Capítulo 2

Estaban cenando y los dos comían callados.

Martina porque estaba avergonzada, su hermano había visto como su jefe la follaba y encima había tocado su culo y su coño, no sabía qué decir y le daba miedo mirarle a la cara.

Antón era más de lo mismo, pensaba en la tontería que había hecho al entrar en esa oficina sin avisar, tenía que haber estado dando vueltas por la feria como le había ordenado su hermana.

Se cagó en su mala suerte por haber entrado en ese cuarto sin su permiso.

No podía olvidar el susto que se había llevado al ver a su hermana apoyada, con ese hombre detrás sujetándola por las caderas y empujándola contra la mesa.

La imagen había sido brutal, igual que las que veía a menudo a escondidas en su habitación. Desde que sus padres le habían comprado el móvil tenía adicción al porno, se encerraba cada noche y se hacía una paja tras otra.

Miró a su hermana de reojo y la recordó con la faldita subida y el tío golpeando sus nalgas, empujándola sin parar y ella gimiendo sobre la mesa.

Vio que tenía una erección y quiso tapársela con el brazo, no quería que su hermana notara que se estaba poniendo cachondo mientras cenaban.

Terminaron de comer y Martina le dijo que se marchaban, que estaba muy cansada y quería meterse en la cama.

Él prefería salir y dar una vuelta, conocer un poco como era la capital, deseaba mucho hacerlo, pero decidió decir que si y no llevar a su hermana la contraria, ya tenía bastante con lo que había pasado un rato antes en la feria.

Llegaron al hotel y su hermana fue directa al baño, quería darse una ducha antes de meterse en la cama.

Antón se puso el pijama, esperó que ella saliera y a continuación entró a cepillarse los dientes.

Cuando salió del baño vio que Martina estaba en la cama, y que al ser tan estrecha, iban a tener que dormir los dos muy pegados.

Hasta ahora lo hubiese visto normal, ya habían compartido cama multitud de veces, siempre jugaban un rato antes de dormirse, se pegaban, se hacían cosquillas y se divertían como niños pequeños. Pero ahora, después de haber visto como aquel hombre se la follaba. Joder, ya no era lo mismo, ahora veía a su hermana de una manera distinta.

Martina estaba tumbada dándole la espalda, levantó la sábana y vio que llevaba un camisón muy corto, uno que dejaba al descubierto sus largas y bonitas piernas, se metió evitando mirarla, le daba vergüenza después de haberla tocado como lo había hecho en la oficina de la feria.

La cama era tan estrecha que cuando se movían un poco se rozaban sin quererlo. Antón notó que su mano rozaba ligeramente la nalguita de su hermana y la polla se le puso muy dura, creció bajo el pantalón corto del pijama con una dureza que él no recordaba haber tenido en su vida.

No quiso mirar, prefería no hacerlo, a ver si su hermana estaba despierta y le pillaba mirándola el culo.

Pero pasado un rato, no conseguía conciliar el sueño y movió los dedos sutilmente, casi sin quererlo, notó que estaba rozando algo cálido y suave, algo aterciopelado, pasó la yema por encima y vio que era la piel de su hermana, el camisón se había recogido hacia arriba y tenía el culito desnudo, tan solo cubierto por un virginal tanguita pequeño.

Sintió un deseo irrefrenable de tocarlo, de hacer lo mismo que en la feria, y recorrió con las yemas de los dedos el contorno del culo, acariciando el glúteo entero hasta llegar a la raja que lo separaba del otro.

Su polla estaba durísima y su excitación era enorme, Martina estaba dormida y él la tocaba como nunca antes había hecho, se habían dado azotazos jugando, también pellizcos, pero ahora no era un juego, era deseo puro y duro.

Metió el dedo en la raja y fue bajándolo de arriba hacia abajo, notando que los cachetes estaban más juntos y lo apretaban cada vez con más fuerza, se aproximaba al ojete, a ese lugar en el que había visto entrar la polla de aquel tío y se puso nervioso, sintió que sudaba y su mano comenzaba a temblarle.

Se asustó y la quitó corriendo, pero no pudo apartar la vista de esas nalgas tan golosas que tenía tan cerca.

Vio que Martina estaba de lado y se giró para acoplarse detrás de ella, pensó hacer una cosa pero se dio cuenta que era una locura.

¡A la mierda! – pensó – Tenía que hacerlo. La imagen del hombre empujándola por detrás, metiéndosela por el culo, no se apartaba de su cabeza.

Sacó la verga del pijama, la pegó al culito de su hermana y la rozó tan solo un poquito, deslizando el frenillo por su piel desnuda. Tembló, tembló sin quererlo y soltó un pequeño suspiro.

  • Uffff.

Se apartó deprisa por si su hermana se despertaba y se daba cuenta de lo que había hecho.

Esperó nervioso, si Martina lo había notado podía darse la vuelta y montarle un número tremendo. Pero vio que pasaban los minutos y no decía nada.

Volvió a arrimar su pene y rozó otra vez la nalguita con el capullo, sintió el calor que emanaba, la suavidad de su piel aterciopelada y se puso nervioso, su polla se estiró de repente golpeando el culito de Martina.

La oyó suspirar y echarse un poquito hacia atrás, pegando más el culo a su verga.

——

Martina se había acostado mientras su hermano estaba en el baño, no se atrevía a mirarle a la cara. ¿Cómo hacerlo después de lo que había sucedido?

Pensó que era mejor no decir nada y esperar que pasara el tiempo, con un poco de suerte, Pascal la llevaría a París y sería famosa, triunfaría en las pasarelas de moda y a la vuelta ya nada importaría, habría valido la pena lo que había hecho esta tarde al entregar el culo a su jefe.

Cerró los ojos y fingió que dormía.

Instantes después se acostó su hermano y poco más tarde notó un leve roce, algo que acariciaba su nalga como si flotase, sin tocarla, sin apretarla, solo acariciándola de forma suave y mimosa. Se estremeció pero no dijo nada, no quería que Antón supiera que estaba despierta.

Los roces eran de su hermano, no tenía duda, pero la excitaban, la gustaban muchísimo, igual que había ocurrido por la tarde en la feria, tenía una sensación de bienestar y goce, las caricias de Antón no eran inocentes, ella lo sabía, pero eran adictivas, la producían un placer inmenso, el mero hecho de sentir los suaves y tiernos deditos la estaban llevando a la gloria, notaba su coñito mojado y sus pezones erectos.

Pero algo sucedió de repente, Antón metió los dedos entre sus glúteos y los bajó lentamente, adentrándose más abajo explorando esa zona prohibida, sintió que apartaba la braga, abría sus nalgas y se acercaba al esfínter.

Ufff. Su coñito palpitó y soltó un montón de juguitos que empaparon su vulva y su braga de golpe.

Lo que hacía su hermanito era demasiado, era muy fuerte, Martina se sofocaba y aguantaba los gemidos, los dedos estaban metiéndose poco a poco y su excitación crecía por momentos.

¡Dios! La gustaba muchísimo que la tocase, su sexo palpitaba, se llenaba de flujos sin quererlo.

De pronto Antón quitó los dedos y Martina se sintió vacía, notaba que le faltaba algo, la hubiese gustado que los metiese más adentro y tocase su estrechísimo agujero, aun podía notar el escozor que le había dejado la polla de Pascal al penetrarla, pero las caricias de su hermano eran relajantes, le hacían olvidar las penetraciones profundas y salvajes a las que la había sometido su jefe.

Esperó sin moverse, deseando que volviera a tocarla aunque solo fuera un poquito las nalgas, pero vio que su hermano se acoplaba a su espalda y algo más duro y más grueso se frotaba contra su culo.

Apretó los labios para apagar un suspiro, el pene de su hermano se apretó contra su piel y se sofocó sin quererlo.

Pascal se la había metido por el culo y había disfrutado con ello, le había gustado tener sexo, pero lo mejor habían sido las caricias de Antón, cuando su hermano había tocado su culo, ufff, eso la había llevado a un estado de excitación que nunca había sentido, el orgasmo había sido brutal y casi casi había perdido el norte.

Ahora Antón la tocaba otra vez, volvía acariciarla con la misma suavidad y ligereza de antes, pero esta vez no con la mano, lo estaba haciendo con su pene erecto.

Suspiró sin darse cuenta pero ahora mucho más fuerte.

  • Aaaahhhh.

Sin poder evitarlo, en un acto reflejo, echó el trasero hacia atrás buscando el roce de la verga de su hermano.

—–

Antón apartó la braguita y apoyó el glande entre los glúteos redonditos de su hermana presionando despacio, deslizándolo poco a poco hasta encajarlo en su apretada raja, notaba el calor, la suavidad, la tersura de la piel desnuda en contacto con su polla erecta.

  • Uffff. – suspiró de placer –

Tenía el pecho pegado a la espalda de su hermana y la pelvis en contacto con sus nalgas. Empezó a mecerse despacio adelante y atrás rítmicamente, empujando para que su frenillo se estimulase, sintió que su cabeza daba vueltas, estaba perdiendo el sentido, respiraba muy rápido y soltaba el aire en el cuello de Martina.

Vio que ella se movía, como si lo hiciera sin darse cuenta, y levantaba ligeramente una pierna.

Antón siguió meciéndose y vio que su pene entraba entre las piernas de Martina golpeando ligeramente su vulva por encima de la braga.

  • Aauuufff. – gimió nervioso y excitado –

Pero Martina no dijo nada y siguió levantando esa pierna que le permitía acceder a su coño. Movió la pollita despacio, deslizándola entre los gajos de su hermana, los sentía calentitos, mulliditos, tremendamente mojados, notaba que su capullo se cubría de un líquido templado y viscoso.

Su hermana se movió un poquito, girándose levemente y abriendo sus cachetes.

Antón pensó en la oficina, en como había tocado el culo y el coñito de Martina, y se le fue la olla, quería tocarlos de nuevo igual que había hecho en la feria, apoyó la mano en su nalga y la deslizó muy despacio recorriendo el contorno del culo de arriba hacia abajo.

Vio como ella suspiraba pero no decía nada, dejaba que la tocase sin poner impedimento alguno, sin quejarse por su osadía.

Resopló y decidió jugársela, metió un dedo entre las nalgas, en la raja del culo, y descendió con el dedito metido hasta acariciar algo rugoso, lo acarició por fuera, presionó muy despacio y vio que Martina daba un suspiro y un pequeño saltito en la cama.

  • Aaaayyyy. – oyó que decía su hermana –

Esperó unos segundos pero no hubo protesta alguna. Eso le animó, o su hermana estaba dormida o lo que hacía le gustaba, volvió a pulsar ese agujerito despacio, recorriendo el borde rugoso primero y presionando hacia dentro después en el centro de la diana.

  • Aaaayyyy. – volvió a gemir Martina separando más las piernas –

Antón sintió mucho calor, se estaba sofocando y los nervios le podían, notaba que la mano le sudaba y le temblaba al mismo tiempo. Bajó los dedos y los llevó más abajo, notó algo pringoso, los flujos de su hermana resbalaban por su sexo mojando la vulva, las piernas y el perineo, los metió un poco más y acarició los pliegues del coño.

Waass. Su pene se estiró golpeando el culo de su hermana.

  • Aaayyy. Siii. – gimió ésta descontrolada –

—–

Había notado la verga de su hermano y sintió un calambrazo, una descarga de placer que había recorrido su cuerpo, desde la cabeza a los pies y con mayor intensidad en el coño. Metió la mano entre sus piernas, cogió la de su hermano y la guió directamente al clítoris, al sitio que desde hace tiempo estaba deseando que tocase.

—–

Antón se llevó un buen susto, su hermana le había pilado, había cogido su mano mientras acariciaba esa zona mojada que aún no había identificado, pero cuando vio que la metía más adentro y la apoyaba sobre su sexo, se sintió más tranquilo, eso quería decir que le dejaba.

Pasó los dedos despacio, como si estuvieran levitando, y acarició ese punto que había visto en los videos y que a las mujeres les gustaba tanto, los movió de arriba abajo y después en circulitos pequeños, como si estuviera moviendo el ratón del PC con el dedo. Vio que al hacerlo de esta forma su hermana gemía y temblaba en la cama, se sacudía inquieta y apretaba su mano para que siguiera tocándola.

Paró un segundo por si le hacía daño y Martina reaccionó de inmediato.

  • Aaayyyy….Sigue, Antón..… sigue….Aaahhh. … sigue.

Volvió a acariciar su sexo y pegó el pubis al culo de su hermana, rozando la verga contra sus redonditas y torneadas nalgas, frotándola entre la raja subiéndola y bajándola sin descanso.

—–

Martina sentía como el glande de su hermano pasaba entre sus labios vaginales por encima de la braga, deslizándose por su rajita de lado a lado. Respiraba muy deprisa, como si la faltara el aire, y se tocaba el pecho al ver cómo su corazón latía de forma acelerada.

No lo podía creer, el simple roce del pene de su hermano hacia que su sexo se encharcara, notaba empapada su braguita, su vulva se humedecía, y sabía a ciencia cierta que estaba mojando la cama con sus flujos vaginales.

Gimió muy fuerte, apartó a un lado la braguita y apretó la mano de su hermano para que tocase su coño sin que nada le molestara.

Antón rozó su clítoris y ella dio un salto en la cama, tomó aire como pudo, creía que se ahogaba, los tiernos deditos de su hermano frotaban su botoncito de forma muy suave y la estaba volviendo loca, ya no era capaz de controlar los gemidos.

Se encontraba en un estado de excitación y desenfreno inexplicable.

Entonces sintió la mano de su hermano en la cadera empujándola para que se girase, intentando ponerla boca abajo, no sabía qué quería, qué pretendía con eso, pero estaba entregada y lo hizo sin dudarlo.

—–

Antón vio que se ponía boca abajo y metió la mano otra vez entre las nalgas para acariciar su culito entero, magreándolas y separándolas para acceder al orificio trasero, ese donde había visto al hombre meter su polla hasta correrse.

Se movió rápidamente y se subió sobre su hermana colocándose encima de ella, con el pubis en sus nalgas y el pene entre sus piernas.

—–

Martina se asustó de repente, su hermano se colocaba en una posición peligrosa, notaba como empujaba con sus rodillas para que abriese las piernas.

Dudó, suspiró, resopló muy agotada, pero pensó en lo que había ocurrido en la feria, su hermanito acariciando su coño y su jefe follando su culo.

¡Dios! Se excitó muchísimo al pensarlo, si lo que creía era cierto su hermano quería follarla, repetir lo que había visto por la tarde cuando estaba inclinada sobre la mesa.

Intentó negarse, pedir a su hermano que se quitase de encima, pero su cuerpo se negó, le pidió a gritos que abriese las piernas.

Madre mía, es una locura. – pensó ante una idea tan escandalosa – Pero cedió a sus más bajos instintos y separó las piernas de inmediato, estaba deseando que su hermano la follase.

—–

Antón empujó con las rodillas, quería hacerse hueco igual que había visto a ese hombre cuando se follaba a su hermana, vio que ella cedía y separó su duras y firmes nalguitas, echó la braguita a un lado y colocó el capullo en contacto con su ano.

Oyó gemir a Martina y agarrarse con fuerza a la sábana.

Presionó despacio, empujando poco a poco con las caderas, y notó como el glande rompía la presión del agujerito rugoso que había tocado antes.

¡Flop! Sonó y sintió una presión enorme. El culito de su hermana apretaba su glande, lo tenía aprisionado con una fuerza inimaginable.

Tiró de ella hacia arriba para que se levantase, que se pusiera en cuatro como había visto en cientos de películas porno, metió la mano entre sus piernas y acarició su coñito con mimo, como si fuera un tierno corderito en sus manos.

  • Aaaahhhhh, aaaahhhhh, aaahhhhh. – oyó gemir sin control a Martina –

—–

La chica mordía la almohada, gemía, empujaba el culo hacia arriba y con una mano apartaba la braga, dándole acceso a su coño para que se lo tocase.

Había notado como su hermano empujaba poquito a poco hasta meter el capullo en su estrechísimo culo, había suspirado de gusto y se había quedado quieto, ahora tocaba su coño y se sentía delicioso.

Mucho más que por la tarde, la polla de su jefe era más larga, más gruesa, había irrumpido en su culo de una forma salvaje, partiéndolo en dos prácticamente, pero ahora su hermano lo hacía más despacio, amorosamente, con cuidado de no hacerla daño.

Empezó a mover el culo y vio como Antón tiraba de ella y la obligaba a ponerse en cuatro, a ofrecerle el culo para que lo follase más cómodo. Se sofocó, era aceptar claramente que colaboraba y se dejaba follar por su hermano, pero la manita de Antón se metió entre sus piernas y ya no hubo vergüenza, se entregó por completo y apartó la braga.

Que su hermanito tocara su coño, la metiera los dedos o frotara su clítoris, era lo mismo, no la importaba nada, le dejaba hacer de todo.

Notó que Antón sujetaba sus caderas y embestía sus nalgas.

  • Aaaayyyy. Antón. – se le escapó de repente –

Había metido el pene entero en su culo, su hermanito pequeño se lo estaba follando.

Sintió como entraba y salía y relajó el esfínter un poco, la sensación era nueva, la estaba disfrutando, no como con Pascal que la follaba a lo bestia, su hermanito lo hacía despacio, acariciándola el clítoris y penetrando su culo con sumo cuidado.

  • Aaaahhhh. Sigue, Antón, sigueeee. – rogó suspirando –
  • Vaya culazo tienes, zorra. – exclamó el chico de pronto –

Martina se tensó de repente, su hermano la insultaba, se sonrojó y quiso darse la vuelta.

  • ¿Eso se dice? – preguntó su hermanito tímidamente –
  • Aaahhhh. ¿Por? – preguntó Martina extrañada –
  • Porque te lo dijo el hombre está tarde.

Martina se rio sin quererlo, su hermano estaba repitiendo lo mismo que había oído a su jefe en la feria.

  • Aahhh…..Puedes….Ahhhh….. puedes…. puedes decirlo. – respondió sonrojándose – Aaaahhh. A mí,…. Aaahhh.. a mí no me importa.

¡Zas! Antón la sacudió un azotazo que resonó con eco en una habitación tan pequeña.

  • Esto no duele. ¿Verdad? – preguntó el chico nervioso –
  • Noooo. Aaaaahhhh. Nooo, dame….. Aaahhh… dame si quieres. – respondió su hermana con una excitación enorme –

Antón empujó contento, estaba follando el culo de su hermana y era mejor que el de las películas, ella lo tenía redondito y muy duro, sin estrías ni tatuajes que lo afearan. Dejó de tocarla el coño y sujetó sus caderas con ambas manos, para ver desde arriba como entraba su verga en el culazo de su hermana.

Vio que su polla salía hasta el reborde del glande y tiró de Martina hacia atrás y empujó hacia delante, hasta chocar violentamente con sus nalgas.

Oyó el ruido del impacto y le hizo una gracia enorme.

¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!

Se reía cada vez que oía ese ruido tan gracioso.

  • Jajaja. Vaya culazo tienes, zorra. – exclamó el chico partido de la risa –
  • Aaayyy, Antón. Aaaayyyy ¡Como me gusta! – exclamó ella gozando como loca –

Entonces se dio cuenta, su hermanito se la metía a pelo, la follaba sin condón ni nada.

Bueno, es por el culo. – pensó tranquilizándose – Pero lo tuvo claro en ese momento, tenía que comprar condones por si…….. ¡No! Por el coño no, ese quería guardarlo para el matrimonio.

Pero las dudas asaltaron su cabeza y decidió que mañana iría a la farmacia, tenía que comprar condones por si acaso.

  • Toma, zorra, toma. – oyó resoplar a su hermano azotando con la mano sus nalgas –

Se acaloró de repente, su hermano la estaba follando y disfrutaba mucho, la gustaba todo lo que hacía, como acariciaba su coño, como se la metía por el culo, incluso cuando azotaba sus nalgas o la llamaba zorra se calentaba muchísimo.

  • Aayyyy. Antón, como me gusta que me folles. – repitió meneándose con la polla encajada en el culo –

Sintió que le llegaba, iba a correrse enseguida, mordió la almohada, agarró la sábana con ambas manos y rogó a su hermanito deprisa.

  • Ahhhh. Métela, Antón….. Aaaahhh…métemela entera en el culo.

Antón fue un chico obediente y empujó con todas sus ganas, su polla no era tan grande como la Pascal, pero se la metió enterita en el culo a su hermana, hasta que oyó como sus huevos chocaban con la vulva de Martina.

  • Vaya culazo tienes, zorra. – exclamó el chico riendo –

Martina se estaba corriendo y su esfínter palpitaba apretando la polla de su hermano.

  • Aaahhhh…que….que bueeeno, Antóooonn – exclamó Martina al correrse – Aaayyy….Notó tú… Ayyyy, notó tu pollita metida….. Uffff… bien metida en mi culo.

Antón notaba la presión del culo sobre su polla y le temblaba el cuerpo entero, respiraba ansiosamente y apretaba las nalgas de su hermana.

  • Jo Marti, jo Marti, jo Marti. – repetía como un loro a cada momento –
  • ¿Vas…..Aaahhhh…..vas….a….Ahhhh.….a correrte? – preguntó su hermanita sofocada –

Antón no respondió, no tuvo tiempo, notó como salía su leche, era como un río que inundaba el culo de Martina de espeso y tibio semen.

  • Ya….yaaaa….. – gimió entre asustado y contento – Lo… lo siento, Martina. – añadió disculpándose por haberse corrido dentro –

Ella notó como su culito se llenaba de semen viscoso y sintió un profundo placer, era la primera vez en su vida que disfrutaba esa sensación tan extraña y excitante a la vez.

  • Ummm. No pasa nada, Antón. – respondió de forma pausada y tranquila – A mí no me importa que lo hagas.

Su hermano suspiró relajado y embistió el culo de nuevo.

  • Es para terminar de correrme. – musitó tímidamente –

Sacó la verga del culo de su hermana y la miró expectante, era la primera que tenía sexo con una mujer.

  • Ve a lavarte. – ordenó Martina mirándole –

Vio que se iba y le llamó de nuevo.

  • Antón, ni una palabra de lo que has hecho.

El chico se fue, pero antes de entrar al baño preguntó con carita inocente.

  • ¿Mañana lo hacemos otra vez?

Martina no respondió, su cuerpo le pedía que si y su mente que no, tenía que pensarlo, aclararse de una vez, pero mañana tocaba feria y tenía que descansar, quizá fuera el día especial, ese en el que iba a conocer al modisto que la iba a contratar.

Su mente voló de repente, Londres, París, Nueva York, si se hacía famosa viajaría con Antón, iría a todas partes con él.

La Azafata y su hermano pequeño

No digas a nadie lo que has visto A tu hermanita se la están follando