Capítulo 5
- Frotando nuestros penes
- Julian
- Julián me penetra por primera vez
- Trio con dos mujeres trans
- Veo como mi prima y su novia hacen una buena tijera
- Me follo a un tipo cosplayer
Mi prima estaba totalmente desnuda en posición cuadrúpeda, mientras la otra chica jugaba con sus labios vaginales.
Se veían carnosos y húmedos mientras la chica metía levemente dos dedos en su entrada y movía de forma circular.
—Ummm, ummm, mételos completos.
La chica obedeció y empujó dos y luego tres dedos, mientras daban pequeños y tiernos besos en sus nalgas.
Mi prima miró hacia atrás con una mirada que reflejaba su excitación, lascivia y entrega.
Sus ojos se enfocaron y dijo: —David, ya te vi.
La otra chica se tapó con una almohada.
Para mi sorpresa, me invitó a pasar y comenzó a besar a la otra chica, que se veía confundida.
Mi prima me miró con una sonrisa y me preguntó: —¿Te gusta lo que ves?
Sorprendió a su amante con un beso y empezaron a realizar una tijereta; sus piernas juntas, sus vaginas se frotaban de arriba abajo. Casi parecía una danza.
Ambas empezaron a gemir, casi que gritando. Era obvio que lo hacían para mí.
La tijereta se observaba con fuertes y apasionados roces. La chica se detuvo y puso su vagina en la cara de mi prima, quien empezó a besarla y darle lengua. Sus rodillas estaban más allá del cuello y sus brazos sostenidos hacia atrás.
Mi prima subió sus pies, quedando en forma de rosca —como si una llave de lucha se tratara— y siguió lamiendo.
La vagina de la chica se veía pequeña, pero su clítoris era largo, rosado y tenía lo que parecía un prepucio recubriéndolo.
La chica tuvo lo que pareció un leve pero intenso orgasmo y se tiró al lado de la cama.
Mi prima se puso enfrente de mí, como ofreciéndome su vagina, y comenzó a masturbarse. Jugueteaba con sus labios negros y húmedos, metía sus dedos para luego introducirlos en su boca, hasta que tuvo su orgasmo.
Ambas se levantaron y se fueron a bañar. Me dijeron que podía esperar en la sala.
Ambas lo notaron: mi erección brillaba por su ausencia. No recuerdo la última vez que sentí algo mirando a una mujer.
Después de conocer a Julián, me son totalmente indiferentes.
Mi prima me presentó a su amiga Casandra. Se conocieron en el trabajo; ambas son vendedoras de SIM cards en la calle.
Mi prima conoce mi historia y me apoya para salir del clóset. Ella vivió algo como yo: estaba en la iglesia y descubrió que era lesbiana. Ayunó, rezó, pero no se le quitó y decidió aceptarse.
Mis tías y mi madre se pusieron muy tristes al darse cuenta. Yo no quería decepcionar a mi madre y me daba miedo pensar qué pasaría si mi padre se entera. Además, debería abandonar la iglesia.
Por eso prefiero mantener esta doble vida. Solo si Julián se decidiera, me la jugaría por él, pero sé que él no me ama y ahora no quiere hablar conmigo.
Mi prima engañó a Casandra haciéndole creer que era hetero. Un día, estando solas, le tocó el tema de la homosexualidad. Casandra estaba segura de que ella era muy mujer y que eso era para enfermas.
Mi prima le instaló la duda de qué se sentiría un beso entre mujeres. Varias conversaciones después, se dieron un beso curioso; luego hicieron el amor y ahora son pareja. Sus hijos: dos peluches redondos.
—Huesos no fecundados —les digo yo en broma.
Le conté a mi prima la historia de Julián y ella pensó que debía experimentar más cosas. Me dio la dirección de unas cabinas telefónicas donde sería fácil ligar. Decidí ir.
Al ingresar, me dijeron: piso 1, piso 2 o piso 3. Si decía el 1, me tocaría con mujeres que prestaban servicios sexuales; en el 2, trans, gays, etc.; y en el 3, sexo gratuito, claro, si podía ligar.
Elegí el 3; no quería pagar por sexo.
Me dirigieron a un pasillo donde miré varias cabinas. Había una cantidad de hombres chupándole la polla a otros hombres, mujeres trans y vergas de todo tipo y tamaño.
Era excitante poder ver toda esa lujuria, esa pasión en el aire.
Me quedé un rato mirando cómo un negro grande y musculoso penetraba a un señor más pequeño, mientras este le chupaba la vagina a una señora de mediana edad.
Ellos sabían que los estaba mirando y disfrutaban mientras lo hacía. Otro grupo de personas se acercó a mirar y comenzaron a masturbarse.
Me dio un poco de pena y excitación. Decidí continuar.
Me senté en mi cabina y hablé con varios hombres, hasta que conocí a Brayan. Era un muchacho delgado, con barba, muy masculino y dulce.
Decidimos compartir cabina. Hablamos un rato; teníamos mucho en común. También era creyente; su papá era pastor y cantaba en la iglesia.
Empezamos a besarnos y luego me dio un abrazo firme, como si no quisiera despegarse.
Me sentía como una muñequita; era demasiada testosterona.
Metí mis manos en su pantalón; su pene era grueso y muy largo. Empecé a frotarlo. Era muy apetitoso. Esta vez sí logré la erección.
«Sí, así me gustan: bien hombres», pensé.
Empecé a chupar su pene, pero no me entraba todo. Él también frotaba el mío con sus manos.
Me preguntó si me dejaba penetrar. Lo dudé un momento; dije que no porque me dolía. Mentí: solo me penetraron una vez en mi vida y fue Julián.
No estoy listo para que lo haga otro, pero no le daría tantas explicaciones.
Continuamos con la masturbación mutua y besándonos hasta que eyaculé y él también. Nos limpiamos.
Salimos de la cabina; él me tomó de la mano y me llevó a una habitación de cinema. Puso una película de porno; la miramos un rato mientras recuperamos nuestras energías.
Luego comenzamos a desnudarnos. Sus besos eran increíbles, sus manos ásperas y su cuerpo duro como una roca.
Pronto otras manos empezaron a acariciar nuestros cuerpos. Era el hombre negro que miré en la cabina. Brayan había dejado la puerta abierta.
Nos dimos un beso triple, jugamos con nuestros penes, juntándolos como si fueran tres espadas.
El negro me chupaba la verga mientras Brayan le penetraba el culo.
Eran dos sementales: hermosos, fuertes.
Luego el negro quiso cambiar de posición y, para mí, ver cómo chupaba la enorme verga de Brayan mientras lo penetraba fue demasiado. No aguanté y eyaculé.
Brayan se vino en su boca.
El hermoso semental de ébano se vio un poco incómodo; esperaba más. Así que, para compensarlo, yo le metí los dedos en el culo y Brayan le chupaba la pija hasta que eyaculó.
El negro terminó y, sin decir nada, se fue, dejándonos solos.
Brayan pagó la habitación de cinema y también me dio su número. Me dijo que, si quería, podríamos vernos otro día en su casa.
Le dije que sí. Nuestros caminos se separaron de momento, pero pronto nos volveríamos a encontrar.