CAPÍTULO 1: LA HIJA SOBRE EL ESCRITORIO
POV CARLOS
Joder, qué pinche delicia es tener el control en mi propia oficina: Mara y Elizabeth llegan juntas para “visitarme” en pleno horario laboral, pero yo, el empresario dominante, ya planeé el morbo –mientras mi esposa espera en la sala de afuera como una perra obediente, me follo a nuestra hija sobre el escritorio, racionalizando esta mierda incestuosa como una “lección de lazos familiares” aunque en el fondo es puro poder y humillación que me pone la verga dura como piedra. La empresa bulle de empleados, pero mi despacho es mi reino, y grabo todo con el teléfono para el archivo, excitado por este cuckold invertido donde yo dirijo el tabú.
Ellas entran sonrientes, Mara con esa faldita corta de estudiante que me tienta, y Elizabeth con sus curvas maduras, pero yo las separo rápido: “Tú espera afuera, Elizabeth, como la puta sumisa que eres. Mara, quédate”. Mi esposa asiente y sale, cerrando la puerta, y yo empujo a Mara contra el escritorio, levantándole la falda para exponer su concha sin bragas, ya mojada por el morbo. “Ábrete para papá, putita”, le gruño, bajándome los pantalones y clavándole mi verga gruesa de un empujón, embistiéndola con fuerza mientras sus tetas rebotan sobre los papeles y la compu. “Dime lo que sientes, hija”, le ordeno, dándole una nalgada que deja su culo rojo. “Me encanta… que me cojas en tu oficina, papá”, gime ella, “mientras mamá espera afuera como una cornuda”. Acelero, mis bolas chocando contra sus muslos, el sonido obsceno llenando el cuarto, y pienso en el contraste: afuera, secretarias y reuniones normales; aquí, incesto crudo sobre mi escritorio ejecutivo.
Como patriarca, esto fortalece los lazos, pero ¿por qué me excita tanto humillar a mi hija frente a la puerta donde su madre espera? ¿Por qué el riesgo de ser pillados me hace querer más orgías familiares? Ella se contrae alrededor de mi polla, corriéndose gritando bajito para no alertar a nadie, y yo la sigo, vaciándome dentro de su concha con un rugido, el semen goteando por sus piernas. Apago la grabación, riendo: “Buena puta. Ahora sal y dile a tu mamá que pase, que es su turno”.
CAPÍTULO 2: LA MADRE CON EL DILDO
POV CARLOS
Joder, qué pinche morbo es esto: Mara sale de mi oficina con las piernas temblorosas y mi semen goteando por su concha, y le dice a Elizabeth que pase, mientras yo preparo el siguiente acto en este reino ejecutivo mío. Mi esposa entra, con sus curvas maduras tensas bajo la blusa, oliendo el aire cargado de sexo reciente, y yo sonrío, racionalizando esta humillación como otra “lección de liberación erótica” para fortalecer los lazos familiares, aunque en el fondo es puro control y voyeurismo que me mantiene la verga semi-dura. La oficina sigue bullendo afuera con llamadas y teclados, pero aquí adentro, saco un dildo grueso del cajón –uno negro y venoso que guardo para estas mierdas– y lo pongo sobre el escritorio, grabando todo con el teléfono para el archivo familiar.
“Eres una puta obediente por esperar, Elizabeth”, le gruño, empujándola contra el escritorio aún desordenado por la follada con Mara. Levanto su falda, exponiendo su concha mojada –sin bragas, como siempre en estas visitas–, y agarro el dildo, untándolo con su jugo antes de clavárselo profundo de un empujón. “Mírame mientras te masturbo como a una perra en celo”, le ordeno, moviéndolo adentro y afuera con ritmo salvaje, mi otra mano pellizcándole los pezones duros a través de la blusa. Ella gime, abriéndose más, sus caderas empujando contra el juguete: “Sí, Carlos… hazme correrme con eso, como la zorra sumisa que soy”. Acelero, el dildo haciendo sonidos obscenos al chapotear en su concha empapada, y siento el poder: soy el patriarca que la degrada en mi propio despacho, excitado por el contraste de su rol maternal con esta masturbación forzada, grabando cada gemido para después mostrarle a los chicos.
Mi mente: ¿por qué me pone tanto ver a mi esposa corriéndose con un dildo mientras huele el incesto reciente? ¿Por qué el control absoluto, la filmación, me hace querer involucrar a más? Ella se contrae alrededor del juguete, gritando su orgasmo con el cuerpo temblando, chorros de jugo salpicando el escritorio, y yo sigo bombeando hasta que se derrumba jadeando, exhausta. Apago la grabación, riendo: “Buena puta, mi amor. Esto va al archivo, para que lo veamos en familia”.
CAPÍTULO 3: EL VIDEO FAMILIAR
POV JUAN
Joder, qué pinche morbo es esto: estoy en mi cuarto, entrenando con pesas como el soldado musculoso que soy, cuando mi teléfono vibra con un mensaje de papá Carlos –“Mira esto, hijo. Para fortalecer los lazos. No lo compartas”–, y adjunto un video que abro de inmediato, sintiendo ya la verga endureciéndose bajo los shorts. La pantalla muestra la oficina de papá, con mamá Elizabeth contra el escritorio, su falda levantada y su concha expuesta, mientras él le clava un dildo grueso adentro y afuera con fuerza, grabando todo como el patriarca dominante que racionaliza estas mierdas tabú como “liberación erótica”. Ella gime como una puta, corriéndose a chorros, y yo me pajeo furioso, excitado por este voyeurismo familiar que me hace querer unirme y cogerme a mamá después.
El video empieza con papá ordenándole: “Mírame mientras te masturbo como a una perra”, y mamá obedece, abriéndose más, sus curvas maduras temblando mientras el dildo chapotea en su concha empapada. “Sí, Carlos… hazme correrme”, gime ella, y él acelera, pellizcándole los pezones hasta que explota en orgasmo, chorros salpicando el escritorio. Yo, viendo esto, bajo mis shorts y agarro mi verga tiesa, masturbándome al ritmo, imaginando mi turno: azotándola y clavándosela por el culo mientras papá dirige, como en esos tríos donde obedezco sus órdenes. ¿Por qué carajos me pone tanto ver a mi propia madre humillada con un juguete? En el ejército me enseñan control, pero esto es un tabú fraternal que me carcome, racionalizando como papá que une a la familia, aunque sé que es pura dominación sucia y excitación prohibida.
Soy el hijo que domina en BDSM ligero con mamá y Mara, pero este video me hace correrme fuerte, manchando el piso con mi lefa mientras el clip termina con papá riendo: “Buena puta”. Jadeando, le respondo: “Joder, papá, quiero más”. Exhausto, transformado en este voyeur incestuoso, queriendo confrontarlo en la oficina para reclamar mi parte.