Mi cuñada y mi hermano son swingers y me enteré una tarde que les presté mi laptop, ya que su PC se dañó y estaban en busca de una camioneta para su negocio, que es una cafetería. Bueno, pues cuando la desocuparon me la trajeron de vuelta; ya era tarde, casi las 11 de la noche. La verdad, me ganó la curiosidad de ver qué tipo de camioneta querían comprar, así que abrí el historial a ver si por suerte no lo habían eliminado… y efectivamente no lo hicieron.

Revisé y estuve viendo por algún tiempo puros autos y, de repente, grande fue mi sorpresa al ver que habían subido un relato a una página de relatos de sexo que ya no existe. No sé explicar la sensación que sentí en ese momento al leer lo que mi hermano contaba y cómo compartía a su esposa. Bueno, esa noche comencé a pensar cómo comprobar si era cierto lo que contaban o solo era una fantasía.

A todo esto, les cuento: yo estoy soltero, vivo en casa de mi mamá y ellos también, pero en el segundo piso. Su familia se compone de mi cuñada Araceli (pero le decimos “Cheli”), mi hermano “Beto” y sus dos hijos, de los cuales no hablaré…

Todo esto ocurrió en vacaciones y mis sobrinos se habían ido de visita con sus abuelos (padres de Cheli) a Puerto Vallarta, ya que ellos viven allá. Aparte, tengo dos hermanas que viven con sus maridos y mi mamá se iba a ir toda la semana con una de ellas. Mi hermano Beto se iba temprano a abrir la cafetería y Cheli, mi cuñada, se iba ya más tarde. Pues nos quedamos solos ella y yo.

Hasta ese día con ella siempre nos hablamos con respeto, nunca la escuché decir groserías y era muy reservada. Aproveché que estaba lavando y le dije que si por favor me prestaba sus llaves porque había extraviado las mías y tenía que salir a un encargo. Me dijo que sí, pero que no me fuera a tardar mucho porque solo se bañaba y se iba al trabajo. Le dije que sin problema, no me tardaba.

Salí directo a la cerrajería y pedí duplicado de todas sus llaves. Cuando regresé sentía una mezcla de emoción, nervios y culpa, pero estaba decidido a enterarme. Así que cuando regresé, ella ya había salido del baño. Le entregué sus llaves y me vio sudando, con la boca seca y algo nervioso. Me preguntó si había venido corriendo. Le dije que sí. Se sonrió, entró a su recámara, se alistó, bajó, sacó su coche y se fue. Me recomendó la casa, que cualquier cosa les avisara y se marchó.

Esperé un tiempo que consideré que ya no regresaría por algo que olvidó y, temblando, subí, abrí su puerta y comencé a buscar pruebas. Lo primero: revisé su librero y ahí encontré a simple vista un libro que se titulaba “Swingers”. Hasta ese día jamás había escuchado esa palabra ni su significado. Lo medio leí y hablaba del intercambio de parejas, pero eso no probaba nada.

Ahí mismo encontré unas fotos de ellos con otras parejas y a una pareja la reconocí: eran vecinos de la cafetería, pero eran fotos normales. Me armé de valor y decidí entrar a su recámara. Lo primero fue buscar abajo de la cama, pero solo encontré unos DVD XXX, pero nada más. Revisé abajo del colchón y nada, cajoneras, closets, zapateras… y nada. Me desilusioné y comencé a arrepentirme por malpensado. Ya iba yo de salida cuando se me ocurrió revisar por último detrás de un cuadro de su boda y… gran sorpresa: ahí estaba el tesoro. Seis memorias SD y un casete de 8 mm de la cámara de video.

Los tomé, bajé muy rápido, pero cerré primero y dejando todo como estaba. Lo primero fue tomar la cámara de video, introducir el cassette y ahí aparecía mi cuñada en tanga y brasier (o bikini) junto a las parejas que vi en las fotos. Todas las mujeres igual, en bikini, mientras bailaban. Mi cuñada ya algo borracha, empinada, mientras su vecino de la cafetería le restregaba el pene en sus lindas nalgas a “Cheli”…

Por cierto, que no les he contado, pero mi cuñada es una rubia de ojos verdes con unas nalgas y unas tetas muy grandes. Cuando se casó, Cheli tenía 21 años y mi hermano 29. Cuando descubrí que eran swingers, ella ya tenía 27.

Fue muy excitante ver cómo le restregaban el pene y ella lo disfrutaba, pero solo salió en ese casete: tomaron, bailaron y nadaron y se acabó la grabación. Pero yo ya le había perdido el respeto; ahora ya la veía con morbo.

Tomé una memoria SD, la introduje a mi laptop y fue ahí donde se me doblaron las piernas: mi cuñada montada en su vecino de la cafetería mientras otro sujeto la penetraba por atrás. Ver cómo “Cheli” se transformaba en otro ser… tan recatada y escucharla gemir tan duro y decir frases que me pusieron muy caliente. Decía: “Ahhh, me encanta la verga”, “Revientame el culo”, “Soy su puta”, “Qué rico me están cogiendo, amor”. Y ahí vi que el camarógrafo era el cornudo de mi hermano Beto.

Tuve que hacerme una paja porque ya estaba tan caliente. Ese día me vacié como nunca. Ya que me bajé lo caliente, procedí a copiar todas las memorias a mi laptop y subir a la recámara de mi cuñada para dejar exactamente igual las memorias y el casete.

Bajé y me puse a pensar qué hago con esta información. Lo primero: pasar todo lo copiado a un disco duro externo y no tener nada en la laptop (ya que de vez en cuando me la piden prestada), borrar historial, archivos temporales y la papelera de reciclaje.

Pues pasaron 2 días y yo no paraba de ver los videos. Cuando mi cuñada bajaba a la cocina o a lavar ropa, yo la morboseaba, pero sin atreverme a decir nada…

Ese día los astros jugaron a mi favor: mi hermano se fue a Tijuana a comprar la camioneta y se fue con algunos de sus amigos que igualmente comprarían otro vehículo. Ese mismo día mi cuñada no trabajaba (era miércoles y ese día no abrían la cafetería).

Ese día me levanté muy temprano y tenía un dilema: cómo confrontarla. Así que comencé a tomar unas cervezas y no se me ocurría nada. Como ya me sentía mareado, me puse a preparar el almuerzo y ella bajó a lavar su ropa, entró a la cocina a dar los buenos días y me preguntó qué había hecho de almorzar. Le pregunté si quería almorzar y me respondió que sí.

Ella notó que estaba tomando y me preguntó a qué se debía. Le respondí que se me habían antojado por el calor que hacía y me dijo que sí, que efectivamente hacía tanto calor que la ropa se pegaba al cuerpo. Así que me atreví y le pregunté si quería un vaso de cerveza. Para mi sorpresa me dijo que sí.

Yo mañosamente le serví en un vaso grande y, en lo que lavaba su ropa, nos sentamos en la sala de mi mamá y comenzamos a platicar. Me sorprendió cómo, a medida que tomaba, se volvía más desinhibida. Me preguntó que cuándo formaría yo una familia, pues ya tenía yo en ese tiempo igual que ella 27 años, y me dijo: “Yo hasta ya tengo dos hijos y tú sigues soltero”. Solo me reí y dije que no había encontrado mi media naranja.

Y así de la nada le dije: “Oye, te quería decir algo, pero no sé cómo lo vayas a tomar”. Me respondió: “Tú dime…”. Le dije: “Ten mucho cuidado cuando utilices la cámara de video, porque el otro día uno de los niños me pidió que le pusiera la cámara a la televisión para ver su fiesta de cumpleaños y me apareció un video tuyo…”.

Tenía la cara roja y, como es rubia, se le notaba mucho. Me dijo: “¿Un video mío? ¿Porno?”. Le dije sí. Y tal vez por lo que había tomado, me dijo: “¿Con quién?”. Y me decidí y le dije: “Tuyo con tu vecino de la cafetería y otro muchacho que no conozco…”.

Su respuesta fue: “Pues ya lo sabes”, como resignada. Y me dijo: “Es que siempre le digo a Beto que no deje nada, pero no hace caso”. Y me preguntó: “¿Qué sigue? ¿Me vas a acusar con tu mamá? ¿O le vas a decir a mis padres? ¿Me vas a dejar como una puta?”.

La tranquilicé y le dije: “No, la verdad que se me hace bien que vivas tu sexualidad al máximo”. Y me dijo: “Gracias. Solo te pido: no hay que decirle a tu hermano porque le daría mucha vergüenza. Este secreto se queda entre tú y yo”.

“Muy bien”, le respondí, “pero aprovechando… me gustaría que me dieras una oportunidad de disfrutar de tu cuerpo”. Y mientras le decía eso, la tomé de la cintura (no había mencionado que ella tenía solo su bata de baño). No le di tiempo de reaccionar: comencé a meter mano, chupar sus pezones, agarrar nalgas y vagina… hasta que ella me dijo: “Mira, déjame pensarlo y después te aviso”.

Se subió a su departamento y yo me quedé así como pensando que perdí la oportunidad, pero sí noté que ella se puso medio cachonda. Me la jugué. Recordé que tenía copia de sus llaves, subí y abrí tratando de no hacer ruido. Entré y cerré sin hacer nada de ruido. Me dirigí hasta su recámara, giré la perilla igual despacito y, al abrir, ella estaba completamente desnuda mientras se masturbaba con un consolador.

Al verme entrar me preguntó: “¿Cómo entraste?”. Le dije: “Dejaste abierto”. Solo se tapó con la cobija y yo me quité el pantalón y los calzones, me acerqué a ella y le dije: “Sé que estás igual de cachonda que yo”. Me dijo: “Está bien, pero hay que prometer que nadie se va a enterar: ni Beto ni nadie. No puedes decirle a tus amigos o presumir”.

Acepté y procedí a abrir sus piernas, le metí el pene y comencé a cogérmela. No sé si por la emoción me vine muy rápido: duré solo unos 5 minutos y terminé. Ella me dijo: “Cálmate, recupérate”. Y a la media hora volvimos a empezar y esta vez sí duré más. Fue la mejor cogida de mi vida, pues ella me dijo: “Quédate quieto” mientras se ponía en cuatro y me dejaba entrar por su delicioso culo. Lo disfruté mucho, estaba tan apretadita.

Acabamos después de una ronda de besos y abrazos. Bajé, me bañé y a la noche me dijo: “Oye, ¿qué crees? Me habló tu hermano y le dije que saldría hoy con un amigo a tomar la copa, pero me dijo que no porque era muy noche y alguien podía reconocerme”. Me dice: “Quería pedirte un favor muy grande: quería saber si me podrías acompañar al sitio donde voy, me dejas y te regresas para no llevar el coche, porque voy a tomar y me regreso en taxi”.

Pues era el primer favor que me pedía. Le dije que sí, pero que tuviera mucha discreción porque no iba muy lejos y era en nuestra colonia y alguien podría verla. Me dijo: “No te preocupes, yo me sé cuidar”.

Subió y tardó cosa de 10 minutos y bajó con los ojos llorosos y me dijo: “Ya no voy a salir. Tu hermano no quiso y me dijo que me va a llamar cada rato para ver que sigo aquí y no me fui”. Y sí, a los 20 minutos marcó Beto al teléfono de casa. Respondí y me dijo: “Oye, puedes ver si ‘Cheli’ está durmiendo porque no me responde. Tócale y dile que le llamo en un rato”.

“Cheli” estaba enfrente de mí. Colgué y me dijo: “Ella la verdad tenía muchas ganas de salir, pues ni modo…”. Pero sí la noté triste. Subió y se puso a escuchar música. Ya eran casi las 12 y bajó y me dice: “Oye, ¿y si viene un amigo aquí a la casa? Va a traer bebidas, hielos y convivir un rato”.

No me pude negar, ya que horas antes hizo realidad mi sueño. Le dije: “Solo que Beto te va a marcar”. Me dijo: “Sí, estaré al pendiente”.

Y sí, efectivamente, a los pocos minutos escuché que tocaron el timbre, pero no salí para que no se chivara el amigo. La curiosidad me volvió a ganar: subí, abrí la puerta (pero no abrí la recámara), solo escuchaba sus gemidos y decía: “Mi amor, tienes una vergota enorme”, “¿Te gusta como monto la verga?” y más cosas.

Ya Beto, mi hermano, solo llamó una vez y me preguntó que si ya estaba dormida “Cheli”. Le dije: “No sé… se oye música arriba”.

El joven que vino de visita salió de la casa a las 6 de la mañana. Solo puedo imaginar todo lo que hicieron toda la noche. Obviamente, cuando salió, me asomé por mi ventana, le vi la cara y tiempo después me enteré que era un trabajador de mi hermano. No era guapo, no era rico, no tenía ni coche… pero como me dijo mi cuñada: “Pero tiene una vergota riquísima”.

Cuando se despidió todavía se besaron y manosearon. A mi cuñada todavía pasó a verme y me dio las gracias y me dijo: “De hoy en adelante pídeme lo que quieras”. Se veía tan hermosa la condenada: traía una minifalda de colegiala, unas botas rojas y una blusa que solo le cubría parte de las tetas.

Como toda la noche me pasé esperando, le pedí que si me podía dar una mamada. Me dijo que sí. Acabé, me vine bien rico y ella se subió a descansar.

Y ahí nos hicimos cómplices y fue el comienzo de muchas aventuras que iré contando.

Lo que más siento es de la página de relatos donde tenía ya publicados cuatro relatos: se perdieron, pero algunos lectores tuvieron la suerte de conocer a mi super cuñada y ver lo puta que es y buena onda.

Si tiene alguien alguna duda, pueden dejarme su comentario. Gracias y hasta pronto.