Capítulo 4
—Tres... Cuatro... —La voz de Arturo resonaba en la cabaña de madera con la cadencia metálica e inexorable de un verdugo.
El aire se había vuelto irrespirable. El calor tropical que la noche anterior había sido cómplice de sus caricias más íntimas, ahora se adhería a su piel como una mortaja. Valeria, temblando con una violen
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