Capítulo 3

Capítulos de la serie:

Dani vio entrar a su tía y no pudo disimularlo, se quedó con la boca abierta y ojos como platos, tenía ante sí lo que nunca hubiese esperado, su tía, la fea, vestida exclusivamente con el biquini que él había elegido en la tienda.

Mostraba generosamente los pechos y la braguita marcaba una vulva bastante pronunciada.

Marina se puso nerviosa, su sobrino la miraba de arriba abajo pero no decía nada, se sintió desnuda, avergonzada, veía como sus ojos recorrían su cuerpo y tuvo la necesidad de taparse.

Cuando iba a volver a su cuarto, oyó que Dani decía.

  • Joder, tía. Estás espectacular.

Suspiró y se relajó de inmediato, y sin ser consciente de que lo hacía, giró sobre sí misma para que su sobrino la admirara.

  • ¿De verdad estoy guapa? ¿No enseño demasiado? – preguntó sonrojándose un poco –
  • ¿Guapa? – preguntó Dani sorprendido – Tía, estás hecha un cañón.
  • Jijiji. – río ella adulada – No será para tanto.
  • Jo. Estoy deseando que vayamos a la playa, ya verás como te miran los tíos.

Marina se dio cuenta entonces que tendría que ponerse el biquini para ir a la playa, no se había dado cuenta antes y sintió mucha vergüenza, una cosa era ponérselo en casa para que lo viera Dani y otra ir a un sitio público donde la viera todo el mundo, no se creía capaz de ir a tomar el sol ni de meterse en el agua con tan poca ropa.

  • No sé. – respondió tímidamente – No creo que sea mi talla, quizás debería cambiarlo por otro más grande.
  • ¡¡Nooo!! – chilló su sobrino – Con éste estás de puta madre.
  • Jajaja. – se rio Marina abiertamente por la expresividad de Dani –
  • Vaya, lo siento. – se excusó éste al darse cuenta que había metido la pata –

Marina miró a su sobrino y vio que se había puesto rojo como un tomate, la hubiese gustado abrazarle y decirle que no pasaba nada por su comentario, que era normal en un muchacho tan joven, pero la dio vergüenza hacerlo y dijo que iba a cambiarse.

  • Te lo vas a quedar. ¿Verdad? – preguntó su sobrino intrigado –

Marina no sabía qué hacer, era muy atrevido para ella, pero al ver la carita de Dani no pudo negarse.

  • Siii, venga, me lo quedo, pero primero tengo que lavarlo.

Su sobrino se lanzó dándola un fuerte abrazo.

Marina sintió que sus pezones se ponían erectos, que su vello de erizaba, no entendía el motivo, era un abrazo inocente, una muestra de cariño, pero al sentir las manos de Dani acariciando su espalda, sintió una excitación impropia de ella, nunca había tenido reacciones de ese tipo a lo largo de su vida.

Dani no podía apartar la vista de su tía, tenía un cuerpo divino, buenas tetas, buen culo, pero sobre todo había algo que llamaba especialmente su atención, sus pies, los miraba y no podía apartar la vista de ellos, su tía iba descalza y se veían sus deditos alineados, en una escalera bien marcada desde el grande hasta el más pequeño, notó que su miembro se ponía duro de nuevo y aparecía un bulto enorme bajo el bañador que aún llevaba puesto.

Cuando su tía le dijo que iba a quedarse con el bañador, en un acto reflejo la estrechó entre sus brazos dándola un fuerte abrazo. Entonces se dio cuenta que su dureza se apretaba contra el pubis de su tía.

¡Dios! La verga dio un tirón hacia arriba sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Quiso disimular y separarse pronto de ella, pero su tía seguía abrazada a él y le rozaba con sus tetas.

Sintió mucho calor y la abrazó con más ganas, deslizando una mano por la espalda de Marina bajándola hacia su trasero, hasta tocar ese pequeño biquini que se encajaba sensualmente entre sus nalgas.

Hubiese querido seguir, bajarlas del todo y apretar sus cachetes con los dedos, acariciarlos abiertamente y sentir la firmeza del culazo de su tía, pero sabía que no debía y paró de repente.

Marina tenía un sofocón enorme, llevaba unos segundos abrazada a su sobrino y notaba que algo duró punteaba su pelvis y se rozaba contra ella. Miró de reojo hacia abajo y vio el bulto en el bañador de su sobrino, tenía su miembro erecto y se lo frotaba sin darse cuenta.

No puede ser. ¿Cómo permito esto? Se preguntó rápidamente. Pero tenía sensaciones contradictorias, de repudia por un lado y de excitación por la otra.

Era algo nuevo para ella y no sabía cómo afrontarlo, cerró los ojos un momento y pensó que solo era un tierno abrazo entre una tía y su sobrino.

A pesar de todo, no perdía detalle, sintió los brazos de Dani deslizándose por su espalda, bajando poco a poco, acariciando su piel desnuda.

Se tensó todo su cuerpo y se le erizó el vello de nuevo, era una sensación relajante y se abandonó sin quererlo, dejó que su sobrino la acariciara, notaba los dedos rozando la braguita del biquini, tocando su culo por arriba, pero no dijo nada, sabía que estaba mal pero su subconsciente deseaba que siguiera.

Notó humedad en su braga y los pezones muy duros. Por Dios, tenía que pararlo, era su sobrino.

Se separó de inmediato, le besó en la mejilla y le dijo que iba a ducharse antes de hacer la comida.

Dani vio que su tía se iba y miró por última vez su culo, era tremendo, de nalguitas redondas y levantadas hacia arriba.

Se dio cuenta del bulto en su bañador, tenía la polla durísima y la había frotado contra su tía.

¡Joder! ¿Qué va a pensar de mí? Fue lo que le vino a la cabeza.

Pero recordó sus pies preciosos y sus pezones erectos y se dijo rápidamente. ¡Que cojones! Ha merecido la pena. Además, le había tocado el culo aunque solo fuera un momento.

Fue a su cuarto y esperó que Marina saliera del baño. Cuando vio que estaba libre, entró él a ducharse.

Abrió el grifo y se metió bajo el agua, necesitaba refrescarse. Pero de repente, una idea asaltó su cabeza, miró en el cesto de la ropa y vio que allí estaba el biquini, el que su tía acababa de probarse, lo cogió y miró el interior de la tela.

Estaba mojado, tenía un líquido viscoso allí donde Marina había tenido su vulva. La olió y notó un olor muy fuerte, era el olor del coñito de su tía.

Vio su polla durísima y se sentó en el retrete, olió la telilla de nuevo, frotó el glande contra la tela y comenzó a masturbarse despacio.

Sacudía su verga apoyando el frenillo sobre esos flujos viscosos que empapaban la braguita del biquini, los que habían salido del coñito de Marina.

Cerró los ojos pensando en ella, en sus piececitos pequeños y en su culito respingón que tan cachondo le ponían.

¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!

Se inclinó hacia atrás apoyando la espalda sobre la cisterna, las piernas abiertas y su miembro erecto apuntando hacia el techo.

Cogió la braga y rodeó el capullo con ella, envolviéndolo por completo.

¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!

Su mano subía y bajaba rítmicamente, rodeando el tallo con una mano y sujetando la braguita con la otra. Notaba el roce de la tela y su capullo se estiraba de golpe, su cuerpo se estremecía y su respiración se aceleraba.

Pensó en los pies de su tía y en cuanto le gustaría tocarlos, masajearlos despacio, meter la verga entre ambos y que su tía le pajease con ellos. Ufffff. Eso sería la bomba, que los deditos de los pies de Marina acariciasen su glande y le masturbasen al mismo tiempo.

Se reclinó aún más sobre el retrete, estirando del todo sus piernas, y miró su verga envuelta en la braga.

El contacto del frenillo sobre la tela le daba un gustito tremendo y siguió sacudiendo su polla, pensando que eran los piececitos de su tía los que le estaban haciendo la paja.

Notó que estaba a punto, que sus huevos iban a disparar la carga de un momento a otro, cogió la telilla interior del biquini y cubrió con ella el agujerito de la uretra.

¡Chof! Salió su leche de pronto impactando contra la tela, en el sitio donde había estado anteriormente la vulva y ahora estaban los juguitos de su tía.

Se incorporó deprisa para ver cómo su semen espeso se mezclaba con los flujos de la braga, sintió un placer inmenso, era como si follara el coñito de Marina.

Se pajeó más deprisa, frotó la braguita contra el capullo y la llenó con su leche blanquita y pegajosa.

  • Aaaahhhhhh. – gimió al terminar de correrse –

Se quedó sentado mirando su obra de arte, en la telilla del biquini se habían mezclado los néctares de ambos, los del coñito de su tía y los que acababan de salir de su verga.

Suspiró muy profundo y supo que tenía que hacer algo, no podía lavar la braguita porque Marina se daría cuenta, así que la metió en el cesto de nuevo pero mucho más al fondo, para que no lo notara. Después salió del baño y fue a su cuarto terriblemente contento, se había masturbado con la braguita y su tía no iba a notarlo.

Marina había oído a su sobrino entrar en el baño pero no se escuchaba el ruido del agua. Se preguntó si habría salido ya, tenía que entrar a recoger el biquini para lavarlo. Abrió la puerta, cogió el cesto y sacó el sujetador y la braguita de dentro.

Al tocarla se le mancharon los dedos, la miró con cuidado y vio que la parte interior tenía una enorme mancha viscosa, la tocó con las yemas y supo que no eran sus flujos, era más grande y mucho más espesa. Lo tuvo claro nada más tocarla, era semen de Dani, ese niño malcriado se había masturbado otra vez utilizando su braga.

No podían seguir así, tenía que pararlo de alguna manera, iba a llamarle para que fuera al salón y decirle que si lo volvía a hacer le echaría de casa.

Pero antes tocó el semen otra vez, pasó un dedito por la tela, recogió parte de él y lo llevó a su nariz para olerlo. Sintió una excitación tremenda, se le pusieron duros los pezones y se humedeció al instante su sexo.

No lo hagas, Marina, no lo hagas, repitió en su cabeza.

Pero llevó el dedo a sus labios y lo tocó con la puntita de la lengua. De repente apretó las piernas y frotó un muslo contra el otro.

  • Ummm. – gimió sin quererlo –

Metió el dedito en la boca y lo chupó con los labios.

No, Marina, no. Se repitió de nuevo.

Pero estaba fuera de control, había perdido la cabeza y se acarició el coñito sobre el vestido, pasando los dedos despacio sobre la fina tela.

Pasó la puntita de la lengua por el interior de la braga, rozando la cremita viscosa que había dejado su sobrino.

  • Ummmm. – gimió de nuevo –

No debería hacerlo, debería abroncar seriamente a Dani, pero sintió pena de él. Quizás otro día, pensó.

Iba a lavar el biquini cuando se le ocurrió una locura.

No, Marina, eso no.

Pero el morbo y la excitación superaban a la cordura, se quitó la braguita que llevaba puesta y se puso la del biquini, metió primero una pierna, luego la otra y cuando la tenía a mitad de los muslos miró la tela manchada.

No, Marina, no. No lo hagas. Intentó convencerse otra vez.

Cogió la braguita por los lados y la subió entre sus piernas tirando poquito a poco hacia arriba hasta ajustarla bien pegadita a su coño.

  • Ummmm. – gimió por la excitación al notar el semen calentito de Dani impregnando sus gajos –

Lo podía notar, era tibio y viscoso, mojaba su vulva por fuera y lo apretó con sus dedos metiéndolo entre los labios.

  • Para Marina, para. – exclamó excitadísima –

Pero no se podía controlar, empujó el dedito otra vez y metió tela y dedo en el agujerito de su vagina.

  • Ummmm. – suspiró de placer –

Ya está, ya está, déjalo ya. Se repitió otra vez.

Pero a veces los deseos superan a la razón, frotó la braguita por fuera, recorriendo su rajita de lado a lado, y se detuvo en el clítoris para frotarlo con más ganas.

Su pecho subía y bajaba, su respiración se entrecortaba y sentía un calor inmenso apropiándose de ella.

  • Ya, ya, ya termino. – exclamó apartando la braga –

Se metió los dedos en el coño y siguió frotando su clítoris hasta que tuvo un orgasmo descomunal que hizo temblar su cuerpo.

  • Aaahhhh. Ya, ya. – gimió por fin al terminar de correrse –

Pensó qué hacer con Dani, le decía algo o pasaba por alto lo que había ocurrido esta tarde, le había rozado su verga como si fuera un perro y se había hecho una paja con la braga del biquini.

Se refrescó la cara y fue a la cocina, no podía seguir así, la visita de su sobrino era su perdición, tenía que hablar con él, dejar las cosas muy claras y evitar que al final cometiera una locura.

Las braguitas de mi tía

La excitación de Marina