Capítulo 2
- 3 amigos negros y mi padre en la sala
- 3 amigos negros y mi padre en la sala II
La habitación quedó en silencio por unos segundos, solo roto por nuestras respiraciones agitadas y el sonido lejano de la televisión abajo. Mi cara estaba completamente cubierta: semen espeso corría por mis mejillas, goteaba desde mi barbilla y me pegaba el pelo. Tenía la boca llena del sabor salado y fuerte de los tres. No podía ni abrir bien los ojos.
Tyrone fue el primero en hablar, todavía recostado en mi cama con la polla semi-dura descansando sobre su muslo.
—Joder, Jonathan… nunca pensé que te tragarías tanto. Eres una puta boca de verdad.
Marcus se rio bajito y se incorporó un poco, mirándome con esa expresión satisfecha y arrogante.
—¿Y ahora qué, bro? ¿Ya estás contento o quieres más?
Yo seguía arrodillado, respirando con dificultad, el semen empezando a enfriarse sobre mi piel. Sabía que debería limpiarme, bajar y actuar normal… pero no quería. El corazón me latía tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho. Miré sus tres pollas negras, todavía gruesas y pesadas, brillando con mi saliva y restos de corrida. Ninguna había bajado del todo.
—No… no se ha terminado —murmuré, la voz ronca por haber tenido la garganta tan llena.
Jamal levantó una ceja, sorprendido pero claramente interesado.
—¿Ah sí? ¿Qué quieres ahora, enano?
Me pasé la lengua por los labios, tragando lo que quedaba en mi boca.
—Quiero que me follen…
Los tres se miraron entre sí y soltaron una risa grave, casi incrédula.
—Hostia puta —dijo Tyrone, incorporándose—. El putito blanco quiere que le metamos la verga de verdad.
Marcus se bajó de la cama y se acercó a mí. Me levantó la cara con una mano, obligándome a mirarlo a los ojos mientras el semen seguía goteando.
—¿Estás seguro? Porque una vez que empecemos, no vamos a parar fácil. Y tu viejo está justo abajo…
yo respondí no me importa que nos escuche
enserio dijeron los 3 y respondieron pues a nosotros menos
Asentí sin dudar, aunque el miedo y la excitación me temblaban las piernas.
—Sí… por favor. Quiero sentirlas dentro.
Jamal sonrió con esa confianza suya y se quitó la camiseta, dejando ver su torso oscuro y marcado. Los otros dos hicieron lo mismo. En menos de un minuto los tres estaban completamente desnudos frente a mí: altos, fuertes, con esas pollas enormes balanceándose pesadas entre sus piernas.
—Quítate la ropa —ordenó Marcus.
y me pasaron un trapo para limpiarme la cara
Me levanté torpemente y me desnudé rápido, quedándome solo en calcetines. Mi propia polla estaba dura como nunca, pero era mucho más pequeña comparada con la de ellos. Eso pareció divertirlos.
Tyrone me empujó suavemente hacia la cama.
—Ponte a cuatro patas, cara al colchón.
Obedecí. Me coloqué en el centro de la cama, con el culo levantado y la cara aún manchada de semen apoyada contra la almohada. Escuché cómo uno de ellos abría un cajón (supongo que buscaba lubricante que yo guardaba para mis pajas). Un segundo después sentí el líquido frío cayendo entre mis nalgas.
Jamal fue el primero. Se arrodilló detrás de mí y sentí la cabeza gruesa y caliente de su polla presionando contra mi agujero.
—Relájate, Jonathan… si te pones tenso te va a doler más.
Respiré hondo. Empujó despacio. La presión era brutal. Sentí cómo mi culo se abría centímetro a centímetro alrededor de esa verga negra enorme. Gemí fuerte contra la almohada cuando la cabeza entró del todo. Jamal gruñó de placer.
—Joder… qué culo más apretado tienes…
Empezó a meterla más profundo, poco a poco, hasta que casi la mitad estaba dentro. El dolor se mezclaba con un placer intenso que nunca había sentido. Tyrone y Marcus se pusieron a cada lado, acariciándome la espalda y el pelo mientras Jamal empezaba a follarme con movimientos lentos pero firmes.
—Más… métemela toda —supliqué entre gemidos.
Jamal soltó una risa baja y empujó más fuerte. Sentí cómo sus huevos pesados chocaban contra los míos. Estaba completamente dentro. Empezó a follarme con ritmo, sacándola casi toda y volviéndola a clavar.
Tyrone no aguantó más. Se puso delante de mí, sobre la almohada, y me metió su polla todavía sucia de semen en la boca.
—Chúpala mientras te follan
Ahora estaba completamente lleno: Jamal follándome el culo con fuerza creciente y Tyrone follándome la boca. Marcus se masturbaba al lado, esperando su turno y grabando con el móvil en modo silencioso (o eso creí en ese momento).
El sonido de la piel chocando llenaba la habitación. Jamal me agarraba las caderas con fuerza y me embestía cada vez más rápido. Cada vez que sacaba casi toda la polla y la metía de golpe, yo gemía alrededor de la verga de Tyrone.
—Le está encantando —dijo Marcus riéndose—. Mira cómo mueve el culo pidiendo más.
Cambiaron de posición varias veces. Tyrone me folló después, más salvaje, agarrándome del pelo. Marcus fue el más grueso y me costó más tomarlo, pero cuando lo conseguí sentí que me iba a romper. Me follaban sin parar, uno detrás de otro, a veces dos a la vez: uno en el culo y otro en la boca.
En un momento me pusieron boca arriba, con las piernas levantadas. Jamal me follaba profundo mientras Tyrone y Marcus me metían las pollas por turnos en la boca. Mi propia polla chorreaba precum sin que nadie la tocara.
—Vamos a llenarte por dentro —gruñó Jamal.
—No… esperad… —intenté decir, pero tenía la boca llena.
No me hicieron caso. Jamal empujó hasta el fondo y se corrió dentro de mí con varios chorros calientes y abundantes. Sentí cómo me llenaba el culo. Apenas terminó, Tyrone lo reemplazó y me folló el agujero ya lubricado con el semen de Jamal. Se corrió también dentro, gruñendo como un animal.
Marcus fue el último. Me levantó las piernas más alto y me folló con embestidas largas y profundas hasta que descargó también, añadiendo su carga espesa a la de sus amigos. Cuando sacó la polla, sentí cómo el semen de los tres empezaba a salir de mi culo abierto y rojo.
Me quedé tirado en la cama, exhausto, el cuerpo temblando, la cara y el culo completamente usados y llenos de semen negro.
Los tres se vistieron con calma, todavía con sonrisas satisfechas.
—Esto no se queda aquí, Jonathan —dijo Jamal mientras se subía el pantalón—. La próxima vez te vamos a llevar a casa de Tyrone. Allí nadie nos va a molestar… y te vamos a follar toda la noche.
Marcus se acercó y me dio una palmada suave en el culo.
—Buen putito. Límpiate bien antes de bajar, que tu papá sigue viendo la tele.
Salieron de la habitación riéndose bajito, dejándome solo, destrozado de placer, con el semen de mis tres amigos negros goteando de mi cara y de mi culo.
Abajo, la televisión seguía sonando como si nada hubiera pasado.