No toda la vida es felicidad, al menos no para mí. Tengo 30 años y hace 5 años enviudé, me tuve que hacer cargo de mi hija de 17 años. Ella es mi pequeña aun cuando ya es casi una mujer. Es muy atractiva así que la cuido con mucho recelo. Se convirtió en toda una mujer bien desarrollada, eso atrae muchos hombres, además tiene un rostro hermoso y su piel blanca y sus hojas color miel como los de su madre atrae a muchos cazadores.
Como puede saque a mi hija adelante, puse una tienda de abarrotes, pero la vida me volvió a golpear. Estoy pagando una condena de 5 años por un delincuente que nos asalto y desafortunadamente murió. La ley dictaminó que no fue defensa propia, no voy a profundizar en esto, así que mi hija tuvo que mudarse con sus abuelos y, bueno, es aquí donde empieza mi historia.
Ella solía visitarme todos los sábados sin falta. Estaba en el ala de baja seguridad, así que se nos permitían ciertas indulgencias. Después de un año encerrado empiece a necesitar con urgencia la compañía de una mujer. Mis compañeros si tenían sus visitas conyugales pero yo ¿con quién?Con el tiempo te das cuenta que masturbarme ya no es suficiente.
En una de las visitas que mi hija me hacía, noté que venía vestida diferente, venía un poco más atrevida. Traía una blusa de tirantes blanca cubierta con un blazer azul, le hacía conjunto con un legging del mismo color que el blazer. Hasta ese día, no había notado las blancas y enormes tetas que tenía. Mientras platicábamos no podía evitar verlas y ella lo notaba. Empecé a tocarme la verga por debajo de la mesa (lo urgido que me sentía había olvidado que era mi hija, ¡me estaba masturbando con mi hija!). Así se inclinó sobre la mesa y entrecruzo su brazo, discretamente bajo un poco la blusa y dejó asomar uno de sus rosados pezones.
Te gusta – me miro y noto que me asuste – no te preocupes, te entiendo, de hecho te traigo esto papá, no lo tomes a mal pero se por lo que pasas – me paso un sobre – No lo abras aquí hasta cuando estés completamente solo.
Disculpa hija, solo es que estoy perdiendo la cabeza – tomé el sobre y lo guarde en los calzoncillos.
No te preocupes papá – tenía su pezón bien erecto – si puedes mastúrbate hasta terminar.
Eso fue suficiente para perder la cabeza y terminar casi de inmediato. Cuando termine se acomodo la blusa me tomo de la mano y con una dulce sonrisa me dijo lo mucho que me amaba. Después de esto la plática transcurrió con trivialidad hasta que termino la hora de visita.
Por la tarde nos dejaban salir a caminar unos minutos, busque un rincón y abrí el sobre con precaución de que no me viera nadie. Cuál fue mi sorpresa cuando vi su contenido. Tres fotografías de mi hija completamente desnuda, en un instante mi verga se puso dura. En la primera foto estaba ella acosta con las piernas abiertas dejando ver su panocha bien depilada, con los dos dedos abría sus labios para dejar ver la entrada a su vagina y su clítoris. En la segunda foto fue todavía más lejos, estaba en cuatro, es decir empinada sobre la cama, de tal forma que su bien torneado culo y su panocha quedaban completamente expuestos y en la tercera foto estaba ella en la misma posición que la anterior pero esta vez parecía meterse un dildo en forma de verga. Al final venía una nota que decía “disfrútalas, no te preocupes, las tome especialmente para ti”. No me sentía muy feliz por esta situación pero me ayudo mucho en las largas noches de la prisión.
Así fueron las siguientes visitas, cada que me visitaba me entregaba un sobre con fotos cada vez más atrevidas. Las veía me masturbaba y las trozaba, no quería que nadie más las viera. Empezó a nacer un deseo incontrolable por propia hija.
Obtuve mi libertad un año antes de cumplir mi sentencia por buen comportamiento. En lo único que pensaba era en cómo iba a ser la relación con mi hija, los dos habíamos hablado de vivir en nuestra antigua casa, estuvo sola casi todo este tiempo ya que ella vivía con sus abuelos. Por un lado me sentía avergonzado por las fotos que me daba y por el otro sentía un deseo imparable de meterle toda mi verga.
Al salir ya me estaba esperando, me abrazo y me beso, como si fuera mi novia o esposa. “Tengo una sorpresa para ti” me dijo al oído. Durante el camino me puso al corriente de todo, yo solo la escucha sin dejar de pensar en su panocha y su culo, la verga me dolía de lo dura que la tenía.
Llegamos a la casa, estaba casi igual como el último día que estuve ahí, como si nunca me hubiera ido. La cena olía deliciosa.
Te cociné tu comida favorita, espero y que sepa como la de mamá – se acercó a mí y me volvió a besar, me miro y se sonrió, supe que había sentido mi verga erecta – creo que no te vas a esperar al postre, ahorita regreso.
Me senté en la silla de la mesa esperándola dándole bocados a la comida que me había preparado, cocinaba como mi esposa. Paso bastante tiempo, no sé cuanto exactamente. Cuando de pronto se aparece frente a mí, no lo podía creer. Está frente a mí con un corsé negro que le dibuja perfectamente su figuro, una cintura pequeña con unas caderas anchas, sus tetas parecían salirse de lo grandes y apretadas que estaban, estaba acompañado de un liguero de la cual sostenía unas medias de encaje que alargaban sus piernas. No tenía ropa interior, así que su panocha bien depilada queda al descubierto dejando ver como sobresalía su clítoris y sus labios. El color negro le iba bien, resaltaba con el blanco de su piel. Su cabello largo y negro caía sobre sus hombros. Es una delicia de mujer.
Se acerco, y con sus manos saco mi verga completamente lubricada, es como si estuviera babeando.
Mira como la tienes papá, grande, dura y mojada, lista para que me la metas que mi panochita ya la necesita con urgencia – diciendo esto se sentó sobre ella y se la ensarto lentamente.
¿Eres virgen? – su vagina estaba muy apretada a pesar de toda la lubricación que tenía.
Solo han entrado en mi panocha y mi culito los dildo que me metía para fotografiarme – dijo entre gemidos – llena mi panochita de leche papi, la pide a gritos.
El deseo por mi hija era tan grande que me vine casi de inmediato,salía tanta leche de mi verga que le llene demasiado su panocha que de inmediato empezó a escurrir. La tome y la recosté sobre la mesa, al ver semejante cascada emanar de su vagina lo único que pensé en hacer es lamerle toda esa leche sin parar. Pase mi lengua desde su culo hasta la punta de su clítoris hasta que se vino. Pude acariciar con la punta de mi lengua su clítoris tan rígido por la excitación. Sin embargo, mi verga no quería parar, todavía la tenía como al principio, erecta y babeando. La tome de la mano y la lleve a un sofá que estaba cerca, solita se empino dejando su vagina todavía con leche y su culito expuestos.
Vi películas de cárceles y sé que a los presos les gusta meterla por el culo, así que el mío está listo para recibir tu verga – me lo dijo con una risita picarona.
Y tenía razón, se veía que ya había dilatado su ojete que no batalle para meterla. La empecé a envestir con mi verga, cada cuando la sacaba para ver su ojete completamente abierto, como un hoyo negro. La empecé a montar cada vez más fuerte, ella pedía cada vez más y más fuerte. La tome del cabello y lo jale hacia mí, cada vez gritaba mas de placer.
Déjame mi culito bien abierto papi, llénalo de lechita para que también te la comas, móntame con si fuera un puta.
Te gusta así – cada vez le daba mas fuerte – eres toda una puta, mira como tienes el ojete abierto – diciendo esto me vine, no aguante mas.
Le saque la verga y salió toda la leche del culo, me acosté y ella se sentó en mi cara, estaba listo para comerme todo la leche que emanaba tanto de su culo como de su panocha.
Déjame bien limpia papi, no dejes nada – rosaba toda su panocha en mi cara.
De pronto empezó a frotar y frotar con más fuerza que casi me ahoga, soltó un grito ahogado y libero toda su lubricación en mí, sabía que ya se había venido también.
Estuvimos un rato recostados, la tome en mis brazos y no hablamos durante un largo tiempo. No podía cree que estuviera así con mi hija, la había tomado en mis brazos al nacer y ahora siendo una mujer la tenga en mis brazos otra vez. No lo había pensado pero desde que murió mi esposa es la primera vez que estoy con otra mujer… de pronto ella rompió el silencio.
Papá, quiero ser tu esposa. Quiero que me trates como si lo fuera y yo te atenderé, dejaré que me coches cada que quieras, te apoyare y te amare como si lo fuera, no quiero estar con nadie más.
Hija, no podemos, tú tienes que hacer tu vida, además ¿si nos descubren? – le bese la frente – vamos paso a paso, yo también quiero que las cosas sean como tú quieres, veamos que pasa – diciendo esto, se levanto y se metió a duchar, te amo.
Yo también – me sonrió y se metió a duchar.
Los días pasaron, volví a abrir la tienda de abarrotes y sigo con mi esposa-hija. Me ha demostrado ser una excelente esposa, hija y amante.