Capítulo 3

Por la mañana se levantaron, fueron a desayunar y tomaron algo en el bar del hotel. Antón estaba exultante, emocionado, no hablaba de lo sucedido pero miraba a su hermana y recordaba cada minuto, cada segundo que habían estado en la cama y todo lo que había hecho con ella, tocar su coño, su culo y lo más importante metérsela por detrás y correrse dentro.

Era como en las películas porno pero sin exageraciones, sin los números tan patéticos y repetitivos que ponen a menudo. Esto había sido natural, había surgido entre los dos de improviso y era mucho más excitante.

Miró de reojo a su hermana y vio sus bonitas tetas cubiertas por una blusita casi trasparente, se adivinaba un pequeño sujetador que apenas cubría sus pechos y dejaba imaginar sus diminutos pezones.

Entonces pensó. ¡Joder! No se las había tocado esta noche. ¡Que coño! No se las había tocado nunca, ni siquiera jugando. Su verga comenzó a crecer apretándose contra el vaquero que llevaba puesto.

De hoy no pasa. – se prometió mentalmente –

Martina evitaba mirarle, lo que había hecho con su hermano había sido bonito, lo había disfrutado, pero sentía mucha vergüenza y no se atrevía a mirarle a la cara.

Acabaron y fueron a la feria, ella se puso el uniforme y fue directa al Stand para organizarlo.

Antón paseaba de un lado a otro viendo las cosas que enseñaban y mirando a todas las azafatas preguntándose ¿Follarían todas igual que su hermana? Eran todas bonitas, le gustaban mucho, pero ninguna como Martina, su hermana tenía una carita infantil que llamaba la atención allá por donde pasase.

Después de una hora ya estaba harto y volvió al Stand de su hermana, la buscó por un lado y por otro pero no la encontraba. Preguntó a la otra chica que estaba con ella, una muy seca y delgada, y vio que sonreía y señalaba en dirección a la oficina donde la pilló ayer follando.

  • ¿Va a volver pronto? – preguntó un poco cansado –

Quería salir para dar una vuelta y comer algo.

  • Eso depende. – contestó la chica con sonrisa irónica –
  • ¿Depende? – repitió Antón como un loro – ¿Depende de qué?

La chica movió la cabeza como si estuviera cansada, como si la pregunta fuese reiterativa y molesta.

  • Mira chaval. – respondió con cara seria – A tu hermanita se la están follando.

Antón se quedó de piedra, lo que decía esa chica le enfadaba, quiso decirla que era una imbécil y mandarla a la mierda, pero recordó lo que había visto la tarde anterior y prefirió quedarse callado.

Fue hacia la oficina y oyó ruido, había varias personas hablando, abrió ligeramente la puerta y miró por la rendija lo que ocurría dentro.

—–

A Martina la llamó su jefe porque quería verla, estaba en la oficina esperando, dijo a la otra chica del Stand que se iba y se fue corriendo. Por el camino pensó que su jefe la esperaba con ese gran modisto que conocía, el que había dicho que le interesaba, ajustó bien su blusita y la falda y llamó a la puerta del despacho.

  • Pasa, pasa. – chilló Pascal desde dentro –

Martina entró con una sonrisa de oreja a oreja, queriendo causar buena impresión desde el primer momento. Abrió la puerta y vio que había otros dos hombres sentados.

  • Ésta es. – exclamó Pascal eufórico – La modelo que quiero presentaros.

Martina casi se derrite, las palabras de su jefe la halagaban, la trataba como una modelo en serio, no como una simple azafata.

  • ¡Vaya! – exclamó un hombre maduro entrado en canas – Es mejor de lo que dijiste.
  • Jajaja. Ya os avisé. – respondió su jefe riendo –
  • Joder. Tiene un cuerpo perfecto. – dijo el otro hombre moreno –

Martina los escuchaba y se derretía por dentro, hablaban de ella no de otra persona.

  • Bufff. Cuerpo de mujer y carita de niña, la chica perfecta para….. – dijo el hombre canoso –
  • Calla joder. – interrumpió Pascal de inmediato – Es una modelo estupenda, tendríais que verla desfilando con poca ropa.

Marina no cabía en sí de gozo, su jefe cumplía su promesa, estaba promocionándola delante de aquellos modistos.

  • ¿Podemos verla ahora? – preguntó el moreno poniendo mucho interés –
  • Claro. – añadió Pascal muy serio – Antes de llevarla a París tenéis que comprobar que vale.

Martina oyó París y la temblaron las piernas, su respiración se aceleró y el corazón le salía del pecho. Iban a contratarla, a llevarla a la pasarela de París y se haría famosa.

  • Vale. – dijo el canoso – Que se quite la ropa y que desfile para nosotros.

Martina miró a su jefe emocionada y nerviosa. ¿Qué tenía que hacer ahora?

Pascal se levantó y se acercó a ella despacio.

  • Hazlo bien, no la cagues. – susurró en su oído muy bajo – Ya sabes que hay que hacer sacrificios para llegar a la cumbre.

Martina respiró muy hondo y afirmó con la cabeza.

  • Ufff. Lo que tú digas. – respondió sonriendo –
  • Se buena chica y haz lo que te pidan. – ordenó dándola un azotazo en el culo –

Martina dio un respingo pero no dijo nada, al contrario, regaló una sonrisa a los dos hombres que la estaban mirando.

Antes de que ella hiciese nada, vio como Pascal desabrochaba uno a uno los botones de su blusa y se la sacaba despacio.

  • Veis. – dijo con gesto serio – Tiene unos pechos perfectos, estupendos para pases de lencería.

Cogió las tetas de Martina y las amasó con las manos mientras ella se sonrojaba y desviaba la miraba.

El canoso se levantó y se puso a su lado.

  • No te avergüences pequeña. – dijo sonriendo – En nuestros pases, todas las modelos están desnudas, es común en las pasarelas.
  • Ya. – respondió tímidamente Martina –

El hombre la rodeó con sus brazos, soltó el sujetador que llevaba puesto, y lo soltó lanzándolo al suelo y dejando a Martina con los pechos expuestos.

  • Ves. Así es como debes estar para que te veamos.

Martina afirmó otra vez con la cabeza.

El canoso cogió sus tetas palpándolas como si las valorara, amasándolas lentamente y comparando la una con la otra. De pronto, pellizcó los pezones y estos se pusieron duros como rocas.

  • Así me gustan, que estén bien tiesos para que se marquen en la ropa.

Martina suspiró avergonzada.

  • Déjame. – dijo acercándose el moreno –

Se puso detrás, la rodeó con los brazos y cogió las dos tetas subiéndolas y bajándolas.

  • Que buenas tetas tienes, muchacha. – susurró en el oído de Martina – Te vamos a hacer famosa.
  • ¿Siii? – preguntó ilusionada la pobre –
  • Si, no lo dudes. – añadió magreando desvergonzadamente sus tetas – Vas a ser portada de las mejores revistas de moda.

Martina cerró los ojos, ya se lo había dicho su jefe, llegar a la cima exige sacrificio y un duro trabajo. Vio que él de atrás amasaba sus pechos y el de delante pellizcaba sus pezones, compitiendo ambos por tocarle las tetas descaradamente.

A pesar de encontrarse nerviosa y avergonzada, los pellizcos que la daban la estaban excitando lo justo para que mojara la braguita blanca de su madre.

  • Aahhhh. – suspiró intentando que no la oyeran –

Estaba sintiendo placer y quería resistirse, que aquellos hombres no viesen que estaba gozando, tenía que ser profesional y comportarse como una modelo. Pero notó una mano bajo la falda acariciando su culo y se vino abajo.

  • Joder. – dijo el moreno – El culo está de puta madre. Con un tanguita pequeño… ¡Joder! Con un tanguita pequeño podría hacer pases especiales.
  • ¿Siii? – preguntó emocionada Martina –
  • Claro. – respondió el canoso – Pero tienes que quitarte la falda para que te veamos.

Martina desabrochó la falda y la empujó hacia abajo, dejándola resbalar por sus piernas sensualmente, se quedó tan solo con la braguita blanca, la que le había regalado su madre. Pero estaba tan avergonzada que se tapaba púdicamente.

  • Vaya. – dijo el moreno al verla -Esta braguita…………..
  • ¿Qué? – preguntó preocupada Martina –
  • Pues que no te hace…. No sé, no te queda bien. – respondió el moreno nuevamente – Quizás deberíamos dejarlo.
  • Si, si, es cierto. – contestó Pascal – Pero si la vieseis sin ella, quizá pensarías otra cosa. Esta modelo lo vale.

Martina oyó a su jefe y a puntito estuvo de abrazarle, la defendía delante de los modistos y se veía que quería promocionarla, la había avisado que tenía que sacrificarse y tenía que hacerlo, aunque solo fuera por su jefe.

  • No sé yo. – añadió el canoso – Esa braguita es poco sensual y no podemos apreciar si de verdad lo vales.
  • ¡NO! – chilló la pobre – Si quieren me la quito y así pueden apreciar mejor si valgo, ya verán que bonito culo tengo, todo el mundo me lo dice.
  • Bufff. No sé. – volvió a repetir el moreno casi con desprecio – Anda, venga, quítatela y así te vemos.

Martina cogió la braguita por los lados y la bajó lentamente, deslizándola por sus piernas y levantando los pies para sacarla y dejarla sobre la mesa.

  • Fiuuuu. – silbó el canoso – Vaya cosita tienes.

Martina observó que el viejo miraba directamente a su sexo y giró la cara nerviosa, intentado no verle, estaba desnuda frente a ellos y era la primera vez en su vida que se mostraba de esa forma ante un hombre.

  • Bueno. – dijo Pascal – Ya veis lo que os ofrezco, es guapa, tiene carita de niña y lo tiene todo en su sitio, el coño, el culo y las tetas.

Mientras decía esto, metía la mano entre las piernas de Martina, acariciando su sexo por fuera.

Martina intentó apretarlas para evitarlo. ¿Qué pensarían los modistos si se dejaba meter mano por su jefe? Era poco profesional y no podía permitirlo.

¡Zas! De repente notó un azotazo en el culo que la hizo ver las estrellas.

  • Aaauuuufff. – protestó levemente –

Pero vio la cara de Pascal y se amedrentó de inmediato, había sido él quien la había dado el azote.

  • Martina. ¡Joder! – susurró con muy mala leche – Haz lo que te diga y no protestes.
  • Vale. – respondió ella agachando la cabeza –

Pascal volvió a acariciar su sexo levemente, pasando los dedos por la vulva pero sin llegar a meterlos dentro.

  • Veis. – dijo prepotente – Es una modelo accesible, inteligente, dispuesta a sacrificarse, hará todo lo que pidáis para ser famosa.

El moreno cogió su mejilla y la miró directamente a los ojos.

  • ¿De verdad estás dispuesta? – preguntó con una cara que a Martina le dio mala espina pero sabiendo que tenía que aceptar lo que pidiese –
  • Si. – respondió la pobre mirando al suelo –
  • ¿A todo? – insistió el moreno con sonrisa pícara y maliciosa –
  • SI. – volvió a contestar Martina con firmeza –
  • ¡Veis! – exclamó Pascal contento – Ya os lo había dicho, es la modelo perfecta.

Martina oyó esa frase y le dio un sobresalto, su jefe la defendía de nuevo para que la contrastasen de modelo, si ella ponía un poco de su parte, por fin iba a lograr su sueño.

  • Joder. Entonces vale la pena. – respondió el canoso muy serio –

El moreno se puso detrás y apretó sus nalgas con fuerza, metiendo la mano en la raja y bajándola hasta su agujero. Presionó con el dedo y vio que Martina apretaba el esfínter impidiendo que lo metiera.

  • ¡Yo la llevo a París! – exclamó el viejo canoso –
  • Conmigo se viene a Londres. – añadió el hombre moreno –

Martina se puso nerviosa, la ofrecían lo que tanto había deseado, su corazón latía muy fuerte y su pecho subía y bajaba. Pascal se aproximó y la dijo lo que imaginaba y tanto temía.

  • Ya sabes lo que te toca, si quieres llegar a la cima….
  • Tengo…cof,cof. – respondió tosiendo nerviosa – Tengo que sacrificarme.
  • Esta es mi chica. – contestó su jefe dándola un azotazo bien fuerte –

Pascal miró a los hombres y les hizo una señal muy clara, podían comenzar a probarla.

El canoso cogió las tetas y las estrujó con todas sus ganas, magreándolas como un animal y retorciendo los pezones.

Martina sintió dolor pero aguantó como pudo, el hombre que la tocaba iba a llevarla a Paris y haría todo lo que pidiese.

El moreno se puso detrás y apretó con saña sus nalgas, clavando dedos y uñas en su prominente y turgente carne.

  • Este culito va a ser mío. ¿Verdad? – susurró obscenamente en su oído.
  • Si. – respondió ella evitando mirarle –
  • Si. ¿Qué? – insistió él de forma lasciva –
  • Va…va a ser suyo. – respondió avergonzada Martina –

El hombre bajó la mano metiéndola entre sus piernas, acariciando la vulva por fuera primero y metiendo después los dedos en el coño de la muchacha. Besó su cuello, mordió su oreja y los subió y empujó con uno el agujerito del culo que antes apretaba con vergüenza.

  • Aaayyyy. – gimió Martina al notar el dedo traidor explorando el interior de su recto –

El hombre sonrió al oírla y lo metió más adentro, hasta que los nudillos hicieron tope.

  • Aaayyyy. – volvió a gemir la pobre –
  • Shhhh. – susurró el moreno – Este culito tiene dueño.

Pegaba la boca a su oído y la penetraba con fuerza metiéndolo y sacándolo.

  • Dime. – insistió casi riéndose – ¿Quién es el dueño de este agujerito tan estrecho?

Martina quería llorar pero sabía que no podía, estaba su futuro en juego y su jefe delante mirándola.

  • Us..usted. – respondió tímidamente –
  • Así me gusta. – contestó el moreno satisfecho – ¿Sabes quién te va a follar este culito más pronto que tarde?
  • Si. – contestó Martina nerviosa y apretando los puños con fuerza –
  • ¿Sí? – añadió mirando victorioso a Pascal y al hombre canoso – Dime quién. Venga, dime quién para que yo te oiga.
  • Usted. – respondió la chica de nuevo – Usted va a follarme el culo cuando quiera.
  • ¡¡Bieeennn!! – respondió el moreno dándola un fortísimo azote – Esta chica me gusta, va a recorrer el mundo conmigo y a desafilar en todas las pasarelas.
  • ¿Siii? – preguntó ella sobresaltada –
  • Claro. – respondió el moreno complaciente – Pero eso después de que te folle.

(próximo capítulo: “04.- Ya verás qué bien lo pasamos”)

La Azafata y su hermano pequeño

No digas a nadie lo que has hecho