Una vez mas nos encontramos estimados lectores, aquí les traigo un nuevo relato, espero les guste y como siempre, me gustaría recibir sus comentarios, sugerencias y opiniones. Por supuesto como siempre, si tienen alguna fantasía, será un placer para mi transformarla en una historia.
He notado además, que cuanto mas perverso es el relato, mas lecturas atrae y mas comentarios recibo, desconozco la causa, supongo que al leer una historia, preferimos una ficción mas que un documental, es así que en este caso intentaré darle un toque bastante retorcido, veremos si puedo cumplir ese objetivo.
Los personajes:
Javier / Javiera – El protagonista
Sarina – La madre
Silvia – La Hija de Sarina
Marisa – La Ama de Llaves
Fifí – La Mucama
Manuel – El Padre
Isabel – La Tía / Hermana de Sarina
Berta – La Cocinera
Ana Raquel
La Tienda de Lencería
Capítulo I – Encontrando la Tienda
Javier, un joven de apenas 22 años caminaba por un barrio de la ciudad, simplemente paseando y perdiendo el tiempo cuando, vio una tienda con una vidriera que le llamó poderosamente la atención.
Verás, el era extremadamente fetichista, adoraba las medias de nailon, los zapatos taco aguja, etc., incluso tenía en su departamento una pequeña colección de prendas. Solía pasar los fines de semana vistiendo estas prendas, contemplándose en uno de los espejos de su departamento, y eventualmente masturbándose mientras veía una película condicionada sobre travestis en su computadora.
Lo que atrajo su atención de la vidriera de la tienda era la colección de elementos que allí se exponían, el escaparate era pequeño si, pero mostraba lo que parecía una lista de sus fetiches, corsés victorianos, medias de nailon con talón cubano (aquellas que tienen la costura en la zona posterior), sostenes del tipo torpedo, etc.
Parecía que la vidriera misma fuera en realidad una ventana en el tiempo y estaba contemplando un escaparate de los años 1950.
Casi sin pensarlo, decidió cruzar la pequeña puerta con la esperanza de al menos comprar un par de medias.
El cambio al ingresar no podía ser mayor, por fuera, la tienda daba la impresión de ser poco mas que diminuta, mal iluminada y con mas mercadería expuesta en el escaparate que en el interior.
Sin embargo, se encontró con un salón amplio, muy bien iluminado, repleto de estantes conteniendo lo que eran incalculables tesoros, en el centro, varios maniquíes realistas, exhibían todo tipo de lencería, medias, corsé, pelucas, sostenes de diversos tipos y modelos, zapatos, botas, la lista era interminable.
Javier quedó simplemente paralizado contemplando todas estas maravillas, hasta que una mujer que se encontraba detrás de un mostrador llamó su atención.
– Puedo servirle en algo caballero?
Ella tendría aproximadamente 50 años, maquillaje intenso, con los ojos pintados como si fuese una gata, labios rojos y gruesos, uñas largas pintadas del mismo color, con ambas manos apoyadas sobre un mostrador de madera.
Su cabello era negro y largo, pero peinado en un estilo alto, vestía una blusa blanca cerrada en el cuello, de mangas largas, por encima de la blusa y realzando su busto, un corsé rojo que afinaba su cintura, los lentes con marco de metal le daban un aspecto que no podía decidirse si era autoritario o intelectual.
– Perdón, buenas tardes, quería saber si tiene esas medias con talón cubano que se encuentran en el exhibidor.
– Son para usted?
– No por favor, son para mi novia.
En ese momento la mujer salió de detrás del mostrador revelando la parte inferior de su cuerpo, Javier no podía quitarle los ojos de encima, una falda negra tipo lápiz que se pegaba a su cuerpo y terminaba diez centímetros por encima de sus rodillas, medias de nailon color natural, justamente con la misma costura que estaba buscando y finalmente, zapatos de tacón aguja de por lo menos doce centímetros.
Ella caminó lentamente hacia la puerta del comercio, cada uno de sus pasos resonando en el piso de mármol, luego simplemente pulsó un botón y comenzaron a bajarse las persianas metálicas ocultando la vidriera,
Luego cerró la puerta con llave, giró sobre sí misma y se acercó a Javier con una actitud decidida. Tomó una de sus orejas y dando un tirón le dijo:
– Piensas que soy estúpida, que no me he dado cuenta que eres un pervertido?
– Perdón Señora, no he querido faltar el respeto.
– Ahora contesta, eran para ti?
– Si Señora.
– Has usado medias anteriormente?
– Si Señora.
– Zapatos?
– También.
En ese momento sintió nuevamente un tirón en su oreja.
– Has perdido el respeto? No sabes cómo tienes que dirigirte a alguien como yo?
– Perdón Señora.
– Bien, sucede que me gustan los pervertidos como tu. Ahora tienes dos opciones.
– Cuales Señora.
– La primera, olvidamos todo esto, te vendo un par de medias, abro la puerta y te vas a masturbarte como seguramente haces.
– Y la segunda Señora.
– Si lo deseas, mi marido y yo podemos educarte. Conocerás placeres que no eres capaz de soñar. Bien, que decides? Hazlo rápido.
– Será un placer para mí que usted y su marido se tomen el tiempo de educarme.
– Por lo menos tienes la actitud correcta, ahora para confirmar tu posición, limpia mis zapatos con tu lengua.
Javier se arrodilló en el piso y comenzó a lamer el zapato que su nueva Ama le ofrecía.
– Bien, recorre el tacón, hazlo como si fuese un pene pequeño.
– Ahora besa el empeine, llega hasta los tobillos, quiero sentir tu lengua.
Luego le ofreció el otro pié y repitió el proceso.
– Al menos sabes obedecer, ven aquí.
Dio la vuelta y se dirigió a un armario que se encontraba detrás del mostrador, abrió una de sus puertas y retornó con un objeto metálico en su mano derecha.
– Bájate los pantalones.
– Aquí, ahora Señora?
– Aquí y ahora porque yo te lo ordeno, las persianas están bajas y la puerta cerrada, nadie te verá. No vuelvas a cuestionarme.
Javier bajó sus pantalones y su ropa interior, dejando expuestos sus geniales, su nueva Ama entonces procedió a colocar un dispositivo de castidad en su pene.
– Ahora estaré segura que no te tocarás. Le dijo mientras colocaba la llave del candado en una cadena alrededor de su cuello, junto con otras tres o cuatro mas.
– Que haré ahora? Estoy encerrado y usted es la única persona que tiene la llave.
– Esa es la idea, nuevamente tienes dos opciones, la primera es salir de aquí e ir a la guardia de un hospital, contarle a quien te atienda lo que ha ocurrido y rogar para que te liberen.
– La segunda opción es que sigas mis instrucciones y quizá, solo quizá, si te comportas correctamente, puede ser que te libere. Ahora anota tu dirección en este papel, hoy por la noche pasará a buscarte mi chofer, no es necesario que traigas nada.
– Si Señora.
Javier, no teniendo en realidad elección posible, escribió su dirección en el trozo de papel y se lo entregó a su Ama. Ella fue hasta la puerta, la abrió y cuando Javier salía le dice: – No te arrepentirás, o quizá si, pero ya no importa.
Capítulo II – Su nueva residencia
Ya en su casa, Javier no sabía que hacer, se debatía entre la ansiedad por estar al servicio de la dueña de la lencería y la incertidumbre de no saber que le deparaba el futuro.
Caminaba de un lado hacia el otro, cada diez minutos bajaba sus pantalones para examinar el dispositivo de castidad, buscando alguna forma de liberarse de el, sin embargo, era indudablemente de excelente calidad, metálico, no disponía de un candado, al contrario, la llave se insertaba directamente en el dispositivo, intentó abrirlo con algunas herramientas que disponía.
Todos sus esfuerzos fueron infructuosos.
Los nervios fueron incrementándose a medida que se acercaba la noche, caminaba de un extremo al otro, encendía el televisor para inmediatamente apagarlo, se sirvió un vaso con whisky intentando aplacar su ansiedad.
Cuando estaba a punto de enloquecer, sonó el timbre de su departamento. Al abrir la puerta se encontró con un hombre maduro, quizá cuarenta años, con algunas canas en las sienes, alto, por lo menos un metro ochenta, físico atlético que mostraba muchas horas en el gimnasio, vestía un uniforme y llevaba una gorra bajo su brazo izquierdo.
– El Señor Javier? Preguntó.
– Si, soy yo.
– Me envía la Señora Sarina, tengo instrucciones de llevarlo hasta la casa.
Resignado, lo único que pudo responder fue: – Si como no, un segundo que tomo mi abrigo.
Fueron hasta una limusina estacionada en la puerta de su edificio, el chofer, abrió la puerta trasera pero antes de ingresar le indicó:
– Un momento por favor, tengo instrucciones precisas.
Tomó del bolsillo de su saco un antifaz de cuero, sin aberturas para los ojos y lo ajustó en el rostro de Javier. Luego, lo asistió para ingresar al vehículo.
Así, cegado, oyó como se cerraba la puerta (y con ello sintió que su destino también) luego el chofer se acomodó en su asiento mientras le informaba: – Será un viaje corto, en una hora llegaremos.
No podemos decir mucho del viaje, salvo que el andar de la limusina era extremadamente suave, algunos sonidos llegaron a filtrarse pero fue incapaz de identificarlos, pensaba en ese momento que en las películas es muy fácil describir el viaje, pero el lo encontró imposible, mas todavía cuando su guía puso música melódica que obviamente tenía por función enmascarar los sonidos del exterior.
De pronto, el andar se hizo mas lento, el sonido del asfalto fue reemplazado por el de la grava y finalmente el automóvil se detuvo.
Escuchó como se abría la puerta del conductor y luego la suya, una mano lo tomó con delicadeza del brazo y lo ayudó a salir, luego, retiró la venda de sus ojos.
Se encontró frente a aquello que tranquilamente podría ser descripto como una mansión, una fuente circular en el centro de un camino de grava, al frente, una pequeña escalera de cuatro escalones daba paso a una inmensa puerta de dos hojas, estas se encontraban abiertas y en su centro una figura femenina que al principio no pudo distinguir correctamente.
– Buenas noches Señor, un placer recibirlo en la residencia. Le dijo la mujer.
– Muchas gracias.
Ya mas cerca, pudo contemplarla correctamente, unos cincuenta años de edad, alta y delgada, sin embargo, con un busto exuberante, tenía un vestido negro de mangas largas, muy ajustado al cuerpo que resaltaba sus senos, la falda tipo lápiz terminaba apenas cinco centímetros por encima de la rodilla.
El maquillaje impecable en tonos oscuros con los labios gruesos y rojos, uñas perfectamente manicuradas pintadas del mismo color, medias de nailon color natural con talón cubano (como aquellas que había querido comprar), zapatos con tacón aguja de 12 centímetros.
Su cabello negro, estaba peinado en un estilo alto, todo su aspecto reclamaba su lugar como una institutriz inglesa y severa.
– Espero que su viaje halla sido agradable, deberá disculpar la incomodidad de la venda, somos muy apegados a nuestra intimidad.
– No hay problema, no se preocupe.
– Excelente, pase por favor.
Javier ingresó y detrás de el, la mujer cerró la puerta.
– Le ruego me disculpe, mi nombre es Marisa y soy la Ama de Llaves de la residencia.
– Mucho gusto, un placer, respondió Javier no sabiendo muy bien que decir.
En ese instante, Marisa hizo sonar una campanilla.
– En un momento vendrá Fifí para prepararlo como corresponde antes de poder ver a la Señora.
– Prepararme, como, que debo hacer?
No llegó a oír una respuesta, si escuchó el sonido de unos tacones sobre el mármol y apareció una mucama francesa que lo dejó sin aliento.
Era el sueño húmedo de cualquier fetichista.
Tenía un vestido negro, con volados blancos en sus puños, con escote cuadrado que poco hacía para ocultar un busto mas que prominente, de hecho, parecía que sus pecho en cualquier momento se escaparían y quedarían expuestos.
El vestido era extremadamente corto, tal es así que apenas cubría los puños de las medias (con talón cubano también por supuesto) negras sujetas con ocho ligueros. Zapatos stiletto con un tacón de doce centímetros.
El cabello negro, cortado en un estilo Clepatra con flequillo, enmarcaba un rosto perfectamente maquillado en tonos oscuros, labios marrones y uñas largas pintadas del mismo color (como podría hacer sus tareas con esas uñas era un misterio).
– Me llamó Señora Marisa?
– Si Fifí, necesito que prepares a nuestro invitado antes de presentarlo a la Señora y el Señor.
– Por supuesto, me acompaña Señor por favor.
Fifí giró sobre sí misma y comenzó a caminar, antes que Javier pudiera seguirla, otra mujer descendió por la escalera. Esta tendría aproximadamente 20 años, cabello color castaño claro, peinado con dos coletas como si fuese un escolar.
Vestía una blusa blanca de mangas largas que poco o nada hacía para ocultar un busto por demás generoso, un pequeño lazo ajustaba el cuello de la camisa, resaltando aún mas sus pechos. El maquillaje era intenso tal como parecía ser la moda en esta casa, uñas rojas y largas del mismo color que sus labios.
Una falda escocesa corta apenas cubría sus medias blancas y sus zapatos eran, al igual que el resto, de al menos diez centímetros de altura.
– Ha llegado mi prima? Preguntó.
– Todavía no, respondió la Ama de Llaves, primero hay que prepararla.
– Puedo ir con ella y ver? Por favor?
– Déjeme consultarlo con la Señora primero Señorita Silvia.
– Por favor. Prometo comportarme.
– Aguarden un momento aquí.
Marisa salió por una puerta lateral mientras la recién llegada se acercaba a Javier.
– Que ganas que tenía de conocerte, a veces me siento sola, le dijo mientras, inocentemente, rozaba su busto contra el brazo de Javier.
El no sabía que responder, de hecho desconocía por completo a que se referían con que debían prepararlo.
En ese momento retornó el Ama de Llaves y les informó: – La Señora dice que por esta vez está bien, sostiene que es conveniente que ustedes se conozcan, pero ha impuesto una condición.
– Cual? Preguntó Silvia, lo que sea dalo por hecho.
– Simplemente que te comportes, estarás presente para ayudar, no para jugar. Está claro?
– Si Marisa, no te preocupes.
Fifí abrió el camino, subiendo por las escaleras casi exhibiendo sus nalgas, en ese momento, Javier pudo notar que no tenía ropa interior, en realidad era un hombre y tenía un dispositivo de castidad igual al que llevaba el, la diferencia era que además, tenía puesto un plug anal.
– Marisa es buena gente, le dijo Silvia, a veces es un poco estricta, ya te acostumbrarás.
Al llegar al primer piso de la mansión, se encontraron en un amplio pasillo con varias puertas que supuso Javier, darían acceso a sendas habitaciones, Fifi fue hasta la segunda de ellas e ingresó, al seguirla, el se encontró con una habitación inmensa, al fondo, un ventanal que daba a un balcón con vista al jardín, sobre la pared derecha se encontraba una cama de dos plazas y media con dos mesas de noche a su lado.
Frente a la cama una puerta que supuso sería el cuarto de baño. A un costado, fijo en la pared, un televisor de 70 pulgadas de alta definición que en ese momento estaba reproduciendo en silencio una película explícita con varios travestis.
A la izquierda de la cama, sobre la pared, un tocador repleto de artículos de maquillaje, cabezas de plástico con otras tantas pelucas y un espejo perfectamente iluminado.
– Desnúdese Señor por favor. Le pidió Fifí.
– Aquí? Ahora? Frente a ustedes. Respondió Javier temiendo que descubrieran que el también tenía un dispositivo de castidad.
– Seguro que no quieres que te veamos con el dispositivo. Agregó Silvia. No debes preocuparte, todas aquí lo llevamos salvo Mamá, mira.
No terminó de decirlo; subió su minúscula falda mostrando que ella también era un hombre y que llevaba un dispositivo puesto. No conforme, giró y le mostró que al igual que la mucama, también llevaba un tapón anal.
Mareado por la revelación, Javier solo pudo preguntar: – Mamá?
– Bueno, no es mi madre biológica si es lo que estás pensando, pero ella me ha hecho lo que que soy ahora, así que en cierto sentido si es mi madre. Además, le gusta que la llamen así.
– Puede quitarse la ropa Señor? No tenemos mucho tiempo. Agregó Fifí, interrumpiendo la conversación.
Sin muchas opciones, Javier se desvistió frente a las dos mujeres y quedó completamente desnudo frente a ellas.
– Permítame disponer de estas ropas, ya no las necesitará mas.
Fifí tomó las ropas masculinas, las guardó en una bolsa de plástico y las arrojó en un cesto en el baño.
– Por aquí por favor, su baño ya está listo.
Al ingresar al baño encontró que este era tan impresionante como la habitación, en el fondo, tras una mampara de vidrio se encontraba un hidromasaje lleno de agua.
– Entre al hidromasaje y espere diez minutos que el producto haga efecto, tenga cuidado de no sumergir la cabeza.
Quedó entonces sumergido en el agua hasta el cuello, un cosquilleo recorrió todo su cuerpo, especialmente cuando, luego de unos minutos Fifí encendió el artefacto y sintió que chorros de agua golpeaban contra su cuerpo.
Estuvo aproximadamente quince minutos, poco a poco, bajo el efecto del agua caliente, fue relajándose, al salir, la mucama lo estaba esperando con una toalla blanca con la que cubrió su cuerpo y luego comenzó a secar frotando vigorosamente.
Cuando terminó, descubrió que en su cuerpo no había quedado un solo cabello.
– Por aquí por favor. Indicó Fifí señalando el camino de vuelta hacia la habitación.
Solo entrar a la habitación, encontró a Silvia esperándolo con una jeringa hipodérmica en la mano, Fifí lo tomó de las manos, casi inmovilizándolo mientras le decía:
– Tranquila, esto te ayudará.
Tranquila? En que momento su pronombre había pasado a ser femenino? No pudo completar el pensamiento ni tampoco formular la pregunta cuando sintió un pinchazo en su cuello.
– Que es esto? Que me están haciendo?
Silvia se encargó de responder. – Es por tu bien, te ayudará, es una fórmula especial de Papá que te hará mucho mas dispuesta.
– Papá? Dispuesta? Que significa?
– Todas nosotras pasamos por esto, te contaré mientras Fifí te ayuda a vestirte.
Sintiéndose un poco mareado, dejó que las dos mujeres lo tomaran de los brazos, lo acompañaran hasta la silla que se encontraba frente al tocador y mientras la mucama lo maquillaba, Silvia le dio un resumen de su situación y la de la casa.
– Será mejor que empiece por el principio, Papá no es tampoco mi padre biológico, pero todas aquí somos en cierta medida sus creaciones. Verás el no solo es un cirujano plástico de renombre, además es el CEO de una red de clínicas, esto le ha permitido disponer de un laboratorio y quirófano no declarado que se encuentra justamente en el sótano de la mansión.
– Allí no solo ha perfeccionado algunas técnicas quirúrgicas bastante innovadoras, además ha estado experimentando con algunas sustancias que nos hacen mucho mas complacientes.
– El primer sujeto de Papá fue justamente Mamá, ella hace mucho tiempo era también un hombre y la pareja de Manuel, poco a poco se fue sometiendo a distintas cirugías, originalmente, su idea era simplemente adoptar un rol femenino dentro de la casa. Sucede que tanto Sarina como Manuel son bastante perversos y no supieron donde detenerse.
– Es así que el busto de Mamá es bastante llamativo como te habrás dado cuenta, además, redujo su cintura removiendo alguna que otra costilla, aumentó sus caderas y finalmente, en una cirugía experimental, con la grasa que removió de su cintura, aumentó su pene, el que ahora tiene un tamaño descomunal si me preguntas.
– Esta transformación fue voluntaria, ambos estaban de acuerdo y entusiasmados por probar nuevas técnicas y ver hasta donde podían llegar. La cuestión es que luego llegó el turno de Marisa, ella era antes el Mayordomo de la mansión, aquí comenzaron a experimentar con algunas drogas, doblegaron su voluntad y la sometieron a tratamientos similares, incrementando su busto, sus caderas y por supuesto, su pene también.
– Crees que se detuvieron en ese momento, no, comenzaron a mirar con interés al cocinero y al poco tiempo, este se convirtió en Berta, ya la conocerás esta noche, una morocha voluptuosa, digna de una película condicionada, excitada permanentemente y con un pene que puedo jurarte, hará tus delicias.
– Si quieres aceptarlo, te doy un consejo, trata de no quedarte en ningún momento a solas con Marisa y Berta si sabes lo que te conviene, son muy perversas y harían contigo cosas que hoy no puedes imaginar.
– En ese momento se dieron cuenta que tenían un Ama de Llaves, una cocinera, y les faltaba una mucama, fue entonces que Mamá abrió la tienda de lencería, en realidad solo funciona como una especie de trampa caza bobos, la primera en caer en ella fue justamente Fifí, como puedes ver, han realizado un trabajo excelente.
– Como Mamá y Papá no estaban conformes todavía, pensaron en formar una familia, y fue en ese momento que entré yo en la tienda y aquí me tienes.
– Luego pensaron que sería interesante que Isabel tuviera una hija y yo una prima con quien jugar, ahí es donde entras tu. La inyección que te apliqué tiene varios componentes, algunos simplemente te mantendrán excitada en todo momento, otros te harán mucho mas complaciente y otros simplemente son una serie de hormonas que buscan un resultado específico.
– Por ejemplo, sabes que Fifí, Marisa y Berta pueden lactar? El compuesto que les administran a ellas les permite dar leche como si estuvieran amamantando, mira.
No terminó la frase que se acercó a la mucama, descubrió uno de sus pechos y al apretarlo ligeramente, comenzó a manar leche del mismo. Silvia, sabiendo lo que sucedería, comenzó a lamer los pezones de la criada, mientras esta comenzaba a gemir de placer.
– Por favor Señorita, no debemos jugar.
– Porqué no? Acaso no te gusta?
– Sabe que si Señorita, pero si su madre nos descubre jugando, nos castigará.
– Sí, lástima, luego le pediré permiso para que deje que mi prima y yo juguemos un rato contigo.
– Mira, si ya estás chorreando pre semen dijo dirigiéndose a Javiera.
Con uno de sus dedos, tomó el líquido que había comenzado a correr desde el pene enjaulado de la criada, lo lamió y dijo:
– Delicioso, tomó otro poco y le ofreció a Javiera, – Prueba, verás que te encanta.
Javiera, con las drogas comenzando a hacer sus efectos, se sintió excitada, extendió la lengua y probó el líquido de Fifí, agradable, pensó, lástima que no fuese mas abundante.
Mientras tanto, Fifí ya casi había completado su trabajo, aplicó sombras en los ojos de Javiera, delineó sus labios y luego los pintó, aplicó pestañas postizas, uñas esculpidas, largas y pintadas del mismo color que sus labios y como toque final, una peluca idéntica a la de Silvia, castaño claro, peinada con dos coletas a los costados.
Llegó el momento de la ropa, primero un corsé, que Silvia ajustó mientras la criada sostenía a Javiera por las manos, luego un par de medias de nailon blancas y brillantes.
– Por ahora usarás estas, dijo Silvia mientras le colocaba un par de prótesis mamarias de generoso tamaño dentro del sostén. Mas tarde Papá te dará unas de verdad como las mías.
Luego una camisa blanca, de mangas largas y amarrada con un lazo al cuello, una falda escocesa que apenas cubría el puño de sus medias y un par de zapatos de taco aguja de diez centímetros de altura.
– Casi lo olvido, dijo Fifí en ese momento, abrió uno de los cajones del tocador y volvío con un plug anal en sus manos.
– La Señora me habría castigado si no la preparamos correctamente.
Aplicó una generosa cantidad de lubricante en el plug y lo introdujo lentamente dentro del ano de Javiera mientras su ahora prima la abrazaba.
– Tranquila, verás que rápidamente te acostumbras.
Ya casi lista, la hicieron caminar por la habitación hasta que adquirió destreza con esos tacos.
– Excelente, vamos que Marisa debe estar esperándonos.
Tomadas de la mano, bajaron las escaleras hasta la sala donde la Ama de Llaves efectivamente las aguardaba.
– Se han tomado su tiempo, la Señora está impaciente por conocer a su nueva sobrina, le dijo esta. Espero por su bien que no perdieran tiempo jugando.
– Sabes que la primera vez es mas demorada Marisa, de cualquier forma ya está lista y preparada para presentarla frente a Mamá.
La Ama de Llaves tomó a cada una de ellas por la mano, las guió hasta una puerta de dos hojas que daba al estudio y antes de abrirla les dijo.
– Aquí vamos, recuerden comportarse.
Capítulo III – La presentación
Marisa abrió las puertas del estudio, tomó a ambas mujeres de la mano y avanzó hasta el centro. Al fondo de la habitación se encontraban quienes se hacían llamar Mamá y Papá, ambos sentados en sillones de respaldo alto, que mas bien parecían tronos, detrás de ellos, una biblioteca que cubría toda la pared, Sarina, se encontraba vestida exactamente igual a cuando Javiera la conoció el mismo día por la mañana en la tienda de lencería.
A su derecha, un hombre, Manuel, su marido, de aproximadamente 45 años, cabello oscuro con algunas canas en las sienes, tenía un traje negro, camisa blanca y corbata negra, zapatos del mismo color acordonados, su actitud era el de una persona segura de si misma, con una ligera sonrisa en su rostro.
– Señores, he traído a las niñas. Anunció Marisa.
– Adelante pequeñas, adelante, dijo el, que gusto verte hija, un placer conocerte Javiera. Ven aquí Silvia, siéntate con tu padre dijo señalando su regazo.
Silvia se adelantó, se sentó sobre la falda de Manuel, pasó un brazo por detrás de su cuello y mientras le daba un beso en la mejilla dijo:
– Papi, te extrañe.
– Yo también mi niña, hoy he tenido un día complicado y esto necesitando relajarme.
Silvia movió sus caderas y dice: – Huy papá, como estás ahora.
– Es culpa tuya hija, porqué no me ayudas a relajarme?
No fue necesario repetirle el pedido, Silvia se arrodilló entre las piernas de su padre y liberando su pene, comenzó a acariciarlo. No demoró mucho en mostrarse completamente erecto y ella continuó besándolo, recorriendo toda su extensión con su lengua para finalmente, introducirlo en su boca mientras acariciaba sus testículos.
– Sigue así hija, eres deliciosa, luego hablaré con tu madre para que las deje jugar con Fifí, o mejor, aún, para que Marisa y Berta jueguen con ustedes dos.
Mientras tanto, Javiera permanecía de pié en el centro del estudio.
– Ven aquí jovencita, le dijo Sarina, tu tía quiere examinarte.
Ella se aproximó a quien ahora era su tía y quedó de pié delante de ella. La mujer entonces acarició sus piernas hasta llegar a sus muslos, exploró el plug que llevaba puesto, palpó su nuevo y prominente busto.
– Bastante bien por ser la primera vez, las costuras de tus medias están un poco torcidas pero en realidad no es tu culpa. Luego tendré una conversación con Fifí.
– No seas muy estricta con ella tía por favor, ha hecho lo mejor que ha podido. Respondió Javiera ya completamente en su nuevo papal.
– Bien, por ahora lo dejaremos pasar, ahora cuida de tu tía tal como está haciendo tu prima.
Una vez que dijo esto, se limitó a dejar caer su falda y exponer un pene de dimensiones descomunales, Javiera lo tomó con una de sus manos y sus dedos apenas podían cerrarse sobre su contorno, dudó por un momento que semejante herramienta pudiera siquiera entrar en su boca.
– Vamos, adelante, yo te ayudo, dijo la tía mientras con una mano apoyada en la nuca de su sobrina, ejercía una leve presión.
Javiera no sabía si era por las drogas que le habían administrado, por lo perversa de la situación, porque de alguna forma se encontraba viviendo todas sus fantasías juntas, lo cierto era que su pene luchaba contra el dispositivo de castidad, la excitación al ver semejante miembro la sobrepasó y se encontró a si misma babeando y deseando poder besar el ejemplar que ostentaba su tía.
Comenzó a acariciando, viendo como al llenarse de sangre aumentaba aún mas su tamaño, poco a poco se animó y tal como había hecho hacía poco su prima, comenzó a lamerlo como si fuese un helado, luego, con cierto esfuerzo lo introdujo en su boca.
Había introducido tan solo una pequeña parte del miembro de su tía cuando el glande golpeó contra el fondo de su garganta produciéndole una arcada.
– Ten cuidado, de a poco, le dijo Sarina, para luego comenzar a darle indicaciones sobre la técnica a utilizar.
Luego de varios intento, consiguió alinear su garganta y por fin, el pene entero estaba dentro de su boca, sintió sus testículos golpear contra sus labios y comenzó entonces un movimiento de vaivén introduciendo y sacando sus genitales.
– Así, muy bien, dentro de poco serás una experta, tu madre estará muy orgullosa de ti.
Estuvieron así un tiempo hasta que en cierto momento percibió la tensión en el cuerpo de su tía, sintió como las uñas de esta se aferraban a sus hombros por encima de su blusa y de pronto, comenzaron los espasmos de un orgasmo, parte del semen de Sarina descendió directamente por su garganta, sin embargo, los movimientos de cadera de la Señora, indicaban que el orgasmo continuaba, uno tras otro chorros de semen llenaron su boca, hasta que comenzaron a filtrarse por la comisura de sus labios cayendo sobre su busto.
Cuando hubo terminado, y con la boca llena de esperma, Javiera comenzó a relamerse, disfrutando por primera vez del sabor de un orgasmo, deseando poder tocarse su entrepierna.
– Que deliciosa puta que eres, fue el cumplido de la Señora.
En ese momento, se abre la puerta e ingresa Marisa quien parece indiferente a la imagen que tiene delante, dos adolescentes con la boca llena de esperma cayendo sobre su blusa, anuncia: – Ha llegado la Señora Isabel, desea saber si existe oportunidad de conocer a su nueva hija.
– Por supuesto Marisa, dile que pase.
Ingresó entonces una mujer rubia, cabello corto, con un busto y caderas exuberantes, maquillada con precisión, labios rojos y gruesos, uñas largas de tres centímetros del mismo color. Vestía un traje sastre color crema, medias de nailon color natural y zapatos del mismo color que el traje de doce centímetros de altura.
Se acercó a Javiera, recorrió con su lengua el rostro de esta, lamiendo los restos de semen de su hermana.
– Delicioso Sarina, puedo reconocer tu sabor inmediatamente. Tu serás mi hija, afirmó dirigiéndose a Javiera.
– Si Mamá, respondió esta sumisa.
– Muéstrale respeto a tu madre, le indicó Sarina.
Inmediatamente, Javiera se arrodilló frente a ella y comenzó a lamer sus zapatos.
– Excelente, estás correctamente educada, ven aquí mi niña, abraza mis piernas y frota tu pequeño clítoris contra mis medias.
La suma de todos las fantasías de Javiera se estaba cumpliendo en ese momento, abrazó las piernas de la nueva Ama que había entrado en su vida y comenzó a frotar su dispositivo de castidad contra las medias.
En ese momento Sarina la interrumpió. – Javiera, Silvia, ya es hora de cenar, retoquen su maquillaje, cambien la blusa y nos encontramos en el comedor.
Ambas se levantaron, y tomadas de la mano salieron del estudio.
Capítulo IV – La Cena
Al llegar a la habitación de Silvia, esta tomó una blusa para sí misma y le alcanzó otra a Javiera, luego de cambiarse pregunta:
– Quieres ver algo nuevo antes de ir a cenar?
– Si, me encantará.
– Bien, apoya tus manos en el tocador, eso es, ahora empina tu cola, perfecto, así estás muy bien.
Javiera quedó en la posición que su prima le había indicado, sintió entonces como esta le subía la falda y muy lentamente, comenzó a jugar con el plug que tenía puesto, retirándolo un poco, luego volviendo a introducirlo, repitiendo el procedimiento varias veces, hasta que por fin lo retiró por completo.
Javiera sintió una sensación de vacío por primera vez en su vida, no se había percatado de cuanto se había acostumbrado a la agradable sensación del juguete dentro suyo, dilatándola.
Poco tiempo duró, ya que casi inmediatamente, sintió los labios de su prima primero besando sus glúteos, luego acercándose poco a poco a su orificio, hasta que finalmente, al llegar a el, literalmente la penetró con su lengua.
Un gemido de placer surgió de los labios de la joven, nunca había sentido algo así, la suavidad de una lengua explorando su ano, las manos de su prima abriendo sus nalgas para exponer aún mas la entrada de su ano.
– Sigue por favor, le pidió a su amiga, lamentando que sus genitales estaban atrapados, que hermoso sería masturbarse mientras alguien le lamía el culo.
– Suficiente, si Madre sospecha que estamos jugando nos castigará. Dijo mientras colocaba el plug nuevamente en su lugar.
– Ahora vamos a cenar. Tomó de la mano a Javiera y la guió hasta la planta baja de la mansión.
– Vamos primero a la cocina, quiero que conozcas a Berta le anunció.
Ingresaron juntas a una espaciosa cocina, en el centro de la misma se encontraban seis cuencos conteniendo una sopa de color rojo, frente a dos de ellos se encontraban Marisa y una mujer de unos cincuenta años, morocha, cabello oscuro largo hasta los hombros, vestía además una chaqueta corta de color blanco que poco o nada hacía por ocultar un busto decididamente gigantesco.
Ambas tenían sus genitales expuestos, estos eran aún mas portentosos que los de Sarina, quizá gracias a la intervención de Manuel, sostenían sus penes con ambas manos y se estaban masturbando furiosamente.
– Espera un momento, llegamos en el momento justo, están condimentando la sopa. Le comentó Silvia.
Primero una y luego la otra, vertieron su orgasmo en los cuencos que tenían delante.
– A Mamá y a Papá les gusta la sopa muy condimentada, Papá exige que la suya esté sazonada por Berta, Mamá no es tan exigente.
– Berta, esta es mi prima Javiera, vivirá con nosotros a partir de ahora.
La cocinera guardó su enorme herramienta, acomodó su chaqueta y abrazó a Javiera frotando su busto contra ella. – Un placer señorita, espero ansiosa el momento en que la Señora le permita que juguemos juntas.
No sabiendo muy bien como contestar, y al mismo tiempo con cierto temor de salir lesionada en un encuentro con la cocinera le contestó: – Yo también estoy muy ansiosa, espero que sea pronto.
– Vamos, le dijo Silvia, deben estar esperándonos.
Llegaron al comedor, en el centro del mismo había una mesa para ocho personas, perfectamente cuadrada donde cada uno de sus lados medía dos metros. En la cabecera estaban sentados Sarina y a su izquierda, Manuel, a la derecha de la Madre de Silvia, estaba su hermana Isabel, y a su derecha la Ama de llaves, a la izquierda de Manuel, había dos lugares vacíos.
– Ven vamos a sentarnos, le dijo Silvia, mientras se acomodaba. De esta forma, quedó Silvia enfrentada con Marisa y Javiera con su flamante madre.
Fifí, sirvió la sopa a todos los comensales y luego quedó de pié al fondo del cuarto atenta a cualquier cosa que sus Amos pudieran requerir.
Manuel luego de probar la sopa dice: – Excelente, Fifí, dile a Berta que la felicito nuevamente, avísale además que puede jugar un rato contigo, realmente se lo merece, se ha superado a si misma.
– Si Señor, como ordene.
Fifí se retiró a la cocina. Javiera no pudo dejar de notar las miradas que le lanzaba Isabel, cada tanto rozaba su pierna contra la de ella, sentía el roce del nailon de sus medias e inevitablemente se fue excitando poco a poco a pesar de lo bizarro de la situación. Su madre sonreía cuando hacía estos movimientos, pero no era una sonrisa de alegría, de alguna forma, le recordaba a un depredador a punto de caer sobre su presa.
Al rato se oyeron unos ruidos provenientes de la cocina, algunos utensilios que caían, quizá una cacerola o una fuente, mientras una voz, la de Berta decía: – Así que te gusta mi chorizo, quieres una probada?
Sonidos ininteligibles como respuesta, luego gemidos.
– Ten pequeña puta, cómelo todo.
Mas gemidos como única respuesta respuesta.
– Te voy a acabar en la cara y luego la limpiaré con mi lengua.
Continuaron los sonidos y de pronto, silencio. Poco después reapareció Fifí. Estaba un poco despeinada, uno de sus senos fuera del uniforme, se paró al fondo de la habitación y mientras se componía dijo:
– Berta le agradece sus cumplidos Señor, y dice que es un placer servirlo.
– Ya lo creo respondió Manuel con una sonrisa, y dirigiéndose a su esposa comenta:
– Con las dosis masivas de viagra y hormonas que le administro en su fórmula, me aseguro que esté constantemente excitada.
El resto de la cena transcurrió con cierta normalidad, si es que la situación podía calificarse como tal, ahí estaba Javiera, totalmente transformada en una colegiala, algo que ese mismo día cuando entró por la puerta de la tienda, jamás hubiera imaginado.
Al finalizar Sarina comentó dirigiéndose a Javiera: – Nosotras iremos al estudio a tomar una copa de vino, tu quédate con tu madre que necesitan conocerse.
Todos se levantaron y Javiera quedó sola con Isabel, quien se acercó y apoyando sus manos en sus hombros, susurró a su oído:
– Hija, Vamos a la otra sala que allí estaremos mas cómodas.
Mientras seguía a su flamante madre, oyó nuevamente sonidos provenientes de la cocina y una voz, la de Berta que decía:
– Quieres mas? Eres una puta insaciable, tendré que darte lo que mereces entonces.
Berta y Fifí estaban jugando de nuevo y suponía que su prima, la tía, el tío y el Ama de Llaves, estarían haciendo lo mismo en el estudio por los sonidos que llegaban hasta ella.
Isabel la guió hasta una sala mas pequeña, amueblada simplemente con dos sillones de respaldo alto, se sentó en uno de ellos y cuando Javiera se disponía a sentarse en el otro le dice:
– No, no, ven siéntate aquí, en mi regazo.
Javiera se sentó sobre la falda de su madre y rápidamente sintió la presión de un pene contra sus nalgas.
– Me has excitado mucho durante toda la noche, sin embargo, no quiero apurarme.
Descubrió uno de sus pechos y lo acercó a los labios de Javiera: – Hace quince días, esperando que llegaras en algún momento, le pedí a Manuel que cambiara mi fórmula, quería darte de mamar, bebe ahora hija mía.
Javiera acercó sus labios al pezón, no solo era grande, también estaba turgente, comenzó a besarlo, lamiendo primero y luego comenzó a succionar, sintió como la tibia leche de Isabel inundaba su boca, era tibia y dulce, se excitó al pensar lo que estaba haciendo y con quien lo estaba haciendo, comenzó a succionar con mas fuerza ansiando mas todavía.
La madre comenzó a gemir de placer, mientras tanto, acercó su mano a la entrepierna de su hija y se dedicó a jugar con su clítoris enjaulado, rozando el glande con sus uñas, ambas ahora cada vez mas excitadas, inmersas en una escena perversa que las enloquecía.
– No puedo esperar mas, dijo la madre, quítate la falda y apoya tus brazos en el respaldo del sillón, así, ponte de rodillas, expón tu cola.
De una cadena que pendía de su cuello tomó una llave y procedió a liberar el pene de Javiera. – Hoy no necesitarás esto, le dijo.
Javiera sintió como las uñas de su madre acariciaban sus genitales, recorrían el glande y se detenían en los testículos. Luego tomó un preservativo que procedió a colocar en su prodigioso pene. Removió el plug de su hija y apoyando la punta preguntó:
– Lo quieres?
– Si Madre.
– Quieres que mamá te haga mujer?
– Si por favor.
– Serás una buena niña?
– Seré muy obediente.
– Serás la puta de mamá?
– Quiero ser tu puta madre, quiero que hagas conmigo lo que quieras.
– Muy bien, así me gusta.
Comenzó entonces a penetrarla lentamente, centímetro a centímetro, Isabel quería gozar cada momento, sintiendo como doblegaba a su flamante hija.
– Despacio madre, la tienes muy grande, me duele.
– Tranquila, ya te acostumbrarás.
Se retiró entonces y aplicó una generosa capa de lubricante sobre sus genitales y en el ano de su hija.
– Vamos de nuevo.
Otra vez se repitió el proceso, poco a poco, centímetro a centímetro, fue penetrando a Javiera hasta que finalmente sus testículos chocaron contra los glúteos de esta.
– Quédate quieta un momento, disfruta tenerme dentro tuyo mientras te relajas.
Estuvieron así unos minutos, Javiera sintiendo los pechos de su madre contra su espalda, su pene firmemente enterrado dentro suyo mientras Isabel, la masturbaba lentamente y susurraba a su oído: – Eres mi puta y solo mía, haré contigo lo que quiera.
– Si madre, hazme tu puta, quiero ser tu hija depravada.
– El pacto está sellado entonces. Y comenzó entonces a moverse, primero lentamente y luego cada vez con mas vigor, saliendo y entrando una y otra vez, cabalgando a su hija y dilatándola con cada estocada.
Se retiró entonces y le dice: – Date la vuelta y siéntate, quiero acabar en tu boca.
Javiera obedeció y con gran esfuerzo introdujo el descomunal pene de su madre en su boca, mas tarde recordaría haber pensado en pedirle a Isabel para que intercediera ante Manuel para que le diera a ella un pene similar.
Nuevamente, cuando el miembro de su madre golpeó contra su garganta, tuvo una arcada, se retiró un poco y lo intentó nuevamente, esta vez con un éxito relativo hasta que un nuevo reflejo la sacudió.
Intentó varias veces hasta que por fin, y con la guía de Isabel hasta que por fin consiguió sus objetivos, alinear la boca con la laringe y el esófago, luego relajar el esfínter del esófago para permitir que el pene de su madre penetrara en el.
Así en esa posición de pronto Isabel la tomó por la cabeza y se tensó, sintió como los chorros de semen ingresaban directamente a su tracto digestivo, una, dos, tres y cuatro veces, la cantidad de esperma era sencillamente increíble, casi seguramente por la famosa fórmula que su tío le había suministrado.
Cuando hubo terminado y se relajó, su progenitora impidió que se retirara.
– Espera un momento, todavía falta.
Falta, que podía faltar se preguntó. No terminó de pensarlo cuando de pronto se dió cuenta que Isabel había comenzado a mear, depositando el meo directamente en su esófago y llenando su estómago del líquido dorado.
Cuando finalizó, se sentía verdaderamente una puta, usada como inodoro por su perversa y pervertida madre.
– Masturbarte ahora le dijo, mientras se posicionaba entre sus piernas. Quiero recibir tu semen en mi rostro.
Por supuesto ni bien terminó de decirlo, ella ya se estaba masturbando furiosamente. Poco demoró en llegar al orgasmo luego de toda la excitación a la que había estado sometida, ella misma se sorprendió de la violencia de su eyaculación la que depositó directamente en la boca de su madre.
– Ven, dale un beso a tu madre le dijo.
Ambas comenzaron a besarse, intercambiando el semen de una boca a la otra, Javiera quería prolongar el momento todo lo posible. Pero como dicen, todo lo bueno debe terminar.
– Ve a tu cuarto y descansa, mañana tendrás un día agitado.
Isabel entonces, tomó su falda, se retiró y la dejó sola en el estudio.
Espero te halla gustado la historia, me gustaría oír tus comentarios y sugerencias