Capítulo 3

Fui a la oficina solo, Diana siempre iba antes para no coincidir juntos y evitar que alguien pudiera sospechar de nuestra relación familiar, como ella era la secretaria del jefe no quería que nadie pudiera hablar de nosotros, solo don Francisco sabía que éramos hermanos.

A media mañana, mi hermana me dijo que en diez minutos fuese al baño de la sala de reuniones.

Cuando entré, Dianita me dijo que su jefe tenía un micro inalámbrico que transmitía la conversación a una grabadora.

Me encogí de hombros sin entender qué quería pero ella me lo explicó enseguida.

  • Ayer se lo pedí y me lo llevé a casa. – dijo mirándome con picardía – Quería grabar una sesión de sexo de nuestros padres para que tú la escuchases después, así que deje el micro en su habitación, grabé desde mi cuarto y hoy lo he pasado al móvil para que puedas oírla.
  • Joder que víbora eres, Dianita. – respondí al comprobar lo pérfida que era –
  • No digas eso. – contestó muy seria – Quizá no debería dártela, pero quiero que la escuches porque hay algo que debes saber.

La miré intrigado, qué es lo que debía saber, ya había oído todo a través de la pared y sabía perfectamente como follaban.

Mi hermana cogió el móvil y puso el audio en él se oía a mi padre hablando jovialmente, comentaba lo bien que había estado la cena con Paula y Andrés y mi madre respondía que tendrían que repetirla en otra ocasión.

Diana no dejaba de mirarme y me hizo un gesto con la mano para que esperase. De repente llegó un momento de la conversación que me dejó alucinado.

  • “Cariño. – se escuchaba a mi padre – Hoy te has pasado de la raya, cuando he visto como te sentabas en el sofá y abrías las piernas, me he temido lo peor.
  • ¿Lo peor por qué? – preguntaba en el audio mi madre – Si solo podía ver un poquito de mi tanga.
  • Si, un poquito dices, le has enseñado el tanga y lo que tenías debajo.
  • ¡Que tonto eres! Jajaja. – reía mi progenitora – Solo habrá podido ver algo de refilón.
  • Que Zorra eres. -replicaba mi padre – ¿Has disfrutado mostrándole el coño a Andrés?
  • Siiii. Jajaja. Me ha encantado ver su cara, y cuando he vuelto del baño, no quitaba ojo, no sabes qué dura se le ha puesto y como se marcaba el bulto en sus pantalón.
  • Si, si, lo he visto perfectamente. – afirmaba en el audio mi padre – Por cierto, cuando te has levantado del sofá parecía realmente que estabas trastornada, se lo han creído todos, hasta los niños han ido contigo para acompañarte. Jajaja.
  • Soy buena actriz, ves. -respondía mi madre- Todos han pensado que estaba borracha y no podía mantenerme en pie. Jajaja.
  • ¿Y por qué has tardado tanto en el baño? – preguntaba mi padre – Ya pensaba que no volvías.
  • Bueno. – se justificaba mi progenitora – Porque Diana estaba un poco mareada y me he quedado con ella, no quería dejarla sola por si vomitaba.
  • ¿Y Marco?
  • ¿Marco? Pueeess. Ah sí. – contestaba nerviosa – Él se ha ido a su habitación a ver algo en el móvil o en el PC.
  • Joder. Querías calentar a Andrés y lo has conseguido, no sé por qué tienes tanto interés en provocarle de esta manera para nada.
  • Nada – respondía ella sin darle importancia – Es una tontería, mejor déjalo, ahora quiero follar contigo, esta noche estoy muy caliente y quiero que me la metas por el culo.”

Mi hermana cortó el audio y me miró expectante, estaba enfadada y esperaba mi reacción.

Yo no sabía qué decir, mi madre había estado consciente en todo momento, tanto cuando la tocaba en el baño como cuando metía mi verga en su coño tumbada en la cama.

¡No era posible! ¿Cómo iba a permitir semejante barbaridad? ¿Su interés por calentar a Andrés era tan grande como para aceptar esa locura? Una cosa es un juego tonto y otra muy diferente permitir que tu hijo te masturbe y te penetre con su miembro. ¿Hasta qué punto hubiese sido capaz de llegar?

Recordé cómo movía sus caderas y como dijo “Nooo” cuando saqué mi verga, y eso me dio la idea de hasta donde hubiese llegado si yo no hubiese parado a tiempo.

¡Me hubiese permitido todo! Si hubiese sido más atrevido me la hubiese tirado sin ningún problema.

Volví a la realidad y miré a Diana desconcertado.

  • ¿Qué? – preguntó Dianita inquisitiva –
  • No me lo puedo creer. – respondí desorientado – Me permitió hacer de todo con ella solo por mantener el papel y calentar a su amigo.
  • Ya te lo dije. – respondió Diana resuelta – Mamá no es lo que parece.

Mi cabeza no paraba de dar vueltas a lo sucedido, mi madre hubiese estado dispuesta a dejar que la follase si hubiese querido hacerlo.

Entonces me surgió una duda. ¿Estaría dispuesta a permitírmelo ahora? Se lo dije a Diana y su respuesta fue más que directa.

  • ¡Fóllatela! Después de lo de anoche seguro que está deseando que lo hagas.
  • Ufff. No sé. – respondí un tanto acojonado – Me da mucho miedo lo que pueda hacer, imagínate que se lo cuenta a papá.
  • ¿Qué coño? – contestó mi hermana elevando el tono de voz – Enséñale el audio y amenázala con decírselo a nuestro padre, yo seré tu testigo.
  • No jodas, no metas a papá en esto, él no tiene la culpa de lo que hicimos anoche.
  • Si la tiene. – respondió Diana con certeza – Por ser un puto cornudo.

Pedí a mi hermana que me pasase el audio por el móvil y que me diese tiempo para pensarlo, iba a trazar un plan y quería que lo respetase.

Ella estuvo de acuerdo pero con la condición de estar presente cuando me la tirase.

Esa noche, mientras cenábamos, tenía a mi madre frente a frente y la miraba con otros ojos, ya no era la dulce y cariñosa madre que me recibía todos los días cuando volvía de la Uni o de la oficina, ahora era una pervertida que aceptaba el incesto con su hijo y la presa que tenía que cazar en cuanto se pusiese a tiro.

La mañana siguiente me levanté y entré en la cocina como cada día para desayunar, mi madre me dio el beso de rigor y se dio la vuelta para preparar las tostadas.

Como los días anteriores, vestía una camiseta blanca y un pantalón corto ajustados, vi sus perfectas nalgas marcadas bajo la ropa y mi cabeza comenzó a elucubrar.

Envalentonado me dije “Es el momento, que comience el plan”. Me aproximé a ella y la abracé desde atrás, una de mis manos se posó sobre su tripa y la otra, como por descuido, la puse sobre su seno, pasando los dedos por encima de la camiseta y acariciando su pecho como si fuera algo normal.

Giró la cabeza para mirarme y vi nerviosismo en su cara, esto era algo nuevo para ella, su hijo la estaba tocando una teta y no sabía cómo actuar.

Al ver su indecisión y sus dudas, continué el ataque sin esperar, aproximé mi dureza y la puse en contacto con su trasero, y con total impunidad, la restregué libremente por sus carnosas nalgas, restregándola con firmeza y apretándola con fuerza para que ella notara como lo hacía.

Saltaron las tostadas y entonces me aparté y me senté a la mesa, vi como mi madre las servía y me miraba nerviosa, sin entender aún lo que había pasado entre nosotros.

Acabé de desayunar, me vestí y al salir por la puerta se acercó a darme el abrazo de despedida, intentó ser menos efusiva que la mañana anterior, pero yo la apreté hasta sentir que sus tetas se aplastaban contra mi pecho y la besé en la mejilla.

Ella no se apartó y me devolvió el beso pero visiblemente agitada.

Buen comienzo. –pensé

Por la tarde, cuando llegué a casa, mi madre estaba sentada en el sofá viendo una novela romántica, en vez de pasar de largo y marcharme a la habitación como hacia todos los días, me senté junto a ella.

Dándole un beso en la mejilla pasé el brazo por encima de sus hombros y de forma descuidada dejé caer la mano sobre su pecho. Así estuve unos instantes hasta que di el siguiente paso y comencé a acariciar su teta suavemente con mis dedos, era un simple roce, pero con las yemas acariciaba la areola y el pezón.

Mi madre respiraba agitada y miraba alternativamente mi mano y la televisión, notaba la presión sobre su pecho y se movía inquieta en el asiento.

¿Qué hará? –Pensaba yo- ¿Se atreverá a quitármela? Si lo hacía iba a encontrarme en una situación comprometida, tenía que buscar una excusa si eso ocurría.

Por suerte para mí, no dijo ni palabra, solo hizo un movimiento inclinándose para ver si apartaba mi brazo, pero en lugar de eso abarqué su pecho con decisión y lo masajeé como si de una pelota se tratara. La sensación al tocarla era fenomenal, mi madre tenía las tetas firmes y acariciarlas me produjo una enorme erección.

El silencio era un poco incómodo, por lo que hice un comentario sobre la novela mirándola directamente a la cara, ella no se giró para devolverme la mirada, pero pude comprobar que tenía las mejillas sonrojadas y un detalle más importante, la camiseta mostraba los dos enormes pezones en la tela fruto de su excitación.

Me moví en el asiento aprovechando para acariciar y pellizcarlos muy suavemente y notar su dureza y su grosor.

Como decía mi hermana, eran más grandes que los suyos, los pezonazos que tenía eran de una magnitud extraordinaria.

Podía notar la respiración entrecortada de mi madre, su pecho subía y bajaba, y mientras miraba la tele, en ocasiones entornaba los ojos suspirando.

Entonces me percaté de algo que me había pasado inadvertido, había metido las manos entre sus piernas y con una de ellas presionaba su sexo, intentando que yo no me diera cuenta que estaba excitada y se acariciaba disimuladamente.

Me levanté de improviso y ella me miró desconcertada, no esperaba que parase en ese momento, pero yo no quería forzar la situación, solo deseaba calentarla y ver cómo reaccionaba a mis toques. La di un beso en la mejilla y me fui a mi habitación.

Cuando nos sentamos a cenar, mi madre no cruzaba mirada alguna conmigo, hablaba con mi hermana y mi padre pero a mí me evitaba todo el tiempo, solo decía lo estrictamente necesario.

Esa noche me hice una paja pensando en sus tetas, se las había tocado en el baño pensando que estaba bebida pero esta tarde había sido más excitante, lo había hecho de forma consciente.

Por la mañana entré en la cocina sin saber qué iba a ocurrir. ¿Me echaría la bronca por lo del día anterior? Seguro que si, había tenido toda la noche para pensarlo, así que era más que probable.

¡Pues no! En contra de lo que yo pensaba, me dio un beso en la mejilla y se giró para hacer las tostadas, era como el día de la marmota, se repetía lo del anterior.

Para que esperar – me dije al verla colocada junto a la encimera dándome la espalda – ¡Échale huevos Marco!

Me aproximé por detrás y la rodeé con mis brazos, pero esta vez fueron las dos manos las que se posaron sobre sus pechos, los acaricié levemente y me llevé una agradable sorpresa.

¡No llevaba sujetador! Era la primera vez en mi vida que veía a mi madre en casa sin el sujetador puesto.

¡Vamos Marco! Eso es una señal. – me repetí varias veces antes de lanzarme a la piscina –

Las cogí con fuerza y amasé y apreté sus enormes peras abarcándolas por completo, subiéndolas y bajándolas como si estuviese jugando con ellas.

Mi madre protestó pero no precisamente por mi descaro ni por las caricias pecaminosas que estaba recibiendo.

  • Ayyyy, ¡Tonto! Así no voy a poder hacerte las tostadas. – dijo sin apartarse lo más mínimo –

Se reía y seguía cocinando a pesar de notar como mis manos seguían acariciando sus pechos, manoseándolos sin cuidado y magreándolos por todos lados.

Lo que había conseguido era importante pero me sabía a poco, necesitaba ver hasta dónde estaba dispuesta.

La mordí en el cuello bromeando y le dije que iba a dejárselo lleno de chupones. Mientras lo hacía, deslicé las manos por sus costados, las metí bajo la camiseta y acaricié su vientre plano y su ombliguito perfecto, esperando una reacción negativa o quizá alguna protesta.

Al ver que tan solo se encogía por las cosquillas, las subí por el interior de la camiseta hasta tocar sus pechos desnudos.

Pegó un pequeño saltito nerviosa pero continuó riendo, como si fuese normal lo que estaba haciendo con ella.

Con decisión me apoderé de las dos soberbias tetas y las acaricié con mis dedos sintiendo la suavidad de su piel, su tersura, su maravillosa firmeza.

Su silencio me autorizaba, era evidente que a ella no le importaba que manoseara su cuerpo, así que pegué el miembro a su redondo y prominente trasero mientras mis manos se movían bajo su ropa sobando con descaro esas maravillas tetas que tenía y que yo disfrutaba a mi antojo.

Pellizqué con fuerza los pezones y solo entonces abandonó sus labores y echó la cabeza hacia atrás pegándola a la mía, rozando nuestra mejillas y emitiendo un sonoro gemido.

  • Ummmm. – respiró jadeante en mi oído –

Se inclinó hacia delante apoyando el cuerpo sobre la encimera y empujando el culo hacia atrás reclamando el miembro que se restregaba contra sus nalgas de forma descarada.

Saqué una mano y apreté su carnosa y dura nalga por encima del short que llevaba puesto, noté su carne prieta y su forma redondeada con el cachete levantado.

Mordí su cuello y tiré de la nalguita hacia afuera para encajar en medio mi dureza.

En ese momento noté como su respiración se aceleraba y suspiraba profundamente mientras yo tocaba su culo y amasaba su teta acariciándolos sin pudor y con su completo consentimiento.

  • Ummmm. – oí perfectamente que gemía –

La tenía totalmente entregada, o al menos eso pensaba yo.

Pero de repente se incorporó y siguió cocinando como antes, me hablaba de café, de tostadas y mantequilla, como si a mí eso me importara algo.

Yo seguía avasallándola, rozando mi verga contra su culo y estrujando su teta con mi mano sin ninguna delicadeza, y sorprendentemente ella se dejaba hacer y actuaba como si no ocurriera nada.

Acerqué los labios a su cuello y susurré bajito en su oreja.

  • Me encantan tus tetas, mami.
  • Aaaaahhhhh. – gimió más fuerte que antes pero sin emitir ninguna queja –

Y yo aproveché para restregar la polla por la acanaladura entre sus cachetes, los notaba mullidos, voluminosos y se encajaba en medio como si fuera un guante, apretando mi verga y poniéndomela más dura.

Comencé a subirla y bajarla, aún estaba metida dentro del pijama pero la erección era más que notable y se deslizaba perfectamente. Vi que ella suspiraba de forma continua y la embestí varias veces, apretando su tripa contra la encimera y frotándome contra su culo constantemente.

  • Uffff. – gemí suspirando en el cuello de mi madre –

Ella se encogió de repente, se apartó de mí y me pidió nerviosa que me sentara a la mesa.

Me quedé parado sin saber cómo reaccionar, qué hacer en esta situación tan extraña y comprometida.

Pero ella se ajustó la camiseta cubriendo sus pechos y me sirvió el desayuno con toda normalidad, como si no hubiese ocurrido nada entre nosotros momentos antes.

Cuando me iba a la oficina, volvió a abrazarme pegándose a mí con fuerza, rozándome con sus tetas y besándome en la mejilla.

  • Adiós, mi amor. – fue su manera de despedirse –

¡Joder! Actuaba como si no hubiese pasado nada. ¿Qué debía hacer yo a partir de ahora con mi madre?

En la oficina todo transcurrió con normalidad, pero a la hora de la comida, Diana me dijo que comíamos juntos y me esperaba en una hamburguesería próxima, necesitaba contarme algo. Pregunté el motivo pero no quiso decirme nada.

Cogimos las hamburguesas en el mostrador, nos sentamos a la mesa y entonces mi hermana se puso muy seria.

  • Marco, tengo que contarte algo. Seguramente estos días te habrás preguntado por qué he hablado mal de mamá y te he incitado a hacer lo que tú ya sabes, pero tengo mis motivos.
  • Bueno, la verdad es que me ha extrañado que seas tan dura con ella.
  • Si, lo entiendo, quizá haya sido dura, pero no es porque yo sea mala persona, no quiero que pienses eso de mi, repito que tengo mis motivos y quiero contártelos ahora.
  • Venga, cuéntame.
  • ¿Te acuerdas cuando te hablé de aquellos dos amigos con los que follé por primera vez?
  • Si, los que te llevaron en su coche a un descampado y te desvirgaron.
  • Esos mismos. Bueno, pues lo que voy a contarte sucedió cuando salía con ellos. Ya sabes que solía ir a su casa y allí follábamos los tres, fue una etapa muy loca en mi vida.

La miré sonriendo y ella me devolvió la sonrisa. ¿A quien quería engañar? Los dos sabíamos perfectamente que seguía siendo una golfa.

  • Bueno, vale. – dijo riendo – Ahora también, pero entonces hice muchas barbaridades de las que ahora me arrepiento.

Bueno, pues un sábado al llegar al piso, Sergio me preguntó si conocía a una chica que se llamaba Julia. Yo respondí que no y entonces me dijo que un par de semanas antes había ido al piso un chica llamada Julia preguntando por mí.

Puse cara de sorpresa diciendo que no conocía a nadie con ese nombre a excepción de mi madre, y entonces me enseñó una foto que tenía en el móvil. Al verla me quedé de piedra, la chica de la foto era mamá follando con él en el sofá de su casa.

Al oír a mi hermana se me desencajó la cara, no podía ser cierto, pero ella me hizo un gesto para que esperase, quería contármelo todo.

  • Sergio me vio nerviosa y alterada y me preguntó que me ocurría. Y cometí el gran error de decirle que era mi madre. Entonces el cabrón soltó una carcajada y dijo que era tan puta como yo. Quise abofetearle, pero me sujetó la mano y me dijo que iba a demostrármelo.

Me contó que un sábado por la tarde, mientras yo estaba en la habitación con Rafa, mamá llegó preguntando por mí. Él, como no la conocía, le dijo que aún no había llegado y que podía esperar tomando una copa, mamá aceptó y Sergio le sirvió un cubata bastante cargado.

  • ¿Se quedó allí con él? – pregunté incrédulo –
  • Sí, claro. – respondió mi hermana – Ya te conté como eran aquellos dos golfos, guapos, simpáticos y muy enrollados.

Bueno, pues durante la espera, Sergio charló con mamá, le sirvió otra copa, y cuando vio que estaba un poco animada, cogió su mano y empezó a decirle lo guapa que era y la suerte que tenía su marido de estar con un bellezón como ella.

Mamá, por lo visto, se sintió halagada y no se dio cuenta que aquel hijo de puta era una hiena arrinconando a su presa, así que le contó que su marido trabajaba mucho y que apenas la hacía caso, por lo que se sentía un poco sola y abandonada.

Para que más, Sergio ya no dudó y comenzó a acariciarla diciendo que era una pena que tuviese que pasar por eso siendo tan hermosa.

Al parecer, mamá se resistió un poco, pero ante la insistencia de Sergio y el puntillo que llevaba, cedió y dejó que éste la besase. A partir de ahí el muy cabrón se lanzó sobre ella y no dejó de meterle mano.

Cuando notó que ya había bajado las defensas, la cogió de la mano y la llevó hasta la habitación donde estábamos Rafa y yo, abrió ligeramente la puerta y le pidió que no hiciese ruido y mirase por la rendija con mucho cuidado.

Evidentemente, me vio a mí follando con Rafa, pero en vez de entrar y sacarme de allí, como hubiese hecho cualquier otra madre, se quedó embobada viendo como yo se la chupaba o él me la metía por detrás y por delante.

  • No me lo puedo creer. – exclamé profundamente cabreado –
  • ¿No? Pues es todo cierto. – respondió Diana –

Lo que mi hermana me contaba era muy grave, que mi madre no hiciese nada por sacarla de allí me jodía, pero que se dejase meter mano por aquel hijo de puta, eso era imperdonable, yo la había tenido siempre como una mujer virtuosa, fiel esposa y ejemplo de madre, y ahora me enteraba que era una facilona que se dejaba tocar por el primero que llegaba.

  • Pero eso no es todo.
  • ¿Aún hay más? – pregunté horrorizado –
  • Jajaja. Acabo de empezar. Sergio es un auténtico cabronazo y me lo contó con todo lujo de detalles.

Mientras mamá miraba por la rendija de la puerta, Sergio vio que se excitaba y supo que era su oportunidad, así que se pegó a ella y comenzó a acariciarle las tetas por encima de la ropa.

Por lo que me contó, ella intentó quitarle las manos un par de veces, aunque sin poner mucho empeño, pero al final cedió y permitió que él metiese las manos bajo la blusa y soltase el sujetador para acariciárselas con libertad.

Cuando me lo contaba, Sergio se reía por su buena suerte, las tetas de mamá eran las mejores que había visto en su vida.

Al ver que ella había dejado de oponer resistencia, metió la mano bajo la falda y no se detuvo hasta tenerla dentro de las bragas. Según me dijo, mamá se las retiró un par de veces, pero él insistió y ella cedió definitivamente. Me contó como acarició su vulva y como ella gemía como una perra cuando coló los dedos en su coño.

Cuando comprobó que ya la tenía suficientemente caliente, la llevó al sofá y la obligó a hacerle una mamada. Bueno, eso de obligar es un decir, porque me aseguró que fue ella quien se lanzó literalmente sobre su polla y se la comió como una desesperada. El muy cabrón me aseguró que la chupaba como con ansia, como una auténtica campeona, mucho mejor que yo sin ninguna duda.

  • ¡Que hijo de puta! – solté con un dolor en el pecho que no me dejaba respirar y casi me ahogaba –

En ese momento se me vino el mundo encima, saber que mi madre se había dejado tocar y le había hecho una mamada a uno de los cabrones que habían desvirgado a mi hermana, me jodía y me dolía tanto que estaba a punto de llorar.

  • Mientras mamá estaba de rodillas comiéndole la polla, Sergio no perdió el tiempo y le hizo varias fotografías y grabó un vídeo, que por supuesto me enseñó mientras me lo contaba.

Después la puso en cuatro apoyada en el sofá y se la folló mientras lo grababa. En el vídeo se pude ver a mamá gimiendo y pidiéndole rabo como una desesperada.

Cuando acabaron, mamá le dijo que tenía que irse, seguramente para que yo no me la encontrara al salir del cuarto de Rafa, pero quedó con Sergio en volver al día siguiente cuando yo no estaba.

  • ¿Y volvió?
  • Ya te digo que volvió, el domingo estuvo allí más puntual que un novio el día de su boda.
  • No me lo puedo creer.
  • Joder, ya te dije que mamá os tenía muy engañados a todos. Bueno. ¿Sigo contándote o no?
  • Por supuesto.

Lo que me estaba contando me dolía una infinidad, pero al mismo tiempo me excitaba y necesitaba saber más, quería saber hasta qué extremo estaba emputecida mi madre.

  • Según Sergio, cuando mamá llegó el domingo parecía tímida y avergonzada, pero él la sirvió una copa, le contó dos tonterías, dos gracias, y en cuestión de segundos fue ella quien le pidió ir a una de las habitaciones.

Rápidamente la llevó a la suya y no hizo falta más, porque ella le desabrochó el pantalón y sacó su verga para chuparla con la misma ansiedad que el día de antes.

Según Sergio, se la mamó con una obscenidad que daba gusto verla, se la metió en la boca y no dejó de subir y bajar la cabeza hasta tragársela entera. La muy imbécil le vio como lo grababa con el móvil pero no dijo nada, al contrario, miró a la cámara demostrando lo mucho que le gustaba comer polla.

En la grabación se ve como entra Rafa en la habitación, se arrodilla detrás de ella, desabrocha su vestido y lo baja dejando sus tetas al aire, la muy guarra no llevaba sujetador para ponérselo más fácil.

  • ¿También se enrolló con Rafa? – pregunté con estupor –
  • Espera, espera. – pidió riendo mi hermana –

Cuando notó que Rafa bajaba su vestido para desnudarla, intentó apartarle, tratando de agarrarlo para que no lo bajara. Pero en el vídeo se ve como Sergio sujeta su cabeza y la ordena que siga chupando.

  • Le mandaría a la mierda. ¿No? – dije creyendo que mi madre pararía aquella locura –
  • Pues no, tu mamaíta siguió con el miembro de Sergio en la boca mamando como una perra mientras Rafa desde atrás manoseaba sus tetas apretándolas y estrujándolas entre carcajadas. En el video se oye a Rafa diciendo “Esta puta tiene las tetas más grandes que Diana”.

¡Joder! Los dos cabrones preferían las de mamá. ¡Como si las mías fueran malas! ¿A ti cuales te gustan más, las de mamá o las mías?

Uffff, vaya problema, las tetas de las dos son estupendas, son voluminosas, turgentes y da gusto acariciarlas, pero sin duda las de mi madre son más grandes, y ya se sabe “burro grande ande o no ande”. Pero esa no era la respuesta que esperaba mi hermanita, así que respondí lo más adecuado.

  • No hay color Dianita, ya sabes que yo pierdo la cabeza por tus tetas.

Mi hermana sonrió agradecida por mi respuesta y siguió con el relato.

  • Comparaban las suyas con las mías y eso que aún no sabían que éramos madre e hija. En fin, continúo. En el video se ve como Sergio se sienta al borde de la cama y Rafa la empuja para que se incline. Mamá dice que no, pero entonces Sergio se levanta y la dice que se vaya.
  • Bufff. Bueno, al final se negó, menos mal. – dije yo suspirando con tranquilidad –
  • Noooo. ¡Que va! Al final ella mira a Sergio pidiéndole por favor que no la eche. Él se sienta en la cama y ella se pone en cuatro y se baja al pilón para seguir chupándosela mientras Rafa se ríe y la sube el vestido hasta la cintura, después la baja las bragas y se la mete por el coño sin que ella diga ni pío, la muy zorra debía estar tan cachonda que lo tenía super lubricado.

Me tapé la cara con las manos y la pedí que esperara, el pecho me dolía y me costaba mucho tomar aire.

  • ¿Quieres que siga o lo dejamos – preguntó Diana preocupada –
  • Sigue. – respondí muy a mi pesar –
  • Sergio paró el video para decirme lo caliente que era, según él, nuestra familia debía llevarlo en la sangre.

Las siguientes imágenes eran realmente pornográficas, nuestra madre chupaba la polla y de vez en cuando levantaba la cara para mirar a la cámara sonriendo con la boca llena de babas, en ocasiones se giraba y pedía a Rafa que la follara con más ganas.

Se oye como Rafa le pregunta si alguna vez ha estado con dos tíos, y mamá levanta la cara y mirando a la cámara dice “No, nunca”. Entonces Rafa le mete una estocada en el coño que casi la tira y la pregunta si le gustaría tener dos pollas para ella sola.

Miré a Diana implorante, deseando que fuese NO la respuesta.

  • Pues la respuesta de tu mamaíta fue “Siiii. Por Dios, me encantaría, pero sigue follándome”.

Cada vez me dolían más las palabras de mi hermana, saber que mi madre se había comportado así con aquellos cabrones me partía el alma, pero al mismo tiempo, y sin pode evitarlo, me excitaba de una forma inexplicable.

  • En el resto del vídeo se ve como Sergio se corre y mamá se ofrece para que lo haga en su boca. Después él se arrodilla y empieza a manosear sus tetas riéndose mientras Rafa no para de darle cachetadas, la estaban tratando peor que a una puta y sin embargo se la puede oír como responde con sonoros gemidos que no cesan hasta que se corre.

Cuando Rafa está a punto de acabar, le dice a mamá que prepare la boquita, pero para sorpresa de todos, ella le pide que se corra dentro que quiere sentir la leche en su coño.

¡Joder Marco! El cabrón de Rafa se la está follando sin condón y ella pide que se corra dentro, es increíble.

La respuesta de Rafa fue inmediata. “A esta putita la vamos a llenar de leche por todas partes. Jajaja.” Y se ve como se corre dándole tremendas embestidas para metérsela hasta el fondo en el coño.

Por supuesto, después le tocó a Sergio, y como ya te conté de su falta de amabilidad y consideración conmigo, se ve como se la folla de una forma salvaje. Y ella, en vez de protestar, le dice cuanto le gusta y le ruega que la folle más fuerte. Te puedo asegurar que cuando vi el vídeo me pareció horrible.

Yo no tenía palabras, no sabía que decir, lo que relataba mi hermana era una barbaridad, algo que no creería si no fuese Dianita quien me lo contaba.

  • Ese día intentaron follársela los dos a la vez, ya te dije que les encantaba hacerlo y conmigo lo hicieron muchísimas veces. Pero mamá se asustó y dijo que no, que tenía que irse a casa o su marido se daría cuenta. Entonces Sergio, que no era nada tonto, la pidió que volviese el sábado para enseñarle una cosa.
  • ¿Y volvió?
  • Ya lo creo que volvió. El sábado apareció allí y la tuvieron escondida en el cuarto de Sergio para que yo no la viera.
  • ¿Y qué fue lo que la enseñaron?
  • ¿Te lo digo?
  • Claro
  • ¿No te estarás poniendo cachondo con esta historia?
  • No digas tonterías Diana, por Dios.
  • Eres un cabroncete, se te ha puesto dura, seguro. A ver, déjame que te toque.

Sin darme tiempo a reaccionar, metió la mano bajo la mesa y la puso sobre mi paquete. Al comprobar que tenía la verga a tope, soltó una carcajada.

  • Joder hermanito, no vas a cambiar nunca, se te ha puesto la polla como un palote. ¿Quieres que te la casque?
  • Venga ya, no digas barbaridades, estamos en un restaurante joder, nos pueden pillar.

Haciendo caso omiso, mi hermana metió la mano bajo la mesa nuevamente y comenzó a acariciar mi verga por encima del pantalón.

  • Uffffff. Como me gustaría poder mamártela ahora mismo, solo con tocarla se me están mojando las bragas.
  • Nos pueden pillar, Diana.
  • ¿De verdad no quieres que te la chupe un poquito? Solo un poquito.
  • No podemos.
  • ¿Qué no? Tú ve al baño de caballeros y espera un minuto.

Joder. ¿Quién puede resistirse a esa propuesta? Me levanté, fui al baño de caballeros y segundos después entró Diana.

  • Corre entra en una de las cabinas.

Mientras yo cerraba la puerta, mi hermana ya estaba soltándome el pantalón y liberándome la polla que la tenía durísima de cojones.

  • Joder que dura la tienes hermanito, no sabes cómo me gusta verla así.
  • Calla, no digas nada o nos van a oír, y sobre todo no me llames hermanito.
  • Jajaja. No hay nadie, tonto. ¿Y qué más da? Que sepan que me gusta tu polla y que me encanta follarme a mi hermano pequeño.

Echó un vistazo al suelo y vio que estaba manchado y lleno de papeles.

  • Ufff, el suelo está un poco guarro, pero bueno.

Dicho esto, se puso de rodillas, se la metió en la boca y comenzó a mamar mi polla con una delicadeza impropia de ella, sus labios recorrían lentamente el tronco y después se tragaban el glande succionándolo con enorme suavidad.

En otro lugar me hubiese encantado que lo hiciera así, pero estando donde estábamos no quería demorar aquello mucho tiempo, podía entrar alguien en cualquier momento y pillarnos infraganti, así que la tomé del pelo obligándola a acelerar el ritmo, ella me miró sonriendo y adaptó el movimiento de su cabeza al de mis manos.

Para mí era tremendamente morboso, ver a mi hermanita arrodillada en el aseo de un restaurante comiéndome la polla, me excitaba y al mismo tiempo me incitaba a más, de buena gana la hubiese apoyado sobre el retrete y la hubiese follado hasta hacerla chillar de gusto, pero sabía que no debía, así que aumenté el movimiento de su cabeza obligándola a comerme la verga sin parar.

Tenerla en su boca era una delicia, la sensación de su lengua rozando el frenillo y la suave presión de sus labios envolviendo el glande, me daban un placer que me volvía loco.

Y según sus amigos mi madre lo hacía mejor. Ufff. Mi mente voló y me puse a fantasear que era ella quien me la chupaba, podía imaginarla balanceando sus tetazas mientras me hacia una mamada como se la había hecho a Sergio aquella vez.

Casi sin darme cuenta, y sin avisar, me corrí en la boca de mi hermana llenándosela de semen.

  • ¡Que cabrón! Te has corrido sin avisarme. – gruño Diana – No me has dado tiempo a prepararme y me has manchado toda.

La leche resbalaba por sus labios y algunas gotas habían caído en su blusa dejándola mojada.

  • Lo siento Dianita, no sé qué me ha pasado. – contesté perplejo –
  • Yo sí lo sé. – respondió Diana – Eres un puto guarrete, seguro que estabas pensando en las mamadas que le hacía mamá a Sergio y te has corrido pensando en ella. ¿Verdad?

Joder como me conocía mi hermana, no podía tener secretos para ella. En ese momento abrieron la puerta del baño y entraron dos hombres comentando lo buenas que estaban las hamburguesas. Hice una señal a Diana para que estuviese callada y en lugar de eso abrió la puerta y salió mirando a los dos hombres que estaban meando en los urinarios.

  • ¡Joder! Pues si las hamburguesas están buenas, no os digo nada del postre que acabo de comerme. – dijo riendo –

Los dos la miraron incrédulos y yo la seguí deprisa girando la cara para no verlos.

Salimos rápidamente a la calle y Diana no paraba de reírse.

  • ¿Has visto su cara? Seguro que están mirando en todas las cabinas por si hay otra tía dentro. Jajaja

La situación era graciosa pero la conversación de la comida no había finalizado, necesitaba que me aclarase que le habían enseñado a mi madre el siguiente sábado, se lo pregunté pero su respuesta me dejó con las mismas dudas de antes.

  • Ahora hay que ir a trabajar, mañana si quieres te lo cuento.
  • Pero Diana…
  • No, ahora tengo que ir a cambiarme porque el cabrón de mi hermano se ha corrido en mi blusa sin avisarme.

Sabía que no iba a conseguir nada, así que no insistí y me fui a la oficina intrigado.

Obsesión por mi madre

Dame duro hijo mío Córrete en mis tetas, hijo mío