Capítulo 3

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La vida me ha enseñado multiples formas de disfrutarla.

A veces me da pena contarlo. Pero, a mi edad, ya nada me importa.

Hace 20 años, unos meses después de mi divorcio. Me tomé unas pequeñas vacaciones en la playa. Pensé que conocería alguna chica, tendria una aventura y regresaría a mi rutina de trabajo. Nada más diferente sería.

Durante un bello atardecer me fui a un bar cerca de las olas a tomar unos tragos y oír música.

Vi una mesa con dos chicas muy bonitas y les pregunté si me podía sentar con ellas y a invitarles algo de tomar. Ellas aceptaron.

Éramos, tres riéndonos de la vida. Ellas mucho mas jóvenes, creo que tenían 21 y 20. No les menciono los nombres, porque después de tantos años, ya no los recuerdo. A una la llamaré Estela y a la otra Ingrid.

Las dos muy parecidas, de cabello largo, castaño, de buen cuerpo, aunque Estela tenía el cuerpo un poco más grueso que su hermana.

Ellas les encantaba oir mis anécdotas, claro que el ambiente y los tragos nos alegraron más la noche.

En un momento Ingrid que era la más desinhibida de las dos, sugirió que lo pasáramos los tres el resto de la noche juntos y nos fuimos a su hotel.

Hicimos llegar y empezamos a besarnos y quitarnos la ropa.

Nos metimos a una gran cama, las dos me empujaron y me recosté. Ambas empezaron a hacerme un oral magnifico.

Subian sus lenguas y las bajaban por mi polla, una se metió la polla hasta la garganta y la otra empezó a jugar con mis bolas. Chupaban y lamian como dos diosas.

Aunque eran jóvenes, ambas sabían lo que querían y cómo lo querían.

Noté que ambas se miraron y se dijeron algo sin hablar. Era explicito. Dejaron de chuparme y lamerme. Estela se montó sobre mi polla y empezó a cabalgar. Se movía con ritmo en todas direcciones.

Ingrid se quedó mirando unos segundos como me follaba a su hermana. En un movimiento rápido, se sentó sobre mi rostro. Sin más que pensar, mi lengua y mis dedos iniciaron a lamerla y penetrarla. Todavía tenia el sabor mezclado a agua de mar y el sabor natural casi marisco de su vagina.

Ese aroma me ponía a mil y me vuelve loco.

Al estar ambas frente a frente, una cabalgándome y la otra con su coño en mi rostro, se empezaron a tocar y besar. Ingrid jugaba con las enormes tetas de Estela. Se inclinaba para chuparlas y lamerlas. Al hacerlo dejaba más abierta su vagina para yo penetrarla con mi lengua.

El clítoris de Ingrid era grande. Cuando se excitó a su mayor tamaño, era como la mitad de un dedo meñique, que chupé y lamí.

Los tres nos vinimos y quedamos sobre la cama sudados y contentos.

Al rato Ingrid tomo una bata y salió un momento. Dijo que iría a recepción.

Estela empezó a besarme y jugar con mi polla. Se incorporó y empezó a chuparla y lamerla. Cuando ya volví a tener la dureza de un león, se recostó y me pidió que se la metiera.

Empecé a follarla, suavemente al principio y luego con fuerza. Gemía y gritaba que pensé que la administración tocaría la puerta.

En medio del fragor de todo el sexo subió sus piernas y las cruzo con fuerza por mi cintura.

No dije nada, ya que estaba concentrado en meterle y sacarle la polla.

Estaba tan extasiado, que me sentía en el cielo. Cuando siento una mano que me agarra una nalga y me la abre hacia un lado. Se siente húmedo mi culo. Le han aplicado saliva a mi ano y un pene de plástico ha empezado a empujar.

Yo me quejé y pregunté –“¿qué haces?”. Estela, estando debajo mío me contestó – “no te opongas, después te va a doler.”

Ingrid estaba detrás mío empezando a empujar, y yo agarrado por las piernas y brazos de Estela. Así que, me dejé penetrar.

¿Ves que sabroso es? – dijo Ingrid.

Empezó a moverse detrás mío y a penetrarme hasta el alma. Yo sentí que Estela bajaba sus piernas y me dejaba espacio para poder penetrarla mejor.

Seguí el ritmo que impuso Ingrid al moverse detrás de mi.

Y los tres empezamos a follar otra vez como animales.

Cuando terminamos, ambas me dijeron que creían que me podía gustar. Y si yo me dejaba una vez más, yo les podía hacer lo quisiera a ambas.

Acepté con el deseo de follarlas a ambas en todas las posiciones y formas, pero principalmente por el culo.

Así que, pedimos algo de comer al cuarto y estuvimos conversando, follando y riendo hasta que nos dormimos los tres en la misma cama.

Al despertar entre ellas, las vi a ambas desnudas tan tiernas y hermosas que se volvió a poner tiesa mi polla. Sin mediar si quería, bajé hasta el coño de Ingrid y empecé a chuparlo y lamerlo.

Despierta y respira profundo, hace un gesto de agrado y mete sus dedos entre mis cabellos empujando para que meta mi lengua más profundo.

“Ummm.. que rico es despertar así.” – dijo.

La penetré con mi lengua, jugué con su clítoris, lo lamía y chupaba. “veo que te gustó mi niño” – comentó sonriendo sobre su clitoris.

Al rato me subí sobre ella y la follé mientras Estela se masturbaba con una mano y con la otra jugaba con una de sus tetas, mientras nos miraba después que la despertamos.

Despues del sexo mañanero. Salimos a desayunar. Tomamos un tour juntos a unas islas cercanas y nos bañamos en una playa de aguas cristalinas.

Ambas me tenían loco. Estela con un bikini que a penas le cubría la aureola de los pezones de esas grandes tetas y se le veía todo el vello del pubis a los lados de la tela e Ingrid con un hilo dental entre esas nalgas que no dejaban nada a la imaginación.

Después de regresar, cenamos y bailamos, reímos y tomamos. Disfrutamos la noche como si no hubiera mañana.

Sin decir algo, los tres nos miramos y nos fuimos a la habitación. Al entrar poco a poco nos desvestimos. Nos besamos y empezamos a jugar unos con otros.

Y Estela dijo, “no se que piensas, pero hoy me toca a mi follarte el culo. Así que, ponte en cuatro.”

Sin decir algo, Ingrid me agarró del brazo y me llevó a la cama.

Estela estaba poniéndose un cinturón con un gran pene de plástico e Ingrid untándome gel en el agujero del culo. Me sentía dominado.

Metía un dedo, lo sacaba, lo volvía a meter y lo volvía a sacar y le metió dos dedos. Hasta que hice una pequeña queja “ummm”.

“Relájate, después te va a doler”, – dijo Ingrid.

Estela se arrodilló detrás de mí y empezó poco a poco a presionar si juguete en mi ano.

Centímetro a centímetro entró. Hasta que empezó a moverse hacia adelante y atrás.

Disfrútalo, sé que te va a gustar. – dijo Ingrid.

Mientras su hermana se movía para meter y sacar su juguete, Ingrid bajo y empezó a agarrar mi polla y mis huevos. La subía y bajaba como si estuviera ordeñando una vaca hasta que se puso dura.

Se ve deliciosa-dijo Ingrid.

Seguido se recostó en la cama y metió su cabeza bajo mi cuerpo y empezó a chupar mi polla.

Sentía que mi cuerpo iba a estallar. Por detrás tenia a Estela presionando mi culo y por debajo a Ingrid chupando y lamiendo mi polla mientras ella se masturbaba con una mano.

Me vine primero en la boca de Ingrid. Pero, Estela no paraba. Solo terminó cuando sintió que estaba cansada. Mis piernas quedaron que no se ponían de pie.

Yo estaba tan vacío y cansado que me dormí junto a ellas.

A la mañana siguiente, desperté y las vi acurrucadas y abrazadas una detrás de la otra.

Era una bella imagen. Pero, yo no podía dejar de pensar en follarme el culo de Estela.

Me coloqué detrás de ella, empecé a besarle el cuello, a tocarle una teta. Se despertó y dio un bostezo. Se sonrió y se volteó para que pudiera jugar con sus tetas. Llegué a sus pezones. Se los lamia, se los chupaba y fui bajando lentamente hasta su coño y empecé a follarla con mi rostro y mi lengua. Lamí y chupé sus labios y su clítoris.

Con una mano acomodé una almohada y la puse detrás levantando su cintura, dejando expuesto el ojo de su culo. Le puse saliva y puse la cabeza de mi polla en la entrada de su ano y empecé a empujar poco a poco.

Ella con la boca abierta y la mirada fija en mi, sentía como la iba penetrando lentamente hasta que empecé a moverme hacia adentro y hacia afuera.

De los movimientos y el ruido despertamos Ingrid. Se puso de rodillas a mi lado y miraba mientras me follaba a Estela.

“Yo también quiero.”-me dijo. Me agarró una nalga y me dio un beso apasionado.

“Me encantas, no te demores mucho”-me dijo. Y se puso de rodillas al lado de su hermana y recostó su rostro en la cama.

Ella misma con una mano se puso saliva en el ojo del culo y movió sus nalgas en señal de insistencia y desesperación.

Sin más, saqué mi polla de un culo y empecé a follarla también por el culo. Entrando y saliendo hasta que gritó y gimió de placer.

Después que le llené el culo de semen a Ingrid, su hermana bajó hasta su culo y empezó a lamerla y chuparla y quejarse que yo no le di lechita.

Ya satisfechos, nos dimos una ducha los tres y salimos a desayunar.

Pasamos el resto de nuestro último día juntos riendo, hablando, jugando en la playa y en las atracciones del hotel.

Al final, cada uno se despidió.

Ambas me dieron unos besos para recordar el resto de mi vida.

Estela se despidió con el beso y poniéndome sus enormes tetas en mi rostro.

Me dijo al oído, “de estas tetas, nunca te vas a olvidar”.

Luego Ingrid, se acercó me besó con pasión, me agarro la polla por encima del vestido de baño y me dijo, “no somos hermanas. Somos amigas de infancia y eres el mejor amante que he encontrado”.

Note algo de lágrimas en sus ojos, luego vino su transporte para llevarlas al aeropuerto y se fueron.

Fue el verano más caliente que he tenido. Si no fuera porque me partieron el culo, hubiera sido perfecto. Nunca supe de que país eran. Nunca lo pregunté. Por su acento podrían ser de Argentina o Uruguay. Algún día espero volver a verlas.

Despertar a los 60

La historia de Lisa