Capítulo 3
- Nahuel el amigo de mi hijo
- Nahuel el amigo de mi hijo II
- Nahuel el amigo de mi hijo III: La Prueba
- Nahuel el amigo de mi hijo IV: Deberes o sentimientos
Nahuel el amigo de mi hijo III: La Prueba
Era bastante tarde, casi de noche, y volvía a casa de la oficina, cansada de estar corriendo todo el día.
Fue un día bastante duro en la inmobiliaria.
Habíamos quedado juntarnos para cenar con unas amigas esta noche, pero decidí no ir. La verdad es que estaba agotada. He estado trabajando demasiadas horas al día todo este último tiempo y, para ser sincera, no es una situación que disfrute mucho, pero es lo único que hay.
Entré en la casa y un silencio sepulcral colmaba la casa. Pensé que estaba sola, pero al llegar a la habitación de Javier, oigo voces dentro. Llamé suavemente, pero nadie respondió. Abrí la puerta despacio, y allí estaba, tumbado en su sofá de espaldas a mí en medio de la penumbra, con unas gafas de realidad virtual conectadas a su ordenador.
Pensé
«Otra vez jugando a esa porquería».
Me acerqué sigilosamente, y la visión me detuvo el corazón.
Lo vi en remera y desnudo de cintura para abajo, con su «enorme» miembro en la mano, acariciándose y gritando improperios diversos.
Automáticamente pensé
– “cuando le creció a mi pequeño su miembro de esa forma? hay algo de su crecimiento que me he perdido”.
No podía dejar de mirarlo, y confieso que había algo extraño en mis pensamientos y mi actitud. Parecido a un deseo, reprimido, pero deseo, al fin y al cabo.
Me sorprendí porque no lo estaba mirando como a un hijo, sino como a un extraño.
Me quedé allí unos segundos, tildada, contemplando semejante espectáculo, luego cerré la puerta lentamente y me fui.
Pasaron unos días, y la rutina siempre te lleva a esa zona gris de la vida, aburrida.
Sola en casa después del trabajo, me recosté en el sofá, recordando mi vida. Antes y durante mis primeros años de matrimonio, la agitada vida sexual de aquellos años, la llegada y nacimiento de Javier. La vida con Ernesto, mi esposo, a quien no puedo culpar por querer el divorcio ahora, porque en realidad, ambos construimos esta rutina que nos mató sin saber cómo liberarnos de ella.
Y el hecho de que ahora esté empezando una nueva relación con una mujer quince años menor tiene algo que ver con eso.
Pero lo peor es que no me sorprendió ni me entristeció, me dejó indiferente, y eso dice mucho de lo mal que estaban las cosas sin darme cuenta. Probablemente llevamos años así sin percatarnos. En resumen, bienvenido sea, me alegro por él porque es un buen hombre.
¿Y yo? Lo único bueno de estos últimos meses ha sido Nahuel y mi relación con él. Me ha dado amor, mimos, cariño y, por supuesto, lujuria y sexo a destajo.
En eso escucho la puerta, entran, y veo que el dúo dinámico llega a casa.
Javier y Nahuel juntos, y pienso ¡¡¡Se terminó la paz!!! Jajaja.
Ambos me ven y vienen a saludarme al sillón con su acostumbrado cariño, y yo, me tiro encima de ellos y agarro sus cachetes besuqueándolos, los toqueteo riéndome.
-“basta maaaa!!” me dice Javier resoplando cansado
Los abrazo al unísono y mirándolos de muy cerca, les digo
-“Uds. dos no tienen ni puta idea de lo importante que son para mí, es más, aventuro a decir que Uds. son mi vida”
Javier dice al aire, así como al pasar
– “bue…la vieja se puso melancólica jaja!!”
– “Eeeyyyy!! Melancólica, borracha, y loca puede ser, ¡¡¡pero vieja noooo!!!” espeté y se rieron con ganas
Me dieron un sonoro beso en la mejilla y ambos se fueron a la pieza.
Me volvió el recuerdo de la otra noche, en la pieza de Javi.
El aroma raro de su pieza, las groserías propinadas, su sugerente y sensual tono de voz gimiendo cuando sus caricias movían ciertos mecanismos sensoriales en su falo…y ese elemento, desatador del deseo carnal.
Pude verlo desnudo y no sé si me hubiera llamado la atención, pero verlo así, enhiesto y encima manipulándolo apretadamente lento, y tan vivo, tan latiente.
Fue demasiado para mí.
Pensaba también en cómo se sentirá él, que el padre se fuera de casa para armar otro proyecto de vida, en que lo habrá entristecido o afectado. Hasta el momento nunca lo hemos hablado.
Quizás en alguno de mis encuentros con Nahuel, él pueda darme alguna data u opinión sobre Javi con más detalle.
Y de hecho eso hice, una tarde que nos encontramos solos mientras Javier se bañaba, le abordé a preguntas.
Le conté incluso de la situación vivida la otra noche, lo que había visto, y le pregunté si él le había contado algo sobre la ida de su padre y toda esta situación de divorcio nuestro.
-“tranqui má, Javi está bien, tiene absolutamente claro lo que sucedió entre Uds. y me ha dicho que prefiere verlos separados antes que ignorándose como venía pasando.” dijo
Me reconfortó escuchar eso sobre Javier, era un chico maduro y su amigo estaba ahí si precisaba algo.
Respecto a la otra noche me dice riendo
-“epaa, se ve que te gusta andar espiando chicos desnudos jaja”
Sonreí y acoté
-“noo boludo!! Que jamás me hubiera imaginado eso, mirá si me veía? Que le digo?”
-“nada, que le vas a decir? hacéte la estúpida y listo.
O sino directamente hablalo”
El asunto fue que, saber que Javier está bien y procesando la situación de nuestra separación, me tranquilizó.
Tenía que buscar un momento para charlar con él, hay cosas que solo hablando se tratan.
El viernes, finalmente salí a cenar con las chicas, una salida solo de amigas y charlamos como suele suceder, de todo un poco.
Volví no muy tarde, pero serían las 2. oo de la madrugada, estaba lloviendo.
Entro en casa y escucho voces nuevamente en la pieza de Javier, voy a cambiarme la ropa que tengo mojada y a dejar las cosas en el dormitorio para venir a charlar con él.
Me pongo un pijama de verano que tengo que es cómodo, es un short cortito de algodón y una musculosa livianita. Voy decidida a verlo y hablar.
Golpeo suave su puerta y nada, no hay respuesta, abro despacio la puerta y lo encuentro jugando de nuevo con el casco de realidad virtual en medio de la oscuridad.
Miro por sobre su hombro y nuevamente lo veo en estado de erección y con su “animal” en la mano.
Suspiro, me quedo unos segundos observándolo, y cuando mi vientre empezó a sentir un cosquilleo me di la vuelta para irme.
Antes de llegar a la puerta escucho
–“mamá estás ahi?”
Se me congeló la sangre… ¿y ahora?
Giro y lo veo arrodillado en su sillón, sin el casco mirándome en medio de la oscuridad.
-“Si Javi…eee quería hablarte…” balbuceé en voz baja
–“pero puede ser en otro momento…” digo para zafar la situación
Él con toda la tranquilidad del mundo me dice
-“está bien Ma, pasá, sentáte”
Pasé temblando
Se cubrió apenas con una sábana, haciéndome señas que me siente a su lado en el sillón
–“vení! “me dice
Obedecí sumisamente. El aroma que había en la pieza era demoledor, absolutamente distinto al olor a oso que suele haber ahí, este olor era a sexo, a potro joven, a destilado de testosterona regado en el aire que entraba por mis pulmones y me ponía la piel de gallina, estremeciéndome.
Intenté disimularlo, pero intuyo que él igualmente se daba cuenta.
Me siento, y él, automáticamente se acerca, yo sin poder disimular miraba la sábana, esa breve y fina tela separaba lo prohibido del resto del mundo, escondía el deseo único de lo banalmente diario.
Mirándome, como poniéndome a prueba, me dice
-“si? Que me querés preguntar?”
-“quería saber cómo estabas después de nuestra separación y que me cuentes como te sentís? Y si puedo ayudarte en algo?” dije suavemente casi en un susurro
Me dice
-“Estoy bien mami, tranquila, lo de papá y vos ya es un tema superado que se veía venir a lo lejos y me temo que vos eras la única que no se daba cuenta”
“El viejo es una buena persona y vos también lo sos mamá, ambos se merecen ser felices no?”
Respiro y comento
-“que bueno mi amor!! Me alegra escucharte así, sos tan maduro, tan hombre. Siempre me sorprendés, te quiero”
Amago a levantarme para salir, y él me pregunta
-“y qué más querés saber? No era eso solo lo que ibas a preguntarme me parece”
-“Naaa, un pavada que ya ni me acuerdo” digo para salir de la situación que me tenía incómoda
Astuto zorro el pendejo, mirándome fijamente, pone una mano sobre mi muslo desnudo mientras corre la sábana hasta el límite de lo posible.
Y me dice
-“me parece que hay algo más…te sentís bien? Te noto nerviosa o incómoda”
El muy hijo de puta jugaba conmigo como el gato con el ratoncito antes de comérselo. Sudaba de los nervios.
No sabía qué decir realmente, los nervios no me dejaban articular palabra, abría la boca, pero no salía sonido alguno.
Me dice
-“Mirá, te lo voy a facilitar un poco.
La otra noche, yo me di cuenta que estabas ahí al lado. Hoy pasó lo mismo y esperé a ver qué hacías mirándome. Y por la manera, sé que no mirabas a tu hijo, mirabas como viendo a otro hombre. Podes confiar en mí, así como yo lo hago con vos, y decirme qué pasa, ¿no te parece?”
Y el muy guacho comenzó a acariciarme el muslo.
-“Ok, tenés razón” dije nerviosamente
-“Te vi y juro que no imaginaba que tu virilidad tuviera ese tamaño, me sorprendí gratamente a decir verdad, y me trajo un recuerdo de hace muchísimos años, de mi adolescencia para ser más precisos. Tu padre no es así ni por asomo, pero sin dudas sos, la reencarnación de tu abuelo materno.
Tu abuelo, un día se olvidó de trabar la puerta del baño mientras se bañaba y sin querer abrí para entrar y lo vi sin que él me vea. Tenía una dotación muy importante, y tanto me pegó esa imagen que cada vez que él se bañaba yo buscaba la forma de espiarlo. Claro, después terminaba en mi pieza masturbándome frenéticamente hasta morirme.
Y algo así me pasó con vos la otra noche. Tuve la misma sensación que en aquel entonces con mi padre”
Dije, y suspiré hondo quitándome una mochila de cien kilos de encima.
Javier esbozó una sonrisa enorme, me tomó de la cara con ambas manos y me dio un beso en la boca, se alejó y me dijo
-“Te amo mami.
Me encantó torturarte un rato, te lo merecías. Vos me lo haces cada vez que me abrazas y toqueteas jaja”
-“Sos un desgraciado, pero igual te quiero” le dije
Riendo, corre despacio la sábana dejándome a la vista todo su potencial. Me mira y sonriente dice…
-“Me dijiste que te gusta….”
Suspiro, tomo su cara haciendo una mueca, le doy un beso y levantándome le digo
-“hasta mañana amor, esto se vuelve peligroso” me voy riéndome…
El encuentro de esa noche fue sumamente positivo, Javier se volvió más compañero conmigo, más pendiente de si preciso algo o si estoy bien, su mirada me busca en todo momento y eso me hace sentir mejor y más segura.
Una tarde estuvimos los tres, con Nahuel tomando unos mates y hablando de todo un poco. Nahuel se va a cenar a su casa y Javi lo despide y cuando vuelve desde la puerta, pasa al lado mío en la cocina me agarra del culo y sacudiéndolo dice
-“que buena estás má!! No hay otra madre de mis amigos de tu edad, ni más joven que esté tan bien”
Me reí y por alguna parte también me llenó de orgullo, me sentí reconfortada con la aprobación de mi hijo.
Cenamos y luego, mientras lavaba los platos, Javi me dijo que iba a su habitación a «jugar a ese juego» y me dio un beso, riendo. Asentí y seguí con las tareas.
Terminé y me tumbé en el sofá un rato a ver la tele. Estaba viendo una tontería, y pensándolo bien, se me ocurrió que su frase podría tener un doble sentido. ¿Lo dijo a propósito? ¿Quería que fuera a verlo? Las dudas empezaron a atormentarme.
Creyendo que sí había un doble sentido en su frase, pensé en redoblar la apuesta, fui a mi habitación a cambiarme. Musculosa finita, bien apretada marcándome las tetas, bombacha de voladitos blanca impecable muy sugestiva y un par de ojotas.
Con todos los nervios del mundo, fui a la puerta de la habitación de Javier.
No oí ningún ruido ni voces. Dudé un momento, llamé suavemente, y nada. La abrí muy despacio y, en la penumbra, allí estaba Javi con el casco puesto, jugando. Me acerqué muy despacio y vi que tenía la sábana sobre el regazo. Puse cara de disgusto. Lo oí decir
-“Sentate aquí a mi lado, mami, te estaba esperando”.-
Me senté, se quitó el casco y vi una enorme sonrisa en su rostro, con sus ojos mirándome fijamente, atravesándome. Me sentí completamente vulnerable.
Se acomodó y dijo:
-“Acércate un poco más, no muerdo”. Se rió.
“Ya sé bobo, que no mordés”, dije sonriendo nerviosa.
Se puso frente a mí y, deliberadamente, sin apartar la vista de mí, retiró la sábana, dejándolo todo al descubierto.
Sin duda, Javier estaba poniendo a prueba a su madre, a ver hasta dónde me atrevería a continuar el juego o si cedería a la presión y me retiraría.
Su mirada ahora era seria, segura, con una expresión diferente, como si analizara los movimientos que su presa haría para asestar su zarpazo final. Sus ojos eran dos rayos que me perforaban la piel, ávidos, sondeando mi alma y mis deseos en busca de respuestas. Nunca me había sentido tan vulnerable y desnuda como en ese momento.
Tragué saliva con fuerza y, armándome de valor, pensé
-“Es ahora o nunca”.
Me acerqué, tomé su rostro y comencé a besarlo lento, pero sin pausa, en sus mejillas, ojos, orejas, la comisura de sus labios, recorría su rostro con absoluta ternura mientras pasaba mi brazo por detrás de su cabeza.
Pegué mi cuerpo al suyo, él jadeaba de forma entrecortada, estaba poniéndose nervioso.
Lo miro bien de cerca y con una gran sonrisa digo
-“bueno mi hermoso Javier, querés jugar?, juguemos….”
Me levanto rápidamente la remera, dejando mis pechos desnudos a centímetros de su cara. Cruzo una pierna sobre la suya, obligándolo a separarlas, y con la mano derecha agarro y aprieto su enorme virilidad. Lo oigo gemir.
Aprieto la base de su miembro con fuerza, y se llena de sangre, hinchándose. Oigo un susurro
-“ma, por favor….no”
Su rostro, ahora denota miedo, y yo, a centímetros de él, con un dulce beso en los labios, comencé el ritual de su masturbación.
Exploré meticulosamente toda la superficie de su hermoso miembro con mi mano y dedos, sus venas, su glande, sus testículos, sin dejar espacio sin explorar, ahondando en todos los secretos de su joven piel.
Javier, en un acto de desesperación, sollozó, suplicándome:
-«¡Mami, no, por favor, no continúes!»
Por supuesto, lo ignoré y continué con firmeza hasta que sentí que su hermoso «animal» se endurecía. Jadeó con fuerza, al borde de un grito. Apreté su rostro contra mis tetas y agarré firmemente su glande con mis dedos, atrapándolo. Comenzó a eyacular en una erupción interminable de semen caliente sobre mi mano.
Jadeaba y gemía, en contracciones tras contracciones mientras seguía masturbándolo. Su semen seguía fluyendo libremente sobre mi mano, chorreando sobre su pubis.
Tras unos segundos, solo se oía el sollozo de su alma.
Con absoluta ternura miro su cara pegada a la mía, sus ojos llenos de lágrimas, lo beso tiernamente y me levanto. Y mientras él me mira, paso mi lengua por mi mano saboreando todo su semen derramado, me relamo.
Atónito abre sus ojos sorprendido, mientras yo, con este acto, marco el territorio de aquí para adelante.
-“mami, no pensé que esto fuese a pasar, perdóname” gimió entre sollozos, y continuó
-“Mamá, sé que vos y Nahuel son amantes desde hace tiempo. Los vi una vez y no pude dejar de espiarlos. Me encantó verlos, se veían tan felices, disfrutando el uno del otro. Y nunca te había visto tan feliz como cuando Nahuel está contigo, y me pregunté por un momento si tú también podrías ser así conmigo. Quizás me equivoqué, discúlpame…”
Se me llenó al alma de amor con sus palabras, lo abracé y besando su rostro le dije
-“Te amo, Javi. Eres lo más importante que tengo y siempre he querido compartir mi vida contigo. Que sepas que soy incondicionalmente tuya. Siempre estaré ahí para ti, pase lo que pase, ¿de acuerdo? Y como buena madre, nunca quieres que tus hijos sufran ni la pasen mal, así que tenemos la obligación de enseñarles todo para prepararlos para la vida” dije lloriqueando, y continué
-“Y como mujer, además tengo que enseñarte algunas cosas.
Si vas a desafiar a una mujer a algo, tenés que estar preparado por si las cosas no salen según lo planeado, ¿entendés? Si lo que pretendes está firmemente arraigado en tu actitud, tenés que demostrarlo en todo momento.
Me desafiaste a tu desnudez, conociendo mis debilidades. Dudé un rato, aterrorizada, pero me armé de valor y le di la vuelta a la situación.
Hoy la pelota está en tu cancha, te toca jugar. ¿Qué querés hacer? Vos decidís… ¿se entiende?”
Me levanté, tomé su rostro entre mis manos y le di un beso largo y profundo, mordiéndole suavemente los labios. Lo dejé solo, la llama de la intriga ardía con fuerza en su interior…
Y como no podía ser de otra forma, me acosté en mi cama y tuve que buscarme algo para aflojar toda la tensión y calentura que mi cuerpo poseía.
Saqué mi bombacha, me puse boca abajo recogiendo un poco las piernas, separándolas, y con mi cola apuntando al cielo metí mis manos en mi entrepierna buscando la humedad de mi sexo.
Abrí los labios con una mano y los dedos de la otra comenzaron el ritual exploratorio por todos los pliegues, empecé a gemir de placer con mis propias caricias, estaba encendida y en celo.
En eso la cama se mueve y me sobresalto, escucho un susurro
-“shhh má, tranquila, que soy yo”
Siento que una mano firme se apoya sobre mis ancas desnudas sobre el coxis y la otra ya húmeda, busca por detrás el valle de mi sexo, lo guío hasta dónde está mi santuario del placer, lo ayudo a que me sienta, húmeda y caliente, ubico sus dedos donde los necesito y abriendo más mis piernas me ofrezco entregándome a él.
Veo el rostro de mi hijo, y con una leve sonrisa cierro los ojos yéndome de a poco, y lo dejo al mando….
Un par de minutos más tarde, el orgasmo me atropelló como un tren.
El grito, una conmoción enorme, y un mar de espasmos desencadenaron uno de los mejores orgasmos de mi vida. Cerré con fuerza mis piernas atrapando la mano de Javier contra mi sexo, mi piel se empapó de sudor de forma automática, las contracciones se sucedían como disparos de una metralleta dentro de mi interior, la sangre corría por mis venas en un torrente adrenalínico que me iba a hacer estallar el pecho, todo en menos de un minuto.
Pasó el tsunami y volvió la paz. Javier que me acariciaba la espalda me dice en un suave tono.
-“mami, podré recuperar mis dedos?”
Solté una carcajada, aún tenía su mano perdida entre mis piernas desde hacía un buen rato. Las abrí y lo solté, pobre.
Me siento, lo miro de frente a sus ojos, estoy completamente desnuda, pero sin pudor. Acerco su cara con ambas manos y le doy el mejor beso de lengua que pude darle en mi vida, recorrí su boca por dentro en una actitud de gratitud y de amor eterno.
Me separé unos centímetros y le dije
-“te amo hijo, gracias”
Me besó, se levantó y sonriendo se fue.
Me dormí automáticamente….
(continuará…)