Capítulo 2

Esa noche, nada más meterme en la cama, cerré los ojos y recordé lo sucedido en el patio, aún podía recordar a mi hermana besando y restregando su lengua por el espejo con los deditos metidos en el coño.

No lo había visto bien porque me daba la espalda, pero los movimientos de sus caderas y la mano bajo la braga me lo habían dejado muy claro.

Además, solo había que ver cómo gemía, la modosita parecía estar aullando.

Metí la mano bajo el pijama y comencé a masturbarme.

Recordé el culazo de mi hermanita y como la braga se metía entre sus nalgas dejando ver los cachetillos.

Aceleré rápidamente la paja y en cuestión de segundos exploté manchando mi mano, la leche resbalaba por mis dedos y recordé lo que había hecho Carolina.

De forma instintiva los llevé a la boca y recogí parte de ellos con la lengua, era la primera vez que chupaba mi semen y me pareció un poco ácido.

¿No se había dado cuenta mi hermana cuando los chupó por la tarde?

Joder. ¿Y si lo sabía?

Quizás se había dado cuenta que era lefa pero había disimulado porque la daba vergüenza.

Bufff. Mejor no pensarlo. Si eso era cierto ya podía prepararme, porque iba a joderme la vida hasta que me fuera de casa para independizarme.

De repente oí ruido en el pasillo y me incorporé para escucharlo, alguien entraba en el baño y cerraba la puerta por dentro.

¿Será mi hermana otra vez?

Hice amago de levantarme pero lo pensé mejor y me quedé tumbado en la cama.

Esperé unos segundos pero al final la curiosidad pudo al gato, salté desde mi ventana al patio y fui de puntillas hasta la del baño.

La rendijilla seguía abierta y pegué un ojo para comprobar si podía ver algo.

No podía ser cierto, está vez era mi madre la que estaba sentada en el retrete meando, tenía las bragas en los tobillos y un trocito de papel en la mano.

Vi como se levantaba y metía los dedos entre las piernas para limpiarse el chochete con el trocito de papel higiénico.

Su pubis estaba a la vista y me fijé que lo tenía depilado, nunca me hubiese imaginado a mi madre con el coñito afeitado. Conociéndola, hubiese pensado que siendo tan clásica lo tendría cubierto por un buen matojo de pelos.

Metió el papel entre los gajos y recorrió toda la rajita con los dedos hasta dejarlo bien seco. Después se giró para apretar la cisterna y pude ver su culo desnudo.

No era culo, era culazo, mis ojos se quedaron clavados en sus curvas sin poder apartar la vista de las nalgas firmes y redondas que tenía a un par de metros de mi cara.

Que maravilla de trasero, si el de mi hermana era bueno éste lo superaba con creces.

Se inclinó ligeramente hacia delante para bajar la tapa y sus nalgotas se abrieron mostrándome el agujerito oscuro.

Recordé los remordimientos que había tenido con mi hermana y pensé que era peor con mi madre, pero sin poder evitarlo, metí la mano en mi pijama y comencé a cascármela por tercera vez en el día.

Mi madre seguía inclinada limpiando el retrete y sus nalgas se abrían cada vez más mostrándome perfectamente el ojete.

Cómo me hubiese gustado pegarme a ella para cogerla por la cintura y restregar mi verga en su culo.

Solo de pensarlo, me puse muy malo y sacudí mi polla con más energía para correrme lo antes posible.

Se giró dándome el frente y vi como metía un dedo entre los labios vaginales y recorría la rajita de atrás adelante. Lo sacó y lo metió debajo del grifo.

En ese momento se me fue la olla y cerré los ojos imaginando que lo metía en mi boca y yo lo chupaba con mis labios y lo lamía con la lengua.

Buffff. Mi mano sacudía mi polla enérgicamente y el frenillo rozaba contra el pijama excitándome lo más grande y produciendo un ruido continuo.

¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!

Se subió despacio la braga, y ésta se encajó entre sus piernas marcando la vulva y su prominente monte de Venus.

Me la sacudí con tantas ganas que mi mano casi echaba humo.

¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!

Cuando pensé que ya se iba, empezó otra vez lo bueno, desabrochó el sujetador y lo tiró al cesto de la ropa sucia, pasó las manos por sus pechos y los amasó despacio, suavemente, recreándose.

Se miraba en el espejo al tiempo que se tocaba las tetas y se inclinaba un poquito hacia delante.

La braguita se había metido en la raja y las nalgas se veían imponentes.

Vaya culazos tenían mi hermana y mi madre.

Hasta ahora no me había dado cuenta, me había conformado con leer revistas porno, cuando tenía en mi casa dos mujeronas de la hostia.

Fijé la imagen de su culo en mi cerebro y cerrando los ojos me la sacudí con más fuerza.

¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!

Pensé en todos los relatos de incesto en que un chaval se follaba a su madre y me imaginé mi puesta en escena.

Mi madre apoyada sobre el lavabo sacando el culo hacia atrás y con las tetas colgando.

Guau. Que visión más excitante.

Ella estaba quieta esperando y yo me acercaba por detrás y echando saliva en su rabadilla, la dejaba deslizar por la raja hasta que llegaba al esfínter.

Entonces, presionaba con el dedo para lubricar el ojete y mi madre se giraba mirándome con cara de vicio y me decía de forma libidinosa.

  • Métemela por el culo, mi rey.

¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!

Estaba tan sofocado que volví a abrir los ojos y miré por la ventana.

Mi madre refrescaba su cara y estaba inclinada sobre el lavabo.

Siiiii. Así es como quería tenerla. Cerré de nuevo los ojos y continué con mi sueño.

La agarraba por las caderas y apoyaba el capullo en el ojete.

Mi madre se giraba sonriendo y decía en tono lascivo.

  • Empuja sin miedo, cariño. Métemela entera en el culo.

Yo empujaba suavemente hasta ver cómo el glande vencía la presión del esfínter y se colaba de golpe en su ano.

¡Flop!

  • Siiii. Ya está dentro.

Mi madre se giraba sonriente y cogía mis manos para llevarlas a sus tetas.

  • Apriétalas, mi vida. Y fóllame fuerte el culo. – era su petición en mi sueño –

Di un empujón hacia delante y se la metí entera de golpe.

  • Ouuurggg. Siiiiii, mi rey. – chilló al sentir toda mi carne dentro –

Mi madre bufaba y yo lo repetía una y otra vez empujándola contra el lavabo.

  • Auuuffff. Que bueno, mi vida. Ouuuuggg. Dale duro, sigue.

Me miraba gozosa mientras su cabeza golpeaba sin parar contra el espejo.

  • Ougggg. Fóllame, hijo, Aummm. fóllame. – pedía como una desesperada –

Y yo, muy obediente, se la metía tan fuerte como podía haciéndola gemir de gusto.

¡Toma! ¡Toma! Pensaba para mis adentros. La sujetaba por las caderas y la embestía con fuerza clavándosela una vez tras otra en el culo.

  • ¿No querías que te follase? – preguntaba imaginariamente –

Y mi madre me contestaba excitada y sin poder contenerse.

  • Auuu. Sí, mi rey, siiiii. Me gusta que me folles.
  • Pues toma polla en el culo. – respondía lanzándome contra sus nalgas para empotrársela lo más adentro posible –
  • Agggg. Siiiii. Fóllame, hijo mío. Auuuggg. ¡Fóllame fuerte! – repetía sin parar mi madre-

Con su pelo desmelenado y sus enormes tetas colgando, aullaba como una loba y me pedía constantemente que se la metiese entera en el culo.

  • Ouggg. Vaya pollón tienes, cariño. – decía muy satisfecha – Auuuuggg. Rómpeme con él el culo.

Era mi sueño y yo era feliz escuchándola y sonreía como un tonto al tiempo que seguía pajeándome.

¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!

De repente me entró un tembleque y me corrí manchando el pijama.

  • Ummm. – gemí sin darme cuenta –

Abrí los ojos asustado por si me había escuchado mi madre, y vi que la luz del baño ya no estaba encendida.

¡Joder! Mi madre se había ido y yo me había quedado en el patio más solo que la una.

Ya me lo decía mi hermana Carolina muchas veces. “Eres más tonto que pichote”.

Volví corriendo y entré en mi cuarto por la ventana, me tumbé en la cama y pensé en lo sucedido.

Si quería seguir con esto, tenía que bloquear la ventana del aseo para que quedara más abierta y así poder verlas mejor cuando fuera una de las dos al baño, ya fuera para mear, ducharse o como en el caso de mi hermana, a masturbarse frente al espejo.

Mañana lo hago, pensé antes de dormirme.

Mi madre y mi hermana me excitan

Mirando por la ventana a escondidas Cuando te pille te follo