Capítulo 7
- Marcela, mi vecina I
- Marcela, mi vecina II: 40 y 20, Marcela y Nacho
- Marcela, mi vecina III: Marce me presenta a una amiga
- Marcela, mi vecina IV: La noticia menos pensada
- Marcela, mi vecina V: Marcela embarazada
- Marcela, mi vecina VI: Analía
- Marcela, Mi Vecina VII: La última tentación de Marcela
Precuela del Capítulo Marcela mi vecina IV: La Noticia Menos Pensada
A pesar de la gran amistad entre Marcela y Analía, siempre existió envidia y algo de celos de parte de ésta hacia la Doctora Rodríguez, tal vez porque Marcela tenía una vida feliz, un matrimonio sólido y un cuerpazo envidiable.
Las dos iban juntas al gimnasio y eran las milfs más codiciadas. Analía desinhibida por completo, se daba con todo el mundo, en cambio Marcela era un muro impenetrable, conversaba con los asistentes del gym lo justo y necesario, es que con su basta experiencia sabía que un masculino que se le acercase escondía «segundas intenciones».
Había un chico muy joven llamado Juan José que sentía una fuerte atracción por Marcela. La rubia cuarentona era la hembra de sus fantasías sexuales pero ésta ni lo registraba.
Es que verla llegar con su carita de inocente detrás de esos lentes con aumento para luego ponerse a entrenar vestida con sus calzas adherentes como si fuesen una segunda piel hacía que a Juanjo se le pare con tan solo el contacto visual.
Soñaba con poseer ese cuerpo, pero la rubia era fría e inalcanzable.
Juanjo un chico muy joven de tal vez 23 años, un cuerpo trabajado a fuerza de entrenamiento y constancia, musculoso, carilindo y simpático. Siempre despertaba interés en el público femenino.
El tenía una fijación con las milfs, las maduras eran su debilidad, y algunas lo buscaban de forma natural, tal es así que Juanjo tenía sexo a menudo con Analía por dar un ejemplo.
Le sabía llevar el ritmo a la desatendida amiga de Marcela, motivo por el cual se destacaba del resto de sus compañeros de cama y era su favorito.
Una vez en el gym, Analía notó recurrentes miradas de su chico para con La Milf del Culo Perfecto en los entrenamientos, trató de sobrellevarlo pero sus celos se fueron acrecentando con el correr de los días ya que al chico se le iba la mirada casi sin disimulo por su amiga, era un impulso natural e incontenible.
Y así, después de tener sexo estando los dos tendidos en la cama de un hotel pudo sacarle palabra acerca de su atracción por Marce y Analía a pesar de sentirse ofendida le dejó continuar con su alocución.
Decidió seguirle el juego y no le prometió nada….pero iba a hablarle a Marcela sobre él.
Eso sí, juntó rabia por lo que acabó de escuchar y confirmó lo que escondían aquellas miradas, Marcela era un imán de atracción, la más codiciada, tal vez por su conducta pero sobretodo por una retaguardia que la hacía tan llamativa.
Un día aprovechando que Marcela descansaba luego de una rutina de ejercicios, Analía lo trajo al chico de los brazos fornidos y se lo presentó.
Pasaron los días y poco a poco se notaba una incipiente confianza de ella hacia él pero siempre con respeto, al menor acto de desubicación ella le daría vuelta a cara de una bofetada. Siendo una mujer de carácter no dudaría en hacerlo si se sintiese invadida.
Analía miraba de lejos y se relamía, el contacto funcionó y su plan se iba encaminado.
La flaca se centró en una idea y en su retorcida mente planeó hacer una fiesta de disfraces en su lujosa casa. Eran días calurosos los que se vivían y un 21 de septiembre fue la fecha fijada para llevar a cabo el plan.
Analia quería ver cuánto tiempo resistiría su blonda amiga siendo fiel a Nacho. Deseaba que Marcela muestre debilidad tarde o temprano. Ansiaba dañar a la pareja y corromper a su propia amiga.
Pero volviendo a Marcela y Juanjo, con el pasar de los días ya había un tanto más de confianza, a decir verdad a ella siempre le encantó calentar hombres, ese jueguito de gustar y ser deseada como cuando estaba con su primer esposo y era una casada infiel se estaba haciendo presente y un tanto se estaba dejando llevar.
Aparecieron risas y conversaciones más amenas y de a poco se apartaban del resto. Pasaban mucho tiempo juntos.
Además ella venía más desinhibida a entrenar, era un infierno en calzas y se ataba la remera al raz del ombligo dejando su panza plana al aire y ese culo impresionante a la vista de de todos.
Y el plan de la «FIESTA DE DISFRACES DEL 21 DEL SEPTIEMBRE» estaba a punto de concretarse.
Analía los interrumpió y tímidamente les hizo el anuncio. La idea era juntarse por la noche del sábado 20 para recibir el día 21 a las 00.00 horas juntos. Iba a ser «algo íntimo»…solo con «amigos del Gym», como una noche temática.
Llegó la tan esperada noche. Analía la anfitriona esperaba a sus invitados. Se hicieron presentes los chicos, algunos solteros, otros acompañados de sus novias más varias mujeres que asistían al gimnasio.
Con la fiesta ya empezada apareció Marcela, una diosa que con mucha presencia optó por un disfraz de monja.
La rubia se puso los hábitos de color negro: velo, un cinturón comprimiendo su cintura, el infaltable escapulario pero lo destacable era la túnica. No era suelta y tableada como lo usaría una hermana de convento, todo lo contrario, era una confección hiper adherente entallada a su cuerpo, mas sus infaltables anteojos estilo nerd y unos borcegos haciendo juego con el apretado hábito que traía puesto.
Y la milf que se convirtió en el centro de las miradas de los presentes opacando a la anfitriona una vez más, quien se había disfrazado de Tinkerbell, el hada de Disney.
A Marce le costaba socializar, se sentía diferente entre todo ese grupo de gente joven.
Tal es así que un par de chicos se le acercaron con intención de seducirla pero ella era inamovible….. Tenía fijado un rumbo, un objetivo. Levantaba la mirada en busca de Juanjo que aún no llegaba y tanta era su antipatía y fastidio que ambos chicos desistieron de la fantasia de llevar a la cama a la milf cuarentona que les demostró cero interés.
La dueña de casa vestida con un diminuto vestido color verde manzana hacía lo imposible por retenerla, estaba tan sobre ella que descuidaba a los demás invitados.
Charla va charla viene alzando la mirada por fin lo vió llegar a su príncipe que la rescataría de ese grupo de gente con en el cual no se sentía cómoda.
Para ese entonces Marce ya había tomado varios tragos, más que nada impulsada por Analía a beber.
Pero su semblante cambió al verlo. El chico vestía un traje de Capitán América que calzaba a la perfección con su físico y la blonda se mostró fascinada con la persona que desde días atrás ya la estaba seduciendo.
Y para recibirlo, Analía la abandonó un instante dejándola en compañía de María Belén, la recepcionista del gimnasio, quien intercambió apenas unas palabras y la dejó abandonada por irse con un chico que la invitó a bailar.
Y la rubia vestida de monja de convento quedó sola una vez más.
Al instante fue rodeada por unos hombres, quienes la arrinconaron de a tres y estaban a su alrededor como perros en celo, cuando por arte de magia el superhéroe acudió a salvarla de esos desesperados y se la llevó fuera de la casa.
Ya eran las 23:58, se terminaba el 20 de septiembre y el tan esperado Día de la Primera asomaba.
Hicieron la cuenta regresiva en el amplio patio al borde de una piscina. La noche se prestaba para la diversión y el lugar era maravilloso.
A las 0:00 del 21 de septiembre levantaron sus copas y brindaron por la llegada de la Primavera. Ya Marcela estaba más animada y en total confianza con Juanjo a su lado, feliz.
Todos salieron a bailar, los que tenían a sus novias lo hicieron, los que pudieron sacaron a la pista a las chicas que estaban disponibles y los que quedaron sin pareja bailaron entre ellos.
La sexy «Hermana de Convento» y el «Capitán América» bailaron cara a cara, ya que a ella desde siempre le gustó bailar y el chico tenía talento.
Analía mientras tanto no perdió tiempo. Bailó con uno de los invitados y sin importarles los presentes se estaban comiendo la boca sin descaro. Ella con ese disfraz de hada color verde manzana por demás corto hasta parecía no tener puesta ropa interior.
Y su compañero de pista le metió manos por todas partes al mismo tiempo que sus lenguas se trenzaban a la vista de todos.
Marcela se sintió incómoda, ver a su amiga comportándose de forma tan vulgar le dió vergüenza, se alejó de todos y se refugió en algún lugar con vegetación y césped.
Juanjo fue atrás de ella, se le acercó y con un par de tragos intentó transportarla a otra realidad.
La rubia sabía medirse y no hacer papelones como su amiga y se sentía mal por todo ese show casi porno de Analía.
Bebieron uno, dos y tres tragos. El chico pudo cambiarle el humor y de a poco la hizo reír.
Miradas en silencio y agarrados de las manos él le hablaba al oído y la blonda sonreía, poco a poco ese iceberg difícil de romper iba cediendo en partes a esa altura de la noche.
Al menor descuido la monja se quitó el velo dejando libre su cabello rubio lacio y largo y lo movía dándole libertad. Soltar su pelo de modo casi inocente deslumbró a su chico más de lo que ya estaba.
No conforme y entrado en un poco más de confianza, quiso verla sin sus anteojos puestos. El insistía y ella una y otra vez le decía que NO, con gestos, con la cabeza y hasta con un dedo pero el chico se mantenía firme en su propósito.
Incansable, se tomó una pausa y volvió a su intento de desnudar aquellos ojos. Los susurros al oído de la rubia iban en paulatino aumento y a Marcelita se la veía más y mas sonrojada.
Y no se dió por vencido hasta que pudo lograr su objetivo: Le quitó los anteojos y ella agachó la cabeza con timidez.
Y tras mirarse cara a cara el silencio ayudó y sin más palabras Juanjo le dió un beso.
Marcela algo liberada por la bebida, por el baile….Y porque gustaba de Juanjo no dudó y correspondió a los labios de su enamorado.
El la besaba muy bien, despacito sin apurarla…. La descubría de a poco. De a ratos soltaba sus labios y ella volvía a buscarlo y tomaba las riendas para iniciar otra vez la jugada. Y así siguieron con ese jugueteo, conociéndose de un modo si se quiere más íntimo.
Ella se sentó al borde de una reposera y el arrodillado a sus pies la iba desinhibiendo a puros besos.
Ya eran besos más prolongados y la rubia se lo permitía, tanto que Marce se puso de pie y Juan José la aprisionaba de la cintura. Con sus lenguas entrelazadas moviéndose juntas como dos cobras atrapadas en un cesto, se olvidaron de la diferencia de edad y Marcela de que era una mujer casada.
A todo ésto Juanjo ya tenía una erección que no podía ocultar y la rubia vestida de monja sintió un deseo incontrolable y ya recorría con su mano el tronco duro de ese nene mucho más joven que Nacho, su marido.
Cercanos a ellos, entre los arbustos se formó otra pareja: Maria Belén la recepcionista del gimnasio con Ramón, el morocho grandote con quién bailó.
Quien decidido no perdió tiempo y se la acomodó a la delgada recepcionista sobre el, y sin mediar palabras la empezó a coger de parado a esa chica vestida de porrista.
Marcela incómoda (o aprovechando la oportunidad) entre risas le dijo al oído a su enamorado que la lleve a otro lugar. No le era nada grato ver una pareja teniendo sexo a metros de ellos.
La tomó de la mano y casi desapercibidos pasaron entre la gente que bailaba. Sintió vergüenza e intentó pedirle permiso a su amiga pero Analía estaba rodeada de tipos que le bailaban alrededor.
Entonces a Marcela no le quedó otra que buscar privacidad para sacarse las ganas.
La desición estaba tomada.
Era la casa de su amiga, ambos adultos y sabían lo que hacían.
Con risas complices el Capitán América y La Monja de los hábitos de lycra subieron las escaleras en busca de una habitación.
Se metieron en el dormitorio de Analía y una cama King Size los esperaba. La pareja hervía de calentura y no disimulaban las ganas de cogerse.
El vestido de la rubia ya incomodaba, Juanjo se lo sacó y ella a su vez el disfraz a su chico con desesperación.
Al verlo desnudo se terminó de convencer de que con Juanjo hizo una buena elección. Iba a ser un «permitido», algo de una sola noche y estaba más que decidida de entregarse a esa niño bonito que supo elegir.
Se olvidó de su marido, de sus hijos y de las altas horas que marcaban las agujas del reloj, alejó los remordimientos y se quitó el culotte negro de encaje y no hubo tiempo a deshacerse de los borcegos por lo que se los dejó puestos estando asi más deseable sumado a sus medias de red y al portaligas.
Mientras tanto Analía desesperada por saber que habría pasado con la pareja buscó el modo de darle un final a la fiesta.
Cuando los invitados se fueron curiosa subió las escaleras a su encuentro.
Al acercarse comenzó a escuchar los gemidos que provenían de su dormitorio, se notaba que la estaban pasando muy bien.
Y como sabrán de mis relatos anteriores, Marcela es «muy expresiva» en la cama y al oírla el tormento de Analía aumentó.
Cuando al fin acabó el placer y se calmaron, Analía esperó unos minutos detrás de la puerta hasta que se atrevió a abrirla.
Vió que Marcela estaba acostada boca arriba, acariciándose el vientre y el abdomen que estaban llenos de esperma y Juanjo arrodillado sosteniendo su miembro todavía erecto. Recién terminaba de eyacular.
_Todo bien Marce?
_ Quien iba a pensar que «La Mosquita Muerta» y esposa fiel terminaría regada de leche en mi propia cama?!! _ Le dijo de un modo ácido, irónico y hasta un tanto dolida.
Marcela no omitió palabra, sabía de que Juanjo era propiedad de Analía, pero lo hecho hecho estaba. El acto se había consumado.
Eso sí, Marcela empoderada no podía ocultar su cara de satisfacción.
Juanjo ahora era suyo.
Cansada de oir insultos de toda clase, desafiante y delante de los ojos de su amiga observando, retomó su confianza con Juanjo.
Sin importar nada más comenzó a besarlo y a agarrando esa pija que por ser ancha y venosa llamaba tanto su atención.
Se la chupó con desesperación aprovechando el poder de recuperación, tamaño y respuesta de ese chico.
Y es sabido que Marcela no se conforma con un solo polvo y estaba decida a demostrar lo que una «Mosquita Muerta» podía hacer.
Juanjo listo para un segundo round se acomodó entre sus piernas, se las abrió y empezó a cogerla con envidiable maestría y Marcela gemía más que nunca.
Analía estaba furiosa por la conexión de ambos, ni uno ni el otro parecían querer terminar, y cuando por fin cambiaron de pose, – ahora ella arriba y el abajo-, se acercó hacia la cama, abrió el cajón de la mesita de luz y sacó un gel lubricante.
Dispuesta a participar lubricó el orificio anal de Marcela con el gel aprovechando que su amiga estaba montada sobre el pijudo de 23 años.
Con ambas manos abrió el culo de Marcela y le dijo _Dale, cumplí tu sueño y metela despacio. No es acaso lo que tanto soñabas?_
Y así Juanjo iba a cumplir el sueño de cogerla por atras a la milf más codiciada.
Marce quedó quieta esperando el momento y el chico le fue introduciendo poco a poco la pija en el culo.
Las venas de su miembro parecían que iban a estallar y solamente había metido la cabeza cuando tuvo que parar porque Marcela no soportaba la presión.
_Dale… metela toda de una vez… No le tengas piedad o acaso te arrepentiste?_
_Ademas a ella le encanta por el culo_ Le dijo Analía llena de maldad, para que no se detenga.
Tomó una almohada y se sentó en la cama para mirar a la pareja y con la yema de los dedos se acariciaba suavemente el clítoris. Toda esa escena la había excitado demasiado.
Y Juan José se hizo camino en el agujero menor de su rubia. Estaba nervioso, como si fuese su primera vez mientras tenía a sus pies a Analía arengando.
_Como te gusta mi amiga eh… Te la coges con más ganas que a mí!!.
_Y vos resultaste ser muy puta_ le decía a Marce sentada cerca de ambos para ver mejor.
_Azotala, es una perra infiel_ a lo que Juanjo haciendo caso castigó las firmes nalgas hasta dejarlas coloradas con la marca de sus manos grandes en su piel.
Marcela no omitia palabra, solo gemía soportando el castigo y la enculada y no paraba de moverse.
Desafiante se acomodó mejor sobre él y se la clavó hasta el fondo para seguir con sus movimientos de sube y baja.
Y la rubia al tener basta experiencia en el sexo anal con su ritmo calculado y la fricción intensa a su amante lo iba a hacer acabar pronto.
Y en un habil movimiento se la sacó de atrás y redireccionó el miembro de su chico a su concha y meneando su cuerpazo sobre él logro que no pueda contenerse por mucho tiempo.
Juanjo acabó y mucho. Fué algo precoz pero se dió el gusto en vida.
Dos polvos le echó a la milf. Se la cogió por atrás y como broche de oro le acabó bien adentro.
Con Marcela inmóvil sobre él, tras una larga pausa se la sacó de una manera muy lenta como ella se lo indicó y una vez que salió totalmente trajo consigo parte de su propia eyaculación.
Marcela y el chico estaban más que satisfechos. Después se quedaron dormidos y la única que resultó una perdedora fue Analía.
Pasaron las horas y ya casi amanecía. Marce sola en la habitación despertó desorientada y fue directo a darse una ducha.
Descalza, con el cabello mojado y envuelta en un toallón bajó por las escaleras y encontró a Analía despierta. En tanto Juanjo dormía profundamente en el living.
Y las dos tomaron café para aliviar la resaca.
Entre otras cosas, Analía comprendió que su amiga manejó la situación de un modo profesional, para Marcela fue simplemente sexo y nunca se involucró sentimentalmente. Marce quien supuestamente sería la víctima se transformó en victimaria. Sació sus necesidades físicas y nada más, sin culpa alguna.
El sol asomando marcaba el paso de las horas y la rubia le pidió ropa prestada a su amiga y guardó en un bolso las botas, el portaligas y la vestimenta usada la noche anterior.
_No te molesta si ahora me coge a mí?_ le preguntó Analía en referencia al chico que dormía en el sofá mientras se despedían.
A lo que ésta le respondió _Para nada, es todo tuyo y gracias por prestármelo_.
Y con un abrazo y ambas sellaron la paz.
Ya camino a casa, a bordo de su Toyota Ethios color blanco, Marcela se puso anteojos oscuros que guardaba en la guantera, hizo un alto en una panadería, luego cruzó la calle e ingresó a una farmacia.
Solicitó aspirinas y un anticonceptivo de emergencia, más conocido como «La Pastilla del Día Después».
Llegó a su departamento y Nacho en el living miraba por TV la repetición de un partido de fútbol de la UEFA, él no le dijo absolutamente nada y ella se sentó en su regazo y con un tierno beso y un TE AMO a la rubia le dieron ganas de hacer el amor otra vez.
Y lo hicieron allí en el sillón del living, ella montada sobre su marido y siendo dominante como de costumbre no tardó en alcanzar un orgasmo.
Y así puso fin a todo lo que había pasado en esa noche de fiesta en casa de esa mala influencia influencia llamada Analía.
Pero se olvidó de tomar el anticonceptivo de emergencia, o no lo tomó a propósito.
Estaba feliz de tener dos muestras de esperma en su interior.
Y días después tuvo que acudir nuevamente a la farmacia, compró un test de embarazo y se dió LA NOTICIA MENOS PENSADA.
Dos líneas rojas: EMBARAZADA.
Fría, calculadora, una mente siniestra. Todo lo había planeado sin dejar cabos sueltos.
Aquel día de la fiesta de disfraces estaba ovulando, y para vengarse de su amiga buscó que Juanjo le acabe adentro y ahora lleva en su vientre un hijo del chico del gym.
Casi a sus 50 años Marcela Alejandra Rodríguez está preñada por cuarta vez.
Embrión bien prendido en el saco y de excelente genética.
Quien es el verdadero padre de su bebé será su mayor secreto.
Pero ella no siente culpa y está feliz.