No, ni en pedo.

—¿Entonces?

—No sé, capaz en la casa de ella, porque está re insistente.

—Guao, sos todo un John Travolta, jajaja.

—¿John Travolta? Jajaja, ¡bien de viegardo lo que dijiste!

—Pará, que vos no sos un pibito.

—No, pero tengo mis encantos. Es obvio que a la piba le gusta calentar y pasarla bien. Más que por el «potro» que soy, es por el morbo de ella y yo.

Ambos ríen mientras a Santiago le llega una foto de Ariana desnuda que lo enloquece.

—Uh, mirá, está re loca.

—Qué caramelo —acotó Lautaro.

—Sí, tengo que concretar este finde que no está Vivi, sí o sí

. —Y… la verdad que sí. Vos sabés que te cubro, pero tranquilo.

—Pará, moralista, si es sacarme el gusto nomás. Bueno, te dejo así seguís laburando, que mañana antes de ir al trabajo tengo que llevar a mi amada esposa al aeropuerto —concluyó Santiago con sarcasmo.

Al otro dia Santiago le envio un WhatsApp a Lautaro “esta noche reviento a la pendejita y a domicilio” dando a entender que esa noche iba a estar con ariana en el departamento de ella.

Esa noche alrededor de la 10 Lautaro estaba frente a tele viendo una nueva temporada de Stranger Things cuando recibe un llamado de Santiago

Horas antes Ariana y Santiago estaba teniendo relaciones

Luego de tomar unos tragos a unas pocas cuadras del departamento de Ariana, llegaron al lugar besándose apasionadamente. Ella lucía un vestido negro muy ajustado al cuerpo; él llevaba un pantalón entallado y una camisa azul. Se besaban con frenesí; Santiago le sostenía la cabeza con firmeza, tomándola de la nuca para presionarla con más fuerza contra sus labios, explorando su boca con intensidad.

Casi sin aliento, Ariana logró soltarse un momento para tomar aire y exclamó: —¡Wow! Qué caliente estás, pelado. —Viste… es que me calentás, puta —respondió él, mientras comenzaba a acariciarle los glúteos con fuerza hasta levantarle un poco el vestido.

—Pará, pará… —dijo ella, retirándole las manos solo para volver a tomarlas rápidamente y guiarlo hacia el cuarto.

La habitación era impactante: paredes pintadas de un rojo intenso, sábanas negras y un gran ventanal que daba a la calle. Lo sentó en la cama, volvió a besarlo y, en ese momento, él le susurró al oído: —Tengo una sorpresita para vos.

Luego de sentarlo en la cama, Ariana caminó con paso firme hacia el equipo de música. De pronto, los sintetizadores de «GTA.mp3» inundaron la habitación roja. Ella se dio vuelta lentamente, subida a unos zapatos rojos de taco aguja que estilizaban sus piernas y combinaban perfectamente con la intensidad de las paredes.

Frente a Santiago, que no podía dejar de recorrerla con la mirada, Ariana comenzó a moverse. Siguiendo el ritmo electrónico de Emilia, llevó sus manos a los hombros y empezó a deslizar los breteles de su vestido corto y entallado. Con un movimiento de caderas suave y provocador, el vestido negro fue bajando, revelando centímetro a centímetro su piel, hasta que la prenda cayó al suelo, quedando olvidada a sus pies.

Santiago tragó saliva al verla: debajo del vestido, ella solo llevaba una tanga roja de encaje que encendía aún más el ambiente. Ariana se acercó a él con paso felino, haciendo sonar los tacos contra el suelo, mientras jugaba con su pelo y mantenía el contacto visual. Se dio una vuelta lenta, permitiéndole apreciar su figura completa bajo las sábanas negras, antes de quedar frente a frente otra vez.

La música seguía sonando fuerte, y el contraste entre el rojo de su lencería y el negro de la cama hacía que la escena pareciera sacada de una película. Ariana se inclinó hacia él, apoyando una mano en su pecho, y Santiago, completamente fuera de sí, le susurró:

—No sabés lo que me hacés… pero pará, tengo un regalito para vos.

Y se desabrocha el pantalón dejándolo caer hasta su tobillo al igual que sus calzoncillos liberando un verga larga y venosa

Le toma los hombros y la deja de rodilla frente a ella

Ariana, atrapada entre el rojo de las paredes y la imponente figura de Santiago, levantó la mirada para encontrar los ojos de él, mientras el ritmo de «GTA» seguía marcando el pulso de lo que estaba por pasar.

Ariana, de rodillas sobre la alfombra, contempló con deseo lo que tenía frente a sus ojos. No pudo evitar soltar un suspiro de admiración al ver el tamaño y la firmeza de Santiago.

—Es increíble… —susurró, pasando la punta de sus dedos por las venas que marcaban la longitud de su pene.

Sin esperar un segundo más, comenzó, recorriéndolo primero con besos suaves desde la base hasta la punta, saboreando cada centímetro. Santiago cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, soltando un gemido ronco mientras sentía las manos de ella sosteniéndolo con fuerza.

Acto seguido, Ariana se entregó por completo al sexo oral. Abrió la boca y lo tomó profundamente, dejando que su lengua jugara con el glande mientras succionaba con un ritmo rítmico y experto. El contraste de sus labios pintados y la piel tensa de él, bajo la luz roja de la habitación, hacía que Santiago perdiera el sentido. Él le acariciaba el pelo con desesperación, guiando el movimiento, mientras el sonido de la succión se mezclaba con los bajos de la música que seguía sonando de fondo.

Ella continuaba con su labor de una manera espectacular, provocando que Santiago gimiera sin control, entregado por completo al placer de lo que ariana le hacía. Entre gemidos, él apenas podía articular palabras:

—sos una pendejita hermosa… —susurró, mientras la intensidad aumentaba.

Diana seguía adelante, recorriéndolo con la lengua de cabo a rabo, sin detenerse ante nada. En un momento, se enfocó en sus testículos, explorando con la misma dedicación y despertando sensaciones nuevas en él. Santiago, impresionado por la destreza y la entrega de ella, no pudo evitar exclamar con asombro:

—¡Guau! ¿Cómo aguantas tanto?

Ella siguio un poco más, entregada a la acción, bajando hasta lo más profundo mientras Santiago, entre jadeos, la provocaba:

—Mmm… ¿así se la chupas a tu novio? —soltó él con la voz entrecortada.

Ariana se detuvo apenas un segundo para responder con picardía:

—¿Qué? ¿Acaso no te la chupa tu mujer?

Sí, hasta me hacia una paja con su tetas —confesó él—.igual Uno siempre quiere probar algo nuevo.

Santiago la observó con deseo contenido.

—Bueno, las tetas te las debo —dijo ella, consciente de que no tenía grandes pechos.

Sin embargo, para Santiago, ese aire sensual mezclado con su juventud lo hacía irrelevante.

—No necesitas eso, así ya me calientas demasiado… mmm… así, seguí un poco más, dale —la alentó él, perdiendo de nuevo el control—. Ese culito igual…

En un impulso, él se inclinó hacia ella y le dio un par de chirlos secos:

—¡Plaf, plaf!

Ante el impacto de los chirlos, Ariana soltó un pequeño grito ahogado que mezclaba sorpresa y excitación. El sonido de los golpes —plaf, plaf— quedó vibrando en el aire de la habitación. Ella arqueó la espalda, sintiendo el ardor en su piel, pero lejos de detenerse, lo miró por encima del hombro con una sonrisa desafiante y los ojos encendidos.

—Parece que alguien se puso impaciente —murmuró ella con un tono juguetón, mientras se acomodaba para darle un mejor ángulo.

Santiago, con la respiración totalmente agitada, la tomó de la cintura con firmeza, sintiendo la suavidad de su piel contrastando con la intensidad del momento. Ariana no se quedó atrás; aprovechó ese impulso para intensificar sus movimientos, decidida a demostrarle que, aunque no tuviera grandes atributos físicos, su actitud y su destreza eran más que suficientes para volverlo loco.

—Me encanta cuando te ponés así de atrevido —susurró ella, volviendo a lo suyo mientras sentía cómo la tensión en el ambiente subía el nivel

Ella subió a la cama y se acomodó a su costado, sin interrumpir ni un segundo su labor, entregada a un sexo oral frenético que lo tenía al borde del abismo. Santiago, aprovechando la cercanía, deslizó su mano con urgencia hacia la entrepierna de ella. Apartó la tanga con un movimiento decidido y comenzó a explorar su intimidad con los dedos.

El cuarto se inundó de sonidos húmedos; el rítmico entrar y salir de sus dedos en la vagina de su amante se mezclaba con el eco de la succión. Era una atmósfera cargada de placer, sexo y sudor. Ariana dejó escapar un gemido profundo, una nota de puro goce que no la hizo detenerse, sino intensificar el ritmo de su boca.

Santiago, completamente entregado a la sensación, no pudo contener las palabras: —¡Qué buena que estás, mi amor! Qué bien la chupas, loca… —exclamó él, sintiendo que el placer lo desbordaba.

Finalmente, en un arrebato de necesidad, él se quitó la camisa con movimientos torpes por la prisa, quedando completamente desnudo frente a ella, listo para lo que seguía

Tras dejar su miembro firme y listo para la acción, Santiago se acomodó boca arriba en la cama, expectante. Ariana, con un movimiento lento y cargado de intención, se terminó de bajar la tanga y lo miró fijamente a los ojos.

—Te voy a montar como al potro que sos, pelado hermoso —le susurró con voz ronca.

Se horcajadas sobre él, y con pulso firme, acomodó el miembro de Santiago en su entrada. Al sentir la penetración, su rostro se transformó en una máscara de puro placer. Comenzó a cabalgar con movimientos circulares, rítmicos y envolventes.

Santiago, cautivado por la imagen de ella sobre él, empezó a recorrer su cuerpo: sus manos viajaron desde las caderas hasta sus pechos, bajando después hacia su cola para apretarla con deseo. Ariana, por su parte, buscó apoyo firme aferrando sus manos al pecho de Santiago.

Poco a poco, ella empezó a acelerar el movimiento. El roce constante y la profundidad del encuentro la hicieron soltar un leve gemido mientras estiraba el cuello hacia atrás, entregada por completo al éxtasis del momento.

El ritmo se volvió frenético. Ariana ya no solo se movía en círculos, sino que subía y bajaba con una fuerza que hacía crujir la cama. Sus manos seguían aferradas al pecho de Santiago, hincando las uñas ligeramente ante cada embestida.

—Ahhh… ¡Sí, así! —gemía ella, con la voz quebrada mientras mantenía el cuello estirado y los ojos cerrados—. Mmmgh… Santiago…

Santiago, desde abajo, sentía cómo la presión y el calor lo volvían loco. Sus manos no se quedaban quietas; apretaba sus caderas para guiar el movimiento y luego subía para estrujar sus pechos con deseo. Sus propios gemidos empezaron a mezclarse con los de ella, formando un coro desordenado en la habitación.

—¡Uff, Ariana! —exclamó él con un gruñido ronco—. Me vas a matar, loca… Qué bien te mueve

Santiago decidió que era momento de tomar el control total. Con un movimiento ágil, la hizo quedar boca arriba sobre el colchón. Sin darle respiro, levantó sus piernas y las apoyó firmemente sobre sus hombros, dejándola completamente expuesta para él.

—Ahora me toca a mí cabalgarte, pedazo de yegua —sentenció él con una mirada oscura y cargada de deseo.

Se posicionó y, de una sola embestida, hundió su miembro por completo en ella.

—¡Ahhh-ggh! —el gemido de Ariana salió disparado hacia el techo, un grito de placer puro mientras sus ojos se ponían en blanco.

Santiago rodeó el cuello de ella con una mano, apretando apenas lo suficiente para inmovilizarla y marcar su dominio, mientras con la otra deslizaba su pulgar hacia la boca de su amante. Ariana lo reci…

Slap, slap, slap… El sonido de sus cuerpos chocando era constante y húmedo. Santiago empezó a acelerar la velocidad, ganando potencia en cada embestida.

—¡Mmmffhh! —gemía ella con el dedo de él en su boca, mientras sus caderas se elevaban buscando más—. ¡Mmm-ggh!

—¡Uff, cómo me apretás, loca! —gruñó Santiago, apretando los dientes—. ¡Ahhh, ahhh, ahhh!

La habitación se llenó del sonido de sus respiraciones agitadas y el golpeteo incesante. Santiago ya no se contenía; cada penetración era más profunda y rápida que la anterior, llevándolos a ambos al límite de la resistencia.

La habitación estaba colmada por los gemidos de Ariana, que crecían sin parar mientras él la poseía con ritmo constante. —Ah… ah… ¡Santiago!— alcanzó a exclamar ella entre jadeos, mientras el eco de sus nombres se mezclaba con el rítmico golpe de sus cuerpos.

Santiago mantenía las piernas de ella elevadas sobre sus hombros, alternando la succión de sus dedos con la caricia de su mano libre, que bajaba desde sus pechos hasta sus nalgas con firmeza. Ella, incapaz de acallar sus gritos incluso con los dedos de él en su boca, se arqueaba sobre las sábanas buscando apoyo.

—Mírame… no te guardes nada— susurró él con voz ronca, intensificando el movimiento.

Ariana se aferró con fuerza al espaldar de la cama, soltando un gemido agudo que rompió el aire: —¡Mmgh!… ¡Ahhh!—. El sonido del metal del espaldar vibrando contra la pared acompañaba el clímax que se avecinaba, mientras ella se retorcía en pleno éxtasis, entregada por completo al placer.

Sensaciones auditivas: Mencioné el sonido del espaldar para darle más textura al ambiente.

Santiago la puso en 4 y la sujetó con violencia de las caderas, marcando sus dedos en la piel de Ariana mientras la embestía sin piedad desde atrás. El sonido de los cuerpos chocando, ese rítmico ¡PLAK, PLAK, PLAK!, era lo único que llenaba el aire junto a la respiración agitada de ambos.

Él se inclinó sobre su espalda, agarrándole el cabello con fuerza para que ella no pudiera esconder la cara en las almohadas, obligándola a sentir cada centímetro de la invasión. Con voz ronca y cargada de mando, le escupió al oído:

—¡Decime quién es tu macho, Ariana! ¡Decime a quién le pertenece este cuerpo!—

Ella, con la mirada perdida por el placer y el cuerpo sacudiéndose con cada golpe seco, soltó un grito que salió desde lo más profundo de su garganta:

—¡Ahhh! ¡Tuyo… soy toda tuya, papito! ¡Dáme más fuerte!—

Santiago respondió aumentando la velocidad, propinándole un azote sonoro que dejó la marca de su mano en su nalga: ¡SSSLAP!. El gemido de Ariana se transformó en un grito agudo mientras ella se aferraba a las sábanas, sintiendo cómo el clímax la golpeaba justo cuando él la reclamaba con más furia que nunca.

Intensidad física: Se reforzó el sonido del impacto y la reacción de ella ante el comando de Santiago.

Santiago la libera de su embestidas y se quedó ahí un momento, admirando cómo ella temblaba en cuatro, antes de deslizarse hacia abajo. Se hundió entre sus nalgas y comenzó a lamerle la vagina, que est vaaba empapada y palpitante. El sonido era un constante ¡Sllluuurp! ¡Tchick! ¡Sllap! mientras su lengua trabajaba sin descanso.

—¡Ahhh… oohhh!— gemía Ariana, sintiendo el vacío llenarse con la lengua de él y el sonido de sus dedos entrando y saliendo: ¡Splack, splack, splack!.

—¿Te gusta mi conchita, mi amor?— soltó ella con la voz quebrada. —¡Seguí, metela toda, no pares!—

Santiago se detuvo apenas un segundo para recuperar aire, con la cara brillante por el flujo de ella. —Sí, mi amor… ¡Mmmgh!… hace mucho no probaba una conchita tan rica como la tuya…—

Ariana, entre jadeos pesados, soltó el veneno: —¿Es más rica la mía o la de tu mujer?—

Él soltó una carcajada ronca que retumbó entre las piernas de ella. —No hablemos de mi mujer, la extraño mucho… jajaja…—

—¡Mmmgh!… ¡Ah! No parece…— alcanzó a decir ella mientras él volvía a succionar con fuerza: ¡Schlop!. —Esto es coger, morocha, además vos tenés lo tuyo…— sentenció él con suficiencia.

—¡Cállate, pelotudo, y seguí!— rugió Ariana. Agarró a Santiago de la nuca con fuerza, enterrando los dedos en su pelo, y le hundió la cara contra su sexo mojado. ¡Mmmmffphh! se escuchó cuando la boca de él quedó sepultada, mientras los dedos de Santiago se movían frenéticos adentro: ¡Gluck, gluck, splat!. Ella se arqueó por completo, gritando al techo mientras el sonido de la succión se volvía cada vez más ruidoso y desesperado.

Santiago se separó de su entrepierna con un sonido húmedo, ¡Plopp!, y sin dejarla respirar, la tomó de las caderas para girarla con brusquedad. Ariana quedó boca arriba, con el pecho subiendo y bajando frenéticamente y el pelo revuelto sobre las almohadas. Él se posicionó encima, cargando todo su peso, y se hundió en ella de un solo golpe demoledor: ¡PUM!.

—¡Ahhh! ¡Santiago, me vas a matar!— gritó ella, mientras el impacto de sus cuerpos chocando resonaba en toda la habitación con un rítmico ¡Clap, clap, clap, clap!.

Santiago no tenía piedad. Sus embestidas eran largas y potentes, haciendo que la cama crujiera con violencia: ¡Creeeeak, creeeeak!. Ariana, desbordada por la sensación, subió sus piernas y las enredó en la cintura de él, mientras sus manos buscaban desesperadamente su espalda. Enterró las uñas con fuerza, arrastrándolas por su piel hasta dejar surcos rojos. —¡Mmmgh! ¡Eso, dale más duro, macho!—

—¡Mirame, carajo!— gruñó él, atrapando sus labios en un beso hambriento que sonaba a pura urgencia: ¡Mmua, mmua!. Sus lenguas peleaban mientras él seguía castigándola con la pelvis. —¿Querías más fuerte? ¡Tomá!—

Ariana soltaba gemidos agudos que se cortaban con cada sacudida: —¡Ah, ah, ah! ¡Sí, papito, ahí… destrozame toda!—. Los rasguños en la espalda de Santiago lo hacían gruñir de placer, inyectándole más furia al movimiento. El sonido ambiente era una mezcla de respiraciones pesadas, el roce de las sábanas y el constante ¡Splat, splat! de la humedad entre ambos.

—¡Me vengo, Santiago… me vengo ya!— chilló ella, apretando los dientes y tironeando de su pelo mientras él aceleraba hasta volverse un borrón de movimiento y fuerza, llevándolos a ambos directo al abismo del clímax.

Toques finales:

Fuerza bruta: Se enfatizó el cambio de ritmo a uno mucho más «pesado» y directo.

Onomatopeyas de impacto: Usamos PUM y Clap para la penetración, y Creeeeak para la cama.

Santiago se retiró de ella con un último empuje profundo que les sacó un gemido al unísono. Sin perder un segundo, se puso de pie sobre el colchón, dominante, mientras Ariana quedaba arrodillada frente a él, con la respiración entrecortada y el cuerpo temblando por el esfuerzo.

Él la miró desde arriba, con los ojos oscuros de deseo, y comenzó a masturbarse frente a su cara con un ritmo frenético. El sonido era un húmedo ¡frot, frot, frot! que se aceleraba por momentos.

—Mirame bien, Ariana… mirá cómo me tenés por tu culpa— gruñó él, con la voz rota.

Ella, con los labios entreabiertos y la mirada fija en él, respondió en un susurro cargado de lujuria: —Dámela toda, papito… marcame de una vez.—

De repente, el cuerpo de Santiago se tensó por completo. Soltó un rugido gutural mientras el primer chorro salía disparado con fuerza: ¡Splatt!. El líquido caliente aterrizó directo en su mejilla y se deslizó hacia su boca, mientras ella la abría para recibirlo con un —¡Mmmgh!—. Los siguientes chorros volaron con descontrol, manchando sus pequeños pechos con un sonido de ¡plop, splat!, y terminaron enredándose en su cabello revuelto.

—¡Ahhh, mierda!— exclamó él, soltando el aire de golpe mientras terminaba de vaciarse sobre ella.

Ariana se quedó ahí, arrodillada y marcada, con el pelo pegajoso y el pecho brillando bajo la luz de la habitación. Él la tomó de la barbilla, obligándola a mirarlo una última vez mientras ella saboreaba el final del encuentro.

¡Luego pide algo para comer y vuelve a coger 2 veces mas, pero cuando Santiago le acaricia el pelo que no respiraba entonces comienza a zamarrearla gritándole —ariaaaaannnnnnnaaaa arianaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! —

– Lautaro… qué bueno que me atendiste… – su voz era muy excitada y angustiada. – Amigo… estoy en un quilombo……

Santiago y Lautaro

Santiago y Lautaro II