Capítulo 8
La víspera de su boda, la mansión era un sepulcro de mármol blanco. Valeria estaba de pie frente al inmenso ventanal de la suite nupcial, envuelta en un camisón de seda que se adhería a su piel como una segunda capa de hielo. Afuera, la luna llena bañaba los jardines impecables. Adentro, el vestido de novia, un monstruo de encaje francés y pedrería, colgaba de
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