El ambiente en el cuarto era cálido gracias al calor de la chimenea, estábamos en un piso 17 y las luces de la ciudad nocturna daban un toque mágico a nuestra velada intima. Mientras observaba por la ventana, ellos entraron. Quedé fascinada al verla. Era hermosa, grandes curvas, piernas bien proporcionadas y unos senos que me invitaban a perderme en ellos. Su sonrisa tímida y mirada traviesa recorrían mi cuerpo de arriba abajo. Si, era justo lo que deseaba para llevar a cabo mi fantasía de estar con otra mujer. Así que aceptamos.

Tomábamos unas copas de vino, mientras nuestras miradas se cruzaban en ocasiones. Después de varias copas de vino, este empezó a cumplir con su cometido, así que decidí dar el primer paso y ante la mirada curiosa de mi esposo, él me dio su aprobación. Me acerqué a ella con delicadeza, acaricié su cabello, me miró sonriente y acepté su mano para tocar su rostro. Quería besarla, sus labios eran rojos y carnosos. No quería perder más tiempo, así que la besé. Ella sin perder el tiempo, agarraba mis tetas y las amasaba.

Correspondí a su acto levantando su blusa suavemente mientras nos besábamos. Poco a poco deslicé mis manos hacia sus senos enormes y con cuidado los liberé del sostén. Los amasaba con cariño y deseo, hasta darles un leve pellizco en los pezones. Su gemido escapó en mi boca. ¡Exquisito! Bajo la mirada expectante de mi esposo, quien aprobaba cada paso que daba para intimar más con ella, la invité a despojarnos de la ropa. Me lleve sus tetas a la boca, mientras acariciaba su húmeda vagina. Sentía su perfume dulce pero suave. Nos arrodillamos a la par, completamente desnudas, agitadas y muy excitadas. Su mirada ardiente me revelaba el deseo de chupar mi vagina, así que accedí. Acostada en el suelo, al lado del calor suave de la chimenea, nuestras lenguas húmedas se entrelazaban, y mordía sus labios carnosos mientras sus tetas chocaban con las mías.

-Que rico besas, Laura-, murmuró en mi oído. A lo cual respondí abriendo mis piernas, – Quiero que pruebes el sabor de mis fluidos -, dije agitada.

Podía ver en tu mirada el deseo de aquel momento, la lujuria y curiosidad. Mientras Alicia succionaba mi rica vagina, y los gemidos escapaban de mi boca, tu hermosa verga erecta se posó en mi boca. -Traga mi verga, preciosa-, dijiste. Dando largos lametones desde su base hasta la punta en medio de mis gemidos, tragaba entera esa verga lubricada de saliva y fluidos que escapaban de ti. La lengua de Alicia entraba y salía de mi vagina mientras tragaba tu miembro erecto, era una sensación única. Así que la invité disfrutar de ese manjar.

Nos pusimos de rodillas frente a ti y nos besamos con pasión entre nosotras para luego hacerle tragar tu verga hasta el fondo, mientras yo acariciaba su vagina ardiente. -Traga más putita, toda-, le decía empujando su cabeza más contra ti. Así que mientras ella tragaba arrodillada, me abrí espacio entre sus piernas y repetí su mismo acto conmigo. Su vagina era grande y carnosa, que mi cara se perdía en ella. Pasaba mi lengua por cada centímetro de su vulva y hundí mi cara hasta que mi nariz frotaba su clítoris y mi lengua se perdía en su cavidad húmeda y caliente. Azotaba su culo con fuerza, mientras ella se frotaba en mi cara loca de placer. Desde allí, entre sus piernas, podía ver sus grandes tetas moverse al compás de la mamada que te daba y sus pezones erectos suplicando ser mordidos. -Trágatela entera, puta-, decías entre gemidos y furia.

Lamía su vagina y su culo una y otra vez, hasta lubricarlo por completo, poco a poco metía mi dedo sin dejar de succionar su clítoris. Alicia gemía sin parar y te pedí que la penetraras, duro y sin piedad. Mientras la embestías, la invite a chupar de nuevo mi vagina caliente. Y tu mirada, si, esa mirada de cómplices hambrientos de placer, ver cómo te calentabas más y más de verme y escucharme gemir mientras Alicia se tragaba mis fluidos. Escuchamos como explotó su orgasmo y las ondas de sus gemidos vibraron en mi clítoris excitándome aún más. -Eso puta, grita de placer-, dijiste. Mientras azotabas su culo fuertemente, yo apreté su cabeza contra mi vagina para alcanzar mi placer a la par.

Tu verga aún se mantenía dura y deliciosa, así que la invite a chuparte el culo mientras yo me tragaba nuevamente tu falo erecto. Tu mirada profunda en mis ojos y tus gruñidos me calentaban aún más.

– Traga bien mi puta obediente, vamos, traga más-, me ordenaste, mientras empujabas mi cabeza contra tu pelvis hasta arrancarme el aire y al mismo tiempo Alicia metía su lengua en tu culo. – Quiero que metas tus dedos en tu vagina puta, vamos date placer, quiero ver-. Obediente, hice lo que me pedías, mientras nos agarrabas del cabello a las dos y nos hacías devorarte entero. Tus gemidos eran una sinfonía, un descenso al infierno del placer. – Abran la boca perras hambrientas, ahora-, dijiste. Para luego derramar tu rica leche sobre nuestras lenguas mientras gemías de placer y tus piernas temblaban.

Me acerqué a ella para besarla y tragar juntas tu lechita caliente, acariciando sus tetas ensalivadas y su vagina hinchada, mientras ella agarraba mis tetas y metía su lengua hasta el fondo de mi garganta. Exhaustos y satisfechos, nos cobijamos bajo el manto caliente de la chimenea, abrazos, satisfechos. Un trío exquisito.