Era una noche calurosa de verano en Bogotá. Mis tres amigos negros —Jamal, Tyrone y Marcus— habían venido a casa a ver una película. Los cuatro estábamos en la sala, riéndonos y comiendo pizza, cuando mi papá entró con cara seria.
y nos dijo
—No quiero que suban al cuarto —dijo con tono firme—. Se quedan aquí abajo, ¿entendido?
Los tres asintieron con respeto, pero en cuanto mi papá se fue a su habitación y cerró la puerta, Jamal me miró con esa sonrisa pícara que siempre me ponía nerviosa.
—¿En serio nos va a dejar aquí como niños? —susurró.
Tyrone se acercó más a mí en el sofá.
—Tu viejo no sabe lo que hacemos cuando no está mirando… —dijo bajito, con voz grave.
y todos comenzaron a reír menos yo claro
que me puse un poco rojo
Marcus, el más directo, se recostó y se acomodó la entrepierna sin disimulo. Ya se le notaba el bulto grande y grueso bajo el pantalón de chándal.
—Hermano, ¿tú no tienes ganas de subir? —me preguntó mirándome fijamente.
Yo tragué saliva. El corazón me latía fuerte. Sabía perfectamente a qué se referían. Llevábamos semanas coqueteando con la idea, mandándonos videos y fotos subidas de tono, pero nunca había pasado nada físico… hasta esa noche.
—No podemos… mi papá está arriba —respondí en voz baja, aunque mi cuerpo ya empezaba a traicionarme.
Jamal se inclinó hacia mí, su aliento cálido en mi oreja.
—Solo un rato… bajito. Te prometo que no hacemos ruido. Solo queremos que nos ayudes un poquito… ya sabes un chupadita no mas
Tyrone sonrió y se bajó un poco el pantalón, dejando ver la base gruesa y oscura de su verga semierecta.
—Mira cómo estamos por ti, man. Tres pollas negras bien duras… ¿no te dan ganas de probarlas?
Marcus fue el que más me presionó, pero de la forma más seductora:
—Solo chúpanoslas un rato. No te vamos a follar hoy si no quieres… pero déjanos sentir esa boquita tuya. Sabemos que eres bueno… lo hemos visto en los videos que nos mandas.
Me sentía atrapado entre el miedo a que mi papá bajara y la excitación que me provocaban sus palabras y sus cuerpos. Los tres eran altos, musculosos, con piel oscura brillante y esas pollas grandes y pesadas que tanto me habían hecho fantasear.
Al final, la calentura ganó.
—…Solo un rato —susurré, rojo de vergüenza y deseo—. Y en silencio.
Los tres sonrieron triunfantes.
y dijeron siiiii
Subimos las escaleras de puntillas, conteniendo la risa y la respiración. Apenas cerramos la puerta de mi cuarto,
los tres se hicieron en la parte de la cama y se bajaron los pantalones al mismo tiempo.
esas 3 vergas quedaron apuntando al frente y cada una era enorme un poco mas de 22 cm
Tres vergas negras, gruesas y venosas saltaron libres. Jamal tenía una cola larga y curvada hacia arriba. Tyrone era el más grueso, con un glande enorme y brillante. Marcus tenía la más larga de todas, colgando pesada y semi erecta.
Me arrodillé frente a ellos sin que tuvieran que pedírmelo dos veces.
y los 3 comenzaron a golpearme las cara con esos vergas
mientras reian de forma ya no tan suave
en ese momento yo solo contenía la respiración mientras sentía los distintos golpes
—Joder… qué rico —gruñó Jamal cuando sentí su polla caliente entrar en mi boca.
Empecé a chupar alternando entre los tres. Primero Jamal, después Tyrone, metiéndome lo más que podía hasta que me lloraban los ojos. Marcus me agarró la cabeza con suavidad pero firme y me la metió más profundo, gimiendo bajito:
—Así, tragátela toda… qué boca tan caliente tienes,
Me turnaban, a veces dos a la vez, rozando sus pollas contra mis labios y mi lengua mientras yo jadeaba y babeaba sin control. El sonido húmedo de mi boca llenaba la habitación, aunque intentábamos no hacer ruido.
—Shhh… que tu papá no nos oiga —susurraba Tyrone riéndose mientras me follaba la boca con movimientos lentos y profundos.
Sentía sus huevos pesados golpeando mi barbilla, el sabor salado de su precum, y cómo se ponían cada vez más duros y gruesos dentro de mi boca.
Al cabo de un rato, los tres estaban al borde.
—Voy a correrme…
comenzaron a gritar y ese grito si que se escuchó bastante claro
¿dónde quieres que te la eche? —preguntó Marcus jadeando.
—En la boca… quiero tragármela —respondí sin pensar, completamente entregado.
Uno tras otro se corrieron fuerte. Primero Jamal, llenándome la lengua de semen espeso y caliente. Luego Tyrone, con chorros potentes que me hicieron toser un poco. Marcus fue el último, sujetándome la cabeza mientras me vaciaba todo dentro, gruñendo mi nombre bajito.
Tragué como pude, con la boca y la barbilla llenas de su leche espesa y blanca, contrastando con mi piel.
Nos quedamos un momento en silencio, respirando agitados, hasta que Jamal sonrió y me acarició el pelo:
—Buen chico… la próxima vez tu papá no va a poder impedir que te follemos como se debe.
Bajamos las escaleras sigilosamente, con las piernas todavía temblando y el sabor de mis tres amigos negros todavía en la boca.
Mi papá nunca se enteró.