Capítulo 1
- Desahogo con su marido
- Comenzando el tratamiento
- El calentón de una madre con su hijo
Cristina es una mujer joven, guapa, extrovertida, que por cosas del azar había sido madre demasiado pronto, se quedó embarazada estando en la universidad y tuvo que abandonar la carrera.
A pesar de todo, se siente una mujer completa, había tenido su bebé y se había casado con su novio de toda la vida, Andrés, un hombre maravilloso y un caballero de los pies a la cabeza.
Solo tiene algo en su vida que la llena de tristeza, su hijo Rubén, un muchacho de 18 años que se encierra en su habitación y ni estudia ni trabaja.
Una noche, al ir a dormir, decidió hablarlo con su marido.
- Andrés, no puede ser, no podemos seguir así. – dijo Cristina muy seria –
- ¿Qué te pasa? Mi amor. – respondió perplejo Andrés –
- Es Rubén, ya no puedo con él. Intento hacerle cambiar, que encuentre una motivación, pero es imposible, se encierra en su habitación y lo único que hace es jugar y ver la televisión.
- Jajaja. – contestó riendo su marido – Déjale, por Dios, que aún es un crio.
- ¿Un crío? Tienen 18 años y ni trabaja ni estudia, es un NiNi que vive a costa de nuestro esfuerzo.
- Cálmate mi amor, y ven conmigo a la cama que yo te aliviaré la tensión.
Cristina le miró, su esposo era un amor, le había conocido de pequeña y nunca había tenido otra relación, empezaron en el colegio, continuaron en la universidad, y al quedarse embarazada sin querer, a pesar de su juventud, afrontaron juntos la paternidad.
Llevaban 18 años casados, los mismos que tenía su hijo Rubén, pero ella se agobiaba y empezaba a sentirse infeliz, no por su marido, al que amaba con locura, sino por el comportamiento de su hijo al que no encontraba solución.
Miró a Andrés en la cama y vio su carita de bribón, la hizo tanta gracia, que comenzó a desnudarse despacio, haciéndole un estriptís como los que veía en la televisión. Soltó los lacitos del camisón, miró al suelo fingiendo timidez, movió sensualmente las caderas y el camisoncito resbaló lentamente por su cuerpo.
- Fiuuuu. – silbó su esposo con deseo –
Cristi le guiñó un ojo coqueta y desabrochó el sujetador liberando sus pechos.
- Sigue, sigue. – rogó Andrés con unos ojos inmensos –
Ella sabía que eso no era lo mejor de su cuerpo, lo mejor era su culazo, sus tetitas eran discretas, redonditas, firmes, con areolas rosadas y pezoncitos pequeños, pero él fingió que le encantaban y ella sonrió agradecida.
- ¡Guau! – exclamó Andrés aplaudiendo –
Cristina llevaba una braguita muy chica que se metía entre sus gajos carnosos y resaltaba sus anchas caderas.
- Eres un bomboncito. – piropeó él convencido –
Cris se subió en la cama, gateó sensualmente hasta su marido, y apartando la sabana, inclinó sobre él la cabeza y comenzó a chuparle la polla.
Buffff. Le gustaba hacerlo a menudo, coger el miembro de su esposo y chupárselo como hacía en su adolescencia, devorar el glande primero, recorrer el tallo con la lengua y mientras masajeaba los huevos, excitarle el frenillo y meter la polla entera en la boca.
La encantaba ver la carita de emoción de su esposo cada vez que lo hacía, era como un juego para ella.
Sin duda era una gran mamadora, al menos eso decía su marido, nunca lo había hecho con otro ni se había planteado hacerlo. Para ella, Andrés era su amor platónico y el único hombre en su vida.
Tenía la cabecita agachada, el culazo mirando a la puerta, y chupó la verga sin parar hasta que Andrés se corrió soltando la leche en su boca.
¡Dios! Que placer sintió al notar ese líquido espeso resbalando por su garganta, era como una droga, ansiaba chupársela a Andrés para tragarse su semen calentito y viscoso. Y lo bueno era que él lo sabía y siempre estaba dispuesto.
Cuando terminó de mamar y le había limpiado la verga, miró a su marido y le dijo con cara muy seria.
- Tenemos que hacer algo para que Rubén salga de su cuarto, no podemos vivir así.
Su marido respondió que había que dejar al niño que creciera poco a poco.
- ¿Crecer? Joder, Andrés, que ya tiene 18.
Éste, la vio tan estresada que solo se le ocurrió una idea.
- En la planta primera hay una sicóloga. ¿Por qué no vas a verla?
- ¿Para mí o para él? – respondió Cris enfadada –
- De momento ve tú y pide que te aconseje.
Cristina esa noche no durmió, solo tenía en mente una cosa, tenía que solucionar el problema de su hijo de la forma que pudiera.
Por la mañana fue al trabajo y lo consultó con su amiga.
- Andrés dice que vaya a una sicóloga que hay en nuestro edificio.
- Pues no es mala idea. – contestó su amiga Clara –
Esa tarde lo tuvo claro, cuando acabaron de comer, Andrés volvió al trabajo, Rubén a su habitación y Cristi se vistió y bajó al gabinete de sicología.
Cuando la muchacha la abrió, se quedó muy sorprendida, era una chica muy joven que irradiaba cordialidad y generaba confianza.
- Hola, me llamo Malena. – se presentó besando a Cristina –
Ésta, titubeó, devolvió los dos besos, y siguió a la sicóloga hasta un cuarto que había medio en penumbra, allí se sentó y comenzaron a hablar de los problemas con su hijo.
La sesión fue fenomenal, Cris se encontraba a las mil maravillas, Malena era genial y más que una sicóloga parecía una amiga.
- ¿Qué hago con él? -preguntó Cristina al terminar –
Malena lo meditó y aconsejó ponerla en tratamiento.
- Te tienes que relajar, eso es fundamental, primero te tomas unas pastillas y ya verás como después atajamos el problema.
- ¿Pastillas? – preguntó Cris sin estar convencida –
- Siii. Ya verás, son solo relajantes y no adictivas. Nos van a ayudar con la terapia cognitiva conductual.
- ¿Cómo? – preguntó sin entender qué decía –
- Verás, hay que afrontar el problema de Rubén y encontrar un tratamiento a su trastorno negativo desafiante.
Cristina no se enteraba de nada y no le hacía ninguna gracia tomar medicación, pero al oír hablar de Rubén, aceptó la propuesta y pidió que la diese la primera dosis para tomarla en ese mismo momento.
Malena sonrió satisfecha, sacó un par de píldoras del armario y la dio un vaso de agua para que se las tomase.
- Ya verás como a partir de ahora lo vas a ver todo mucho mejor. – dijo pasando la mano por la espalda de Cristina –
Continuaron la conversación y poco a poco Cris se fue relajando, notó que la entraba un ligero sopor y se abandonó a un sueño profundo.
Cuando despertó, Malena estaba frente a ella sonriendo.
- ¿Te encuentras mejor? – preguntó acariciando su mejilla –
- Ufff. Ya lo creo. – respondió Cris relajada –
- Ves, pues ahora vas a continuar con el tratamiento. ¿A qué hora estáis Rubén y tú solos en casa?
Cris lo pensó y respondió a Malena de inmediato, no sabía qué tenía que ver, pero entendió que sería importante para encauzar la relación con su hijo.
- Andrés trabaja por la mañana, regresa a comer a las dos, se vuelve a marchar a las tres y ya no vuelve hasta pasadas las diez o quizá más, todo depende de la cantidad de trabajo.
- ¿Y tú? – preguntó inquisitiva la sicóloga –
- ¿Yo? Yo entró en la oficina a las 9, vuelvo a casa a las dos y por las tardes no trabajo.
- ¡Bien! Eso está muy bien. – contestó Malena con interés – Éstas serán tus pautas de tratamiento, pero debes seguirlas perfectamente, tomarás una pastilla a las tres, otra a las seis y vendrás a verme dentro de tres días.
Cristina pagó la sesión y fue directa a su casa, se sentó en el salón y notó que algo raro pasaba, se hallaba mucho mejor, notaba una euforia exacerbada, parecida a cuando en la universidad se fumó el primer porrete con su marido. Pero sin saber el por qué, tenía la sensación de encontrarse tremendamente excitada, sentía calor, notaba su sexo mojado y sus tetitas hinchadas.
- Uffff. – resopló – ¿Qué me pasa? Por Dios.
Se levantó, pasó junto a la habitación de Rubén y vio que la puerta no estaba cerrada, pidió permiso para entrar pero allí nadie contestó.
Empujó, entró y vio la pantalla del PC conectada, se aproximó, movió el ratón sin querer y lo que vio en la pantalla fue una foto de su habitación con Andrés desnudo tumbado.
- ¡No puede ser! – exclamó horrorizada –
Hizo click al ratón y la siguiente foto que apareció fue con ella inclinada, su culo visto desde atrás y se veía como se la mamaba a su marido.
Quiso chillar a Rubén por semejante barbaridad. ¡Que cabrón! ¿Cómo podía haberlos espiado?
Pero sin saber por qué, sintió que esa imagen de su culo la generaba un enorme calor y su sexo se mojaba.
La curiosidad mató al gato, y al clicar la foto otra vez, vio que a continuación había un video grabado. La escena era brutal y rozaba lo pornográfico, ella chupaba la verga de Andrés y él repetía lo bien que mamaba.
“Ummm. Como chupas, mi amor, tienes una boquita maravillosa” – decía su marido –
Él acariciaba su pelo con pasión y ella mamaba como una desesperada.
Una enorme excitación la embargó al verse a ella misma en la pantalla, veía su cabeza subir y bajar y sintió una gran necesidad de volver a chupar y que su marido se la metiera otra vez hasta la garganta.
¿Por qué ese enorme sofocón? No se lo explicaba.
¡Joder! Ojalá estuviera Andrés ahora mismo en casa, se la chuparía otra vez como a él le gustaba.
No podía ser, lo que ocurría era irracional, su hijo les espiaba.
Pero de repente,…, de repente se dio cuenta que no la importaba, es más, saber que su hijo lo hacía, incluso la excitaba.
Siguió viendo el vídeo con gran interés, Rubén había grabado entera la mamada, ella se tragaba el rabo de Andrés y su esposo gemía frente a la cámara.
“Ummmm. Chúpamela, Cris, chúpamela”. Se oía con claridad en el PC.
Sintió una grandísima excitación al escuchar las palabras de Andrés, y así, tal como estaba, metió la mano bajo la falda, acarició su braguita por fuera y notó lo empapada que estaba.
¿Qué me pasa? Por Dios. – volvió a preguntarse asustada –
Notaba que la hervía la sangre y su útero la quemaba, esto no era normal y quiso salir rápido de allí, pero la imagen que vio en el PC la dejo completamente paralizada, devoraba la verga de Andrés y ahora era ella quien hablaba.
“Córrete, mi amor, echa tu leche en mi boca”
En ese instante se avergonzó y se sintió una madre muy guarra. ¿Qué pensaría su hijo de ella al escuchar semejante barbaridad?
Quiso llorar y salir corriendo de casa, pero en lugar de eso, se quedó completamente parada, porque eso que había oído en el vídeo era justo lo que deseaba.
La siguiente imagen la sorprendió, Rubén hacia zoom con el móvil centrándose en su culazo, era una toma espectacular en la que se veían sus enormes cachetes vibrar con la pequeña braguita encajada.
Tuvo un arrebato de lubricidad, se frotó los muslos uno contra el otro y la pequeña braguita se metió entre sus gajos.
- Aaahhhh. – gimió presa de un enorme placer –
Debería estar enfadada y borrar el vídeo y las fotos, pero la siguiente secuencia del vídeo era aún mucho mejor, su hijo desviaba la cámara y se veía como sacaba la verga de su pijama.
¡Wow! Su tamaño la impresionó, Rubén sujetaba su polla con una mano, la movía adelante y atrás y solo cubría la mitad del tallo. Era enorme, algo que ni imaginaba, su excitación se acrecentó y miró la polla de Rubén con deseo pecaminoso.
Miró otra vez y vio como su hijo tiraba del prepucio hacia atrás y aparecía el grueso capullo con una gotitas de líquido preseminal brillando en la pantalla.
- Ummmm. – gimió y se le hizo la boca agua –
No controló su reacción y sacó la lengua para recoger esas perlitas que tanto la gustaban.
No podía ser, lo que pensaba era una maldita locura, pero miró la verga otra vez y tuvo un deseo incestuoso, necesitaba chuparla, lamerla y metérsela hasta la garganta.
Sintió que de su sexo subía calor, su respiración se aceleró y apartando la braga comenzó a hacerse una paja.
- Siiiii. – exclamó – Necesito chuparla.
Mientras se masturbaba, observó el vídeo con enorme interés, su hijo la enfocaba y se veía su cabeza subir y bajar tragándose la verga de Andrés como una desesperada.
- Asíiii, así, Rubén. – exclamó sin saber el por qué –
Vio el miembro erecto otra vez, suspiró de placer, notó su cuerpo temblar y supo que se iba a correr. ¡Como hubiese deseado mamar ahora la verga de Rubén!
- AAAhhhh. Me voy a correr, mi bebé. – exclamó con satisfacción –
Miró la pantalla otra vez y vio su culito abierto. Lo miró con obscenidad, con vicio, con lubricidad, de una forma deshonesta, pero sintió una enorme satisfacción al ver que Rubén se pajeaba sin parar enfocando su trasero.
- Sigue, mi amor. – exclamó al ver como su hijo sacudía su verga –
Sintió un arrebato sexual e imaginó que estaba con Rubén. ¿Cómo sería sentir esa enorme verga dentro? Se inclinó sobre la mesa del PC y se masturbó metiéndose profundamente los dedos.
- ¡Córrete! Rubén ¡Córrete! – chilló sin querer –
Su hijo se sacudía la verga sin parar y tiraba del prepucio hacia atrás mostrando su hinchado glande morado.
- ¡Córrete! Rubén. – repitió –
Por fin vio un latigazo de semen cruzar de lado a lado la pantalla.
- Dámela, mi amor. – rogó intentado recoger ese delicioso manjar –
Era enorme su excitación, se mordía los labios sin parar y no se podía controlar.
- AAAHHH. Córrete mi amor. – suplicó follando su coñito con los dedos –
Estaba teniendo un orgasmo bestial y no podía parar, la situación la desbordaba.
- Dámela, mi vida, dámela. – exclamó viendo en el vídeo como Rubén salpicaba de semen la pared enfocando su culazo –
Aumentó su sofocón, y ya sin control, se subió la falda hasta las caderas mostrando su maravilloso trasero.
- Míralo, mi amor, míralo. – suspiró deseando que su hijo lo viera –
Había sido deseo de hombres y envidia de mujeres, “La Jenni” la llamaban en la Facultad por su parecido con el de la actriz, pero solo su marido había probado hasta ahora ese precioso tesoro.
Vio su agujerito marrón ocupando la pantalla y sonrió con obscenidad. ¡Hasta el pobre de Rubén se había masturbado admirando su culazo!
Entonces oyó la puerta del baño y salió deprisa de allí, fue rápido al salón y se sentó en el sofá.
¿Tenía que regañar a Rubén o dejar que la mirara con obscenidad?
Lo primero sería lo normal y además lo más adecuado. Pero lo segundo…
¡Joder! Lo segundo era mejor, en su estado de excitación le dejaría mirar, que admirase su cuerpo desnudo y que viera como mamaba.
Siiii, eso era mejor, mostrar su culazo a Rubén y que éste se masturbara.
¡Por Dios! No sabía cómo actuar, solo pensaba en la verga de Rubén. ¿Por qué tanta excitación?
Solo había una solución, tenía que contárselo a Malena.
Bajó corriendo al primero, llamó con desesperación pero allí ya no estaba. Solo había una solución, marco el teléfono del letrero que había en la puerta y espero contestación.
- ¿Sí? – oyó decir a Malena –
- Soy yo, Cris. Tengo un problema.
Contó lo de su excitación, los sofocos que sufría, pero no dijo nada de Rubén ni sus deseos incestuosos, eso podría ser un problema.
- Es normal. – escuchó – Tienes un grado de estrés que te supera. Pero debes superar la ansiedad, interactuar, dejarte llevar y salir de ese trastorno adaptativo que te crea desasosiego.
- Ya, pero…. – intentó responder sin entender lo que decía Malena –
- Nooo. Déjate llevar, tienes que fluir y hacer caso a tus deseos, es un nuevo método sicológico de adaptación muy moderno. No te reprimas si tu pasión se acelera.
Cristina no lo veía muy claro. ¿Dejarse fluir? ¿No reprimirse? ¿Interactuar? Buffff. ¿Qué hacía con Rubén?
- Cris, hazme caso. – añadió la sicóloga – Y ya son las seis, toma la segunda pastilla que te di.