Capítulo

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Durante las siguientes semanas, el patrón se repitió, mi papá borracho cada día, con una prostituta diferente cada vez, y yo, con Ángela, comunicación constante a través de videollamadas, no tenía los recursos para ir a visitarla personalmente, ese fue el método para conservar el contacto.

En una de esas llamadas, ella me dijo:

A: «Sabes que ya pronto sale la sentencia en el juzgado?»

Y: «Estoy preocupado por eso…»

A: «Yo estaré siempre para tí…»

Algo que me tenía inquieto cuando me llamaba, era que no se preocupaba por cubrirse, unas veces en pijama muy corta, otras veces en shorts y blusas escasas y otras, las últimas veces, en ropa interior de encaje, sin nada más.

Me está volviendo loco y sé que lo hace a propósito, parece no importarle que tengo 18 años y que me encanta verle su piel blanca y suave, sus bellos pechos y sus piernas que me trastornan.

 

Así durante unas semanas, y ella cada vez más confiada, me volví adicto a sus videollamadas, solo esperaba que llegara la noche, que estuviera sola en su habitación y que estuviera segura que nadie la iba a interrumpir, cuando me llamaba y dejaba ver muy buena parte de su hermoso cuerpo.

 

El juzgado dicta sentencia y da la orden de alejamiento a mi papá, no puede ver a Ángela a menos de 500 metros de su lugar de vivienda, estudio o trabajo, salvo que ella, bajo su cuenta y riesgo, decida romper con esa orden.

Esto nos cayó como cubeta de agua fría, porque siempre tuve la esperanza de que nos íbamos a volver a reunir como familia. ¡Adiós a mi sueño de tener mamá!

No podía dejar solo a mi papá e irme a vivir con ella.

Pasaron varias noches y Ángela se desapareció, no me llamaba, escribía o buscaba contacto alguno conmigo; mientras tanto, mi papá se terminó de hundir en el alcohol y la prostitución, y yo era el que tenía que asumir su cuidado y protección. Hasta tres días duraba en el desorden y la borrachera. Sinceramente ya me estaba cansando de todo esto.

El silencio de Ángela me tenía devastado, más de tres semanas sin saber de ella, y con mi papá cada vez en peor estado.

No niego que estuve a punto de dejar todo botado e irme lejos, no era la vida que quería vivir.

De repente, una mañana de domingo, golpean a la puerta «mi papá botó la llave de la casa nuevamente». Fue mi primer pensamiento.

 

Cual sería mi sorpresa, cuando abrí y ví a la mismísima Ángela, con mis dos hermanitos y con una maleta, esperando ahí parada, hecha un mar de lágrimas!

Y- «¿Qué pasó?»

A- «Discutí con mi hermana y me vine para acá, al fin y al cabo, esta también es mi casa»

Y- «¿Y la medida del juzgado qué?»

A- «Yo me las puedo arreglar, los niños y yo necesitamos a su papá y a su hermano mayor»

No salía de mi asombro, menos con los halagos de ella hacia mí:

A- «Estás muy grande, muy fuerte y muy lindo, qué rápido te creciste mientras no estuve a tu lado!»

Y- «Tú también estás muy linda, te ves mucho más joven, pareces otra persona»

No eran palabras, era una realidad visible, estaba muy bella, su piel más blanca, rellenita sin exagerar, el cabello más largo y los ojos más brillantes, tal vez por las lágrimas que había derramado, aparte, sus labios se veían muy provocativos.

….

Absortos en nuestras charlas y risas, no nos dimos cuenta de la llegada de mi papá, en deplorable estado, oliendo feo, pero extrañamente, no venía borracho, por lo que se dió cuenta muy pronto de la llegada de Ángela…

Papá- «Qué haces acá?»

A- «Esta también es mi casa, o ya se te olvidó?»

También era cierto, la habían comprado entre juntos y ella solo reclamaba su derecho ganado.

Durante las siguientes semanas, Ángela durmió en la habitación junto a la mía, mientras mi papá se puso más mesurado y ya no se iba los fines de semana, para estar en la casa, su objetivo era reconquistar el herido corazón de ella.

Obviamente Ángela no estaba en el plan de dejarse conquistar, estaba en su mundo y en el papel de ama de casa, tarea que ejecutaba a las mil maravillas. Volvimos a ver la casa limpia, oliendo a rico, la ropa en perfecto orden, las alcobas, auténticos nidos calientitos, todo hermoso y brillante.

Fueron unos meses de paz y tranquilidad, mi papá agarró cordura y se respiraba calma, aunque la cohabitación de ellos dos como pareja ya no existía, Ángela en su alcoba con los niños, yo en la mía y mi papá en la suya, sin más condiciones que la armonía.

Ángela cada día estaba más hermosa, ese cuerpo delicioso, esa piel blanca y suave, esos ojazos, sus labios llenitos y sus tetas macizas y grandes, con pezones erguidos como un chupete, fueron los culpables de unas tremendas sesiones de paja a solas en mi cuarto.

No lo niego, esa mujer me estaba volviendo loco y ella ya lo estaba notando. Yo no podía ni quería disimularlo.

En el ambiente se sentía una inexplicable tensión entre Ángela y yo…

Hasta que una noche, a mi papá se le olvidó que estaba con matricula condicional, se embriagó con la excusa de celebrar el cumpleaños de uno de sus compañeros, y quiso volverse loco en la casa, tratando de forzarla, Ella como pudo, se zafó de sus manos y se metió a mi alcoba, cuando mi papá, trastabillando quiso ingresar, se encontró conmigo, que lo superaba en fuerza, musculatura y tamaño.

Yo- «Le faltas al respeto a ella y yo te falto al respeto a tí, ni se te ocurra!»

Una luz de sensatez se abrió paso en medio de su borrachera, dio media vuelta y buscó la calle, mascullando palabras ininteligibles y dando tremendo portazo, se fue.

Ángela y los niños estaban asustados, los tranquilicé, recibí un delicioso abrazo grupal como recompensa y de propina, un beso de ella, demasiado cerca de mi boca, junto a un abrazo y un «¡Mi héroe!» que me hicieron estremecer. Sentir tan cerca esas preciosas y tibias tetas, sin brassier casi me provoca un colapso cerebral.

Capítulo aparte merece su ropa de dormir, una bata muy corta y escotada de color rojo, con un short de encaje que le hacía resaltar el tono de su blanca piel y le hacía juego con la tersura de sus piernas, un completo espectáculo…!

Yo- «Quédate en mi alcoba, yo duermo en la sala, acá no viene a molestarte».

A- «¿Cómo crees? No me vas a dejar sola con los niños acá, duerme en la cama y yo me acomodo con los niños en el piso»

Yo- «Ni se te ocurra dormir en el piso con ellos, ocupa mi cama, duermo en el piso, no hay problema»

Así se hizo, los niños pronto quedaron profundos y ella… intentaba dormir, pero sus sollozos eran evidentes.

Yo-«¿Te sientes bien?»

A- «Descansa, no te preocupes por mí»

Yo- «No estás sola, siempre me tendrás a tu lado»

Por toda respuesta, se bajó de la cama y se acomodó a mi lado.

Empieza a caer la lluvia, se siente mucho frío, los niños son cobijados por la amorosa mano de la madre antes de llegar dónde mí.

Yo- «¡¿Qué haces?!»

A- » Abrázame, tengo mucho frío!»

Yo- «¿Sabes lo que estás haciendo? Ya no soy un niño…!»

A- «Lo sé…y me encanta!»

Ante estas palabras, quedé de una sola pieza, la mujer a la que tuve como madre, la que me terminó de criar, la que era la figura femenina más importante de mi vida, estaba junto a mí, en ropa de dormir, su fragante boca a escasos centímetros de la mía, y con su tibia piel en contacto con mi propia piel, no sabía ni qué pensar, solo sentía que mi pene se empezó a poner muy duro y ella notó mi erección.

Su perfume me embriaga, una mezcla entre olor de niña y aroma de hembra en celo enloquece al más casto de los hombres; por iniciativa propia, acercó su boca aún más a la mía y me besó, con esas ganas de una hembra que no ha tenido un macho hace mucho tiempo, con hambre, con verdadero deseo.

Mis manos recorren sus tibias piernas, sus durísimas nalgas, su cintura, mientras la suya se apodera del tronco férreo de carne que amenaza con romper mis pantaloncillos, lo extrae y lo acaricia con una devoción que me estremece.

A- «¿Ya has hecho el amor con alguna novia?» Me interroga con la voz trémula a causa de su deseo.

Yo- «No, no he tenido novia aún»

Me sinceré, las circunstancias lo facilitan.

A- «¿Voy a ser la primera mujer en tu vida?»

Yo- «Si…»

Un delicioso beso confirmó lo que siempre quise hacer, tener a este monumento de hembra para mí, mi anhelo más secreto está a punto de hacerse realidad.

Toma mi pene con una gentileza que me fascina, acaricia mis enormes huevos y me masturba con la sabiduría de una mujer de 31 años, ardiente de deseos por sentirla dentro.

Retira con sensualidad su camisa de dormir, dejando a mi alcance ese par de tetas grandes, sonrosadas, firmes y con el pezón apuntando a mi boca, las devoro con rudeza, mientras ella entrecierra sus bellos ojos color miel.

A- «Vamos a mi cama, mi amor!»

Yo- «Nooo, mi papá puede llegar en cualquier momento…!»

A- «No me importa, es tu papá, no mi esposo…»

Lo dijo con tanta firmeza, que no tuvo más que decir para convencerme.

Nos incorporamos de mi improvisada cama, me toma de la mano, semi-desnuda y en un segundo recorrimos el espacio que separaba nuestros dormitorios, primero se aseguró que los niños estuvieran bien abrigados, ya que afuera la tormenta arreciaba.

Mi papá no me preocupaba mucho, en cualquier antro estaba a salvo de la lluvia.

No alcanzamos a ingresar a su alcoba, nos fundimos en un beso mágico, su lengua se introdujo hondo en mi boca, con ansias, con desespero, con verdadera hambre, nos devoramos bajo el resplandor de un rayo, mientras su blanca y bien cuidada mano no se desprendía de mi erecto garrote.

Esas tetas hermosas copaban toda mi mano, se las chupé con frenesí, mientras ella gemía y lanzaba quejiditos suaves, como si se tratara de una niña inocente.

En su cama se terminó de desnudar, y dejó expuesta ante mí la más bella concha que yo haya visto en cualquier lugar, blanca, bien depilada, labios rosaditos, un clítoris delicado, cubierto por un capuchón del mismo tono de su piel, pero que aumentó de tamaño conforme lo acariciaba, además, esa humedad, literalmente goteaban sus jugos y caían al piso.

A- «¡Chúpamela!»

Eso era casi una orden revestida de súplica.

A-«Chúpamela bien rico, pon tu boca en mi rendija, lo deseo tanto!»

Abrió sus piernotas, dándome paso a su caverna de hembra, yo no sabía hacerlo, pero ella, con unas pocas indicaciones y enseñanzas, me convirtieron en un experto en pocos minutos.

Sus jugos sabían dulce, su olor me enloquecía y sus gemidos me estremecieron hasta lo más profundo de mi ser…

Un par de dedos incrustados en su conchita me indicaron el momento exacto en que se vino estrepitosamente, revolcándose en la cama, mientras su rubia cabellera era un caos sobre la almohada y su espalda arqueada, me ofrecieron uno de los espectáculos más maravillosos que yo haya podido contemplar.

Gritaba, gemía, sollozaba, jadeaba, parecía fuera de sí en el momento de su poderoso orgasmo…

A- «¡Aaaaaahhhhhh! mááááááááááááásss, mááááásss»!

Sus gritos retumbaban en la alcoba, parecía poseída por el placer, lejos de intimidarme, seguí chupando su bella y dilatada concha, y luego uno tras otro tras otro, fueron alrededor de seis fortísimos orgasmos en cuestión de pocos minutos.

Sus manos aferradas a mi cabeza, intentando sumergirme en su hendidura, dieron cuenta que lo estaba disfrutando sin control alguno…

Extenuada, con los ojos cerrados, jadeando y sudando, agitada y respirando muy fuerte, pensé que eso era todo y que ya había quedado saciada. Qué equivocado estaba, esto apenas empezaba.

A- «Acuéstate» fue su orden, me empecé a hacer la paja, teniéndola a mi lado.

A- «Deja eso, yo me encargo, ya no te vas a masturbar más, yo estaré para tí cuando lo desees…» me acotó con un hilito de voz entrecortada.

Tomó mi hinchada verga y se la metió lentamente a la pequeña boca, esa sensación maravillosa nunca la había probado, y empezó a subir y a bajar, como toda una experta, bastaron unos pocos minutos y exploté en su boca, sin compasión alguna, dio arcadas, pero se tomó todo mi semen, y me escurrió con sus dedos el tronco, asegurándose que no me quedara ni una sola gota dentro de mi pene.

Parecía disfrutando de un manjar, lamía sus labios y sus dedos.

A- «Botaste mucha leche, increíble, nunca había visto semejante cantidad»

Mi cuerpo temblaba sin control, parecía que tuviera mucho frío, pero no era precisamente por eso…

A- «Descansa, te necesito vigoroso para mí…»

Su mano subía y bajaba por mi derrengado miembro, mientras volvió a besarme con esa pasión que me trastornaba.

Apenas transcurrió un cuarto de hora, y gracias a sus besos y caricias, mi pene recobró su dureza, si cabe, mucho más que antes.

Ángela celebró jubilosa mi nueva erección.

A- «¿Estás listo para lo que viene mi amor?»

Yo- «Lo que tú quieras, soy completamente tuyo»

Su respuesta fue un ardoroso beso, muy húmedo.

Humedeció la cabeza del glande con nuestra saliva y se hizo encima mío, mientras se lo incrustaba en su encharcada conchita, honestamente pensé que no lo iba a poder soportar, pero esa sonrosada rajita se abrió de par en par para recibir al endurecido intruso.

Lentamente, centímetro a centímetro, se lo fue enterrando hasta la base, mientras abría la boca, en un ademán de sorpresa, placer y alegría.

A- «Prepárate, vas a saber lo que es capaz de hacer una mujer…»

Con todo mi fierro dentro, empezó a rotar sus caderas en un torbellino que me volvía loco, mientras mis manos se apoderaron de sus macizas tetas, a la vez que se las chupaba con deleite.

Un túnel de músculos cerrándose en torno a mi pene, como si fuera una boca que lo aspiraba y lo empujaba muy dentro, quise moverme, pero ella no me lo permitió.

A- «Déjame a mí sola!»

Nuevamente jadeos, lágrimas de dicha, gritos, gemidos, aullidos de hembra en celo, me enardecieron, pero me quedé quieto, solamente chupando sus maravillosas tetas y con mis manos en sus nalgas y sus piernas.

A- «¡Aaaaahhhhhh, así, más, más, más mi amor, clávame, clávamelo todo, hazme hembra, culeame así, rico, rico, rico…!»

Nunca me imaginé que esa carita de niña grande y ese modo casi infantil por lo tierno, encerraba a una completa loba hambrienta de verga, me sorprendió, pero me encantaba verla así, con el cabello en desorden, sudorosa, besándome con unos besos muy mojados, y luego, el clímax más portentoso que el anterior…

A- «AAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH…!!! MÁAAAAAAAAAASSSSSS!!! NO PARES, NO PARES, SIGUE ASÍ MI AMOR, SIGUE ASÍÍÍÍ»!

No soporté la enorme presión de sus paredes vaginales cuando se contraían rítmicamente sobre mi verga al momento de su orgasmo y me volví a correr dentro de ella, en una descarga que superó a la anterior, parecía que nunca siquiera me había masturbado.

A- «¿Me vas a embarazar?» me dice con la voz entrecortada y casi inaudible «no estoy planificando mi amor»

Nos acostamos, con la respiración agitada, cual si viniésemos de correr una maratón, se le veían los ojos muy brillantes y los labios hinchados, la vagina abierta como una flor, chorreando semen y empapando la cama. Un largo y delicioso suspiro antes de decirme:

A- «¡Te deseé tanto, siempre esperé este momento, me encantaba hablar contigo por videollamada y mostrarme provocativa para tí, porque veía el deseo en tus ojos!»

Su voz suavecita me eriza y sus palabras me producen felicidad y a la vez tristeza, por mi papá.

Yo- «¿Por eso no me volviste a responder los mensajes y las llamadas?» le dije a manera de reproche.

A- «Entiende, necesitaba aclarar mis pensamientos, no fue una decisión fácil devolverme. Y no discutí con mi hermana, te mentí, esa fue la excusa para estar al lado tuyo»

Mis oídos no daban crédito a lo que escuchaba, sin embargo, le agradezco por haber hecho tal sacrificio, solamente por venir a estar cerca de mí, eso le da más valor a lo que estamos viviendo.

El cielo se estaba cayendo a chorros, y los truenos iluminaban la alcoba, dándole al ambiente, un toque entre tenebroso y muy romántico.

Enfrascados en nuestra conversación, no nos dimos cuenta de la llegada de un auto con mi papá a bordo, solamente escuchamos la llave ingresar a la chapa, mi papá tambaleando para subir las escaleras, borracho hasta el copete y cantando una canción vulgar, típica de esos antros.

La sangre se congeló en nuestras venas, aunque, sabiendo como es, sé que no vendrá agresivo, por el contrario, irá a su cuarto, se acostará tal cual viene y dormirá hasta tarde al día siguiente.

Ángela temblaba en mis brazos, no por el frío ni por el susto ¿entonces por qué tiembla?

A- «Antes de que tu papá se duerma, vuelve a hacerme el amor»

Yo-«Espérate, no nos arriesguemos»

A- «Hazme el amor, te lo suplico, es mi más grande fantasía desde que tomé la decisión de estar contigo, quiero que nos oiga»

¡Vaya cajita de sorpresas!

Hundió su lengua en mi boca buscando mi propia lengua, sus suspiros y jadeos llenaban la alcoba, mi miembro adquirió su dureza plena al cabo de pocos minutos, mientras ella de espaldas sobre la cama, abrió sus bellas piernas, dejando ante mi vista el mas maravilloso coño, abierto, húmedo y dispuesto a una nueva batalla.

Restregué la cabeza de mi verga en la entrada de su gruta, mientras ella se retuerce de placer y levanta sus caderas, buscando salir al encuentro del erguido intruso de carne y venas gruesas.

No quise apurar la penetración, por el contrario, mientras nuestras lenguas sostenían una ardua lucha en nuestras bocas, me fui sumergiendo dentro de Ángela lentamente, sin prisas, pero con la firmeza de una verga que estaba descubriendo las delicias del sexo.

Cuando ya se la hube encajado en su totalidad, empezó a menear sus caderas y a suspirar, gemir, jadear, respirar fuerte buscando ser escuchada por mi papá.

Lo que ella no ha aprendido, es que mi papá cae en cama como fulminado por un rayo y queda profundo de inmediato.

Mientras tanto, en esta pose, siento sus piernas alrededor de mi cintura y sus manos rasguñando mi espalda, brazos y nalgas, presa de la lujuria y el apetito de pene.

Mueve su cabeza de lado a lado, gime delicioso, y respira muy agitada cuando se lo ensarto lo más hondo posible.

No tardó en venirse ruidosamente de nuevo.

A- «¡¡¡AAAAAAAHHHHHH NO PARES MI AMOOOOOORRRR…!!!»

Sentí que me quería arrancar la verga a causa de los potentes espasmos de su canal vaginal.

Sus hermosos ojos brillan por el deseo y por las incipientes lágrimas que intentan salir por culpa de su vigoroso orgasmo, pero esta vez soy yo el que quiero más, me volví adicto a su cuerpo, a su piel de porcelana, sus piernas tersas como el satín, sus besos que me enloquecen, a su sexo que me lleva al paraíso.

Yo- «Date la vuelta, quiero verte por detrás!»

A- «Siiii. Lo que tú digas mi amor!»

Muchachos, ustedes no se alcanzan a imaginar el panorama tan sublime que es ver a Ángela en posición de a perrito, se le cae la careta de ingenuidad e inocencia, y aflora la hembra ardorosa, la perra en celo, la dama poseída por la lujuria. (telegram @KevinOrd2002)

Sumergí mi rostro en medio de ese culo hermoso, blanco como la nieve y ardiente como el fuego, saboreé cada milímetro de esa piel prohibida, chupé, lamí, hundí la lengua hasta donde más alcancé, mientras sus gemidos iban en aumento y balbuceaba frases inaudibles, pero el tono y la intención eran evidentes ¡Lo estaba disfrutando muchísimo!

A- «Métemela por favor, no me hagas padecer más!»

Sus deseos eran órdenes para mí, lentamente se la acomodé en la entrada, y se la empecé a hundir sin prisas, quería ver como se desaparecía en ese ardiente agujero, arrancándole gritos de placer y llenándola de fuego hasta la más recóndita partícula de sus entrañas.

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Epílogo:

El cansancio nos venció y quedamos profundamente dormidos, desnudos, con semen y fluidos vaginales regados por toda su cama.

Nos despertó mi papá preparándose para salir a trabajar, normalmente Ángela se levanta y le da desayuno, pero esta vez, la excusa fue el intento de agresión, al parecer mi papá era consciente de su error y no hizo mucho ruido para no despertarla.

Creo que se dio por vencido, Ángela para él es como si fuera una vecina madre de su hijo, ningún acercamiento, ninguna palabra de afecto, mucho menos un contacto físico, puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que ella es solo mía, hemos hecho el amor en todas las poses posibles, en todos los lugares de la casa y en hoteles y moteles.

Ella fue mi madrastra, mi mamá, luego mi amiga y ahora mi amante.

Mi papá ha moderado el consumo de alcohol, los últimos exámenes médicos le mostraron un deterioro progresivo del hígado y páncreas, está más delgado y débil, lo cuidamos mientras está en casa, pero hacemos el amor en el momento que nos antoje, sin importarnos su presencia, sabemos que lo asumió y no interviene, hasta nos descubrió bañándonos juntos.

Publico mi usuario de Telegram bajo mi propia responsabilidad.

La redención de un ángel

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