Hace un año y medio comencé a trabajar en esta empresa. La verdad es mi primer trabajo. Luego de terminar mis estudios en sistemas comencé mi pasantía aquí y luego de tres meses quedé efectivo como empleado. Todos son mayores que yo, pero igualmente el clima, por más de ser formal, es muy agradable y la relación entre nosotros es muy buena. Los superiores vienen solo por la mañana y generalmente nos dejan trabajar tranquilos, como si esta fuera nuestra casa. Pero las veces que estamos por captar un nuevo cliente se ponen más estrictos y saben cargarnos con más trabajo y muchas horas extras. Pero la verdad es que se está muy cómodo en esta oficina, aunque debo confesar que el hecho de pasarla bien va más allá del trabajo.

La conocí a la semana que llegué, Eva iba a ser de mi equipo pero estaba de vacaciones en alguna isla de la Polinesia que no recuerdo. Todos hablaban de ella. La describían simpática, inteligente y hasta buena compañera. Hablaban mucho de ella, tanto que a mí tercer día ya estaba un poco cansado de los comentarios. Lo que no me esperaba era que me mostrarán una foto de ella en la playa. Por dios que belleza de mujer, una pelirroja de un metro sesenta cuerpo perfectamente diseñado para volver loco a cualquier hombre y lo más importante, una sonrisa gigante que lo hace poner a uno incómodo y no poder evitar también sonreír. Llegó un lunes abrazó a todos dejándome a mí para lo último – ya me han contado de vos, pero lo que no me habían dicho es que eras tan joven y tan lindo – dijo a las carcajadas yéndose deprisa a buscar en una bolsa los regalos que había traído. Al terminar de repartirlos me dijo -no te pongas mal que a vos no te voy a dejar sin regalo-.

La verdad es que se tardó mucho en dármelo, unos seis meses, pero si que valió la pena.

Tampoco es mucho mayor que yo, solo dos años, pero no lo parece. Ya a esta altura la diferencia de edad se nota cada vez menos. De hecho ella parece de mi edad, inclusive con su forma de ser podría pasar por más joven que yo. Lo único que la delataría es su experiencia. Aparte de excelente profesional es muy sociable. Fuera de lo laboral, para su favor, es una mujer que desparrama en dosis perfectas su sensualidad. Cómo lo hace? Por ejemplo en el contacto físico, siempre saludando con un beso y un abrazo. Una caricia en el hombro, o en la espalda si es posible. También su forma de vestirse. Siempre dejando ver su alguna parte de su hermoso cuerpo, pero solo una a la vez. Una camisa ajustada que marca sus hermosos pechos con un pantalón largo y ancho que deja todo a la imaginación. O una mini ajustada conteniendo su firme trasero con una remera suelta bien corta mostrando su pequeño ombligo. Su clave es siempre mostrar la punta, lo demás te lo deja a la imaginación.

Entre nosotros todo se fue dando muy gradualmente. Cada vez buscábamos más proyectos juntos. Había como una química mutua y ya cuando nos tocabamos se podía sentir ese cosquilleo, de hecho ya para antes de la fiesta de fin de año los dos sabíamos lo que iba a pasar.

En realidad creo que ninguno se pudo aguantar, debo confesar que yo también soy bastante atractivo. Mido un metro ochenta, castaño claro y quince años de natación que dejaron a mí cuerpo bien formado.

En la fiesta de fin de año después de tomar bastante terminamos despertando juntos en su casa (pero esta no es la historia que quiero contar).

Luego de ese enredo, decidimos poner las cosas en claro. Para no desperdiciar la espectacular química, íbamos a seguir teniendo sexo. Las reglas eran simples. Éramos libres de hacer lo que queramos con quién queríamos, pero no con compañeros de la oficina. Esto, sin darnos cuenta, le dió una vuelta súper excitante a nuestras vidas. Todo el tiempo que pasábamos en la oficina era un juego, obviamente erótico en su mayoría. Realmente nunca alguien sospechó algo, sinó nos hubiésemos metido en problemas.

Un viernes de primavera la oficina estaba bastante tensa. Y yo como de costumbre, cuando esto ocurría, comencé con mí primer juego. Se trataba de, en una reunión , dejar su celular ampollado sobre la silla. Cuando ella lo veía, disimuladamente ponía en silencio a todos los contactos dejado en vibrador solo el mío, lo ponía entre sus piernas y ahí todo comenzaba. Yo la invadía con mensajes los cuales le hacían temblar desde el clítoris hasta la punta de los pies, todo esto mirándola como se iba enrojeciendo hasta que en un momento no aguantaba más, se paraba y se lo sacaba de entre las piernas sin que nadie lo note. Todo esto porque una vez sin querer se pasó de lista y tuvo un orgasmo delante de todos, en esa ocasión hizo bien en simular tirando sus carpetas al piso. No es muy difícil imaginarse la excitación que teníamos, y cuando por fin quedábamos solos el sexo que teníamos. Bueno volviendo a esa tarde, le dejo el teléfono en su silla y cuando me siento veo esbozada en su cara una sonrisa cómplice.

La reunión era por un proyecto de un cliente nuevo el cual había estado ya varias veces en la oficina, particularmente hoy desde la mañana. Klaus, el cliente, era bastante diferente a mí. Sacando su fortuna, era alto, rubio, ojos claros y muy, pero muy atractivo. En lo único que yo lo superaba era en haber podido compartir la cama con Eva, cosa que èl había intentado por más de una vez, pero nunca pudo conseguir. Yo creo que Eva nunca lo dejó avanzar por cariño a mí, para excusarse siempre me decía -como me gusta, pero que lástima que sea del trabajo-. Él desesperado, la había desnudado con la vista todo el día, ella como siempre lo provocaba, esta vez solo con una remera blanca bien ajustada que dejaba notar un simple corpiño de algodón. Debajo un pantalón negro y tacos en los piés. La reunión se había puesto bastante tediosa y ella me miraba ya con ganas de comenzar nuestro jueguito. Comencé lento. Mensaje, mirada. Mensaje, mirada. Ya al tercero ella comenzaba a moverse, acomodándose para sentir mejor. Yo para esta altura tenía una erección apretada contra mí pantalón que no me dejaba moverme. Ella lo sabía y eso la excitaba más todavía. Ya pasados cuarenta minutos su piel había tomado un tono rosado, sus pezones ya atravesaban su remera por lo cual se soltó el pelo y lo puso por delante para disimularlos. Me di cuenta que estaba pasada de calentura cuando llevó la punta de la birome desde su boca entreabierta hasta sus pezones para frotarlos dejándolos todavía más duros y sensibles. Se retorció un poco más y luego hice algo que nunca había hecho . En vez de mensajes le hice una llamada. Pude notar en su cara el cambio de rosa a colorada y cuando vi que ya no daba más corté. Suspiró. Sabía que la había llevado al límite, pero yo siempre sabía cuando frenar. Con lo que no contábamos es que segundos después, las tres vibraciones de la llamada pérdida golpearían su clítoris ya apunto de explotar. Su cara de transformó y tanta excitación la obligó a pararse de repente para no acabarse.

De pronto todos estaban callados mirándola como no entendiendo lo que pasaba y el gerente con cara de sorpresa le dice – perfecto, entonces se queda Eva, igual no hacía falta que te levantes. Con decirlo era suficiente- .

Lo que no habíamos notado es que mientras nosotros estábamos jugando la reunión seguía. Unos segundos antes de que Eva se pusiera de pié, el gerente había preguntado quién se ofrecía para quedarse a terminar los últimos detalles con Klaus.

De repente todos se levantaron, recogieron sus cosas y comenzaron a irse muy apurados. Yo quedé a lo último. Sabía que me iba a mi casa y si o si, con la calentura que tenía, terminaría mi fiesta con alguien más o por lo menos solo en la ducha. La que me daba pena era Eva, aparte de aguantarse, tenía que quedarse varias horas trabajando con un cliente que no era de lo más fácil. Acá es donde tuve que dejar mi ego a un lado. Sabía que tenía que hacer un buen gesto, entonces le di una carpeta y le dije que era de suma importancia lo que tenía dentro. Pero lo único de suma importancia era una nota que decía «técnicamente él no es de esta oficina 😉 «. Cerré la puerta y me fuí.

No tengo que contarles que bajando por el ascensor sentí un poco envidioso de Klaus. La conocía y sabía que en pocos segundos ya estaría encima de él dándose placer hasta explotar y hacerlo explotar. Que bronca haber hecho todo el trabajo y que otro se lleve la recompensa. Luego pensé, después de todo seguro que ella le tenía ganas y si no hacía algo con él era solo por mí.

Me tomé un café en el bar del primer piso para tratar de despejarme y al terminarlo marque la salida en planta baja. Ya en la vereda me suena el celular. Era un mensaje de Eva «que no seas actor no quiere decir que no seas espectador, métete en la oficina de al lado.. «. Mí corazón casi se sale de mí cuerpo, nunca habíamos hecho algo así, sin embargo le dije al guardia que había olvidado unas cosas y subí corriendo los cinco pisos que nos separaban. Al llegar casi al quinto frené para tomar aliento y ser lo más sigiloso posible. Sin prender ninguna luz me escabullí hasta la pequeña oficina contigua a la sala de reuniones. Entré haciendo el menor movimiento posible, difícil tarea, ya que mi erección había vuelto pero diez veces más fuerte. Lo único que separa las dos oficinas es una ventana con una persiana americana que estaba casi cerrada. Cuando me acerco para ver, lo único que notaba era un movimiento muy lento, pero no llegaba a distinguir bien. Luego de tomar coraje agarré la varilla de la cortina y muy pero muy lentamente comencé a girarla hasta ver lo que pasaba al lado.

Ella ya sin pantalón pero en bombacha, estaba sentada encima y de frente a él con las piernas abiertas en una de las sillas de la oficina. Frotaba fuerte su vagina contra su pene, pero lentamente como para hacer más duradero el placer. Luego de unos minutos, él no aguantó más y se sacó toda la ropa y se sentó otra vez. Ella se saca solo la bombacha. La remera ajustada se la sube y él le baja su corpiño blanco de algodón dejando así atrapados y apretados sus hermosos pezones, así pudiendo frotarlos fuerte contra su piel. Ella se moja la punta de sus dedos con saliva la cuál usa para pintar la punta de su pene. Se lo ampolla y sin que él se mueva, muy lentamente se lo empieza a coger. Yo para estas alturas ya no podía ni rozar mi pantalón de la calentura que tenía, todo era demasiado surrealista. Eso creía yo, porque no sabía lo que iba a pasar en un segundo. Ella deja de estar centrada en él y dirige su mirada hacia mí ventana. Si, ya me había visto obviamente. Lo que no me esperaba era lo que estaba por pasar. Se acerca a su oído y le dice algo, él espera unos segundos y luego, como con duda, asiente con la cabeza. Ella vuelve a mirarme y haciéndome seña con su dedo, me llama. No lo dudé, pero debo confesar que tardé bastante en llegar. Estaba tan paralizado como excitado. Cuando entro siento que el éxtasis era total. En el aire se sentía un orgasmo inminente. Mirando como ella sentada encima de él subía y bajaba cogiéndoselo lentamente, me pongo bien cerca y detrás. Ella me dice – sacala -. Yo hago todo tranquilo para no elevar mí excitación, y cuando logro sacar mí pene a punto de explotar ella lo agarra y me pajea un segundo, luego se queda quieta y encaja la cabeza en su ano. No solo que encastra a la perfección, sino que comienza a relajar y a contraer su ano, masajeando la cabeza de mí pene con fuerza. Yo creo que a la tercera vez ya comencé a sentir el orgasmo desde mi nuca. No duré mucho más. Mi eyaculación golpeó la puerta de su ano haciendo que ella también acabara. Solo que yo me retiré un poco para que pueda cabalgarlo como se debe, mientras el chupaba sus pezones desenfrenadamente. Demás está decir que Klaus tampoco pudo aguantar después de que se ella acabara galopando encima de él. Todo lo que ocurrió entre los tres no fué más de treinta segundos, pero para mí duró una eternidad. Luego de que nuestras pulsaciones volvieran a la normalidad. En medio de carcajadas Eva dijo – ahora si, podemos concentrarnos en trabajar…..-