Capítulo 1

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  • Diaro de la boticaria: Entrada I

Entrada del diario I. “I de Abreán del MCXXII”

Querido diario. Supongo que así es lo que se suele poner primero, dado que nunca he tenido un diario antes. Siendo sincera, no sé muy bien que se escribe aquí, pero Beca me ha recomendado que utilice un diario para mis anotaciones de mis pensamientos, así no se me olvidan las cosas importantes que se me ocurren. Siempre me da rabia que se me ocurran cosas geniales mientras estoy trabajando; pero, por desgracia, Beca no puede pasarse tan concurridamente como me gustaría. Es una pena… creo que es la única persona en mi vida que no me prejuzga de forma negativa. Cierto es que si me juzga a veces de forma negativa, pero al menos no prejuzga; y, para mis estándares, eso es mucho.

Bueno, tampoco tengo pensado hacer esto mucho, dado que la tinta es cara estos días, y escribir con carboncillo no me apetece, dado que me deja un olor raro en los dedos. Tal vez lo reduzca a hacerlo semanalmente… aunque luego me quedaría con la duda de si tenía que haber llamado a esto un semanario y no un diario ¡Eh! Esas son el tipo de chorradas que siempre me quiero acordar cuando está Beca, así puedo sacarle una sonrisa. Aunque le saco un par de primaveras, siempre actúa tan estirada y serena que es divertido romper esa máscara y ver a la niña que estaba tan ilusionada por su boda. Se me hace tan… adorable. No se como definirlo en verdad.

Pero, como he escrito antes, no se bien que se tiene que poner en un diario, así que creo que voy a ir escribiendo sobre la marcha, e ir definiendo un poco todo en mi vida. Tal vez, de esa forma, me sienta más cómoda para expresarme. Bien, pues aquí voy. Me llamo Aine y soy de una aldea sin nombre al sur de la zona pirenaica. Bueno, más o menos soy de una aldea, dado que aunque soy boticaria, no tengo marido, ni compañero boticario… por lo que no puedo regentar una botica o un maristán en alguna de las ciudades o pueblos grandes del lugar. No, para mi desgracia, he tenido que ser relegada a una pequeña cabañita, internada en el bosque y lejos de la aldea. Pero, siendo franca, lo prefiero. Lo prefiero con creces, dado que aunque no me puedo librar de los de la cruz ni de la media luna, al menos no tengo el politiqueo constante de las ciudades. Aquí soy la objetivo de todas las críticas, pero sin pruebas y siendo la que soluciona todos sus problemas reales de salud, soy intocable a pesar de sus ambiciones.

Dicho lo anterior, no quiere decir que mi vida sea idílica. Al final, se recurre demasiado en mí para los remedios en los que el rezar a una reliquia o donde la plegaria ya no es insostenible. Justo cuando en ocasiones la solución al problema no existe o el remedio es peor que la enfermedad. Y obviamente el pago por ello es el mínimo, dado que ya se me ha intentado acusar de gula, lujuria, envidia, soberbia… y no quiero darles pie para que me acusen de avaricia y pierda las pocas posesiones de valor que tengo. Así que… sí, ahora mismo estoy “bien” con los pagos que recibo de unos maravedís por algún ungüento contra la artritis o el eliminar crías no deseadas de los vientres de mujeres de menor moral que la mía. Es un dinero que se siente agradecido.

Y… así paso los días, siendo juzgada por gente que viene a mi cabaña para tener remedios de actos indecorosos. Cosa que hacen sin reparos, ¿qué más da? Nadie va a creer a una “pagana” como yo. Me río por no maldecirlos porque ya no merece ni la pena de las veces que lo he hecho. Creo que Maddi no escucha a sus fieles, aunque el tener que ir a la iglesia del pueblo puede que no le esté haciendo gracia. Y eso suponía que me lo permitía para que siguiera con vida. En fin, diosas… si las pudiéramos entender todo sería más simple. Pero mientras me siga ayudando con mis brebajes, le permitiré ser tan caprichosa como una puberta desvergonzada, jajaja… es broma, mi señora, lo dejó por escrito, de verdad… no me castigue.

Aún así, he de reconocer que el día de hoy ha sido lucrativo. Salvo por la visita de Beca, que venía a venderme algunos tarros de miel que me vienen bien para los tratamientos contra los dolores respiratorios, (y los bollos dulces que a veces me da por hornear); también me he dedicado a atender a Enriqueta. Como no, como un reloj, ha venido a ser tratada para sus… “males de estómago”. O eso es lo que vende luego en el pueblo. Yo se que es para eliminar los subproductos de su pecaminosa profesión. Ella lo sabe. Todos los varones del pueblo lo saben. Y no me extrañaría que alguna mujer lo supiera incluso mejor de lo que lo entiendo yo. Pero, lo que me ha encantado es que justo ha venido Rosario a hacer lo mismo. Ufff… qué placer me ha dado. La misma que siempre juzga, que si esto, que si lo otro… ay, Charito, Charito, que justo me has venido para quitarte uno de esos “males de estómago”… y, ¿con quien ha sido? Porque dudo que haya sido con alguien que se parezca a su marido, y tengo entendido de que ha venido de la tierra de los sarracenos algún mercader de algo exótico. Bueno, no se con que le ha pagado a ese (aunque si lo sé), pero a mi me pagas en maravedis, que con la cara de urraca que tienes, bien te puedes joder, jajajaja.

Bueno, por lo demás, el día no fue un poco más o menos lo mismo. Mismas tareas, mismos trabajos. Hoy, siendo viernes, sabía que tenía que atender de males, y seguramente el lunes otro tanto de lo mismo, así que si no sale nada más raro, tendré un fin de semana tranquilo y relajado. Pero, al tener que atender, siempre intento vestir de forma elegante. Mi cabaña no es muy grande, y no tengo un amplio vestuario, pero si tengo unas cuantas ropas que hacen que mi apariencia sea más carismática para la gente, sobre todo para los hombres. Hoy, por ejemplo, llevo mi vestido oscuro, de falda larga con un corte a medio muslo que desciende hacía la mitad del final de mi vestido y deja a la vista mi pierna izquierda y las botas en las que las enfundo de caña alta. También he añadido tacones en las mismas. Se que es algo más para carniceros, pero me he fijado que los hombres me miran más cuando me doy la vuelta con ellos puestos… así que algo harán. Aquí hay que exprimir cada maravedí. La parte superior se ciñe, más que nada por el corsé que aprieta mi cintura, y por el escote en palabra de honor que llevo, dejando al descubierto mis hombros. Rosario y Josefa pueden decir luego lo que quieran, pero es una muy buena manera para que la sangre de los clientes no esté donde tiene que estar. A eso, le sumo unos guantes de lino que tengo, que suben a mitad de brazo. Estoy pensando en ponerme alguna capa de abrigo con ese vestido, ya que tengo una capa de piel de conejo bastante calentita, y ahora se acerca el invierno…. bueno, da igual. Pero, encima también llevo algo de bisutería con temas “paganos”. Lo hablé con el padre Claudio hace tiempo, y parece que no hay problema. No le gusta que tenga plata (por eso de avaricia), pero como luego pago el diezmo religiosamente… pues hace un poco la vista gorda, así puedo estar con mi collar de plata, mis anillos y brazaletes que al moverme resuenan con ese tono tan característico del metal al chocar.

Uhm, va a sonar a broma, pero justo al escribir todo ello, me estoy empezando a dar cuenta de los problemas que acarrea todo lo que he indicado. A ver, una mujer sola en una cabaña, vistiendo de forma provocativa, con ojos azulados y profundos, rostro afilado de tez blanca y cabello negro como el azabache… pone en contraste el hecho de que las mojigatas del pueblo se sientan… un poco engatusadas por la idea de que me quemen en una pira. Y estoy segura de que a más de uno de los varones del pueblo les gustaría la idea de ponerme unos grilletes, aunque con unas ideas no tan eclesiásticas. Aún así, como narro, con estas ropas no puedo atender al jardín y hacer quehaceres que requieran algo menos delicado. Es por ello que he aprovechado para hacer inventario en mis tiempos muertos y hacer un recuento semanal. Creo que este es el único motivo por el que me he decidido al final a ponerme a escribir.

Vale, y llegado ya lo último, creo que ya toca definir que, siendo viernes, hoy es día de la cosecha. No es porque sí que vista de forma “elegante”, ni fue una idea que surgió de mi alma empresarial… digamos que esto ha sido más una consecuencia positiva de algo que premedita. Hoy es cuando Maddi está más receptiva durante la semana. Antes me fijaba en los ciclos lunares, pero al final vi que eso da igual. En verdad, por algún motivo que desconozco, la diosa ama este día. Así qué, hoy he bajado a la despensa que tengo abajo ¿Es correcto llamarlo despensa? No, es más como un sótano oculto, aunque no es muy grande. Digamos, de unos cinco por cinco varas de medida, aunque no lo aprovecho todo, y eso lo explico luego. Se baja por unas escaleras esquinada que tengo bajo la cama, descendiendo hasta el lateral derecho de la sala. Es una sala amplia, cubierta de varias estanterías con varios botes, libros y un caldero en el centro. El humo está reconducido para que pase justo por una cañería hasta la chimenea, aunque no es raro que se filtre por el fino techo de cantos y las pesadas tablas de madera que conforman el suelo de mi habitación. Sin embargo, es placentero notar lo bien escondida que estaba la sala. Cuando llegué, no esperaba encontrar unas ruinas de un antiguo templo, seguramente a Lug o a Belenos, pero los seguidores de Maddi lo reclamamos, jeje.

Aún así, he de reconocer que la habitación es… es horrible cuando recién bajo. La sala está helada, dado que aún las paredes y el suelo son de piedra, no tiene mortero, y al estar enterrada en la tierra; el frío y humedad de la lluvia se filtra por los huecos, haciendo que la temperatura sea muy baja, congelando el agua en su interior en los meses más fríos. Además, no es raro que haya insectos, por mucho que esté limpio, y estoy segura de que también he visto algún ratón… aunque de momento no hay más animales, y el fuego del caldero no parece acabar de gustarles. Bueno, aquí es donde al final elaboro mis mezclas. Es lo normal en una boticaria competente. En las ciudades, tratan con tomillo, salvia y otras patrañas… eso solo sirve para pócimas de amor. En las boticas auténticas tenemos que usar belladona, ajenjo o miel de brezo. Sustancias que la inculta iglesia prohíbe por algún motivo (aunque si se los motivos, pero hoy no me apetece largar contra ella). Pero, al final, simplemente me toca verme recluida a este pequeño… laboratorio, aunque es más un altar a mi Diosa, mi dadora de vida. Bueno, es lo que hay, por no nacer con rabo.

Bueno, y dicho lo anterior, pues toca describir un poco que significa que sea día de cosecha. Bueno, la verdad es que ese sótano tiene una salita agregada, justo debajo de las escaleras. Allí, tengo una pequeña habitación, de no más de dos varas y media por dos varas y media de superficie, pequeña y angosta, fría y sin nada. La puerta para acceder a ella es una reja de hierro negro aspero, que permite ver a su interior. En su interior, ahí está lo interesante, es donde tengo lo que cosecho. Un hombre. Un despojo. Un mendigo perdido. En verdad, no recuerdo su historia. Ahora, solo es algo que cosechar. Menos que un animal. Algo placentero. Algo que disfruto de ver. Un ser qué, aunque tenga rabo como otros hombres, es inferior a mí. Está sujeto a mi para hacer con él lo que quiera. Y eso hago. Obviamente, no le he permitido tener nada. Ahora vive ahí, desde hace meses vive ahí, encerrado, desnudo, sucio y sin nada más que una pequeña cubeta. La única “protección” que viste para el frío, es el conjunto de grilletes y collar de hierro tosco que está conectado a un sistema de poleas por unas cadenas. Esto lo explicaré más adelante, me gusta regodearme de mi invento, al igual que el dispositivo que tiene en la entrepierna.

Obviamente, no soy un monstruo, de vez en cuando lo “limpio”… si me acuerdo, si eso… pero, lo normal es que viva ahí, olvidado, esperando de la próxima vez que me acuerde de alimentarlo y darle de beber… aunque ya no tiene el brillo de antes en los ojos, cosa que me alegra de no tener que “luchar” como antes. Aún así, voy definiendo un poco la colecta. Algunas pociones necesitan mandrágora, una raiz que nace del subproducto de la leche de hombre. Es difícil de cosechar, dado que normalmente solo nace si ahorcas a alguien, pero, he conseguido una forma de producción en serie. Además, la leche de hombre es buena para mezclar con vainilla y miel, consiguiendo un afrodisiaco femenino, y al natural es un buen tratamiento para la piel y la eliminación de arrugas en la cara, luego… me parece una buena cabeza de ganado que tener… aunque sea de forma clandestina.

Bueno, entonces, aprovecho para ir definiendo cómo ha sido esta vez, que la verdad, si se ha portado mal. Ya de primeras, mientras aprovechaba para comprobar si se había roto algo o se había puesto en mal estado alguno de mis ingredientes, lo pillé mirándome ¿Fue un acto reflejo? ¿Fue que el aburrimiento le pudo? Me da igual. Aunque cuando me di la vuelta volvió a poner la cabeza mirando al suelo, ya le había pillado. Cuando me dirigí a los barrotes vi que se levantó del poyete en la pared que hay a modo de asiento/lecho y se puso en T. Esto al principio era un asunto que me encantaba, dado que cuando tiro de la cadena que hay al lado de su celda, el sistema de poleas hace que se tensen todas sus cadenas, llevando cada brazo a un lado de las paredes, sus piernas se tensen hacia el suelo y el collar le empuje hacia el techo, quedando en una posición incómoda, como medio ahogado y sin moverse. Me encantaba como protestaba, haciendo más placentero el reprimirlas después de la única forma que entienden los animales. Luego, cuando ya no se podía mover, entré… y entonces es cuando le dí un fuerte bofetón, haciendo que un hilo de sangre saliera de su nariz, a la vez que le decía que aquello era por mirarme. He de decir que no necesito mucha fuerza para ello, dado que entre que está muy débil, y los anillos de mis dedos, es relativamente fácil.

Precisamente, me parece un buen punto hablar de él físicamente. Es un hombre, más o menos de mi altura, raquítico. Tiene el pelo enmarañado, y por la suciedad no puedo definir de qué color. Es joven, más joven que yo, tal vez de la edad de Beca, cosa que prefiero, ya que suelen tener los huevos con mejor producción. Está muy delgado, con el rostro chupado, aunque siempre lo he visto así. No se, tal vez con algo de carne sería guapo, pero ahora, solo es un despojo, salvo por una cosa. Aprovecho ahora para hablar de mi dispositivo. Según escuché a algún juglar, al parecer por el norte, más allá de las montañas, los hombres ponen a sus mujeres una especie de cinturón de metal, para que no las cortejen. Si bien es cierto que mi abuela usó uno para evitar que la violaran en el saqueo de Saraqusta, creo que se han inventado muchas cosas sobre cuernos y cosas raras. Bueno, el caso es que se me ocurrió hacer un dispositivo cilíndrico grueso de metal, al que le uní tres cordones y se lo puse a modo de calzón, haciendo que su polla y huevos queden dentro… y así me evito de que desperdicie mi querido producto. Es una idea brillante, ¿no?

Bueno, dicho lo anterior, esta vez, cuando le quité el dispositivo, noté un olor fuerte a macho. Demasiado fuerte. Era obvio que necesitaba un lavado, por lo que tiré el dispositivo fuera de la celda, para recogerlo luego. Después, me dediqué a… bueno, a su polla. Y este es un punto, porque su polla mide más de una palma. Es curioso, porque si bien a los anteriores tuve que darle pociones para que fueran más fértiles y eso tenía ese efecto… en este caso, pues directamente era así. Tiene una polla de diez pulgadas, de dos huevos grandes hinchados… es barbárico. Y, ya que esto es mi diario, confesaré que al verlo me sonroja. No es mentira que me sorprende demasiado el tamaño de esa cosa… y algo en mi interior hace que mis piernas tiemblen y note un calor electrizante entre ellas. Es lo peor de todo el día de cosecha, aunque no lo único malo. Y dicho lo anterior, ahora viene la cosa, por el rabillo del ojo pille que el imbécil tenía una leve sonrisa cuando vió que me quedé unos segundos mirándole la polla. Obviamente le dí otro bofetón con ello. De mi no se rie ni dios, y menos mi ganado.

Bueno, dejando eso de lado… ahora empieza la parte trabajosa. Aquella polla, en cuanto la toco con mis manos enguantados de lino, empieza a endurecerse. No hay ceremonia ni nada, solo empiezo a machacar lentamente. Poco a poco, noto como el líquido empieza a brotar de su punta. Un líquido transparente, viscoso… lo he denominado líquido preleche. Esté líquido empieza a cubrir la rojiza cabeza de su polla, mientras mis dedos se cubren de una espuma blanquecina. Reconozco también que la polla es gruesa. Pero es tan gruesa, que mi pulgar no llega a tocar los otros dedos. Es demasiado gruesa, venosa y da esa sensación como cuero viejo… esto hace que a veces la paja sea costosa, por lo que tengo que empezar a usar la otra mano para suplir o reemplazar la primera. Es entonces, cuando lentamente, empiezo a subir el ritmo. Noto las muecas de placer en el rostro del hombre, algo que antes castigaba, pero ahora ya se que es la máxima represión que puede hacer el hombre, aunque antes si es verdad que se atrevía a gemir. Y eso precisamente pasó. Hizo un pequeño gemido de placer, algo que me hizo sonrojar de vergüenza y me hizo sentir rara. Era una sensación tímida y a la vez placentera… algo asqueroso… por lo que, sin darle tiempo a nada, solo le dí un bofetón a la vez que le soltaba la polla. Le amenacé también que si se atrevía solo a hacerlo una vez más, le quitaría las uñas de los dedos. Ya se lo había hecho en una mano, y ponerlas de nuevo me costó mucho, pero la Diosa sabe que si tengo que volver a hacerlo, lo voy a hacer. Entonces continué con la paja, subiendo lentamente el ritmo e intercalando por donde movía los dedos, masajeando sus huevos y jugueteando con la cabeza, llevándole poco a poco al extremo del placer más absoluto que le puedo llevar. Poco a poco vi como cambiaba su rostro… y entonces… en el último momento… paré. Me detuve en secó, haciendo que un sonido ahogado saliera de la boca del hombre. Esto era intencional, pero me dí el gusto de darle otra bofetada, más por gusto mío qué otra cosa.

Después, salí de la celda, moviéndome con un paso lento y marcado, sabiendo que ahora el hombre no me quitaría los ojos de encima. Esa era mi intención. Me acercaba a los botes vacíos, y los empezaba a tomar, en este caso eran 15… y los iba a llenar todos con leche de hombre. Luego volvía, notando la ansiedad del hombre, forzandole a sentirse igual que si estuviera ahogándose. Eso quería. Luego solo pasaba mis dedos de nuevo por su hombría, calentando primero un poco sus huevos con un masaje con mis dedos suaves enguantados, antes de volver a pajear, a la vez que la otra mano descorchaba un bote y lo acercaba a la punta. Y entonces, con unos pocos movimientos, de su polla empezaba a brotar la leche. Una cantidad abundante, espesa, casi grumosa y de un tono entre blanco y con rastros amarillentos según la luz. El eje central de mi negocio. Exprimí bien su polla, tanto que tuve que estar rápida para cambiar de bote. Llenó tres con la primera descarga, pero sabía que esto no era más que el principio. Encorché los tres botes, agrupándolos en el lado izquierdo del poyete que usaba de cama, mientras que en el izquierdo tenía los vacíos. Luego acercaba una cantimplora a los labios del hombre, para que recuperara líquidos. No era solo agua, sino un “brebaje” de fertilidad para hombres hecho con otra fuente inagotable que tengo. Mientras le daba ese agua, jugueteaba con sus huevos con la otra mano, masajeándolos y calentándolos, hasta que su polla se endureciera y estuviera otra vez lista. No tardaba mucho en ver como se le volvían a marcar las venas de la polla y el cuello, sabiendo entonces que estaba listo para otra ronda.

Mis manos entonces volvía a la carga, jugando primero con su polla, acariciándola suavemente mientras pajeaba. Poco a poco, subiendo el ritmo de nuevo, llevándolo a su límite, provocando ese parón doloroso, le daba un par de segundos y luego le hacía terminar en un bote… y notando como ya no controlaba sus gemidos de placer. No lo culpaba. No siempre lo castigaba, pero tampoco quiero abofetearlo siempre, dado que ya se me empezaba a cansar la mano. Solo de vez en cuando, a la vez que le decía que se callara con una voz alzada y algún mote cariñoso como “inútil”, “basura”, “ganado” u otros… me han dicho que tengo un tono de voz algo tosco, que aunque mi voz es elegante, también es una voz que debe imponer cuando la alzo… así que me aprovecho de ello. Este proceso duraba al menos una hora, tal vez algo más… y encima me dejaba muerta del brazo.

Posterior a ello, pues volvía a cerrar la celda, volviendo a tirar del mecanismo de la cadena para liberar la presión. De normal, le hubiera puesto el dispositivo, y, luego le hubiera dado de comer… pero se había portado mal, así que hoy se queda sin comida. Ya ha tenido “líquido” suficiente para reponer. Termino estos apuntes en mi diario dejando unos pensamientos que me circulan en la cabeza. Si bien, esto es rutinario, también noto que tras esto me siento un poco rara, un poco… “histérica”, y con mucho calor entre las piernas. No es la primera vez, y no será la última, pero justo este impulso de subir ahora es lo que me ha llevado a escribir. He pensado que al describir lo sucedido, me sentiría más cómoda, desahogándome, pero ahora noto como si yo fuera la que está siendo ahorcada… y apuntar esto me ha hecho sentir bien, pero también más deseosa. Ahora mismo, solo quiero tirarme en la cama, levantar el vestido y aliviar mi picazón a la vez que huelo y lamo la mano que he usado para pajearse. No es la primera vez que lo hago… pero ahora mi impulso es irrefrenable… y siento la necesidad… justo estoy terminando esto solo con una mano… y la otra… uhm… ese olor… uhm… joder… voy a detenerme… no puedo escribir en gaélico y hacer… esto… a la vez… ufff… no puedo… joder… uhm…


Buenos días, tardes, noches. Lo primero, gracias por haber pulsado en este relato. Espero que haya cumplido las expectativas, y que igual suceda con el próximo viernes con el siguiente relato, que ya está escrito. Espero que la idea sea del gusto de la gente, que al principio empieza un poco femdom pero poco a poco lo quiero tornar a aguas donde estoy más cómodo de escribir y navegar. Para cualquier cosa, dejo mi correo personal: [email protected] para cualquier notificación.