Capítulo 3
El dire se había ido y varios hombres se abalanzaban sobre la puerta abierta. Belu yacía boca abajo en la cama totalmente inmóvil a causa del miedo. Sus extremidades seguían atadas a la cama y su vagina seguía emanando un río de semen recién eyaculado. Su cabeza no pensaba en nada, no reflejaba algo en particular, simplemente estaba atravesando un bloqueo mental generado por la situación traumática en la que se encontraba. Su lapso se vio interrumpido por varias voces detrás de ella. Eran hombres que habían entrado a la habitación.
-Pero que linda estas desnuda putita.
-Miren ese culito bien blanquito, listo para abrirse.
-Y esa concha sigue emanando lechita jajaja. Te cogieron bien putita no?
Belu no contestó ni se movió. Varias frases desubicadas y palabrotas seguían resonando en la habitación. De pronto varias manos comenzaron a tocarla. Le apretaron el culo, le agarraron las tetas y le manosearon la cara y el pelo. Ella volvió en sí y comenzó a gritar desesperada.
-NOOOOOO NOOOOO NOOOOAGGHHHH GHHHHHH.
Una mano le tapó la boca mientras unas diez más le seguían tocando el cuerpo. La apretaban, la pellizcaban, le hacían de todo y ella no podía resistirlo, quería gritar y salir corriendo. Comenzó a forcejear con las manos sobre sus ataduras pero era en vano, más aún cuando dos manos le sujetaron los brazos y los contuvieron fuertemente contra el colchón.
-Calmate puta de mierda. Te vamos a usar como queramos.
-MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM
-Ah si muchachos, miren este culito como se abre poquito. Vamos a tener que trabajar acá.
Unos dedos comenzaron a manosear su ano. Tiraron de sus nalgas abriendolas al máximo y un grueso dedo comenzó a abrirse espacio adentro del orificio de la mujer. Ella gritó presa del dolor agudo que le generaba eso. Su culo era virgen y temía que pronto iba a dejar de serlo.
-Basta, desatemosla y empecemos. Se nota que ella quiere arrancar.
Las sogas se aflojaron y Belu fue liberada. Intentó incorporarse para escapar pero le sostuvieron las manos y las piernas rápidamente. La dieron vuelta y quedó boca arriba viendo a sus secuestradores cara a cara. Eran demasiados. Belu llegó a contar siete a plena vista, pero había más detrás, algo alejados de la cama, masturbandose y mirando con ansiedad y curiosidad. Todos estaban desnudos y eran un espectáculo asqueroso: barrigas, pelos, vergas duras de todos los tamaños… no había espacio para mirar algo que no sea feo.
Las manos volvieron a la acción y comenzaron a tocarla de todos lados pero ahora también se le sumaban las vergas. Belu no paraba de sentir como cada centímetro de su cuerpo era manoseado o apoyado. Le liberaron la boca y ella no paró de implorar y gritar. Todo en vano, esos hombres estaban ansiosos por cogersela. Tanto era así, que uno se acostó sobre ella y colocó su rabo erecto a las puertas de la vagina de la esclava. La miró fijo y, ni bien Belu hizo contacto visual, la penetró. La verga se abrió espacio rápidamente y comenzó a bombear repetidamente adentro de ella, sin pausa ni tregua, sexo puro y duro. El hombre comenzó a lamerle la cara mientras los demás le manoseaban las pequeñas tetas y le sujetaban brazos y piernas. Era un tormento eterno para ella.
Al poco rato el hombre se apartó y otro ocupó su lugar. Se fueron turnando uno tras otro, unos minutos de placer para cada uno. La concha de Belu probó vergas de todo tipo y tamaño: duras, gruesas, flacas, largas, cortas, fuertes, dobladas… de todo tipo. En esa media hora de turnos eternos fue cogida por más hombres que en toda su vida. Ninguno acababa, solo unas rápidas bombeadas adentro para entrar en calor.
-Levantenlá vamos a seguir de a dos. Ya es hora de probar ese orto.
Belu no daba más. Unos veinte hombres la habían penetrado sin descanso. Su cadera estaba resentida de soportar tantos embates y su vagina ardía ante tanto contacto, pero a nadie le importaba. Su cuerpo fue tomado por varias manos y la sentaron en la cama. Un hombre se acostó detrás de ella, la levantaron y la posicionaron arriba de él. Ese hombre tenía una verga particularmente larga y flaca, que poco a poco fue haciendo fuerza para entrar en el ansiado ano de la puta. Belu gritó como nunca. Su ano perdía la virginidad lenta y dolorosamente, mientras sus paredes se ensanchaban a la fuerza. Sentía como poco a poco la iban partiendo por dentro, pero no tuvo tiempo para preocuparse por eso porque otro hombre se lanzó sobre ella y comenzó a fornicarsela de nuevo. Tenía una pija en el culo y otra en la concha y rápidamente comenzaron a cogersela a ritmo parejo y duro.
Nuevamente, el encargado de la vagina iba rotando por turnos, esta vez más largos. Mientras ella era forzada a verle la cara a cada uno de los que disfrutaba de pasar por adentro de ella. Todos disfrutaban y gozaban de realizar su tarea. Solo ella padecía en esa habitación. Belu ya no tenía fuerzas y tenía que contener a veinte hombres saciandose.
A todo esto, su ano ya estaba totalmente abierto y le pertenecía a todo tipo de vergas. Cuando uno se cansaba, golpeaba el colchón, sus compañeros levantaban a Belu y otro se acomodaba abajo. Belu no veía el tamaño del pene que le rompía el orto, solo lo sentía cuando penetraba en ella.
-AHHHH BASTA BASTAAAAA
-Siii puta si dame más siiii.
-Ya lo tiene re abierto, hay espacio para todos.
-NOOOOOOOO
-No llores puta. Gozá, gozá.
Los embates no paraban. Belu ya era un objeto inerte recibiendo bombeos en sus aguejeros. Habían pasado dos horas y no habían parado nunca. Se la estaban cogiendo de una manera tan descomunal que ella se acostumbró a sentir el ardor de sus hoyos.
De pronto, los hombres se detuvieron y la dejaron tirada en la cama. Pensó que ya habían terminado, que por fin podría descansar, pero se equivocó. Fue sujetada por varias manos y la acomodaron en el suelo. Estaba frío a diferencia de su cuerpo que ardía por el calor humano y la fricción propia de los cuerpos tocandola en el sexo. Apenas podía abrir los ojos y, desde allí, observó como la rodeaban todos y se manoseaban sus pijas. Se estaban masturbando en ronda. Intentó incorporarse pero no tenía fuerzas. Entendió que estaba abandonada al destino que esos hombres decidiesen y, lamentablemente, era un destino lleno de semen.
Poco tardaron en salpicarla con las primeras acabadas. Su pecho recibió el caliente semen primero. En su cara cayeron algunas gotas más. Finalmente sus piernas también sufrieron el cálido beso de la corriente vital que emanaban esos penes erectos. Le caía leche de todas direcciones y, casi siempre, acertaban en el blanco. Pocas gotas caían a su lado, la mayoría impactaban en su cuerpo. A los pocos minutos quedo completamente embadurnada en semen. Su cara era una masa blanca que se derretía lentamente al igual que sus tetas y sus muslos. Lejos eran las partes del cuerpo más afectadas por la avalancha de semen.
Quedó allí inerte, mientras oía como los hombres reían y festejaban. Algunos comenzaron a irse, otros demoraron más. Seguían tocandose y manoseando el cuerpo de la mujer totalmente sometido. Finalmente quedaron solo tres parados a su lado.
-Bien putita eh. Te cogiste a veinticinco hombres hoy y seguís acá. Evidentemente sos algo valioso.
Belu escuchaba sin moverse. No tenía fuerzas ni para pestañear. Apenas respiraba. Otro hombre tomó la palabra.
-Vamos a guardarte entonces.
-¿La dejamos así? Llena de leche.
-Obviamente. Tiene que tener la recompensa de habernos satisfecho tanto.
La tomaron de los brazos, que estaban bastante secos, y la arrastraron hacia una puerta ubicada sobre la esquina de la habitación. La abrieron y metieron el cuerpo inerte de Belu en un cuartito mucho más pequeño, en el cual solo había un colchón y una argolla de metal en la pared. Acostaron a la mujer en el colchón y tomaron la cadena que colgaba de su collar para atarla en la argolla.
-Un tiempito acá te va a ayudar a pensar. Te vamos a venir a buscar cuando te necesitemos de nuevo.
Los hombres se fueron y Belu oyó como la llave giraba en la cerradura. Si bien el cuarto era pequeño, desde el colchón ella no llegaba a la puerta, pues la cadena era bastante pequeña y le impedía moverse por el cuarto con libertad. Atinó a mirar al rededor y vio un tacho de pintura desgastado a un lado con la palabra «BAÑO» escrita en fibrón.
Se quedó allí, acostada tal como la dejaron, sintiendo como su vagina y ano se cerraban lentamente y como el semen se le endurecía en la piel.
Belu era el nuevo juguete de la Liga de Directores.