Hace días, mi nietecito vino a mi casa y me dijo:
—Abue, van a venir a verme mis amigos de un club de motos.
Le pregunté:
—¿Y por qué aquí y no a tu casa?
Y dice:
—Ya fueron y mi mamá los recibió.
Mi nietecito me guiñó un ojo y pensé: «Este pinche chiquillo algo les dijo».
Le dije:
—Está bien, mijo, me avisas cuando lleguen. Me voy a bañar porque estoy toda sucia y escurriendo.
Solo me dijo:
—Está bien, abue.
Fui a bañarme. Cuando terminé, me sequé y me puse una bata sin nada abajo. Cuando salí a la sala, todavía secándome el pelo, mi nieto estaba hablando con ellos y me sorprendí mucho. No pensé que los iba a pasar a la casa.
Cuando me vieron, todos me saludaron y yo solo alcancé a contestar:
—Hola.
Después de unos segundos les dije:
—Disculpen el desorden.
Empecé a levantar juguetes del piso con los que mi nieto estaba jugando. Al agacharme, mi enorme culote estaba a la vista de todos y escuché a mi nieto decir:
—Les dije que mi abue tenía un culote bien rico.
Todos dijeron:
—Wow, qué culote tiene esta vieja. Tiene el culote más grande que el de tu mamá.
Cuando oí eso, supe que mi nieto lo hizo a propósito. Me empecé a calentar mucho y seguí levantando cosas del piso, pero ahora lo hacía con el propósito de que me vieran las nalgotas.
Cuando me acerqué a donde estaban ellos, sentí que me levantaron la bata y otro empezó a agarrarme las nalgotas. Les pregunté:
—¿Quieren que me cambie de ropa?
Todos dijeron:
—No, lo que queremos es que te quites la bata, puta.
Me la empecé a quitar. Los 5 hombres me empezaron a manosear toda y decían:
—A pesar de su edad, esta puta está bien buena para cogerla.
Me sentaron en medio de ellos, me mordían las chiches y tenía otra vergota en mi boca mientras otros me cogían con mis piernotas levantadas. La vergota que estaba mamando me llenó la boca de mecos y siguió el de mi panocha.
Después me voltearon y me empinaron en el sofá. Uno me metió toda su vergota por mi panochota, otro por mi culote, otro por mi boca y yo con dos vergotas en cada mano. Hasta que me cogieron todos.
Luego me sentaron en el sofá y me bañaron de mecos la cara, mis tetas y escurriendo de mecos por todo mi cuerpo. Se despidieron de mi nieto y se fueron diciendo:
—Después volvemos, puta, para cogerte como la puta que eres.
Yo solo moví la cabeza. No supe cuántos orgasmos tuve, pero quedé muy satisfecha.
Mi nieto, viéndome cómo me escurrían los mecos, de pronto empezó a mamar mis chiches cubiertas de mecos. Me volví a calentar, me acosté en el sofá y me lo subí encima. Un 69 delicioso: me mamó la panocha con mecos mientras yo le agarraba su verguita. Me hizo venir muy rico y me dio su lechita muy rica.
Después nos metimos a bañar juntos. Me enjabonaba mis nalgotas y me metía sus dedos por mi culote y por mi panochota. Así me tenía contra la pared y con mis piernotas abiertas hasta que grité:
—¡Mijoooooo, me vengoooooo! ¡Aaaggg, qué ricooo!
Luego me dijo:
—Abue, me encanta que seas así.
Le pregunté:
—¿Cómo así?
Y dijo:
—Así de puta, que dejes que todos los hombres te metan la verga y hagan con tu culote lo que quieran. Así como mi mamá también, que se la cogen cualquiera. Cuando crezca quiero cogerte todos los días, abue. ¿Me dejas ya cuando tenga una vergota como te gustan?
Le dije:
—Sí, mijo, mi culote es tuyo cada vez que me quieras coger. Y si quieres que te mame la verga, solo ven conmigo. Mijo, me encanta que me cojan como puta.
—Gracias, abue. Ya me voy, luego vengo otra vez.
Y se fue mi nietecito.