Capítulo 1

Capítulos de la serie:
  • Nanci, a mi servicio I

Desde que trabajo en la preparatoria he tenido muchas aventuras y experiencias, la mayoría con alumnas pero, también con otras muchachas que llegan a hacer su servicio social.

Una de esas experiencias comenzó cuando una estudiante de la carrera de trabajo social llegó a la oficina preguntando por el director y como él no se encontraba decidí atenderla yo. Se presentó como Nanci, ella era de aproximadamente 1.60 metros, cabello largo y negro con un brillo espectacular el cual estaba sujetado con un moño blanco, su carita redondita, ojos pequeños de color oscuro e iba maquillada discretamente. Iba vestida con tenis negros, pantalón de mezclilla azul y una filipina rosa. La muchacha de complexión normal, con las curvas ubicadas exactamente donde deben estar: caderas redondas y busto normal, son cualidades que me fascinan.

La hice pasar a la oficina del director y cerré la puerta. No ocupé el asiento del director para poder tener un contacto más directo, cerca de ella.

—El director no se encuentra pero puedo atender la solicitud que traigas y así no tengas que esperarlo.

—En ese caso, lo que quería hablar con el director es sobre mi servicio social. Estudio la carrera de Trabajo Social y me gustaría llevar a cabo mi servicio en esta escuela. Aquí están los documentos que me expidieron en mi universidad.

Tomé los documentos y los revisé rápidamente.

—Correcto, todo está en orden. Te puedo adelantar que tu solicitud será aprobada. Yo me encargaré de que así sea y te asignaré un puesto para que cumplas con la cantidad de horas y actividades que marca tu solicitud. Me daría mucho gusto que me apoyes en el área que desempeño—. Me incliné hacia ella y posé mi mano sobre su hombro. —Quiero que me prestes tu servicio.

—Con mucho gusto, profe. Usted dígame en qué le puedo ayudar. Puedo quedarme a partir de hoy para irme familiarizando.

Dicho esto nos levantamos, abrí la puerta y la conduje a mi cubículo. Le enseñé tanto el equipo como la documentación que manejaba. Para tener tiempo con ella le di la tarea de redactar algunos documentos y cada vez que necesitaba ayuda me colocaba detrás mientras ella estaba sentada frente a la computadora para darle las indicaciones.

Los días pasaron y cada vez que llegaba la tomaba de ambas manos y le daba un beso en la mejilla. Ella estaba muy contenta con mi supervisión y yo muy contento con su servicio. Algunas compañeras con las que ya me había acostado se notaban molestas pero no me importaba, en cualquier momento me las cogía para tenerlas contentas.

En la siguiente semana se presentó al servicio con una falda blanca a la rodilla y con su habitual filipina y un perfume que hipnotizaba. Mientras trabajábamos me hizo una pregunta sobre un documento que le encargué, me coloqué detrás de ella para ayudarle y además, me acerqué más que antes, así que dejé que sintiera el bulto de mi pene en su espalda. Al percatarse de esto se separó de la silla pero yo hice como si nada y después ella volvió a reclinarse tocando nuevamente mi verga aprisionada. Cuando la volvió a sentir no se separó sino que presionó su espalda con fuerza hacia la silla haciéndome saber que lo sintió. El día siguió y antes de acabar la jornada laboral estábamos archivando documentación, me senté en la silla y Nanci caminó con unos folders hasta el archivero que estaba delante de mí, antes de agacharse miró hacia atrás, para estar segura que la estaba mirando, y después se agachó flexionando ligeramente las rodillas para alcanzar el espacio de abajo del archivero, con lo cual su falda subió asombrosamente debido a su prominente trasero dejándome ver un bikini azul rosa. Cuando estaba a punto de incorporarse le indiqué:

—Puedes dejar esos documentos un poco más al fondo porque no nos servirán en un buen tiempo.

—Como usted diga, lic—. Me respondió.

—Oiga, lic—. Le dije —¿Siempre combinas tu ropa? Veo que haces un buen trabajo con eso.

Ella se puso de pie lentamente y me respondió:

—Así es, me gusta combinar bien mi ropa por dentro y por fuera.

Me acerqué un poco hacia ella y le puse una mano en la cintura al tiempo que le decía:

—Me gustaría que me lo enseñaras, siento que eres muy buena en eso.

Se soltó el primer botón de la filipina dejando ver un poco de su brasier, color blanco.

—No me complico mucho pero siempre hago buena combinación. Una nunca sabe cuando deba sorprender a su jefe.

Mis ojos no se despagaban de esos pechos blanquitos que estaban debajo de su sostén. Y al sonar el timbre le dije:

—Mañana no hay clases en el turno vespertino, quiero aprovechar para avanzar con algunos pendientes. Quédate y lo hagamos juntos.

—Claro que sí, lic. Me da gusto poder ayudarle con eso.

Al siguiente día se vistió con una falda del mismo largo pero más pegada a su trasero, la filipina de siempre y unos zapatos negros. Así como el día anterior, siempre que estaba detrás de ella aprovechaba la oportunidad para rozar su espalda con mi pene erecto, que ya se moría de ganas por darle el placer que esa jovencita estaba pidiendo. Desde que la vi llegar no pude disimular las ganas que tenía por quitarle su ropa y hacerla mía toda la tarde. En una ocasión puso su mano en mi miembro y sintió ese calor intenso.

—Lic, algo le pasa dentro de su pantalón. Al rato le ayudo con eso, Lic—. Dijo.

Al finalizar el día, los alumnos se retiraron seguido de los compañeros. Me asomé por una ventana para ver todos se habían ido. Una vez que me cercioré me acerqué detrás de la prestadora de servicio aprovechando que estaba de espaldas guardando documentos, la tomé por la cintura y le dije al oído a mi asistente:

—¿Licenciada Nanci, ya puede apoyarme con mi problemita? — Al mismo tiempo que hice presión con mi pene en ese culito hermosamente contorneado y cubierto por una falda ajustada.

—Usted diga, lic. Estoy a su servicio, usted sabe que le ayudo en todo.

Fue así que le di varias punzadas a su trasero, mientras que besaba su nuca y llenaba mis pulmones de su aroma excitante. Mordí uno de los lóbulos de su oreja y rodeé su cintura con mis manos. Poco a poco subí hasta los botones de su filipina, los cuales fui soltando lentamente sin dejar de presionar su falda con mi verga.

Sus manos se dirigieron hacia mi cadera soltando el cinturón, luego el botón de mi pantalón. Cuando el cierra del mismo bajó, coló una de sus manos dentro y acarició mi pene sobre mi bóxer.

Cuando todos los botones de la filipina estuvieron sueltos metí mis manos para sentir su piel suave y aromática. Continué besando su cuello y sus hombros deslizando lentamente su filipina sobre sus brazos hasta que, deslizándose sobre su espalda y la prominente curva de su trasero, cayó al suelo.

Debajo de su uniforme quedó una delgada blusa blanca de tirantes. Besé su hombro desnudo y con mis diente quité los tirantes de la blusa para que pudiera apreciar el sexy conjunto de lencería que me tenía preparado. Además de sexy lucía elegante, un brasier de encaje rojo y negro con tela transparente. Rápidamente me quité el cierre de su falda y apreciar su figura adornada con una tanga del mismo color y que dejaba ver la línea oscura que separaba sus deliciosas nalgas y escondía la entrada a su interior.

Sin pensarlo más le di la vuelta y devoré su cuello sin perder más tiempo. Mis labios dieron un recorrido ardiente desde sus hombros pasando por su cuello hasta sus mejillas, para después bajar hasta sus pechos saboreando su aroma a hembra en celo. Metí por completo mi cara entre sus senos llenando mi ser del mismo éxtasis que la prestadora de servicio desprendía.

—Mami, haz con tu boquita lo que mi verga espera— dije. Y sin esperar más instrucciones Nanci ya tenía entre sus manos el grueso pene, llenándolo de saliva para empezar a lubricar. Mientras se atragantaba con mi pene y lo sostenía con una mano, con la otra se daba placer a sí misma, cosa que no pude permitir más.

—Ya quieres que te la meta ¿Verdad?

No pudo responder porque su boca estaba ocupada saboreando el falo con su boca antes de saborearlo con su vagina.

La levanté y la senté en el escritorio, me agaché para disfrutar del manjar de su sexo. Estaba mojada a chorros y no dejé escapar fluidos, mi lengua atrapó todo y se introdujo hasta donde pudo llegar provocando pequeños espasmos en mi linda zorrita. Ella lo estaba disfrutando porque sostenía mis cabeza entre sus manos agarrándome de los cabellos empujando mi cabeza hacia su entrepierna.

—Lic. Ya métamela! Ya métamela!— Gritaba. Aunque no había nadie en la escuela, alguien podría haberla escuchado.

—Lic. Cójame duro. Pero cójame ya, lic. Cláveme su vergota. Soy suya, soy su putita.

—Eres mi putita de ahora en adelante. No vas a sufrir por falta de verga.

Su espalda se apoyó en escritorio y se la metí poco a poco para que disfrutara del recorrido hacia su interior.

Se sostuvo de mi cuello con sus brazos y comencé a bombearle más rápido a medida que nos acoplábamos al ritmo del otro. Cada vez arremetía con más fuerza y el choque de nuestros cuerpos provocaba un sonido que hacía eco en la oficina. Además, sus fluidos aumentaban un poco el ruido cada vez que mi pene entraba y salía de su cuerpo. Sus zapatos negros danzaban en el aire cada vez que nuestros cuerpos chocaban.

Ella me besaba con intensidad y nuestras lenguas se entrelazaban en una danza erótica compartiendo fluidos. Me encontraba en un momento de placer sin igual, me estaba cogiendo a una prestadora de servicio de aproximadamente 20 años, en mi trabajo, y ella era una puta en celo, preparada para coger a su jefe vistiendo una lencería sexy. Y me excité más con lo que me dijo a continuación:

—Lic. Mi novio no me coje así. Mejor cójame usted todos los días.

—Así que tienes novio y andas de putito conmigo. La voy a tener que coger con más ganas para quitarle esas mañas, mi lic. Le toca duro por castigo.

—Castígueme, lic. Merezco una cogidota por puta. La zorrita necesita que la castiguen.

Así que le saqué la verga y la agarré del cabello obligándola a arrodillarse.

—Ahora dame una mamada antes de que te coja por detrás.

En seguida volvió a atragantarse de mi pene. Y aunque de vez en cuando daba arcadas no dejaba de mamarme la verga.

—Vamos a coger como nunca lo has hecho ni con tu novio ni con nadie.

La volví a tomar del cabello y la puse de espaldas a mi con las manos apoyadas en el escritorio. Le hice a un lado el tanga que tenía y se la metí de golpe. Tomándola de la cintura comencé a cogérmela con ganas arremetiendo su puchita desde atrás y dándole nalgadas hasta dejar sus nalguitas coloradas.

—Ya eres mi perra! Y vas a coger con tu macho.

—Ay sí, lic! Usted es mi macho y me va a coger cuando quiera.

Desde atrás tomé su cuello con ambas manos y tomándola firmemente la levanté sin dejar de bombear su trasero. Sus nalgas lucían lustrosas con el sudor que despedían nuestros cuerpos entregados a la lujuria. Seguí sosteniendo su cuello con una mano y con la otra estrujaba sus senos. Y mis caderas seguían dándole placer a la licenciada Nanci.

En esa posición comencé a sentir que su cuerpo se estremecía; estaba llegando al orgasmo y de su boca escapaba un gemido largo y agudo.

Su cuerpo se tensó por algunos segundo y después vino un momento en que parecía perder fuerzas.

Justo en ese momento escucho que alguien abre la puerta de la oficina. Entonces apoyé a mi putita recién cogida a recostarse en el piso del cubículo.

El director había entrado y salió de nuevo, sin percatarse del aroma a sexo que desprendía mi cubículo.

Cuando Nanci se recuperó le tapé la boca para que no hiciera nada de ruido. Después que el director se fue, Nanci me agarró del pene y me dijo:

—Esta verga ya es mía, papi. Aunque te vayas a coger a otras primero quiero que me cojas a mí.

Como yo no había eyaculado aún tenía ganas de más. Pero decidí dejar para otro día nuestro siguiente encuentro.

—Para eso está, para coger y si quieres ser la primera tienes que portarte bien con tu macho. A ver que día me invitas a tu casa para terminar el pendiente.

—Si quiere darme leche quiero que sea en mi cama.