Capítulo 5
La mañana amaneció con una calma engañosa. El mar, habitualmente embravecido en esa zona de la costa oaxaqueña, parecía haberse rendido a una quietud plateada bajo el sol abrasador. Sin embargo, dentro de la cabaña, el ambiente estaba cargado de una electricidad ominosa.
Mateo no había pegado ojo en toda la noche. Sentado en el borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y el rostro ent
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