Era el inicio de una noche de sábado de diciembre. Hacía calor y estábamos en casa tomando unas cervezas mi esposa y yo, luego de haber asistido al acto de graduación de bachiller de una hija y sus compañeras.
Eran aproximadamente las ocho de la noche cuando llegó nuestro amigo Agustin y lo invité a que pasara al patio, donde Cielo y yo tomábamos las cervezas.
Hacía ya unos diez años aproximadamente que yo le insistía a ella que hiciéramos un trío (en conversaciones con Agustin yo le había mencionada sobre mi fantasía y le manifestaba que, si se llegara a dar, sería con él, que la haríamos realidad por la confianza que le teníamos).
En nuestros encuentros en la cama con mi esposa, yo siempre le mencionaba que sería rico verla clavada por otro macho. Siempre me respondía que nunca haría eso y que yo estaba loco.
Esa noche al sentir que estábamos solos (nuestros hijos habían salido) sentí una excitación al saber que estábamos los tres y que ya estábamos prendidos, de tanto hablar de sexo y bajo los claros efectos del alcohol, mientras hablábamos del sexo y de los tríos, no dudé en tomar la mano de mi esposa y ponerla sobre el paquete de Agustin.
Al principio se mostró renuente pero luego fue tomando confianza y siguió sobando la verga de nuestro amigo. Yo al ver a mi esposa tocando la verga de otro por encima de su pantalón, no pude más que excitarme. Me parecía imposible que esa mujer que durante diez años me había dicho que nunca haría semejante cosa, ahora le acariciara el paquete a otro macho.
Lentamente, él abrió su cremallera y desenvainó de su calzoncillo una verga no muy larga, pero si de un grosor descomunal. Cielo empezó a pajearlo; yo entre tanto me acariciaba la verga.
Les pedí que se besaran y obedecieron a mi pedido, o al menos eso pensé yo, pero creo que ambos estaban tan calientes que querían hacerlo y no se animaban por mi presencia, y se fundieron en un ardiente beso.
Agustin a su vez levantó su vestido y metió su mano dentro de la tanga de mi mujer y empezó a acariciar su vagina, ella emitía unos quejiditos que me excitaban aún más.
En esta situación y preocupados porque alguien llegara, optamos por salir a tomar a algún sitio de la ciudad, sin tener el temor a ser descubiertos por alguien.
Agustin nos dijo que fuéramos en su auto. Nos fuimos a un lugar muy discreto de música vieja (ya por nuestra edad poco nos gustan las discotecas) eso nos permitía mientras tomábamos las cervezas, acariciar a mi esposa y que ella tocara simultáneamente nuestras vergas.
Parecíamos tres adolescentes locos. Cielo con su par de machos a cada lado, nos sobaba ricamente nuestras vergas y nosotros a su vez teníamos nuestras manos metidas en su vagina; el ambiente era demasiado caliente pero no podíamos pasar de ahí dada la situación.
Optamos entonces por irnos a un pequeño hotel cerca de donde estábamos. Pagamos la cuenta y nos retiramos. Mi corazón latía a mil con solo pensar que mi fantasía se estaba haciendo realidad. Mi verga estaba inundada de líquido preseminal.
En el corto trayecto al hotel mi mujer se sentó al lado de Agustin y él, mientras conducía muy lento, le acariciaba la vulva a Cielo, y ella la verga a él, yo en el asiento trasero pensaba que la verga se me iba estallar.
Mi esposa se había transformado, en ese momento no era la señora conservadora de siempre que yo conocía, sin el más mínimo asomo de vergüenza pajeaba a Agustin con unas ganas que me daba que pensar.
Finalmente llegamos al hotel e inmediatamente tomamos una habitación para los tres; hacíamos comentario de hacer entender en la recepción que veníamos de viaje para disimular que estábamos en otro plan.
Se me hacía una eternidad el poder traspasar la puerta para estar al fin los tres en una habitación dando rienda suelta a nuestros deseos.
Agustin cerró la puerta e inmediatamente empezó a besar a Cielo. Se sentía como se chupaban sus lenguas. Yo me senté a observar muy cómodo, como mi esposa sin ningún miramiento, se entregaba a otro hombre.
Luego de mucha chupada de lengua, él la tomó en sus brazos y la recostó en la cama, e inmediatamente le quitó su vestido. Cielo es una mujer menudita, a pesar de sus años no presenta estrías ni celulitis, su aseo es impecable; sus tetas medianas, con una areola rosadita mostraba esos pezones paraditos de la excitación.
Agustin no dudó ni un momento en chuparlos desesperadamente; se sentía su deseo en los sonidos que emitía al chupar sus tetas. Yo me acerqué un poco y mi esposa acariciaba mi verga, en extremo dura por la situación.
Él fue bajando lentamente su tanga y empezó alocadamente a lamer su raja húmeda – que rica cuevita tienes Cielo – decía nuestro amigo. Mi esposa entre tanto decía: ¡ayyy que rico, que rico! Arqueaba su cuerpo y sostenida en sus piernas y su cabeza.
Agustin sacó la cabeza de la entrepierna de Cielo y le insinuó con un ademán que hicieran el 69. Yo entretanto no creía que mi mujer tan recatada se fuera a prestar a tal cosa, pero sin miramientos se sentó a horcajadas sobre la cara de él y acto seguido se inclinó para meter por primera vez la verga de otro hombre en su boca.
Realmente yo no salía de mi asombro. Primero ella aceptó tocarle el paquete a mi amigo, después los besos, también que haya aceptado ir a un hotel, y finalmente verla con la verga de otro en su boca…
La escena era increíble, su boca apenas si podía permitir la entrada de la descomunal cabeza de Agustin, que semejaba un hongo. Por momentos me miraba mientras yo me masturbaba; en su mirada se veía la lujuria y nada de arrepentimiento ni vergüenza – como me fascinaba ver a mi hembra así- luego de unos diez minutos en esa posición Cielo tuvo un orgasmo que hizo que se tirara en la cama mientras con las dos manos sobaba su bajo vientre y entrecruzaba las piernas en una clara demostración de que la venida había sido muy intensa.
Luego de un breve descanso por la sensibilidad con que había quedado su clítoris, procedí a penetrarla con mis 15 cm de verga endurecida, mientras Agustin empezaba a acariciarle los pezones, luego de unos 5 minutos de empalarla, me bajé y Agustin procedió a penetrarla por primera vez.
Levantó sus piernas sobre los hombros y comenzó a hundir lentamente su monstruoso glande en la estrecha vagina de mi Cielo. Yo me ubiqué en un ángulo perfecto que me permitía ver como entraba y salía la corta, pero muy gruesa verga, por momentos parecía que su vaginita se fuera a rajar, pero luego de unos momentos ya su estrecho canal vaginal se había acondicionado al grueso tronco de nuestro amigo.
Yo entre tanto miraba como Agustin atacaba febrilmente a mi esposa por su rica vagina, que ya se tornaba roja por la invasión de semejante grosor de verga.
Transcurridos unos minutos, Agustin no aguanto más y dejó escapar su leche en la vagina de Cielo mientras decía: uyyy mamita que conchita tan estrecha y rica, como me lo succiona.
Yo miraba como por el perineo de mi esposa se escurría un delgado hilillo de semen que inundaba su cavidad anal, mientras paralelamente yo empezaba a botar borbotones de semen producto del fenomenal pajazo que me hacía, al ver a mi mujer clavada por otro hombre.
Luego pedimos una cerveza y reposamos tomándola, mientras hablábamos de lo sucedido. Mi esposa me decía que jamás le vaya a recriminar esto que terminaba de pasar.
Yo le dije que jamás lo haría. Además, fui yo quien insistió para que esto finalmente se hiciera realidad. Además, lo he disfrutado mucho.
Ella nos decía que se sentía como rara – yo le dije no te preocupes, eres mi perra favorita. ¿Sí eres mi zorra? A lo que ella contestó: Claro… soy la zorra de los dos.
Luego de un buen rato, le dije que se pusiera en cuatro parando el culito y empezamos a lamerle el culito y la concha alternadamente, mientras ella se arqueaba de placer.
Cuando uno de los dos le lamía el culo o la concha, el otro se dedicaba a darle placer, lamiéndole las tetas, los pezones, o simplemente besándola apasionadamente.
En un momento, Cielo detuvo todo, y tomando el control de lo que sucedía, se montó sobre Agustin, que estaba acostado, y comenzó a clavarse su gruesa verga.
Verla disfrutando asi, me daba un placer enorme. Mientras cabalgaba, ella comenzó a meterse un dedo y después dos, por su culo… Y luego yo tomé su lugar y comencé a clavarle mi verga en su culito dilatado.
La sensación era espectacular, ya que nunca me había dejado que se la meta por ahí, hasta esa noche, que seguramente estaba tan excitada, que todo le gustaba.
Seguimos unos minutos asi, hasta que no aguanté más y le llené su culito de leche. Luego me retiré y pude ver como ella seguía cabalgando la enorme pija de nuestro amigo.
Cielo verdaderamente lo estaba gozando mucho, nunca la había visto tan excitada, gimiendo como loca, y pidiéndole a Agustin que la cogiera sin parar… se lo pedía una y otra vez.
Le decía cosas como: Soy tu puta, quiero que me cojas, o también le decía Cogeme, cogeme, cogemeeeeee.
Hasta que finalmente comenzó a arquear su cabeza hacía atrás, y gimiendo muy fuerte, nos anunciaba que estaba teniendo un orgasmo, que al parecer era tremendo, ya que no dejaba de temblar.
Mientras tanto Agustin la seguía cogiendo, le pellizcaba las tetas, y cuando Cielo terminaba de temblar, finalmente volvió a descargar toda su lecha adentro de ella.
Mi esposa recibió esta segunda descarga con alegría, lo pude notar en su sonrisa. Después cayo rendida en el pecho de nuestro amigo, y así se quedo unos minutos, hasta que finalmente se bajó de la cama y se fue a dar una ducha.
En esos momentos nos dio el sueño y nos quedamos dormidos hasta que a las 6 de la mañana, nos despertamos y regresamos a casa luego de haber cumplido la fantasía.
Hemos salido como unas 8 o 9 veces más con Agustin.
Ahora le estoy insistiendo para que salgamos por primera vez con una pareja, que la dama se preste para que hagan las dos el amor. Ella me dice que eso no lo va a hacer jamás, pero creo que si sigo insistiendo, puede suceder, porque cuando esta tomadita no le disgusta que le toque el tema de estar con otra mujer en la cama.
FIN