Capítulo 8

PARTE 1 – La primera pista

Mateo miró el mensaje de Luna por tercera vez, el corazón latiéndole fuerte en el pecho.

“Mateo, algo raro está pasando entre Valeria y Liam. Ve al edificio de Valeria esta noche. Dirección: Los Altos del Sur, bloque 7, departamento 4B. Creo que él la está lastimando. Por favor, ayúdame a saber la verdad.”

No lo pensó dos veces. Se subió al auto y condujo hasta esa zona de la ciudad que todos evitaban después del atardecer.

El barrio de Valeria era un lugar que olía a peligro. Calles mal iluminadas, perros callejeros ladrando en la distancia, grupos de hombres sentados en las esquinas con botellas en la mano, miradas que te seguían con desconfianza. El aire estaba cargado de humedad, basura y humo de cigarrillo barato. Se escuchaban gritos lejanos, risas ebrias y el sonido constante de música reggaetón saliendo de alguna ventana rota.

El edificio de Valeria era un monstruo derruido de concreto gris. Las paredes exteriores estaban llenas de grietas y manchas de humedad negra. Varias ventanas tenían cartones en lugar de vidrio. El pasillo de entrada olía a orina y a comida podrida. Las luces del techo parpadeaban, dejando momentos de oscuridad total. Mateo subió las escaleras con el pulso acelerado, el corazón golpeándole contra las costillas.

Llegó al departamento 4B y se quedó quieto en el pasillo oscuro, pegado a la pared. La puerta estaba entreabierta solo un poco, pero desde dentro salían sonidos que le helaron la sangre… y le pusieron la verga dura sin que pudiera evitarlo.

Se escuchaba la voz grave de Liam, baja y autoritaria:

—Más profundo. Chúpame bien, puta. Quiero sentir cómo tu garganta se aprieta alrededor de mi verga.

Luego el sonido húmedo y obsceno de una boca trabajando: “gluck… gluck… gluck…”, arcadas suaves, saliva chapoteando, gemidos ahogados de Valeria que intentaba contenerse pero no podía. Se escuchaba el sonido de su saliva goteando al suelo, el “slurp” húmedo cuando Liam empujaba más adentro, los pequeños quejidos de ella cuando le follaba la boca con fuerza.

Mateo sintió que le ardía la cara. Su mano tembló cuando sacó el teléfono y empezó a grabar discretamente desde la rendija de la puerta. No veía todo, pero escuchaba perfectamente: los gemidos ahogados de Valeria, el sonido mojado de su boca siendo usada, la respiración pesada de Liam y sus palabras sucias:

—Qué boca tan caliente tienes… mírate, arrodillada como una perra después de tu turno… tragándote mi verga como si te murieras de hambre…

Mateo grabó varios segundos, el pulso retumbándole en los oídos. Su propia verga estaba dura dentro del pantalón. La furia y los celos le quemaban el pecho, pero también una excitación enfermiza que no podía controlar.

Valeria… su Valeria… estaba ahí dentro, siendo usada como una puta.

Mateo guardó el video con manos temblorosas y se alejó en silencio por el pasillo oscuro, el corazón latiéndole con fuerza.

Sus sospechas ya no eran sospechas.

Eran verdades.

Y él iba a reunir todas las pruebas necesarias.

PARTE 2 – La segunda pista

Valeria le había mandado un mensaje a Luna esa misma tarde, con la voz temblorosa incluso por texto:

“Esta noche a las 8. En mi departamento. Liam me dijo que quiere… que me ponga en cuatro y use el palo de escoba otra vez. No sé si pueda soportarlo.”

Luna leyó el mensaje con una sonrisa interna y le contestó con dulzura: “No te preocupes, Val. Yo te ayudo. Voy a mover todo para que esto termine pronto.”

Luego abrió otro chat y escribió a Mateo con dedos rápidos y calculados:

“Mateo, Valeria me contó que Liam la citó esta noche a las 8 en su departamento. Creo que va a lastimarla otra vez. Por favor, ve y graba lo que puedas. Necesitamos pruebas reales si queremos salvarla. Si de verdad te importa Valeria, ayúdame. Ella no merece esto.”

Mateo leyó el mensaje y sintió que la sangre le hervía. No contestó. Solo agarró su teléfono, la cámara y salió corriendo hacia el barrio de Valeria.

Cuando llegó, el contraste fue brutal.

El chocho lujoso de Liam —un Mercedes negro brillante, vidrios polarizados, llantas relucientes— estaba estacionado justo frente al edificio derruido de Valeria. El auto parecía sacado de otro mundo entre tanta basura, paredes agrietadas y cables colgando. Mateo sintió una punzada de rabia al verlo: ese hijo de puta rico venía a follarse a Valeria como si fuera su juguete personal mientras ella vivía en esta mierda.

Se escondió en el pasillo oscuro del edificio, el mismo olor a orina y humedad que la vez anterior. El corazón le latía tan fuerte que parecía que se le iba a salir del pecho.

A las 8 en punto vio a Liam entrar al departamento de Valeria. Mateo se acercó sigilosamente a la puerta entreabierta y empezó a grabar.

Dentro, la escena era peor de lo que imaginaba.

Valeria estaba de rodillas sobre la cama, completamente desnuda, con el culo levantado y la cara contra la sábana. Liam estaba detrás de ella, sosteniendo el palo de escoba —el mango largo, grueso y redondeado que Valeria usaba para limpiar el piso—. Valeria tenía las manos temblorosas separando sus propias nalgas, dejando su coño y su ano completamente expuestos.

Liam hablaba con voz baja y cruel:

—Más abierto. Quiero verte bien. Métetelo tú misma. Despacio.

Valeria sollozó bajito. Sus dedos temblaban violentamente mientras guiaba el grueso mango del palo de escoba hacia su coño empapado. Cuando empezó a empujarlo dentro, su cuerpo se sacudió. El mango era más grande y áspero que el cepillo. Un gemido ahogado y doloroso escapó de su garganta cuando la madera gruesa la estiró.

El sonido húmedo y obsceno llenó la habitación: “schlick… schlick…” mezclado con el crujido leve de la madera entrando en su carne mojada.

Valeria empezó a mover el palo de escoba lentamente, tal como Liam le ordenaba. Sus caderas temblaban. Sus gemidos se volvían más desesperados, más rotos. Intentaba morder la sábana para no hacer ruido, pero no podía contenerlos del todo.

En ese preciso momento, Valeria levantó la cabeza un segundo para tomar aire.

Sus ojos se encontraron directamente con los de Mateo a través de la rendija de la puerta.

Por un instante eterno, Valeria lo vio. Sus ojos se abrieron grandes, llenos de horror, vergüenza y una súplica muda. Su cara se contorsionó en una expresión de desesperación absoluta: cejas fruncidas, labios temblando, lágrimas cayendo mientras seguía moviendo el grueso palo de escoba dentro de sí porque Liam se lo ordenaba. Su boca se abrió como si quisiera gritar “ayúdame”, pero solo salió un gemido ahogado y roto.

Mateo sintió que el estómago se le cerraba. La vergüenza y el dolor en los ojos de Valeria lo golpearon como un puñetazo. Pero también sintió algo más oscuro: una excitación enfermiza al verla así, arrodillada, follándose con un palo de escoba mientras lloraba.

Valeria bajó la cabeza rápidamente, mordiendo la sábana con fuerza para contener un nuevo gemido mientras seguía obedeciendo.

Mateo siguió grabando con manos temblorosas, el corazón latiéndole con furia, celos y una obsesión que ya no podía controlar.

Luna le había pedido pruebas.

Y él iba a conseguirlas todas.

PARTE 3 – La tercera pista

Valeria le mandó otro mensaje a Luna esa misma semana, esta vez con la voz aún más temblorosa:

“Viernes a las 6:30 p.m. En la bodega de La Grieta después de mi turno. Liam dice que quiere que me meta una zanahoria en el ano y un pepino en el coño mientras él mira. Estoy aterrorizada.”

Luna leyó el mensaje con esa sonrisa interna que nadie más podía ver y le contestó con dulzura: “No te preocupes, Val. Yo te ayudo. Voy a mover todo para que esto termine pronto.”

Luego abrió el chat con Mateo y escribió con dedos rápidos y precisos:

“Mateo, Valeria me acaba de decir que Liam la citó este viernes a las 6:30 p.m. en la bodega de La Grieta después de su turno. Va a obligarla a hacer algo horrible otra vez. Por favor, ve y graba lo que puedas. Necesitamos pruebas claras si queremos salvarla. Si de verdad te importa Valeria, ayúdame. Ella no merece vivir así.”

Mateo leyó el mensaje y sintió que la rabia le subía por la garganta. No contestó. Solo agarró su teléfono, la cámara y salió hacia La Grieta.

Llegó antes de las 6:30. El chocho lujoso de Liam ya estaba estacionado en la calle de atrás, brillando como un insulto entre los autos viejos y oxidados del barrio. Mateo se escondió cerca de la puerta trasera de la bodega, el corazón latiéndole con fuerza.

A las 6:30 en punto vio a Liam entrar a la bodega con Valeria. Mateo se acercó sigilosamente a la puerta entreabierta y empezó a grabar.

Dentro, la escena era aún más degradante.

Valeria estaba de pie contra una estantería llena de cajas, completamente desnuda de la cintura para abajo. Liam estaba frente a ella, sosteniendo una zanahoria gruesa y un pepino largo y grueso que había tomado de la cocina del café.

—Date la vuelta —ordenó Liam con voz baja y cruel—. Apoya las manos en la estantería, abre las piernas y levanta el culo. Quiero verte bien.

Valeria obedeció con las manos temblorosas. Se giró, apoyó las palmas contra la estantería y separó las piernas, empujando el culo hacia atrás. Su coño y su ano quedaron completamente expuestos bajo la luz fría de la bodega.

Liam se acercó y le pasó la zanahoria por el ano.

—Métete la zanahoria en el culo —dijo—. Y el pepino en el coño. Quiero verte follándote con la verdura mientras yo miro.

Valeria sollozó bajito. Sus dedos temblaban violentamente mientras tomaba la zanahoria y la acercaba a su ano. El vegetal era grueso y frío. Cuando empezó a empujarlo dentro, su cuerpo se sacudió. Un gemido ahogado y doloroso escapó de su garganta cuando la zanahoria gruesa la estiró.

Al mismo tiempo, con la otra mano, guió el pepino largo y grueso hacia su coño empapado. El sonido húmedo y obsceno llenó la bodega cuando ambos vegetales empezaron a entrar: “schlick… schlick…” mezclado con el crujido leve de la verdura abriéndose paso en su carne.

Valeria empezó a moverlos lentamente, tal como Liam le ordenaba. Sus caderas temblaban. Sus gemidos se volvían más desesperados, más rotos. Intentaba morderse el labio para no hacer ruido, pero no podía contenerlos del todo.

En ese preciso momento, Valeria levantó la cabeza un segundo para tomar aire.

Sus ojos se encontraron directamente con los de Mateo a través de la rendija de la puerta.

Por un instante eterno, Valeria lo vio. Sus ojos se abrieron grandes, llenos de horror, vergüenza y una súplica muda. Su cara se contorsionó en una expresión de desesperación absoluta: cejas fruncidas, labios temblando, lágrimas cayendo mientras seguía metiéndose la zanahoria en el ano y el pepino en el coño porque Liam se lo ordenaba. Su boca se abrió como si quisiera gritar “ayúdame”, pero solo salió un gemido ahogado y roto.

Mateo sintió que el estómago se le cerraba. La vergüenza y el dolor en los ojos de Valeria lo golpearon como un puñetazo. Pero también sintió algo más oscuro: una excitación enfermiza al verla así, follándose con verdura mientras lloraba.

Valeria bajó la cabeza rápidamente, mordiéndose el labio con fuerza para contener un nuevo gemido mientras seguía obedeciendo.

Mateo siguió grabando con manos temblorosas, el corazón latiéndole con furia, celos y una obsesión que ya no podía controlar.

Luna le había pedido pruebas.

Y él iba a conseguirlas todas.

PARTE 4 – La trampa

El mensaje de Luna llegó esa misma tarde:

“Mateo, Valeria me acaba de decir que Liam la citó esta noche en el salón del consejo estudiantil después de las 9 p.m. Va a obligarla a hacer algo denigrante otra vez. Por favor, ve y graba todo lo que puedas. Es nuestra mejor oportunidad. Te espero con las pruebas.”

Mateo sintió que la adrenalina le subía por el cuerpo. Guardó el teléfono y se dirigió al edificio del consejo estudiantil. El campus estaba casi vacío a esa hora, solo quedaban algunas luces encendidas.

Llegó al salón y encontró la puerta entreabierta, tal como Luna le había dicho. Se acercó con cuidado y miró por la rendija.

Dentro, la escena lo golpeó como un puñetazo.

Liam estaba sentado en el gran escritorio del presidente, como un rey en su trono, con las piernas abiertas y una sonrisa fría en la cara. Valeria estaba de pie frente a él, con la falda levantada hasta la cintura, las bragas bajadas a la mitad de los muslos y las manos temblorosas separando sus propias nalgas. Su coño y su ano quedaban completamente expuestos bajo la luz fría de la sala.

Liam hablaba con voz baja y autoritaria:

—Más abierto. Quiero verte bien. Ahora métete los dedos en los dos agujeros mientras me miras.

Valeria sollozó bajito, pero obedeció. Sus dedos temblaban mientras empezaba a penetrarse tanto el coño como el ano. El sonido húmedo y vergonzoso llegó hasta la puerta: “schlick… schlick…”.

Mateo sacó el teléfono con manos temblorosas y empezó a grabar discretamente.

De repente, unas manos fuertes lo agarraron por detrás. Dos matones del grupo de los Vega aparecieron de la nada, tomándolo con fuerza por los brazos y el cuello. Mateo intentó forcejear, pero eran demasiado grandes y rápidos.

Lo arrastraron dentro del salón y lo tiraron de rodillas frente al escritorio de Liam, como si estuviera postrado ante un rey.

A su lado, de rodillas también, estaba Valeria. La falda todavía levantada, las bragas en los muslos, la cara roja y los ojos llenos de terror.

Mateo la miró con extrañeza. No entendía nada. ¿Por qué estaba ella ahí? ¿Por qué no huía?

No le dio tiempo a pensar.

Liam se reclinó en su silla, mirándolo desde arriba con una sonrisa fría y peligrosa.

—Así que eras tú el que me seguía como un perro —dijo con voz imponente—. Fue muy fácil dar contigo. La pobre puta de Valeria no puede ser confiable, está totalmente a mi merced.

Liam miró a Valeria con furia y luego a Mateo.

—Sé que hay alguien más ayudándolos. ¿Quién es? ¿Quién te está dando la información?

Mateo tragó saliva, intentando hacerse el tonto.

—No… no hay nadie más. Lo hice porque era lo correcto. Tú la estás lastimando. Ella no merece…

Liam levantó una mano. Los dos matones se acercaron y empezaron a moler a Mateo a golpes. Puñetazos en la cara, patadas en el estómago, golpes en las costillas. Mateo gritó de dolor, la sangre le corría por la nariz y la boca.

Valeria observaba aterrorizada, los ojos muy abiertos. Intentó levantarse para hacer algo, pero los matones que estaban detrás de ella la sujetaron con fuerza por los brazos, inmovilizándola.

Cuando los golpes se volvieron más brutales, Mateo, entre gemidos de dolor y sangre, soltó la sopa:

—¡Fue Luna! ¡La hermana de Liam! ¡Ella me contactó! ¡Ella me dio toda la información!

Valeria sintió que el mundo se le caía encima. Su cara se puso pálida, casi a punto de desmayarse. No era traición. Era terror puro. Sabía de lo que Liam era capaz. No quería que lastimaran a Luna también. Luna era su única esperanza, su faro de luz. Si Liam la tocaba… si le hacía daño… Valeria no podría soportarlo.

Liam se levantó lentamente de su silla, la cara convertida en una máscara de furia fría.

—Mi propia hermana… —murmuró.

Inmediatamente sacó su teléfono e hizo una llamada.

—Traigan a Luna aquí. Ahora.

Valeria sudaba frío. Su cuerpo temblaba sin control. El terror se apoderaba de ella. No podía creerlo. Luna… la única persona en la que confiaba… ahora también estaba en peligro por su culpa.

Mateo, tirado en el suelo sangrando, miró a Valeria con los ojos llenos de confusión y dolor.

Y Valeria solo pudo cerrar los ojos, temblando, mientras el mundo se derrumbaba a su alrededor.

PARTE 5 – El castigo

La puerta del salón del consejo estudiantil se abrió con violencia.

Dos matones de la familia Vega arrastraron a Luna adentro. La tenían agarrada del cabello blanco plateado, tirando con fuerza. Luna tropezó y cayó de rodillas frente al escritorio de Liam, el impacto seco resonando en la sala vacía.

Liam se levantó lentamente, la cara convertida en una máscara de furia fría.

—¿Por qué? —preguntó con voz baja y peligrosa—. ¿Por qué lo hiciste, Luna? ¿Por qué ayudaste a esa puta a espiarme?

Luna levantó la cabeza. Tenía el labio partido y un hilo de sangre le corría por la comisura. Aun así, su voz salió firme, escalada, llena de esa fachada de hermana protectora:

—No puedo dejar a mi mejor amiga así, Liam. Valeria es como una hermana para mí. No voy a permitir que la tengas en tus garras, usándola como si fuera un juguete desechable. Soy tu hermana… y no voy a quedarme de brazos cruzados mientras destruyes a alguien que quiero.

Liam dio un paso adelante y le dio una bofetada tan fuerte que la cabeza de Luna giró hacia un lado. El sonido seco resonó en la sala. Luna soltó un gemido de dolor, pero no lloró. Solo una lágrima traicionera se escapó de su ojo izquierdo y rodó por su mejilla.

Valeria, todavía de rodillas a un lado, observaba impotente. Las lágrimas le corrían por la cara.

—¡Liam, por favor! —suplicó con voz rota—. ¡No le hagas daño! ¡Es tu hermana! ¡Por favor, perdóname! ¡Todo fue mi culpa!

Liam ni siquiera la miró.

—Cállate —ordenó con voz helada—. Ahora le voy a dar una lección a mi querida hermana.

Le dio otra bofetada, más fuerte. Luego un puñetazo en el estómago que hizo que Luna se doblara hacia adelante, jadeando por aire. Luna levantó la cabeza otra vez. Sus ojos brillaban con desafío, pero debajo de ese desafío había algo más oscuro, algo hambriento y retorcido que solo Liam pudo ver en ese momento.

Esa mirada lo excitó de una forma enfermiza.

Liam agarró a Luna del cabello con fuerza y la obligó a arrodillarse mejor. Se bajó el cierre del pantalón y sacó su verga dura.

—Ábrela —gruñó.

Desde fuera parecía una violación brutal. Liam le metió la verga en la boca con fuerza, follándole la garganta sin piedad. Luna emitía sonidos ahogados, arcadas, saliva chorreando por su barbilla. Pero entre ellos dos, con esa mirada que Luna le dedicaba mientras tragaba su verga hasta el fondo, Liam supo la verdad.

Luna lo estaba disfrutando.

Sus ojos brillaban con lujuria oscura. Su lengua se movía con hambre, chupando con fuerza, succionando como si quisiera devorarlo. Por un segundo Luna casi se sale de su personaje: sus caderas se movieron ligeramente, sus manos subieron a los muslos de Liam y apretaron con deseo. Casi se le escapó un gemido de placer verdadero.

Liam lo notó. Y eso lo excitó aún más.

Pero Luna recapacitó justo a tiempo. Se obligó a volver a su rol de víctima, dejando que las lágrimas corrieran por su cara mientras fingía resistirse.

Cuando Liam sacó su verga de su boca, Luna jadeó buscando aire y habló con voz rota pero firme:

—Estás perdido, Liam. Las cámaras del salón del consejo estudiantil lo han grabado todo. El golpe a Mateo, la golpiza que me diste, cómo me follaste la boca… todo. Si no sueltas a Valeria ahora mismo, ese video se enviará automáticamente a papá. A don Emilio.

Liam se quedó congelado.

Luna sonrió débilmente, con el labio partido y la cara llena de lágrimas, pero sus ojos brillaban con triunfo.

—Suéltala. Al menos por ahora. O todo esto termina esta misma noche.

Valeria, todavía de rodillas, miraba la escena con el corazón en la garganta. No entendía nada. Solo veía a Luna herida, sangrando, sacrificándose por ella.

Y Luna, en su mente, sonreía con placer oscuro.

‘Todo sale según lo planeado.’

PARTE 6 – El contraataque

Luna levantó la cabeza con dificultad. Tenía el labio partido, un ojo hinchado y la mejilla roja por los golpes. Aun así, miró a su hermano directamente a los ojos con una mezcla perfecta de dolor y determinación.

—Ya no voy a permitir que abuses de Valeria —dijo con voz temblorosa pero firme—. Es mi mejor amiga. Es como una hermana para mí. No voy a quedarme de brazos cruzados mientras la destruyes.

Liam la miró en silencio durante unos segundos eternos. Su mandíbula estaba apretada, los puños cerrados. Sabía que Luna tenía razón: las cámaras del salón del consejo estudiantil lo habían grabado todo. Si ese video llegaba a don Emilio, las consecuencias serían graves.

—Está bien —gruñó finalmente, la voz llena de rabia contenida—. Por ahora… la dejas ir. Pero esto no se ha acabado. Voy a hacer que Valeria vuelva arrastrándose. Ella ya es mía. Y tú… tú vas a pagar muy caro por esto, hermana.

Liam hizo una seña a los matones.

—Suéltenla.

Los hombres soltaron a Valeria. Ella se apresuró a bajarse la falda y subirse las bragas con manos temblorosas, la cara roja de vergüenza y miedo. En cuanto estuvo vestida, corrió hacia Luna, que seguía de rodillas en el suelo.

—Luna… —sollozó Valeria, arrodillándose a su lado y tomándola en sus brazos—. Gracias… gracias por ayudarme. Pero no debiste hacerlo… fue muy peligroso. Mira cómo te dejaron…

Luna sonrió débilmente, fingiendo dolor mientras se apoyaba en Valeria. Su voz salió suave, llena de cariño:

—Para eso están las hermanas, Val. No podía dejarte sola en esto. Vamos… ayúdame a levantarme.

Valeria la ayudó a ponerse de pie. Luna se tambaleaba, fingiendo que le costaba caminar. Se apoyó pesadamente en el hombro de Valeria, cojeando hacia la salida del salón del consejo estudiantil.

Mientras caminaban juntas hacia la puerta, Luna susurró con voz débil pero llena de ternura:

—No te preocupes por mí. Lo importante es que estás a salvo… al menos por ahora.

Valeria tenía lágrimas en los ojos.

—Te voy a llevar al hospital. No puedes quedarte así.

Luna asintió con una sonrisa dolorida.

—Está bien… vamos.

Desde fuera, la escena era conmovedora: Valeria sosteniendo a Luna herida, caminando lentamente hacia la salida, como dos hermanas que se protegían mutuamente.

Pero en la mente de Luna, todo era diferente.

‘Qué fácil eres de manipular, Valeria. Ahora me ves como tu salvadora. Como tu mártir. Como tu única esperanza. Perfecto. Este “sacrificio” te va a atar a mí mucho más fuerte que cualquier contrato. Y cuando llegue el momento… tú misma vas a rogar por volver a los brazos de Liam… pero bajo mis condiciones.’

Luna se permitió una última sonrisa interna mientras se apoyaba más en Valeria, cojeando hacia el auto que las llevaría al hospital.

El plan seguía su curso.

Y estaba saliendo exactamente como ella lo había calculado desde el principio.

Contrato con mi enemigo

Contrato con mi enemigo VII